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Ezequiel 24: Parábola de la olla hirviente

Ezequiel 24:1  Y vino a mí la palabra del Señor en el año noveno, el mes décimo, a los diez días del mes, diciendo:

Ezequiel alcanza el climax de su denuncia al justificar el juicio que pronto caerá sobre Jerusalén. La poética alegoría de la olla que hierve, simboliza el sitio de la ciudad. Las observaciones en prosa especifican las dimensiones de su infortunio. La fecha que se ofrece es la del 15 de enero de 588 a.C., el día que Nabucodonosor comenzó el sitio de Jerusalén

Ezequiel 24:2  Hijo de hombre, escribe la fecha del día, del día de hoy. Este mismo día el rey de Babilonia ha avanzado contra Jerusalén.

Ezequiel 24:3  Relata una parábola a la casa rebelde y diles: «Así dice el Señor Dios: ‹Pon la olla, ponla, y echa también en ella agua;

La olla es Jerusalén, la carne sus habitantes y el fuego que la cuece el sitio impuesto por Nabucodonosor.

Ezequiel 24:4  pon en ella los trozos, todo trozo bueno, pierna y espalda; llénala de huesos escogidos.

Ezequiel 24:5  ‹Toma lo mejor del rebaño, y apila también la leña debajo de ella; hazla hervir a borbotones, cuece también sus huesos en ella.›

Ezequiel 24:6  «Porque así dice el Señor Dios: ‹¡Ay de la ciudad sanguinaria, de la olla que tiene herrumbre, cuya herrumbre no se le va! Trozo por trozo sácala, sin echar suertes sobre ella.

Las «buenas piezas» son aquí herrumbre , lo cual indica que la corrosión del pecado se ha apoderado de la ciudad de sangres

Ezequiel 24:7  ‹Porque su sangre está en medio de ella, la puso sobre la roca desnuda; no la derramó sobre la tierra para que el polvo la cubriera.

Ezequiel 24:8  ‹Para hacer subir el furor, para tomar venganza, he puesto yo su sangre sobre la roca desnuda, para que no sea cubierta.›

Ezequiel 24:9  «Por tanto, así dice el Señor Dios: ‹¡Ay de la ciudad sanguinaria! Yo también haré grande el montón de leña.

La actividad de versículos 3-5 se atribuye ahora a Dios, quien será quien corte la leña y encienda el fuego para consumir la carne.

Ezequiel 24:10  ‹Aumenta la leña, enciende el fuego, hierve bien la carne, mézclale las especias, y que se quemen los huesos.

Ezequiel 24:11  ‹Luego pon la olla vacía sobre las brasas, para que se caliente, se ponga al rojo su bronce, se funda en ella su inmundicia, y sea consumida su herrumbre.

La olla vacía es colocada al fuego (el exilio) para purificarla de la corrosión, y así se funda en ella su suciedad , y se consuma su herrumbre

Ezequiel 24:12  ‹De trabajos me ha fatigado, y no se le ha ido su mucha herrumbre. ¡Consúmase en el fuego su herrumbre!

Ezequiel 24:13  ‹En tu inmundicia hay lujuria. Por cuanto yo quise limpiarte pero no te dejaste limpiar, no volverás a ser purificada de tu inmundicia, hasta que yo haya saciado mi furor sobre ti.

La ciudad de Jerusalén era como una olla donde el pecado estaba tan incrustado que no podría limpiarse. Dios quería limpiar las vidas de los habitantes de Jerusalén y quiere limpiar nuestras vidas hoy. A veces trata de purificarnos mediante dificultades y circunstancias problemáticas. Cuando se enfrente a momentos difíciles, permita que el pecado de su vida sea quemado. Mire sus problemas como una oportunidad para que su fe crezca. Cuando lleguen estos tiempos, las prioridades innecesarias y las diversiones se echarán a un lado. Podemos evaluar nuestras vidas y así haremos lo que en verdad cuenta.

Ezequiel 24:14  ‹Yo, el Señor, he hablado. Esto viene y yo actuaré; no me volveré atrás, no me apiadaré y no me arrepentiré. Según tus caminos y según tus obras te juzgaré›–declara el Señor Dios.»

Ezequiel dio esta ilustración en 588 a.C., tres años después del primero de sus mensajes anteriores. El pueblo de Judá pensó que era la carne escogida porque no lo llevaron al cautiverio en 597 cuando los babilonios invadieron por última vez el territorio. Ezequiel utilizó esta ilustración antes para mostrar que aunque el pueblo pensaba que estaba sano y salvo dentro de la olla, esta sería realmente el lugar de su destrucción. Este mensaje se dio a los cautivos en Babilonia el mismo día que los babilonios atacaron Jerusalén, comenzando con un sitio que duró casi dos años y trajo como resultado la destrucción de la ciudad. Cuando el castigo de Dios llega, es implacable.

