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Gálatas 6: Sobrellevando las cargas

Hermanos, si se sorprende a alguna persona en algún desliz moral, vosotros, los que os mantenéis bajo el control del Espíritu, debéis corregirla con espíritu de amabilidad; y, al hacerlo, tened presente que podíais haber sido vosotros mismos los que hubierais sido tentados. Sobrellevad los unos las cargas de los otros, y cumplid así la Ley de Cristo. Porque, si alguno se considera importante aunque no tenga ninguna importancia, se está engañando a sí mismo con sus propias fantasías. Que cada persona someta a prueba su propia obra, y así cualquier base para el orgullo que tenga, será en relación consigo mismo, y no en comparación con otros. Que cada palo aguante su vela.

Pablo conocía muy-bien los problemas que surgen en cualquier sociedad cristiana. Las buenas personas también resbalan. La palabra que usa Pablo (paráptóma) no quiere decir un pecado consciente, sino un resbalón como el que podría dar cualquiera en una carretera helada o en un sendero peligroso. Ahora bien, el peligro de los que están tratando de vivir de veras la vida cristiana es que tienen la tendencia de jugar duramente las caídas de los demás. Hay un elemento de dureza en muchas buenas personas. Hay muchas buenas personas a las que no se puede ir a llorar en su hombro, o a confesarle una experiencia de fracaso o derrota; mostrarían muy poca simpatía. Pero Pablo dice que, si una persona da un traspiés, el verdadero deber cristiano es ayudarla a que se ponga en pie otra vez. La palabra que usa para corregir se usa corrientemente para realizar una reparación, y también para el trabajo de un cirujano que extirpa un tumor del cuerpo de una persona, o que pone en su sitio un miembro roto. Toda la atmósfera de la palabra hace hincapié, no en el castigo, sino en la cura; la corrección se mira, no como un castigo, sino como un remedio. Y Pablo prosigue diciendo que cuando veamos a un hermano caer en una falta haremos bien en decir: «Ese, si no hubiera sido por la gracia de Dios, seria yo.»

Luego pasa a reprender la vanagloria, y da una receta para evitarla. No compararemos nuestros logros con la obra de nuestros semejantes, sino con lo mejor que podríamos haber hecho. De esa manera no encontraremos nunca motivos para vanagloriarnos.

Pablo habla dos veces en este pasaje acerca de sobrellevar cargas. Hay una clase de carga que se le impone a una persona en los azares y avatares de la vida; es cumplir la ley de Cristo ayudar a cualquiera que tenga que llevar una de esas cargas. Pero también hay cargas que cada uno tiene que sobrellevar por sí. La palabra que usa Pablo es la que quiere decir el macuto del soldado. Hay obligaciones que nadie puede cumplir por otro, y tareas de las que cada uno debemos ser responsables personalmente.

Manteniendo el nivel

El que está recibiendo enseñanza de la Palabra de Dios debe compartir todas las cosas buenas con el que le enseña. No os engañéis; a Dios no se le puede tomar a la ligera; lo que cada uno siembre, eso será lo que siegue. El que siembra para su propia naturaleza inferior segará de ella una cosecha mezquina. El que siembra para el Espíritu, cosechará del Espíritu la vida eterna. No os canséis nunca de obrar como es debido; porque, cuando llegue el momento, segaremos, siempre que no hayamos relajado nuestros esfuerzos. Así que, siempre que tengamos oportunidad, hagamos el bien a todo el mundo, y especialmente a los que son de la familia de la fe.

Aquí Pablo se vuelve intensamente práctico. La Iglesia Cristiana tenía sus maestros. En aquel tiempo, la Iglesia era una institución auténticamente solidaria. Ningún cristiano podía soportar tener demasiados bienes de este mundo cuando otros tenían demasiado poco. Así es que Pablo dice: «Si hay un hermano que te está enseñando las verdades eternas, lo menos que puedes hacer es compartir con él las cosas materiales que poseas.»

