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Mateo 23: La carga de la Religión

Entonces Jesús les dijo a las multitudes y a Sus discípulos:

-Los escribas y los fariseos ocupan la cátedra de Moisés. Por tanto, haced y cumplid todo lo que os digan, pero no obréis como ellos, porque hablan, pero no ponen por obra. Atan cargas que son pesadas y difíciles de llevar, y se las ponen en los hombros a los demás; pero ellos mismos se niegan a mover ni un dedo para empujarlas.

Aquí vemos que ya empiezan a aparecer los lineamentos de los fariseos. Aquí vemos la convicción judía de la continuidad de la fe. Dios dio la Ley a Moisés; Moisés se la pasó a Josué. Josué se la transmitió a los ancianos; los ancianos se la pasaron a los profetas; y los profetas se la dieron a los escribas ,y fariseos.

No debemos pensar ni por un momento que Jesús está aquí alabando a los escribas y fariseos por todas sus reglas y normas. Lo que está diciendo es esto: « En tanto en cuanto estos escribas y fariseos os han enseñado los grandes principios de la Ley que Moisés recibió de Dios, debéis obedecerlos.» Cuando estábamos estudiando Mat_5:17-20 , vimos lo que eran estos principios. La totalidad de los Diez Mandamientos se basan en dos grandes principios. Se basan en la reverencia, reverencia con Dios, con el nombre de Dios, con el día de Dios, con los padres que Dios nos ha dado. Y se basan en el respeto, respeto a la vida de las personas, a sus posesiones, a su personalidad, a su buen nombre, a ellas mismas. Estos principios son eternos; y, en la medida en que los escribas y los fariseos enseñan la reverencia a Dios y el respeto a los hombres, su enseñanza es eternamente vinculante y válida.

Pero su actitud general acerca de la religión tenía un efecto fundamental. La convertía en una cosa de miles y miles de reglas y normas; y por tanto, la convertía en una carga insoportable. Aquí tenemos la prueba de cualquier presentación de la religión. ¿Es como unas alas que les hacen remontarse a las personas, o como un peso muerto que las hunde cada vez más? ¿Estimula o deprime? ¿Es algo que ayuda a las personas o que las acecha? ¿Es algo que le lleva a uno, o es algo que uno tiene que llevar? Siempre que la religión se convierte en un asunto deprimente de cargas y prohibiciones, deja de ser verdadera religión.

Los fariseos tampoco se permitían el más ligero alivio. El propósito que ellos mismos confesaban era: «Hacer una valla alrededor de la Ley.», No, suavizaban ni relajaban ninguna regla. Siempre que, la religión se convierte en una carga, deja de ser verdadera religión.

LA RELIGIÓN DE LA OSTENTACIÓN

Mateo 23:5-12

-Realizan todas sus acciones para que los vean los demás. Se ponen las filacterias bien anchas; llevan flecos extralargos. Les encantan los sitios más honorables en los banquetes, y los asientos de primera fila en las sinagogas, y los saludos en el mercado, y que los llame «Rabí» la gente. Vosotros no debéis llamaros rabinos; porque no tenéis más que un maestro, y vosotros sois todos simplemente hermanos. No llaméis «padre» a nadie en la Tierra; tenéis un solo Padre: vuestro Padre del Cielo. Ni tampoco debéis llamaros dirigentes; porque tino es vuestro Dirigente: Cristo. El que sea el más importante entre vosotros, que sea vuestro siervo. Cualquiera que se enaltezca, será humillado; y cualquiera que se humille, será exaltado.

La religión de los fariseos se convertía casi inevitablemente en una religión de ostentación. Si la religión consiste en obedecer innumerables reglas y normas, llega a ser fácil para una persona el cuidarse de que todo el mundo se dé cuenta de lo bien que las cumple, y de lo perfecta que es su religiosidad. Jesús selecciona ciertas acciones y costumbres de las que los fariseos hacían gala.

