Casi cinco kilos de plata era un precio alto por la porción de tierra que Abraham compró. A los heteos que vivían en esa tierra no les entusiasmaba la idea de que los extranjeros compraran terrenos por allí, así que Abraham tenía muy poca posibilidad de regatear.
Efrón puso un precio excesivo. La costumbre de ese tiempo era pedir el doble del valor justo de la tierra, ya que esperaban que el comprador ofreciera la mitad. Sin embargo, Abraham no regateó. Pagó el precio inicial. El no trataba de tomar nada de balde. Aun cuando Dios le había prometido la tierra a Abraham, no se la arrebató a Efrón.
Gén 23:17 Y quedó la heredad de Efrón que estaba en Macpela al oriente de Mamre, la heredad con la cueva que estaba en ella, y todos los árboles que había en la heredad, y en todos sus contornos,
Gén 23:18 como propiedad de Abraham, en presencia de los hijos de Het y de todos los que entraban por la puerta de la ciudad.
Gén 23:19 Después de esto sepultó Abraham a Sara su mujer en la cueva de la heredad de Macpela al oriente de Mamre, que es Hebrón, en la tierra de Canaán.
Los huesos de Sara en . . . Canaán fueron un testimonio de que el pueblo escogido estaba en posesión de la promesa.
Gén 23:20 Y quedó la heredad y la cueva que en ella había, de Abraham, como una posesión para sepultura, recibida de los hijos de Het.
Un fascinante relato, que ilustra la forma oriental de regatear. Abraham estaba consciente que los hititas no tenían la intención de darle gratuitamente un lugar de sepultura, ni él se hubiera atrevido a aceptar su pretendida oferta. Lo que se discutía era: ¿recibiría Abraham un sitio permanente en Canaán , o permanecería como alguien dependiente sin tierras propias?
Este episodio se relata extensamente por su significado trascendente. Por lo menos es necesario mencionar tres aspectos importantes. Primero, se relata la muerte de una madre. Sara, quien era diez años menor que Abraham muere a los 127 años. El lugar patriarcal de residencia en este entonces era Hebrón, lugar muy bien conocido y anteriormente ya habitado por Abraham. La reacción primera de Abraham es de profundo pesar y así lo expresa abiertamente. Esta es la mujer que le acompañó en todo su peregrinaje. La mujer que puso en peligro su integridad física y moral por salvaguardar la de su esposo. Esta es la mujer que dejó a su parentela y tierra de comodidad porque comprendió y aceptó el llamado de Dios al igual que Abraham. Recordemos que Dios llama originalmente a una pareja para la realización de su plan, ya que la descendencia era central a dicho plan. Y esta es la mujer, madre del hijo de la promesa y madre de todos los hijos de Abraham por la fe. A pesar de su complicidad con Abraham en engañar al faraón y a Abimelec, a pesar de su apresuramiento en precipitar la promesa de Dios con Agar, a pesar de su duda y risa ante la posibilidad de maternidad, Sara, por su fidelidad y fortaleza espiritual,figura en la lista de los grandes de la fe. En Hebreos se resalta esa fe y su esfuerzo extremo al ser la madre de Isaac. En 1de Pedro se la pone como modelo de obediencia a su marido y de una conducta doméstica casta, modesta y respetuosa que debe ser imitada por las esposas creyentes. Razón suficiente tenía Abraham para hacer duelo y llorar por Sara.
Segundo, pasada la expresión del duelo, viene la necesidad de sepultar a la muerta. Y en aquella sociedad como en la nuestra, ésta es la parte más desagradable y pesada, dada la comercialización excesiva que busca obtener ganancias ventajosas a costa de esta desgracia y de la sensibilidad humana. Abraham se reconoce como forastero y sin tierra y por ello pide a los pobladores locales una parcela de tierra para sepulcro. Los hititas (hijos de Het) habitaban el lugar y eran propietarios de la tierra. Este pueblo era originario de Asia Menor (actual Turquía) y se expandieron a Canaán donde se establecieron por mucho tiempo. Después de mucho diálogo y actos de negociación, Abraham solicita y compra el campo de Efrón juntamente con la cueva de Macpela, lugar ideal para sepultura. Es interesante notar la cortesía y sagacidad durante el desarrollo de la negociación. Abraham originalmente sólo quería comprar la cueva y por su precio justo, pero el dueño aprovecha y vende todo el campo por un precio bastante elevado. Abraham, ante la oferta de sepultura gratis, insiste en adquirirla como su propiedad y así dar una sepultura digna y segura a su esposa. Nuevamente en el diálogo se nota la relación correcta y pacífica que Abraham mantenía con los diferentes grupos étnicos entre los cuales vivía como forastero, anclado siempre en la esperanza de la promesa de Dios. Estas relaciones hacían posible que pudiera acudir a los habitantes locales en situaciones de necesidad.
