Dios reafirma su pacto con Abram
Desde el nacimiento de Ismael pasan trece años en los cuales la vida de Abram se desarrolla sin ningún cambio. Aparentemente el proyecto humano, Ismael, fue la solución a la tardanza de Dios, a la edad de Abram y a la esterilidad de Sara. Pero Dios, quien es fiel a su propósito pese al error humano, se aparece nuevamente a Abram para reafirmar el pacto original y comprometerle nuevamente a esa relación ya establecida. La identificación de Dios como el Todopoderoso indica la majestad y poder del Dios de los patriarcas. Varias veces en Génesis, frente a fuerzas y poderes influyentes y contrarios, se identifica a Dios como el Todopoderoso. En la reafirmación del pacto aparecen varios nuevos elementos: Primero, una demanda de vida perfecta en relación a Dios. Esta relación implica una vida de conducta diferente. La fe y la moral siempre van juntos en la relación del hombre con Dios. Segundo, hay un cambio de nombre de Abram (padre excelso) a Abraham (padre excelso de una multitud). Este cambio obedece a la nueva realidad que Dios determina para Abram: el ser padre de una multitud de naciones y reyes. El pacto de Dios se extiende perpetuamente a esta descendencia. En dicho pacto, Dios se proclama Dios de la descendencia y le concede Canaán por posesión perpetua.
Ismael Su nombre significa «Dios oye» o «Dios escucha». Hijo de la relación entre Abraham y su concubina egipcia llamada Agar quien era sierva de Sara.
Ismael llegó a ser el progenitor de los ismaelitas, esto es de todas las naciones árabes. La descripción de Ismael dada en 16:12 lo presenta como una persona alejada de la comunidad humana, severo y violento.
Por la insistencia de Sara, Abraham tuvo que sacar a Agar e Ismael de la casa. Caminando por el desierto Ismael está a punto de morir de sed cuando el ángel del Señor dirige a Agar a encontrar un pozo.
En 21:20 se nos cuenta que Dios estaba con el muchacho, el cual creció y habitó en el desierto, y llegó a ser un tirador de arco.
Ismael se casó con una egipcia que su madre escogió para él. Ismael tuvo doce hijos quienes habitaron al norte de Arabia.
La historia bíblica nos cuenta que fue a un grupo de ismaelitas que José fue vendido por sus hermanos y llevado a Egipto.
El tercer elemento es la circuncisión como señal de ese pacto perpetuo. La circuncisión es el corte del exceso de piel que cubre el prepucio del órgano genital masculino. Era una práctica común en muchas culturas contemporáneas a los patriarcas. Generalmente era practicada al varón en su paso de niñez a adulto. Era un rito sexual al que posteriormente seguían prácticas sexuales fuera del matrimonio y asociados al culto a la fertilidad en la religión cananea. Dios saca este rito de su entorno sexual y pagano y lo integra como iniciación del niño al pueblo del pacto.
La circuncisión, como señal del pacto, tiene las siguientes características: Primera, es un mandamiento que debe guardarse en cada generación. Esta práctica llega a ser la marca de identificación de los israelitas a través de la historia. No es exclusiva de Israel: Es practicada también por los islámicos por razones religiosas y por otras culturas por otros motivos. Pero en los israelitas se la relaciona con el pacto. Como señal visible e imborrable en la carne indica el compromiso de cada generación con el pacto. Segunda, debe ser hecha al niño a los ocho días de su nacimiento. Además, se debe practicar al descendiente natural como al extranjero adquirido. Tercera, esta señal debe hacerse en el órgano genital o generacional del hombre quien en el sistema patriarcal eventualmente es el jefe y representante de toda la familia. No tiene entonces connotación de machismo o de exclusión de las mujeres del pacto. En el entendimiento cultural bíblico, el hombre es el responsable de continuar las generaciones. La circuncisión pues llega a ser la señal o seguridad de aceptación de la persona y su familia a los beneficios del pacto. Era la prueba de que el individuo y su familia pertenecían a la nación del pacto. El que rehusara esta señal era excluido de la congregación. Con la inclusión de los gentiles al pacto, el judaísmo exigía al devoto o prosélito la circuncisión como la ley lo indicaba. En el cristianismo primitivo surge una controversia en relación con la aplicación del rito de la circuncisión y otros ritos judíos a los gentiles convertidos. Después de una profunda consideración, los apóstoles, guiados por el Espíritu Santo, determinan como normativo liberar a los gentiles creyentes en Cristo Jesús del rito de la circuncisión, afirmándose que sólo la fe en Cristo es suficiente para la salvación tanto del judío como del gentil.