Se ponían unas filacterias muy anchas. Se decía acerca de los mandamientos de Dios: «Te será como una señal en la mano, y como un recordatorio entre los ojos» (Exo_13:9 ). El mismo dicho se repite: «Te será, pues, como una señal en la mano y como un recordatorio entre los ojos» (Exo_13:16 ; cp. Deu_6:8; 11: I8). Para cumplir estos mandamientos, los judíos llevaban para la oración, y todavía llevan, lo que llaman tefillin o filacterias. Se llevan puestas todos los días excepto sábados y fiestas especiales. Son como unas cajitas de piel que se atan con correas en la muñeca y en la frente. La de la muñeca es una cajita con un solo compartimiento, en el que se guarda un rollito de pergamino con los siguientes cuatro pasajes de la Escritura: Exo_13:1-10 ; 11-16; Deu_6:4-9 ; Deu_11:13-21 . La de la frente es igual, excepto que tiene cuatro compartimientos, en cada uno de los cuales se guarda un rollito con cada uno de esos cuatro pasajes. Los fariseos, para llamar más la. atención, no solo usaban filacterias, sino que las llevaban lo más grandes posible, para demostrar su ejemplar obediencia a la Ley y su piedad ejemplar.

Llevaban por fuera unos flecos; los flecos se llamaban en griego kraspeda, y en hebreo zizit. En Números 1 S: 37-41 y en Deu_22:12 leemos que Dios mandó a Su pueblo que se hiciera borlas. en los bordes de sus vestiduras, para que cuando las vieran se acordaran de los› mandamientos de Dios. Estas borlas eran como pompones que se usaban en las cuatro esquinas de la túnica exterior. Posteriormente se pusieron en la ropa interior, y hoy en día se mantienen, en el chal que se ponen los devotos judíos para hacer oración. Se hacían los flecos de un tamaño especialmente largo para hacer ostentación de piedad, y usarlos, no para recordarle a nadie los mandamientos, sino para atraer la atención hacia el que los llevaba.

Además, a los fariseos les encantaba que les asignaran los puestos principales en las comidas, a la izquierda y a la derecha del anfitrión. Les encantaban los asientos en la primera fila de las sinagogas.- En Palestina, los últimos asientos eran para los niños y ,para la gente menos importante. Cuanto más adelante estaba el asiento, mayor era el honor. Los sitios más honorables eran los de los ancianos, que se sentaban de cara a la congregación. Si un hombre se. sentaba allí, todos podían ver que estaba presente y que se conducía durante el culto con mucha devoción. Todavía más: a los fariseos les encantaba que los llamaran «Rabí», y que los trataran con el máximo respeto. Reclamaban de hecho un respeto mayor que el que se debía a los padres, porque decían que los padres no dan más que la vida ordinaria, física, mientras que el maestro da la vida eterna. Hasta llegaban a pretender que los llamaran padre como Eliseo llamaba, Elías (2Ki_2:12 ).

Jesús dice que el cristiano debe recordar que tiene un sólo Maestro que es Cristo; y un solo Padre en la fe que es Dios.

Todo el interés de los fariseos era vestirse y actuar de manera que llamara la atención e hiciera que todo el mundo se fijara en ellos. Todo el propósito del cristiano debe ser: pasar inadvertido, para que; si los demás ven sus buenas obras, no le glorifiquen a él, sino a su Padre del Cielo. Cualquier religión que produce ostentación en las obras y orgullo en el corazón es una religión falsa.

CERRANDO LA PUERTA A OTROS

Mateo 23:13

-¡Pobres de vosotros, escribas y fariseos farsantes, porque les cerráis la puerta del Reino del Cielo en la cara a los demás! Vosotros mismos no entráis, pero tampoco les dejáis entrar a los que lo intentan.

Los versículos 13 al 26 forman la denuncia más terrible y explícita que encontramos en el Nuevo Testamento. Como Plummer escribía, « estos ayes son como un trueno por su incontestable severidad, y como un relámpago por su exposición indiscriminada… Iluminan al mismo tiempo que hieren.»