Seguidamente Pablo pasa a establecer una verdad inflexible. Insiste en que la vida mantiene la balanza en perfecto equilibrio. Si una persona se deja dominar por el lado inferior de su naturaleza, acabará por no poder esperar nada más que una cosecha de problemas. Pero, si se mantiene caminando por la senda superior, y obrando el bien, Dios la recompensará a fin de cuentas.

El Evangelio nunca suprime los peligros de la vida. Los griegos creían en Némesis; creían que, cuando una persona hacía algo que estaba mal, inmediatamente tenía a Némesis a sus talones, y más tarde o más temprano la alcanzaría. Todas las tragedias griegas son un sermón sobre el texto: «El que la hace, la paga.» Lo que nunca recordamos suficientemente es que -si es benditamente cierto que Dios puede perdonar y perdona a las personas sus pecados, también es verdad que ni siquiera Él puede borrar las consecuencias del pecado. Si una persona peca contra su cuerpo, más tarde o más temprano lo pagará con una salud quebrantada-, aunque se le perdone. Si una persona peca contra sus seres queridos, más tarde o más temprano les destrozará el corazón -aunque se le perdone. John B. Gough, el gran defensor de la abstinencia, que había vivido antes una vida desmadrada, solía advertir: «Quedan las cicatrices.» Y Orígenes, el gran erudito cristiano, que era universalista, creía que, aunque todas las personas se salvaran al final, hasta entonces quedarían las huellas del pecado. No podemos tomar a la ligera el perdón de Dios. Hay una ley moral en el universo. Si uno la quebranta, puede que se le perdone; pero no puede evitar las consecuencias.

Pablo termina recordando a sus amigos que el deber de la generosidad puede que nos resulte molesto, pero el que haya echado su pan sobre las aguas lo hallará a su debido tiempo (Eclesiastés 11:1).

Palabras finales

Fijaos qué letras tan grandes hago cuando os escribo de mi puño y letra. Los que quieren hacer alarde desde un punto de vista meramente humano están tratando de empujaros para que os circuncidéis, pero lo que se proponen de veras es evitar la persecución por causa de la Cruz de Cristo. Porque los que defienden la circuncisión a capa y espada tampoco cumplen ellos la Ley; lo que quieren es que os circuncidéis para presumir de la manera en que os han hecho cumplir los ritualés externos y humanos. ¡No permita Dios que yo presuma sino de la Cruz de nuestro Señor Jesucristo; por medio de Quien el mundo está crucificado para mi; y yo para el mundo! El estar circuncidado no tiene la menor importancia, y el estar sin circuncidar no hace ninguna diferencia. Lo que de veras importa es haber sido creados de nuevo. ¡Que la paz y la misericordia sean sobre todos los que se conduzcan de acuerdo con estos parámetros, y sobre el Israel de Dios! Y desde ahora, que nadie me venga con rollos; porque yo llevo en el cuerpo la divisa de Jesús.

Hermanos, que la gracia del Señor Jesucristo sea con vuestro espíritu. Así sea. Por lo general, Pablo añadía solamente la firma a las cartas que le había dictado a un amanuense; pero en este caso, el corazón se le sale del pecho con tal amor y preocupación por los gálatas, que les escribe este último párrafo: «Fijaos qué letras tan grandes hago cuando os escribo de mi puño y letra.» Las letras grandes pueden ser debidas a tres cosas.

a) Este párrafo puede que se escribiera en letra grande a causa de su importancia, como cuando imprimimos unas palabras en negrita.

(b) Puede que lo escribiera en letras grandes porque Pablo no tenía costumbre de manejar la pluma, y así era como le salía.

(c) Puede que Pablo estuviera mal de la vista, o que tuviera entonces uno de los horribles dolores de cabeza que padecía, y solo podía hacer la escritura grande y desgarbada de una persona que casi no veía.

Vuelve al centro del asunto. Los que querían que los gálatas se circuncidaran tenían tres motivos.