Ezequiel 24:15  Y vino a mí la palabra del Señor, diciendo:

A Ezequiel se le prohíbe guardar luto a la muerte de su mujer. Los versículos 16 y 17 nos dan una de las más completas descripciones de los ritos funerarios en todas las Escrituras. Las razones del mandato divino aparecen en versículos 22, 23: Mientras se destruye el templo de Jerusalén la gente no debe guardar luto.

Ezequiel 24:16  Hijo de hombre, he aquí, voy a quitarte de golpe el encanto de tus ojos; pero no te lamentarás, ni llorarás, ni correrán tus lágrimas.

Ezequiel 24:17  Gime en silencio, no hagas duelo por los muertos; átate el turbante, ponte el calzado en los pies y no te cubras los bigotes ni comas pan de duelo.

Ezequiel 24:18  Y hablé al pueblo por la mañana, y por la tarde murió mi mujer; y a la mañana siguiente hice como me fue mandado.

Dios le dijo a Ezequiel que su esposa moriría y que no debía guardarle luto. Ezequiel obedeció a Dios totalmente, como lo hizo Oseas cuando se le ordenó casarse con una mujer infiel. En ambos casos, el propósito de estos hechos inusuales era de que fueran actos simbólicos que ilustraran la relación de Dios con su pueblo. La obediencia a Dios puede tener un alto costo. Lo único que quizás sea más doloroso que perder al cónyuge sin poder guardar luto sería perder la vida eterna por no obedecer a Dios. Ezequiel siempre obedeció a Dios con todo su corazón. Nuestras vidas deben mostrar la misma obediencia sincera. Dicha obediencia comienza al hacer todo lo que El nos ordena en las Escrituras, aun cuando no tengamos deseos. ¿Está dispuesto a servir a Dios tan completamente como lo hizo Ezequiel?

Ezequiel 24:19  Y el pueblo me dijo: ¿No nos declararás lo que significan para nosotros estas cosas que estás haciendo?

Ezequiel 24:20  Entonces les respondí: La palabra del Señor vino a mí, diciendo:

Ezequiel 24:21  «Habla a la casa de Israel: ‹Así dice el Señor Dios: «He aquí, voy a profanar mi santuario, orgullo de vuestra fuerza, encanto de vuestros ojos y deleite de vuestra alma; y vuestros hijos y vuestras hijas a quienes habéis dejado detrás, caerán a espada.

Ezequiel 24:22  «Haréis como yo he hecho; no cubriréis vuestros bigotes ni comeréis pan de duelo.

Ezequiel 24:23  «Vuestros turbantes estarán sobre vuestras cabezas y vuestro calzado en vuestros pies. No os lamentaréis ni lloraréis, sino que os pudriréis en vuestras iniquidades y gemiréis unos con otros.

Ezequiel 24:24  «Os servirá, pues, Ezequiel de señal; según todo lo que él ha hecho, haréis vosotros; cuando esto suceda, sabréis que yo soy el Señor Dios.»›

A Ezequiel no se le permitió guardar luto por la muerte de su esposa para poder mostrar a sus compatriotas cautivos que no debían guardar luto por Jerusalén cuando la destruyeran. Cualquier dolor personal que se sintiera pronto lo eclipsaría la tristeza nacional debido al horror de la destrucción total de la ciudad. Los individuos se consumirían por los pecados que provocaron la destrucción de la misma.

Os será por señal: Otra vez la experiencia personal de Ezequiel debe servir de guía al pueblo en época de infortunio.

Ezequiel 24:25  «Y tú, hijo de hombre, ¿no será que el día en que les quite su fortaleza, el gozo de su gloria, el encanto de sus ojos, el anhelo de su alma, y a sus hijos y a sus hijas,

Ezequiel 24:26  en ese día el que escape vendrá a ti con noticias para tus oídos?

Ezequiel 24:27  «En ese día se abrirá tu boca para el que escapó, y hablarás y dejarás de estar mudo. Y servirás para ellos de señal, y sabrán que yo soy el Señor.»

Por algún tiempo, a Ezequiel no se le permitió hablar excepto cuando Dios le daba un mensaje para que lo proclamara al pueblo. Esta restricción pronto terminaría, cuando destruyeran a Jerusalén y todas las profecías de Ezequiel acerca de Judá y Jerusalén se cumplieran.

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