Aquí Jesús dirige una serie de siete ayes contra los escribas y fariseos hipócritas. La versión Reina-Valera empieza cada uno de ellos con la exclamación «¡ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas!» La palabra griega para ay es uai. Es difícil de traducir, porque incluye no solo ira sino también lástima. Hay aquí justa indignación; pero es la indignación del corazón de amor, quebrantado por la ceguera testaruda de las personas. Hay aquí, no solamente un aire de denuncia manifiesta; también hay una atmósfera de tragedia lamentable. La palabra hipócrita sale aquí una y otra vez. La palabra griega hypokrités quería decir en un principio uno que contesta; y luego llegó a usarse especialmente para designar al que tomaba parte en un diálogo en la escena; es la palabra griega normal para actor. De ahí pasó a significar un actor en el peor sentido de .la palabra, un farsante, uno que representa un papel, que se pone una máscara, para ocultar sus verdaderas intenciones, que representa un personaje ficticio mientras interiormente sus pensamientos y sentimientos son muy diferentes. Para Jesús; los escribas y fariseos eran hombres que estaban representando un papel. Lo que quería decir era que su idea de la religión consistía en gestos externos, ponerse filacterias y flecos elaborados, la meticulosa representación de reglas y normas de la Ley. Pero en el corazón no tenían más que amargura y envidia y orgullo y arrogancia. Para Jesús, estos escribas y fariseos eran hombres que, bajo una máscara de piedad elaborada, ocultaban corazones en los que dominaban sentimientos y emociones que nada agradaban a Dios. Y esa acusación sigue aplicándose en mayor o ,menor grado a cualquier persona que lleva una vida con la suposición de que la religión consiste en observancias y actos externos.

Hay un supuesto dicho de Jesús que no figura en los evangelios: «La llave del Reino han escondido.» Su condenación de aquellos escribas y fariseos era porque, no solo no entraban en el Reino ellos mismos, sino porque le cerraban la puerta en la cara a los que procuraban entrar. ¿Qué quería decir Jesús con esta acusación?

Ya hemos visto (Mat_6:10 ) que la mejor manera de entender el Reino es como una sociedad en la Tierra en la que la voluntad de Dios se hace tan perfectamente como en el Cielo: Ser un ciudadano del Reino del Cielo, y hacer la voluntad de Dios, son una y la misma cosa. Los fariseos creían que hacer la voluntad de Dios era observar sus millares de reglas y normas insignificantes; y nada podía estar más lejos de ese Reino cuyo componente.:básico es el amor. Cuando la gente trataba de encontrar la manera de entrar en el Reino del Cielo, los fariseos les presentaban estas reglas y normas, lo que equivalía realmente a cerrarles la puerta en la cara.

Los fariseos preferían sus ideas de la religión a la de Dios. Habían olvidado la verdad fundamental de que, si uno quiere enseñar a otros, debe primero escuchar a Dios. El peligro más grave que acecha a cualquier maestro o predicador es el de elevar sus propios prejuicios a la categoría de principios universales, y sustituir la verdad de Dios por sus propias ideas. Cuando hace eso, ya no es un guía, sino una barrera que impide la entrada al Reino; porque descarriado él, descarría también a otros.

MISIONEROS DEL MAL

Mateo 23:15

-¡Pobres de vosotros, escribas y fariseos farsantes! Porque peináis tierra y mar para hacer un prosélito, -y cuando lo conseguís le hacéis un hijo del infierno el doble que vosotros.

Una extraña característica del mundo antiguo era la atracción y la repulsa que el judaísmo ejercía al mismo tiempo sobre diversas personas. No había pueblo que fuera más odiado que los judíos. Su exclusivismo y su aislamiento y su desprecio de las otras naciones le granjeaban la hostilidad general. De hecho, se creía que una parte fundamental de su religión era un juramento de no ayudar jamás a ningún gentil en ninguna necesidad, ni siquiera diciéndole cómo ir a un sitio cuando lo preguntaba. Su observancia del sábado les granjeó una reputación de perezosos; su repulsa de la carne de cerdo les ganó burlas, hasta el punto del rumor de que adoraban a un cerdo como su dios. El antisemitismo era una fuerza real y universal en el mundo antiguo.

Y sin embargo, ejercían atracción. La creencia en un solo Dios llegó como una cosa maravillosa a un mundo que creía en una multitud de dioses. La pureza ética judía y sus niveles de moralidad ejercían fascinación en un mundo sumergido en la inmoralidad, especialmente entre las mujeres. El resultado fue que muchos fueron atraídos al judaísmo.

Su atracción se notaba a dos niveles. Estaban los que llamaban temerosos de Dios. Estos aceptaban la doctrina de un solo Dios; aceptaban la ley moral judía; pero no tomaban parte en la ley ceremonial, ni se circuncidaban. Existía un gran número de tales personas, y se las podía encontrar escuchando y participando en el culto de cualquier sinagoga, y fueron los que produjeron a Pablo sus principales frutos en el campo de la evangelización. Eran, por ejemplo, los devotos griegos de Tesalónica (Act_17:4 ).

