Lo que es verdad de las personas también lo es de las naciones. Cada nación tiene su parte en el orden de Dios. Los griegos enseñaron lo que es la belleza del pensamiento y de la forma. Los romanos enseñaron la ley y la ciencia del gobierno y de la administración. Los judíos enseñaron la religión. Los judíos fueron el pueblo preparado especialmente para que de ellos viniera el Mesías de Dios.
Eso no es decir que Dios no preparara también a los otros pueblos. Dios había estado preparando a personas y a naciones en todo el mundo para que sus mentes estuvieran dispuestas para recibir el mensaje del Evangelio cuando llegara a ellos. Pero el gran privilegio de la nación judía fue que fueron los primeros en esperar la venida al mundo del Ungido de Dios.
A continuación Pablo se vuelve hacia los gentiles. Ve dos etapas en su desarrollo.
(i) Recibieron la Palabra; los predicadores cristianos les trajeron el mensaje del Evangelio. Esa Palabra era dos cosas. Primera, era la Palabra de la verdad; les trajo la verdad acerca de Dios y acerca del mundo en que vivían y acerca de sí mismos. Segunda, era una Buena Noticia; era el mensaje del amor y de la gracia de Dios.
(ii) Fueron sellados con el Espíritu Santo. En el mundo antiguo -y en nuestro tiempo también- cuando se enviaba un saco o un cajón o un paquete, se lacraba con un sello para indicar de dónde procedía y a quién pertenecía. El Espíritu Santo es el sello que muestra que una persona pertenece a Dios. El Espíritu Santo al mismo tiempo nos muestra la voluntad de Dios y nos capacita para cumplirla.
Aquí Pablo dice una gran verdad acerca del Espíritu Santo. Llama al Espíritu Santo, como dice la versión Reina-Valera, «las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida.» La palabra griega, de la que deriva la española, es arrabón. El arrabón era una característica regular en el mundo griego de los negocios. Era una parte del precio de la compra o del contrato que se pagaba anticipadamente como garantía de que la operación se hacía en firme. Se han conservado muchos documentos comerciales griegos en los que aparece la palabra. Una mujer vende una vaca, y recibe tantas dracmas como arrabón. Se contratan algunas bailarinas para la fiesta de un pueblo, y se les paga tanto como arrabón. Lo que Pablo está diciendo es que la experiencia del Espíritu Santo que tenemos en este mundo es un adelanto de la bendición del Cielo, y es la garantía de que algún día entraremos en la plena posesión de la bendición de Dios.
Las experiencias más elevadas de paz y gozo cristiano que se pueden disfrutar en este mundo no son más que leves primicias o adelantos del gozo y de la paz en que entraremos un día. Es como si Dios nos hubiera dado lo bastante para aguzarnos el apetito para más, y suficiente para asegurarnos que algún día nos lo dará todo.
Las señales distintivas de la Iglesia
Como he sabido de vuestra fe en Jesucristo y de vuestro amor a todos los que están consagrados a Dios, no dejo nunca de dar gracias por vosotros y de recordaron en mis oraciones. El propósito de mis oraciones al Dios de nuestro Señor Jesucristo, Padre glorioso, es que os dé Espíritu de sabiduría, el Espíritu que os traiga una nueva revelación para que lleguéis a conocerle cada vez más plenamente. El propósito de mis oraciones es que se os iluminen los ojos del entendimiento para conocer la esperanza que os ha traído Su llamamiento, qué riqueza de gloria hay en nuestra herencia entre los santos, qué grandeza insuperable hay en Su poder para con nosotros los que creemos con una fe que produjo el poder de Su fuerza, aquel poder que obró en Cristo resucitándole de entre los muertos y situándole a la diestra de Dios en los lugares celestiales, sobre todos los gobernadores y autoridades y poderes y señoríos, sobre todas las dignidades que se honran no sólo en esta era sino también en la por venir. Dios Le ha sujetado todas las cosas y Le ha dado por Cabeza suprema a la Iglesia, la Iglesia que es Su complemento Cuerpo, la Iglesia que pertenece al Que está ocupando todas las cosas en todos los lugares.
La parte supremamente importante, el segundo gran paso del pensamiento de Pablo, está al final de este pasaje; pero hay ciertas cosas que debemos notar en los versículos precedentes.
Aquí se nos presentan en un perfecto resumen las características de la verdadera Iglesia. Pablo ha oído de la fe en Jesucristo de los destinatarios de su carta, y del amor que tienen a todas las personas que están consagradas a Dios. Las dos cosas que deben caracterizar a cualquier verdadera Iglesia son la lealtad a Cristo y el amor a todos los hombres.
Hay una lealtad a Cristo que no desemboca en el amor a nuestros semejantes. Los monjes y los ermitaños tenían una cierta lealtad a Cristo que les hacía abandonar las actividades normales de la vida haciéndoles vivir solos en lugares desiertos. Los cazadores de herejías de la Inquisición española y de otros muchos lugares y tiempos tenían una cierta lealtad a Cristo que les hacía perseguir a todos los que no pensaban como ellos. Antes de que viniera Cristo, los fariseos daban muestras de una cierta lealtad a Dios que les hacía despreciar olímpicamente a todos los que ellos consideraban menos leales a Dios que ellos.