(a) Eso los salvaría de la persecución. Los romanos permitían a los judíos practicar su religión. La circuncisión era la prueba infalible de que se era judío; así es que esas personas veían en ella un pasaporte para no sufrir persecución por causa de la religión. La circuncisión los mantendría a salvo del odio de los judíos y de la ley romana juntamente.

(b) En último análisis, por la circuncisión y la observancia de las reglas y normas de la Ley, esos estaban tratando de montar un espectáculo que obtuviera la aprobación de Dios. Pablo, sin embargo, está totalmente seguro de que nada que uno pudiera hacer podría merecer la salvación; así que, una vez más, señalándoles la Cruz, los invita a dejar de tratar de ganar la salvación, y confiar en la Gracia de un amor así.

(c) Los que deseaban que los gálatas se circuncidaran, tampoco cumplían ellos la Ley. No hay ser humano que pueda cumplirla; pero lo que querían era presumir de que habían hecho a los gálatas sus prosélitos. Querían presumir del poder que tenían sobre la gente que habían sometido a su esclavitud legalista. Así es que Pablo, una vez más, establece con toda la intensidad de que es capaz que ni la circuncisión ni la incircuncisión importan lo más mínimo; que lo único que importa supremamente es el actuar de la fe en Cristo que le abre a la persona una nueva vida.

« Yo llevo en el cuerpo la divisa de Jesús,» decía Pablo. Esto puede querer decir dos cosas.

(a) Los stigmata, estigmas, siempre han fascinado a la gente. Se dice que Francisco de Asís había estado ayunando una vez en la cima de una montaña solitaria, y vio el amor de Dios en una Cruz que se extendía sobre todo el mundo; y cuando lo contempló sintió que una espada de dolor y de compasión le atravesaba el corazón.

Cuando la visión se fue desvaneciendo, Francisco se relajó; y entonces se vieron en sus manos las señales de los clavos de Jesús, que llevó en ellas hasta el %n de su vida. Si esto sucedió de veras o es leyenda no lo sabemos; porque «hay más cosas en la Tierra y en el Cielo de las que ha soñado nuestra filosofía;» pero hay algunos que creen que Pablo había pasado la experiencia de la crucifixión de su Maestro tan realmente que él también llevaba las señales de los clavos en su cuerpo.

(b) Era corriente que los amos marcaran a sus esclavos con un hierro candente, y eso parece ser lo que Pablo quería decir aquí: que las cicatrices de lo que había sufrido por Cristo eran su divisa de esclavo de Jesucristo. A fin de cuentas no es la autoridad apostólica lo que blande para que se le tenga en cuenta, sino las llagas que había sufrido en la obra de Cristo. Como el personaje de El Peregrino Valiente-por-la-Verdad, Pablo podía decir: «Mis marcas y cicatrices me llevo conmigo para que sean mis testigos ante Aquel que será el único Que me recompensará.»

Después de la tormenta y el estrés y la intensidad de la carta llega la paz de la bendición. Pablo ha discutido y reprendido y halagado, pero su última palabra es GRACIA, que era para él la única palabra que importaba.

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3 Comments

  • Termino con una sonrisa en mis labios Hno. Valentin Calderon Lionel después de concluir el capitulo 6 de Galatas ! Admiro su sistema de enseñanza, pues usa Ud. palabras que yo no usaría, claro yo no soy mas que una simple servidora del Señor y por supuesto muy ignorante de la Palabra. (me refiero a la palabra «desmadre», la cual me hizo reír ). Ahora seguimos con Efesios. Dios por delante. Lety

    • Valentin Calderon Lionel gracias por si respuesta. Estoy muy consiente de nuestras diferentes idiosincrasias. Yo nací y me crié en Mexico y American ahora por elección! Me agradan mucho sus términos cualquiera que sean, el aprender de la Palabra es mi gozo completo ! Bendiciones

    • Harmana recuerde que nuestra idiosincracia es diferente. Países diferentes, culturas diferentes. Estoy seguro de que lo único que no es diferente entre nosotros es el profundo amor y agradecimiento que tenemos por Nuestro Señor Jesucristo. Bendiciones

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