Era la invalidad de los fariseos el hacer que los temerosos de Dios llegaran a ser prosélitos. La palabra prosélito es la trascripción castellana de la palabra griega prosélytos, que quiere decir uno que se ha acercado. El prosélito era el convertido total, que había aceptado la ley ceremonial y la circuncisión, y que se había hecho judío en el sentido más pleno. Como sucede a menudo, «los más convertidos eran los más pervertidos.» Un convertido se vuelve a menudo el devoto más fanático de su nueva religión; y muchos de estos prosélitos eran más fanáticos de la ley judía que los judíos tradicionales.

Jesús acusaba a los fariseos de ser misioneros del mal. Era verdad que muy pocos llegaban a ser prosélitos; pero los que llegaban, llegaban hasta el final. El pecado de los fariseos era que no trataban realmente de conducir a las personas a Dios, sino al fariseísmo. Uno de los más graves peligros que corre cualquier misionero es el de tratar de convertir a la gente a una secta más bien que a una religión, y el tener más interés en traer gente a una iglesia que a Jesucristo. .

Premanand tiene algunas cosas que decir acerca de este sectarismo que tantas veces desfigura al Cristianismo: «Yo hablo como cristiano. Dios es mi Padre, la Iglesia es mi madre. Me llamo cristiano; católico es mi apellido. Católico porque pertenezco a nada menos que la Iglesia Universal. ¿Necesitamos entonces otros nombres? ¿Por qué añadir anglicano, episcopal, protestante, presbiteriano, metodista, congregacionalista, bautista, etc., etc.? Estos términos son divisorios, sectarios, estrechos. Le encogen a uno el alma.»

No era a Dios a quien los fariseos trataban de llevar a otros; era a su propia secta del fariseísmo. Ese era de hecho su pecado. ¿Y no es ese pecado el que todavía sigue infectando el mundo cuando se sigue insistiendo en ciertos círculos en que una persona debe salirse de una iglesia y hacerse miembro de otra antes de poder acercarse a la Mesa del Señor? La mayor de todas las herejías es la convicción pecadora de que una iglesia tiene el monopolio de Dios o se Su verdad, y que una iglesia es la única puerta de entrada al Reino de Dios.

EL ARTE DE LA EVASIÓN

Mateo 23:16-22

-¡Pobres de vosotros, guías ciegos!, que decía: «Si se jura por el templo, no tiene importancia; pero si se jura por el oro del templo, se está obligado a cumplirlo.»

¡Necios y ciegos! ¿Qué es más importante, el oro o el templo que santifica el oro? Vosotros decís: «Si se jura por el altar, no tiene importancia; pero si se jura por la ofrenda que hay sobre él, se está obligado a cumplir el juramento.» ¡Ciegos! ¿Qué es más importante, la ofrenda o el altar que santifica la ofrenda? El que jura por el altar, jura por el altar y por todo lo que haya sobre él; el que jura por el templo, jura por el templo y por el Que lo habita. Y el que jura por el Cielo, jura por el trono de Dios y por el Que Se sienta sobre él.

Ya hemos visto que en materia de juramentos los legalistas judíos eran unos artistas de la evasión Mat_5:33-37 ). El principio general de la evasión funcionaba de la manera siguiente. Para los judíos un juramento era absolutamente vinculante según las palabras que se usaran. Generalmente hablando, un juramento vinculante era aquel en el que se empleaba el nombre de Dios expresa y voluntariamente. Tal juramento había de guardarse cualquiera que fuera su costo. Cualquier otro juramento se podía quebrantar legítimamente. Si se usaba expresamente el nombre de Dios, entonces Dios era parte en la transacción, y el no cumplirlo era no sólo faltar a la palabra con los hombres, sino también insultar a Dios.

El arte de la evasión había alcanzado una gran perfección. Es muy probable que en este pasaje Jesús esté presentando una caricatura de los métodos legalistas judíos. Está diciendo: « Vosotros habéis convertido la evasión, en un arte tan sofisticado que es posible considerar un juramento por el templo como no vinculante, mientras que por el oro del templo si lo sería; y un juramento por el altar como no vinculantes, mientras que por la ofrenda que está sobre el altar sí lo sería.» Esto ha de considerarse más como una reductio ad absurdum de los métodos judíos que como una descripción literal.

La idea tras el pasaje es la siguiente. Todo el tema de tratar los juramentos de esta manera, toda la concepción de una técnica de evasión se basa fundamentalmente en el engaño. Una persona cristiana no hará nunca una promesa con la intención de incumplirla; ni se reservará una serie de evasiones que pueda usar si le resulta difícil mantener su promesa.

No tenemos por qué condenar el arte de evasión de los fariseos con una conciencia de superioridad. Todavía no ha terminado el tiempo en que una persona busque evadir alguna obligación basándose en la aplicación de tecnicismos o referencias a la letra pequeña del contrato para evitar hacer lo que el espíritu de la ley exige que se haga.

Para Jesús, el principio de obligatoriedad era doble. Dios escucha cada palabra que decimos, y Dios ve todas las intenciones del corazón. En consecuencia, el arte bello de la evasión es algo totalmente ajeno a -un cristiano. La técnica de la evasión puede que armonice por las prácticas astutas del mundo, pero nunca col la clara honradez de la mente cristiana.

EL SENTIDO PERDIDO DE LA PROPORCIÓN

Mateo 23:23-24

-¡Pobres de vosotros, escribas y fariseos farsantes! Porque vosotros diezmáis la menta y el anís y el comino, y pasáis de los asuntos. más importantes de la Ley: la justicia y la misericordia y la fidelidad. Estas son las casas que deberíais poner por obra; sin olvidar las otras. ¡Guías ciegos, que coláis el mosquito y os tragáis el camello!

El diezmo era una parte importante de las leyes judías. « Indefectiblemente diezmarás todo el producto -del grano que rinda tu campo todo el año» (Deu_14:22 ). «El diezmo de la tierra, tanto de la simiente de la tierra corno del fruto de los árboles, es del Señor; es cosa dedicada al Señor» Lev_27:30 ). Este diezmo se dedicaba especialmente al sostenimiento de los levitas, cuya misión consistía en hacer todo el trabajo material del templo. Las cosas que habían de diezmarse estaban especificadas en la ley: «Todo lo que es comestible, y se conserva, y se alimenta del suelo, está sujeto al diezmo.» Se establecía: «Del anís, uno debe diezmar las semillas, las hojas y los tallos.» Así que estaba establecido que todos debían apartar el diezmo de todos los productos de su tierra y de su trabajo para Dios.

El sentido de lo que Jesús dijo es el siguiente. Se aceptaba universalmente que los diezmos de las principales cosechas se debían dar; pero la menta y el anís y el comino eran hierbas del huerto que no se cultivaban en cantidad; cada campesino tendría unas pocas matas de cada. Las tres se usaban como condimentos, y el anís y el comino se usaban también en medicina. El diezmarlas suponía diezmar una parte infinitesimal de la cosecha, puede que nada más que el producto de una planta. Solo los que fueran superlativamente meticulosos diezmarían las plantas aisladas de la huerta.

Así eran precisamente los fariseos. Eran tan absolutamente meticulosos acerca del diezmo que diezmaban hasta un manojo de menta. Y sin embargo estos mismos hombres culpables de injusticia, podían ser duros y arrogantes y crueles, olvidando las demandas de la misericordia; podían hacer juramentos y, promesas con 1a intención de no cumplirlos, olvidando la fidelidad. En otras palabras: muchos de ellos observaban las minucias de la ley, y olvidaban las cosas verdaderamente importantes.

Ese espíritu no ha muerto; no morirá hasta que Cristo gobierne en los corazones. Hay muchos hombres que van bien vestidas a la iglesia, que echan religiosamente ala colecta; adoptan las posturas debidas en las diferentes partes del culto; no faltan nunca ala comunión, y sin embargo no cumplen en su trabajo; y tienen mal genio, y son tacaños con su dinero las mujeres que siempre están ocupadas en buenas obras y que forman parte de muchos comités, pero cuyos hijos están solos y tristes por la noche en casa. No hay nada más fácil que cumplir todo lo externo de la religión, y sin embargo ser completamente irreligioso.

No hay nada que haga más falta que un sentido de proporción que nos salve de confundir las prácticas religiosas con la verdadera devoción.

Jesús usa una ilustración graciosa en el versículo 24. Como dice una nota de la versión Reina-Valera›95, de los animales mencionados en la ley mosaica como inmundos el mosquito era el más pequeño (Lev_11:20-23 ) y el camello el más grande (Lev_11:4 ). Para evitar el riesgo de tragarse algo inmundo, las bebidas se colaban con una gasa de muselina para que no pasaran posibles impurezas. Esta es una ilustración que debe de haber provocado la risa: un hombre colaba cuidadosamente el vino para no tragarse ningún mosquito, y sin embargo se trababa un ello como quien no quiere la cosa. Es la caricatura de una persona que ha perdido todo sentido de proporción.

LA LIMPIEZA VERDADERA

Mateo 23:25-26

-¡Pobres de vosotros, escribas y fariseos farsantes!, que limpiáis lo de fuera -del .vaso y del plato, pero por dentro. estáis llenos de rapacidad y codicia. ¡Fariseo ciego! Limpia primero lo de dentro del vaso y del plato, para que también lo de fuera esté limpios

La idea de la suciedad surge continuamente en la ley judía. Pero hay que tener presente que no se trata aquí .de la suciedad material. Una vasija sucia no quería decir que no estuviera limpia. .en el sentido que le daríamos nosotros. El que una persona estuviera ceremonialmente sucia o inmunda quería decir que no podía entrar en el templo ni en la sinagoga. Quedaba excluida del culto de Dios. Uno estaba. sucio› inmundo, si tocaba un cuerpo muerto, o entraba en contacto con un gentil. Una mujer estaba sucia o inmunda si tenía una hemorragia, aunque esta hemorragia fuera perfectamente normal y saludable. Si una persona que estuviera en estado inmundicia tocaba cualquier vasija, esta quedaba inmunda; y así sucesivamente: cualquier otra persona que tocara y usara aquella vasija contraía su impureza. Era, por tanto; de importancia suprema el tener los cacharros limpios; y las leyes de la limpieza eran tremendamente, complicadas. Podemos citar solo algunos ejemplos típicos:

Un cacharro .de arcilla que fuera hueco se ensuciaba sólo por dentro y no por fuera; y no se podía limpiar nada más que rompiéndolo. Los siguientes no podían ensuciarse de ninguna manera: un plato llano sin. reborde, un recogedor de carbón abierto, una parrilla de hierro con agujeros para tostar el trigo. Por otra parte, un plato con reborde, o una vasija de arcilla para especias, o un escritorio podían estar en estado de inmundicia; de los recipientes Hechos de cuero, hueso, madera y cristal, los planos no se contaminaban; los profundos, sí. Si se rompían, ya no contaminaban. Cualquier recipiente de metal que fuera al mismo tiempo liso y hueco, podía contaminarse; pero una puerta, un picaporte; una cerradura, una bisagra, una aldaba, no podían estar contaminadas. Si una cosa estaba hecha de madera y metal, entonces la madera podía estar inmunda, pero el. metal no. Estas distinciones nos parecen fantásticas; y sin embargo eran las que los fariseos observaban meticulosamente.

La comida o la bebida dentro de un recipiente podía haberse obtenido engañando o extorsionando o robando; podía excitar al lujo o a. la glotonería, pero eso no importaba, siempre. que el recipiente estuviera ceremonialmente limpio (Num_19:16 ). Aquí tenemos otro ejemplo de los distingos sobre fruslerías, cuando se pasaba de las cosas realmente importantes.

Aunque todo este asunto nos pueda parecer grotesco, toda, vía se -da. Se puede dividir una congregación por el color de una alfombra, o por el paño del púlpito, o por la forma o el metal de las copas que se usan en la Comunión. Lo último que parece que aprendemos en materias de religión es el relativo valor de las cosas. Y la tragedia es que es a menudo el darle demasiada importancia a cosas que no la tienen lo que destruye la paz.

DESCOMPOSICIÓN OCULTA

Mateo 23:27-28

-¡Pobres de vosotros, escribas y fariseos farsantes!, porque sois como las tumbas enjalbegadas, que parecen muy bonitas por fuera, pero por dentro están llenas de huesos de muertos de cuerpos en descomposición. Así sois vosotros: exteriormente os mostráis justos a la gente, pero interiormente estáis llenos de hipocresía e iniquidad.

