Con la derrota estruendosa del invasor de Israel se manifestará el santo nombre de Yahvé. Al ser vencidos los judíos, los paganos habían profanado el nombre de Yahvé al hacer befa de El, declarándole impotente para defender a su pueblo. Ahora, en cambio, al manifestarse plenamente la omnipotencia divina, reconocerán que es el Santo de Israel, es decir, el que, por un lado, es trascendente e incontaminado, y, por otro, está vinculado a Israel, en cuanto que le ha escogido como pueblo suyo.
El profeta sigue describiendo las proporciones de la catástrofe del ejército invasor. Será tal su derrota y el número de sus guerreros caídos en la batalla, que los israelitas tendrán provisión de leña para siete años con las armas de los invasores. Gog encontrará su sepultura en la zona dominada por Israel, en el valle de Abarim, al este del Jordán, lugar de muchos monumentos megalíticos.Se cambiará el nombre en Amón-Gog, o muchedumbre de Gog, porque allí fue sepultado su ejército. Los israelitas tendrán que dedicarse con ahinco a enterrar los miles de cadáveres que yacen en el campo durante siete meses. Esta expresión, como la anterior de siete años, indica simplemente un largo lapso de tiempo. Los cadáveres mancillaban con impureza legal el lugar donde se encontraban 2; por eso era preciso buscarlos cuidadosamente, de modo que la tierra de Yahvé no estuviera contaminada. Para facilitar el trabajo a los enterradores, se nombraría una comisión de hombres para reconocer el terreno, los cuales debían poner una señal donde encontraban un cadáver. Los enterradores debían recoger el cadáver, señalado con una indicación por los miembros de la comisión investigadora, y los trasladaban al valle de Amón-Gog, fuera de los límites de la Tierra Santa.
En la estructura que Ezequiel va a trazar en los capítulos siguientes para la Tierra Santa, exige que ésta se vea libre de toda contaminación ilegal.
El profeta invita, además, a todas las aves del cielo y a las fieras del campo a participar del banquete del sacrificio inmenso de la gran hecatombe4. En los sacrificios del templo, una parte de la víctima inmolada la comían los oferentes y convidados. Aquí son convidados por Yahvé las fieras del campo y las aves del cielo a participar de la carroña de los restos del ejército que ha quedado tendido en los montes de Israel. Las frases de invitación son duras e irónicas: comeréis carne de héroes.. Los mejores guerreros del ejército invasor serán pasto ignominioso de las aves y fieras. Toda esta hecatombe ha sido como un sacrificio que ha inmolado Yahvé en honor de estos animales carniceros.
La gran victoria sobre el enemigo invasor será ocasión de reconocer la gloria de Yahvé, pues todos serán testigos de la implacable justicia suya, que envía sus castigos, sin dejar nada impune. De un lado, la casa de Israel reconocerá a Yahvé por su Dios, que los ha castigado primero y los ha salvado después, y de otro, las gentes reconocerán que, si Israel fue vencido y llevado al cautiverio, no fue por impotencia de su Dios, sino por sus rebeldías y pecados, que exigían el castigo divino, y sobre todo el mayor de todos: que Yahvé escondiera su rostro para que Israel se sintiera solo entregado a sus propias fuerzas ante sus enemigos.
Pero, después de haberlos castigado según sus merecimientos, Dios ha decidido salvarlos de nuevo para mostrar su amor hacia Israel y su omnipotencia ante los gentiles, velando por su santo nombre. Por el celo de su honor, Yahvé ha hecho volver a los israelitas del cautiverio y ha vencido estrepitosamente a sus enemigos. Con este milagroso retorno, Yahvé aparecerá santificado a los ojos de las gentes, es decir, se le reconocerá su santidad al castigar a su pueblo, y su omnipotencia al liberarlo. Tanto cuando los envió al cautiverio como cuando los hizo retornar de él, se mostró la grandeza del Dios de Israel. Ya no volverá a esconder su rostro de ellos, sino que los protegerá indefinidamente, pues les infundirá un espíritu nuevo sobre los ciudadanos de la nueva teocracia, de forma que siempre vivan vinculados a El, sin que vuelvan a sus transgresiones pasadas.
La Nueva Teocracia de Israel.
La misión de Ezequiel era consolar a los exilados y alentar en ellos la esperanza de la resurrección nacional. En los capítulos anteriores ha hablado insistentemente sobre el triunfo definitivo de Israel sobre los enemigos. Ahora va a abordar la cuestión sobre la restauración del templo y del nuevo culto. El templo de Jerusalén había sido el centro de la vida religiosa antes del exilio y ahora estaba totalmente destruido. En la nueva reconstrucción nacional no faltará el templo como centro de la vida de los ciudadanos de la nueva teocracia. La descripción es idealista: la nueva Tierra Santa debe estar totalmente libre de pecado, y los israelitas del futuro sentirán una espacialísima veneración por todo lo sagrado relacionado con Yahvé. Esta preocupación cultual es característica de esta última parte del libro de Ezequiel. Desde el punto de vista literario, la descripción detallada de la nueva estructura de Israel es muy convencional y simbólica: el nuevo Israel aparece organizado teocráticamente bajo Yahvé como rey, que tiene su residencia en el templo de Jerusalén y desde allí gobierna y preside todas las actividades del pueblo.
La descripción del templo-palacio de Yahvé es minuciosa, para impresionar al auditorio; y toda la vida de culto aparece con un boato y magnificencia que oscurece a las del antiguo templo de Salomón. La idea central de estos capítulos es la santidad de Yahvé, que exige perfección y pureza máxima en todo. Hasta las proporciones del templo deben estar presididas por la máxima simetría, símbolo de lo perfecto. En lo esencial, la descripción del templo está calcada sobre lo que nos dice la Biblia acerca del antiguo de Salomón. En lo interior hay modificaciones conforme a la estructura ideológica que el profeta quiere imprimir a cada detalle. El templo — morada de Yahvé — estará más aislado de lo profano que el antiguo, destruido en 586 a.C. El honor y la majestad de Dios exige que se guarden las distancias, de forma que nada que no sea santo se acerque a su recinto. Naturalmente, este templo soñado por Ezequiel nunca tuvo realización, y permaneció “en los archivos de la escatología” 6. Ezequiel es un profeta que juega con ideas, y a éstas queda todo subordinado, tanto en la estructura del templo como en la organización del futuro culto. Su misión como profeta era consolar y sembrar esperanza, y, con esta preocupación, idealiza la estructura de la nueva Tierra Santa y de su templo, lo mismo que idealizan los profetas los tiempos mesiánicos. [/private]
