Ezequiel 24:11 ‹Luego pon la olla vacía sobre las brasas, para que se caliente, se ponga al rojo su bronce, se funda en ella su inmundicia, y sea consumida su herrumbre.
La olla vacía es colocada al fuego (el exilio) para purificarla de la corrosión, y así se funda en ella su suciedad , y se consuma su herrumbre
Ezequiel 24:12 ‹De trabajos me ha fatigado, y no se le ha ido su mucha herrumbre. ¡Consúmase en el fuego su herrumbre!
Ezequiel 24:13 ‹En tu inmundicia hay lujuria. Por cuanto yo quise limpiarte pero no te dejaste limpiar, no volverás a ser purificada de tu inmundicia, hasta que yo haya saciado mi furor sobre ti.
La ciudad de Jerusalén era como una olla donde el pecado estaba tan incrustado que no podría limpiarse. Dios quería limpiar las vidas de los habitantes de Jerusalén y quiere limpiar nuestras vidas hoy. A veces trata de purificarnos mediante dificultades y circunstancias problemáticas. Cuando se enfrente a momentos difíciles, permita que el pecado de su vida sea quemado. Mire sus problemas como una oportunidad para que su fe crezca. Cuando lleguen estos tiempos, las prioridades innecesarias y las diversiones se echarán a un lado. Podemos evaluar nuestras vidas y así haremos lo que en verdad cuenta.
Ezequiel 24:14 ‹Yo, el Señor, he hablado. Esto viene y yo actuaré; no me volveré atrás, no me apiadaré y no me arrepentiré. Según tus caminos y según tus obras te juzgaré›–declara el Señor Dios.»
Ezequiel dio esta ilustración en 588 a.C., tres años después del primero de sus mensajes anteriores. El pueblo de Judá pensó que era la carne escogida porque no lo llevaron al cautiverio en 597 cuando los babilonios invadieron por última vez el territorio. Ezequiel utilizó esta ilustración antes para mostrar que aunque el pueblo pensaba que estaba sano y salvo dentro de la olla, esta sería realmente el lugar de su destrucción. Este mensaje se dio a los cautivos en Babilonia el mismo día que los babilonios atacaron Jerusalén, comenzando con un sitio que duró casi dos años y trajo como resultado la destrucción de la ciudad. Cuando el castigo de Dios llega, es implacable.
Ezequiel 24:15 Y vino a mí la palabra del Señor, diciendo:
A Ezequiel se le prohíbe guardar luto a la muerte de su mujer. Los versículos 16 y 17 nos dan una de las más completas descripciones de los ritos funerarios en todas las Escrituras. Las razones del mandato divino aparecen en versículos 22, 23: Mientras se destruye el templo de Jerusalén la gente no debe guardar luto.
Ezequiel 24:16 Hijo de hombre, he aquí, voy a quitarte de golpe el encanto de tus ojos; pero no te lamentarás, ni llorarás, ni correrán tus lágrimas.
Ezequiel 24:17 Gime en silencio, no hagas duelo por los muertos; átate el turbante, ponte el calzado en los pies y no te cubras los bigotes ni comas pan de duelo.
Ezequiel 24:18 Y hablé al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi mujer; y a la mañana siguiente hice como me fue mandado.
Dios le dijo a Ezequiel que su esposa moriría y que no debía guardarle luto. Ezequiel obedeció a Dios totalmente, como lo hizo Oseas cuando se le ordenó casarse con una mujer infiel. En ambos casos, el propósito de estos hechos inusuales era de que fueran actos simbólicos que ilustraran la relación de Dios con su pueblo. La obediencia a Dios puede tener un alto costo. Lo único que quizás sea más doloroso que perder al cónyuge sin poder guardar luto sería perder la vida eterna por no obedecer a Dios. Ezequiel siempre obedeció a Dios con todo su corazón. Nuestras vidas deben mostrar la misma obediencia sincera. Dicha obediencia comienza al hacer todo lo que El nos ordena en las Escrituras, aun cuando no tengamos deseos. ¿Está dispuesto a servir a Dios tan completamente como lo hizo Ezequiel?
