Ezequiel 48:27 Junto al límite de Zabulón, desde el lado oriental hasta el lado occidental: Gad, una parte.
Ezequiel 48:28 Y junto al límite de Gad, al lado sur, hacia el sur, el límite será desde Tamar hasta las aguas de Meriba de Cades, hacia el torrente de Egipto hasta el mar Grande.
El Mar Grande es el Mar Mediterráneo.
Ezequiel 48:29 Esta es la tierra que sortearéis como herencia para las tribus de Israel, y éstas serán sus porciones–declara el Señor Dios.
Ezequiel 48:30 Y estas son las salidas de la ciudad: al lado norte, cuatro mil quinientos codos por medida.
La ciudad tiene doce puertas , tres a cada lado. Se les dan los nombres de las Doce Tribus, la de Leví incluida, y las de Efraín y Manasés unidas bajo la de José.
Ezequiel 48:31 Las puertas de la ciudad llevarán los nombres de las tribus de Israel; tres puertas al norte: la puerta de Rubén, una; la puerta de Judá, otra; la puerta de Leví, otra.
Ezequiel 48:32 Al lado oriental, cuatro mil quinientos codos, y tres puertas: la puerta de José, una; la puerta de Benjamín, otra; la puerta de Dan, otra.
Ezequiel 48:33 Al lado sur, cuatro mil quinientos codos por medida, y tres puertas: la puerta de Simeón, una; la puerta de Isacar, otra; la puerta de Zabulón, otra.
Ezequiel 48:34 Y al lado occidental, cuatro mil quinientos codos y sus tres puertas: la puerta de Gad, una; la puerta de Aser, otra; la puerta de Neftalí, otra.
Ezequiel 48:35 La ciudad tendrá dieciocho mil codos en derredor; y el nombre de la ciudad desde ese día será : el Señor está allí.
Jehová – sama : La ciudad recibe un nuevo nombre, de acuerdo con su nueva condición restaurada.
El libro de Ezequiel comienza con una descripción de la santidad de Dios, que Israel despreció y pasó por alto. Como resultado, la presencia de Dios abandonó el templo, la ciudad y el pueblo. El libro termina con una visión detallada del nuevo templo, de la nueva ciudad y del nuevo pueblo: todos demostrando la santidad de Dios. Las presiones diarias de la vida pueden persuadirnos para que nos concentremos en el aquí y el ahora, y por lo tanto nos olvidemos de Dios. Por esa razón la adoración es tan importante: aparta nuestra mirada de las preocupaciones actuales, nos da una perspectiva de la santidad de Dios y nos permite mirar hacia su Reino futuro. La presencia de Dios hace que todo sea glorioso y la adoración nos lleva ante su presencia.
