Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Efesios 1: El propósito de Dios

Pero para el que conoce la historia y el significado de la última Cena, todo el culto tiene un significado que está totalmente claro. Así que en el sentido del Nuevo Testamento un misterio es algo que está oculto para los no creyentes, pero claro para los cristianos.

¿Cuál era para Pablo el misterio de la voluntad de Dios? Que el Evangelio era también para los gentiles. Dios ha revelado en Jesús que Su amor y cuidado, Su gracia y misericordia, no son solamente para los judíos, sino para todo el mundo.

En este punto, Pablo presenta en una sola frase todo su gran pensamiento. Hasta este momento, los hombres han estado viviendo en un mundo dividido. Había división entre la naturaleza animal y la naturaleza humana; entre judíos y gentiles, entre griegos y bárbaros. Por todo el mundo hay tensión y lucha. Jesús vino al mundo para borrar las divisiones. Ese era para Pablo el secreto de Dios. Era el propósito de Dios que todos los cabos y los elementos que están en guerra en este mundo fueran unidos en Jesucristo.

Aquí tenemos otro pensamiento tremendo. Pablo dice que toda la Historia ha sido el desarrollo de este proceso. Dice que a través de todas las edades ha habido una ordenación y una administración de cosas para que en este día se produjera la unidad. La palabra que usa Pablo para esta preparación es oikonomía, que quiere decir literalmente la administración de la casa. El oikonomos era el mayordomo que estaba a cargo de que los asuntos de la familia fueran bien.

Los cristianos estamos convencidos de que la Historia es el desarrollo de la voluntad de Dios. Eso no es ni mucho menos lo que piensan todos los historiadores y filósofos. Oscar Wilde, en uno de sus epigramas, decía: «Les dais a vuestros hijos el calendario criminal de Europa, y a eso le llamáis Historia.» G. N. Clark, en su primera clase en Cambridge, dijo: «No hay ningún secreto ni ningún plan que descubrir en la Historia. No creo que ninguna consumación futura pueda dar sentido a todas las irracionalidades de las eras precedentes. Aunque se pudieran explicar, no se podrían justificar jamás.» En la introducción a su Una Historia de Europa, H. A. L. Fisher escribe: «Sin embargo, a mí se me ha negado una emoción intelectual. Otros más sabios y eruditos que yo han descubierto en la Historia una trama, un ritmo, un propósito predeterminado. Estas armonías me están ocultas. Lo único que yo puedo ver son sucesos que se siguen unos a otros como las olas siguen a las olas; solamente hay un gran hecho en relación con el cual, puesto que es único, no se pueden hacer generalizaciones; solamente hay una regla segura para el historiador: que debe reconocer en el desarrollo de los destinos humanos el juego de lo contingente y de lo imprevisto.» André Maurois dice: «El universo es indiferente. ¿Quién lo creó? ¿Por qué estamos aquí nosotros, en este insignificante puñado de barro que gira en el espacio infinito? Yo no tengo ni la más ligera idea, y estoy convencido de que nadie tiene ni la más mínima idea.»

Así es que resulta que estamos viviendo en una edad en la que la gente ha perdido la fe en que el mundo tenga ningún sentido. Pero los cristianos creemos y estamos convencidos de que en este mundo, se está desarrollando el propósito de Dios; y Pablo estaba convencido de que ese propósito es que un día todas las cosas y todas las personas formarán una familia en Cristo. Según Pablo, ese misterio no se intuyó hasta que vino Jesús, y ahora la gran tarea de la Iglesia consiste en desarrollar el propósito de unidad que Dios nos ha revelado en Jesucristo.

Judíos y gentiles

Fue en Cristo en Quien se nos asignó nuestra porción en este esquema, que fue determinado por decisión de Aquel Que controla todas las cosas según el propósito de Su voluntad; que nosotros, que fuimos los primeros en poner nuestra esperanza en la venida del Ungido de Dios, llegáramos a ser el medio por el cual Su gloria fuera alabada. Y fue en Cristo en Quien se determinó que vosotros también llegarais a ser el medio por el que la gloria de Dios fuera alabada, después que oyerais la Palabra que nos trae la verdad, la Buena Noticia de vuestra salvación -esa Buena Noticia en la cual, una vez que llegasteis a creer, fuisteis sellados con el Espíritu Santo, Que es el anticipo y la garantía de todo lo que un día heredaremos, hasta que entremos a participar de la plena redención que conlleva una posesión definitiva.

Aquí nos da Pablo el primer ejemplo de la unidad que trajo Cristo. Cuando habla de nosotros quiere decir su propia nación, los judíos; cuando habla de vosotros, quiere decir los gentiles a los que se dirige; y cuando, en la última frase, dice nosotros, está pensando en los judíos y los gentiles juntos.

En primer lugar, Pablo habla de los judíos. A ellos también, se les había asignado una porción en el plan de Dios. Fueron los primeros en creer en la venida del Ungido de Dios. A lo largo de toda su historia habían esperado y anhelado al Mesías. Su porción en el esquema de las cosas fue el ser la nación de la que habría de venir el Escogido de Dios.

El gran economista Adam Smith sostenía que todo el propósito de la vida se basaba en lo que él llamaba el reparto del trabajo. Quería decir que la vida solo puede proseguir cuando cada persona tiene un trabajo y lo cumple, y cuando los resultados de todos los trabajos se relacionan y forman un acervo común. El zapatero hace zapatos; el panadero cuece pan; el sastre hace ropa; cada uno tiene su propio trabajo, y cada uno se dedica a lo suyo; y cuando cada uno cumple su trabajo eficazmente se produce una situación de bienestar de toda la comunidad.

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar