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Deuteronomio 26: Primicias y diezmos

Tres son las partes de este capítulo:

a) prescripción de entrega de las primicias de los productos de la tierra a los sacerdotes en reconocimiento a los favores otorgados por Yahvé al liberar a Israel de Egipto y darle una tierra que mana leche y miel

b) obligación de presentar los diezmos de los frutos cada tres años en beneficio de los menesterosos;

c) conclusión parenética

Deu 26:1 Cuando hayas entrado en la tierra que Jehová tu Dios te da por herencia, y tomes posesión de ella y la habites,

Deu 26:2 entonces tomarás de las primicias de todos los frutos que sacares de la tierra que Jehová tu Dios te da, y las pondrás en una canasta, e irás al lugar que Jehová tu Dios escogiere para hacer habitar allí su nombre.(A)

Deu 26:3 Y te presentarás al sacerdote que hubiere en aquellos días, y le dirás: Declaro hoy a Jehová tu Dios, que he entrado en la tierra que juró Jehová a nuestros padres que nos daría.

Deu 26:4 Y el sacerdote tomará la canasta de tu mano, y la pondrá delante del altar de Jehová tu Dios.

Deu 26:5 Entonces hablarás y dirás delante de Jehová tu Dios: Un arameo a punto de perecer fue mi padre, el cual descendió a Egipto y habitó allí con pocos hombres, y allí creció y llegó a ser una nación grande, fuerte y numerosa;

Un arameo : Inusual referencia a Jacob, apelativo que parece derivar de su matrimonio con Lea y Raquel, ambas de origen arameo. Con pocos hombres alude a las 70 personas de la familia de Jacob que entraron a Egipto.

Deu 26:6 y los egipcios nos maltrataron y nos afligieron, y pusieron sobre nosotros dura servidumbre.

Deu 26:7 Y clamamos a Jehová el Dios de nuestros padres; y Jehová oyó nuestra voz, y vio nuestra aflicción, nuestro trabajo y nuestra opresión;

Deu 26:8 y Jehová nos sacó de Egipto con mano fuerte, con brazo extendido, con grande espanto, y con señales y con milagros;

Deu 26:9 y nos trajo a este lugar, y nos dio esta tierra, tierra que fluye leche y miel.

Deu 26:10 Y ahora, he aquí he traído las primicias del fruto de la tierra que me diste, oh Jehová. Y lo dejarás delante de Jehová tu Dios, y adorarás delante de Jehová tu Dios.

Esta recitación de los tratos de Dios con su pueblo ayudó al pueblo a recordar lo que Dios había hecho por ellos. ¿Cuál es la historia de la relación que tiene con Dios? ¿Puede expresar con palabras claras y concisas lo que Dios ha hecho por usted? Encuentre un amigo a quien poder relatar su travesía espiritual y que pueda relatarle la suya. El hecho de contarse sus historias será de ayuda para que entiendan claramente su historia espiritual personal, a la vez que servirá de aliento e inspiración a ambos. Nota: «arameo a punto de perecer» puede significar peregrino o perdido. También, los arameos eran el pueblo del norte de Siria y eran de los antepasados de Abraham. Esto se usa también como referencia a Jacob, que pasó muchos años allí y consiguió a sus dos esposas en Aram.

Deu 26:11 Y te alegrarás en todo el bien que Jehová tu Dios te haya dado a ti y a tu casa, así tú como el levita y el extranjero que está en medio de ti.

En la legislación mosaica se habla reiteradamente de las primicias. El deuteronomista insiste en el carácter de reconocimiento por la protección de Yahvé al liberar a Israel de Egipto e instalarle en Canaán, como había prometido a los patriarcas. La designación de Abraham o Jacob como arameo es indicio de arcaísmo, ya que no es concebible que un autor de la época de la monarquía haya presentado a su glorioso antepasado como perteneciente al pueblo odiado de los arameos, enemigos de Israel. El fiel israelita deberá presentar en una cesta las primicias del producto del suelo (cereales sobre todo) al sacerdote en el lugar elegido por Yahvé, es decir, el santuario de Jerusalén. Al entregar la cesta, el fiel debe hacer un acto de fe y de reconocimiento a Yahvé. Y recuerda el origen no israelita de su antepasado Abraham-Jacob y su vida errante por Canaán y Egipto, contraponiendo su azarosa situación a la actual del israelita, asentado pacíficamente en la heredad de Yahvé. En Egipto, Dios multiplicó al pueblo elegido y por fin lo liberó de la opresión. Ahora es Yahvé el que dispensa la feracidad a la tierra que mana leche y miel. En comparación con las estepas del Sinaí, la tierra de Canaán era un oasis con variados frutos: trigo, aceite, vino, etc. Quizá el deuteronomista insiste en que el israelita reconozca a Yahvé como otorgador de los bienes del campo para hacer frente a la opinión popular de atribuir a los baales cananeos la feracidad de la tierra.

Esta ofrenda de primicias debía terminar con un banquete alegre de familia, al que debían ser invitados los necesitados: el levita y el extranjero o ger, es decir, el forastero asimilado a la sociedad israelita.

Deu 26:12 Cuando acabes de diezmar todo el diezmo de tus frutos en el año tercero, el año del diezmo, darás también al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda; y comerán en tus aldeas, y se saciarán.(B)

La ceremonia del diezmo debía comenzar al tercer año de establecidos los israelitas en Canaán. La presentación de las primicias comenzó durante el primer año.

Deu 26:13 Y dirás delante de Jehová tu Dios: He sacado lo consagrado de mi casa, y también lo he dado al levita, al extranjero, al huérfano y a la viuda, conforme a todo lo que me has mandado; no he transgredido tus mandamientos, ni me he olvidado de ellos.

Deu 26:14 No he comido de ello en mi luto, ni he gastado de ello estando yo inmundo, ni de ello he ofrecido a los muertos; he obedecido a la voz de Jehová mi Dios, he hecho conforme a todo lo que me has mandado.

Deu 26:15 Mira desde tu morada santa, desde el cielo, y bendice a tu pueblo Israel, y a la tierra que nos has dado, como juraste a nuestros padres, tierra que fluye leche y miel.

Cada tres años el israelita debía entregar un diezmo en favor de los necesitados: levita, huérfano, viuda y extranjero, que residían en la localidad del oferente. Para que este donativo tenga un sentido expresamente religioso, se ordena una oración, que era a la vez una profesión de fidelidad a los mandatos de Yahvé. Algunos autores suponen que se trata aquí de la décima parte del diezmo trienal, pero el contexto parece indicar que se trata del diezmo completo. La expresión dirás ante Yahvé parece indicar que el oferente debe trasladarse al santuario único, aunque se habla de que los necesitados deben comer ese diezmo en tus puertas, es decir, en la casa del oferente. El diezmo es considerado como algo santo o consagrado a Yahvé, y como tal es puesto aparte. El oferente confiesa que se halla libre de impurezas legales al presentar el diezmo: no tomó parte en banquetes fúnebres con ocasión del duelo, no tocó el diezmo mientras estaba impuro, ni ha dado nada a los muertos, probable alusión a la costumbre de presentar ofrendas a los difuntos en sus tumbas entre los cananeos. Así, pues, el piadoso israelita termina su oración pidiendo la bendición para el pueblo de Israel.

Esta sección versa sobre la actitud que nos lleva a ofrendar las primicias del fruto y el diezmo . Enseña que ambos deben ser ofrecidos alegremente, como un reconocimiento de las provisiones y la salvación recibidas de Dios.

Deu 26:16 Jehová tu Dios te manda hoy que cumplas estos estatutos y decretos; cuida, pues, de ponerlos por obra con todo tu corazón y con toda tu alma.

Deu 26:17 Has declarado solemnemente hoy que Jehová es tu Dios, y que andarás en sus caminos, y guardarás sus estatutos, sus mandamientos y sus decretos, y que escucharás su voz.

Deu 26:18 Y Jehová ha declarado hoy que tú eres pueblo suyo, de su exclusiva posesión,(C) como te lo ha prometido, para que guardes todos sus mandamientos;

Moisés dijo que como los israelitas eran ahora pueblo de Dios, era necesario que empezaran a obedecer los mandamientos de Dios.

Deu 26:19 a fin de exaltarte sobre todas las naciones que hizo, para loor y fama y gloria, y para que seas un pueblo santo a Jehová tu Dios, como él ha dicho.

Es la conclusión del largo discurso, aunque algunos comentaristas prefieren considerar esta perícopa como introducción al discurso final. Es una síntesis oratoria de las obligaciones para con Yahvé, que ha elegido a Israel como pueblo santo, es decir, segregado de todos los pueblos, dándole la superioridad, fama y esplendor sobre todos. Es el pueblo confidente de Yahvé, que ha recibido sus leyes para seguir sus caminos, y como tal su predilecto.

Dos confesiones litúrgicas

Las primicias de los frutos

Este capítulo introduce la ceremonia de la presentación de las primicias de los frutos. Esta ceremonia debía ser celebrada por el pueblo en Canaán, después de terminada la conquista de la tierra prometida. El deuteronomista diversas veces declara que Jehová era quien iba a proveer las bendiciones para Israel. Esta declaración de que Jehová era la fuente de bendición sirve para combatir la idea que Baal, el dios de la fertilidad en la religión de los cananeos, era el dios quien producía la fertilidad de la tierra de Canaán. Por cuanto Jehová era la fuente de las bendiciones recibidas por Israel y en gratitud por su abundante bendición, el pueblo tenía que responder a la bondad divina con la presentación de las primicias de los frutos de la tierra.

La presentación de las primicias del fruto se hacía en el templo, delante del sacerdote. La expresión el lugar que Jehová tu Dios haya escogido para hacer habitar allí su nombre se refiere al santuario central donde estaba el arca del pacto, el símbolo de la presencia divina. Más tarde, esta misma expresión fue usada exclusivamente para designar el templo que Salomón edificó en Jerusalén.

Cada israelita tenía que presentarse en el templo ante el sacerdote que estaba oficiando la ceremonia. Cada individuo traía su canasta con las primicias de los frutos del campo y la depositaba delante de Jehová, declarando que los frutos en la canasta representaban la cosecha que él había recibido. La declaración de la persona que hacía la presentación aparece en forma de una confesión de fe. Seis veces en esta sección Israel es exhortado a recordar que Jehová era la fuente de bendición y que él era quien proveía para la nación.

La declaración de fe que el israelita recitaba incluía dos afirmaciones. La primera afirmación de la persona que presentaba la canasta delante de Dios era que reconocía que él había recibido una porción de la tierra prometida porque Jehová había cumplido la promesa hecha a los patriarcas. Declara que el sacerdote tomaba la canasta de las manos del adorador y la ponía delante del altar de Jehová. Sin embargo, parece indicar que era el adorador quien colocaba la canasta en la presencia de Jehová. Es posible que este ritual incluía la presentación de la canasta dos veces: una por el sacerdote y la otra por el adorador. Pero es más probable que los dos versículos describan el mismo evento.

La segunda afirmación de la persona que hacía la presentación de la canasta aparece en los versículos 5-10. Esta confesión de fe hace referencia a la situación difícil de sus antepasados y enfatiza la fidelidad de Jehová a través de la historia de Israel y de la preservación milagrosa del pueblo en su jornada hacia Canaán.

Jacob, el padre de los israelitas, es introducido como un arameo errante. Jacob vivió en Harán con Labán, el arameo. Las dos esposas y las dos concubinas de Jacob eran arameas y sus hijos nacieron en Aram (Siria). La palabra errante se refiere a la situación de los patriarcas que no tenían tierra propia. La situación de los patriarcas sirve de contraste con la vida del israelita que presentaba su canasta delante de Jehová. Sus antepasados no tenían tierra propia, pero él tenía su tierra, la tierra que Jehová había prometido a los patriarcas, una tierra fértil que producía abundante cosecha.

Jacob y su familia habían descendido a Egipto por causa del hambre que había en la tierra de Canaán. Los eventos que sucedieron en Egipto, la aflicción de Israel como esclavo de los egipcios y la salida del pueblo bajo el poder de Jehová, son interpretados desde la perspectiva de la historia de salvación y de la fe de Israel. Israel había dejado de ser “un pueblo errante” para ser dueño de una tierra fértil, una tierra que fluye leche y miel. Los hijos de los israelitas que habían sido esclavos en Egipto y que habían sufrido hambre en el desierto ahora aparecen delante de Jehová con una canasta que representaba la abundancia de la tierra que Israel había recibido de Jehová. Ahora, en gratitud por la abundante cosecha, los israelitas venían a adorar a Jehová en su templo, trayendo en sus manos las primicias del fruto, símbolo de las bendiciones de Dios.

La presentación de las primicias era ocasión de gran júbilo en Israel. Te regocijarás probablemente indicaba una cena en el templo. Esta cena incluía no solamente la persona que hacía la presentación de la canasta, sino también todos los miembros de su familia, inclusive el levita pobre y el forastero quienes eran parte de la comunidad israelita.

Provisión para los pobres

Esta sección introduce la presentación del diezmo del tercer año. El deuteronomista ya había instruido al pueblo de Israel acerca del diezmo y acerca del diezmo del tercer año. Aquí la presentación de este diezmo especial aparece en el contexto de una confesión personal donde el adorador declara su obediencia a los mandamientos de Jehová. El propósito de este diezmo especial era el ayudar a las personas más pobres en Israel. El grupo de personas pobres y necesitadas incluye los levitas, los forasteros, los huérfanos y las viudas. El hecho de que el libro de Exodo solamente menciona los huérfanos y las viudas, indica que la legislación deuteronómica combina la antigua ley del diezmo con la realidad social de sus días, donde los levitas y los forasteros también necesitaban la ayuda económica de la comunidad, por cuanto ellos no tenían propiedad en Israel.

El diezmo especial cada tres años era presentado en el contexto de una liturgía en el templo donde la persona que presentaba su ofrenda hacía una confesión de obediencia a las ordenanzas de Israel. Aun cuando la confesión del individuo era hecha en el templo delante de Jehová, el diezmo era distribuido a los pobres en las puertas de las ciudades.

La confesión de la persona que presentaba este diezmo especial contiene una declaración positiva, una negativa y una oración suplicando la bendición de Jehová. La declaración positiva es una afirmación de que él había cumplido la ordenanza de Jehová y había dado su diezmo para proveer para las necesidades de las personas pobres en su ciudad. En obediencia a la palabra de Jehová, él había sacado de su casa lo consagrado. Los diezmos, la décima parte de la cosecha, eran santos o consagrados a Jehová, por lo tanto, ningún israelita podía participar del diezmo porque esta porción estaba dedicada a Jehová. La presentación de los diezmos era hecha conforme a todos los mandamientos que me has mandado. Esta declaración de obediencia hace referencia a la ley de los diezmos.

La declaración negativa es oscura y difícil de interpretar. Es posible que el adorador está procurando negar una relación con los cultos de los cananeos. La expresión no he comido de ello estando en luto probablemente se refiere al llanto y lamentación que se hacían para el dios Tamuz. Tamuz era un dios de la vegetación, que era adorado principalmente en Babilonia. En el culto de Tamuz, la muerte de este dios simbolizaba la muerte anual de la vegetación en el principio del invierno. Los adoradores de Tamuz lloraban por su muerte y celebraban su resurrección en la primavera, durante la reaparición de la vegetación.

La expresión ni he sacado de ellos estando impuro es una declaración de que él no había sacado parte del diezmo para ofrecer a los dioses cananeos. La expresión ni de ello he ofrecido a los muertos es una declaración de que él no había ofrecido parte del diezmo en el culto de los muertos ni ofrecido a Baal y Tamuz, los dioses asociados con el culto de los muertos. Esta declaración negativa es una confesión de inocencia que sirve para afirmar su obediencia a las ordenanzas de Jehová y para afirmar que había dado todo el diezmo que pertenecía a los levitas, a los forasteros, a los huérfanos y a las viudas.

El adorador terminaba con una oración suplicando la bendición de Jehová sobre Israel. En su súplica, el israelita clamaba al Dios que vive en cielo, su morada eterna,

pidiendo que bendijera al pueblo de Israel, el mismo pueblo que habitaba en la tierra que Jehová le había dado como su herencia eterna. Esta oración reconocía la gracia divina hacia Israel. Jehová había cumplido la promesa hecha a los patriarcas. El había dado la tierra de Canaán a sus descendientes. Jehová había bendecido a Israel. El había dado a su pueblo una tierra fructífera y fértil, una tierra donde fluía leche y miel.

Ayudas prácticas Debemos reconocer la entrega de nuestros bienes como una parte vital de la adoración. Hay algunas implicaciones de este pasaje para la ofrenda en la iglesia hoy día.

1. La ofrenda debe ser planeada.

2. La ofrenda debe ser llevada a cabo con reverencia.

3. La ofrenda debe ser un tiempo de consagración de nuestras vidas. Más que en la ofrenda que nosotros damos debemos pensar en el Dios que nos ha bendecido para poder dar.

Ratificación del pacto

El título de esta sección en la RVA declara que aquí termina el segundo discurso de Moisés. Según esta organización de los discursos de Moisés en Deuteronomio, el tercer discurso empieza en 27:1. Pero, en la tradición de los tratados políticos y de los pactos de soberanía del antiguo Oriente, la ratificación del pacto terminaba con la proclamación de las bendiciones y maldiciones, las cuales sirven para enfatizar obediencia y consentimiento a las demandas del pacto.

Este comentario sigue la tradición de los pactos de soberanía. Esta sección es considerada la ratificación final del pacto con la nueva generación de israelitas donde Jehová declaraba que Israel era su pueblo especial. La proclamación de las maldiciones y bendiciones en los caps. 27-28, sirven como la conclusión del segundo discurso de Moisés y el cap. 29 es el inicio de su tercer discurso.

Los versículos 17-19 contienen la ratificación del pacto entre Jehová y la nueva generación de israelitas que se preparaban para entrar en la tierra de Canaán y recibir la herencia que Jehová había prometido dar a los descendientes de Abraham. La ratificación del pacto contiene dos partes. En la primera parte Israel se compromete a obedecer las demandas del pacto y Jehová promete ser el Dios de Israel y hacer de la nación un pueblo especial, un pueblo separado de las otras naciones para el servicio exclusivo de Dios.

Moisés actúa como el mediador entre Dios y el pueblo. Como mediador del pacto, Moisés exhorta a Israel a obedecer las leyes y los decretos que forman las demandas del pacto. Israel se compromete a ser el pueblo de Dios, aceptando las demandas del pacto. Moisés habla al pueblo declarando que hoy Israel aceptaba las demandas de Jehová. El hoy del fue el momento cuando el pueblo oyó las palabras de Moisés y la exposición de la ley. La declaración de Israel incluye cuatro compromisos:

(a) que Jehová sería su Dios;

(b) que Israel andaría por sus caminos;

(c) que Israel guardaría sus leyes, mandamientos y decretos;

(d) que Israel escucharía su voz. La declaración de Israel implica que la nación se dedicaría al servicio exclusivo de Dios y esto requería completa obediencia a los mandamientos de Jehová.

Moisés, hablando por Dios, declaró lo que Jehová se comprometía a hacer por Israel. Por cuanto Israel se comprometía a guardar los mandamientos y obedecer la voz de Jehová, Jehová se comprometía a ser el Dios de Israel y hacer de Israel una nación especial y un pueblo exaltado, más que todas las naciones del mundo. Por ser un pueblo especial, fama y honor serían conferidos a Israel. El contexto parece indicar que por su obediencia a Jehová y por su relación especial con Dios, el honor que Israel iba a recibir sería consecuencia de su obediencia y de su relación privilegiada con Dios.

Años más tarde, Jehová declaró por medio del profeta Jeremías que él había escogido a Israel “para que me fuesen pueblo y para renombre, alabanza y honra”. Pero Jehová declaró diciendo que ellos “no me escucharon”. Después de la conquista de la tierra de Canaán, Israel abandonó su relación especial con Jehová y violó las demandas del pacto. Por causa de su apostasía Israel abandonó su posición exaltada entre las naciones. Pero el mensaje profético declara que la rebeldía de Israel no iba a durar para siempre, porque Jehová levantaría una nueva generación de israelitas que sería fiel a las demandas del pacto. Esta nueva generación iba a continuar la misión del pueblo de Dios entre las naciones.

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