Aquí tenemos otra vez una imagen que cualquier judío entendería. Uno de los sitios en que se encontraban las tumbas era al borde del camino. Ya hemos visto que cualquiera que tocara un cuerpo muerto quedaba poluto (Num_19:16 ). Por tanto; cualquiera que rozara una tumba, se contaminaba.

En cierta época en particular las carreteras de Palestina estaban abarrotadas de peregrinos: en la época de la Pascua. El que uno quedara inmundo de camino a la celebración de la Pascua sería un verdadero desastre, porque querría decir que quedaba excluido de participar en la fiesta. Entonces era costumbre, en el mes de Adar, enjalbegar todas las tumbas cerca de los caminos, para que los peregrinos no entraran en contacto con una de ellas accidentalmente, quedando en estado de impureza ceremonial. Así que, cuando uno iba de viaje por los caminos de Palestina un día de primavera, estas tumbas relucían de blancas, y estaban casi bonitas al sol; pero dentro estaban llenas de huesos y de cadáveres en descomposición. Así, dijo Jesús, era como eran los fariseos. Sus acciones exteriores los mostraban como personas intensamente religiosas, pero en lo íntimo de su corazón estaban asquerosos y podridos de pecados.

Esto puede que suceda todavía. Como decía Shakespeare, uno puede que sonría y sonría, y sea un villano. Uno puede que vaya con la cabeza baja y con pasos reverentes y con las manos entrelazadas en una postura de humildad, y estar todo el tiempo mirando por encima del hombro con frío desprecio a los que considera pecadores. Su misma aparente humildad puede que no sea más que una pose de orgullo; y, al caminar tan humildemente, puede que esté pensando con deleite en el cuadro de piedad que representa a todos los que le ven. No hay nada más difícil para una buena persona que no darse cuenta de que es buena; y una vez que sabe que es buena, ya deja de serlo, independientemente de cómo les parezca a los demás.

LA MANCHA DEL ASESINATO

Mateo 23:29-36

-¡Pobres de vosotros, escribas y fariseos farsantes!, porque erigís mausoleos a los profetas y monumentos bellísimos en memoria de los justos, y decís: «Si nosotros hubiéramos vivido en los días de nuestros antepasados, no habríamos tomado parte con ellos en el asesinado de los profetas.» Así atestiguáis en vuestra contra de que sois los hijos de los que asesinaron a los profetas. ¡Completad la medida de vuestros antepasados! Sierpes, raza de víboras, ¿creéis que vais a escapar a la condenación del infierno de fuego? Por esto mismo, fijaos: Yo os envío profetas y sabios y escribas. A algunos de ellos mataréis y crucificaréis; a otros azotaréis en vuestras sinagogas, y a otros no dejaréis de perseguirlos de ciudad en ciudad; para que recaiga sobre vosotros la responsabilidad de toda la sangre justa que se ha derramado en la tierra desde la del justo Abel hasta la de Zacarías hijo de Berequías a quien matasteis entre el templo y el altar. Os estoy diciendo la pura verdad: La responsabilidad de todos esos asesinatos recaerá sobre esta generación.

Jesús está acusando a los judíos de que la mancha del asesinato está en su historia, y de que esa mancha todavía no se había extendido todo lo que se había de extender. Los escribas y los fariseos mantenían las tumbas de los mártires, y embellecían sus monumentos pretendiendo que, si hubieran vivido en aquellos días, no habrían participado en la matanza de los profetas y de los hombres de Dios. Pero eso era precisamente lo que habrían tete, y lo que iban a hacer.

La acusación de Jesús es que la historia de Israel está llena de asesinatos de hombres de Dios. Dice que fueron asesinados hombres justos desde Abel hasta Zacarías. ¿Por qué elige a esos dos precisamente? El asesinato de Abel por Caín es conocido de todos, pero no así el de Zacarías. La historia se nos cuenta en un pequeño camafeo macabro en 2Ch_24:20-22 . Sucedió en los días de Joas. Zacarías reprendió a la nación por su pecado, y Joas incitó a la gente para que le lapidara en el mismo recinto del templo; y Zacarías murió exclamando: « ¡Que el Señor lo vea y lo demande!» (A Zacarías se le llama aquí hijo de Berequías, aunque en realidad era el hijo de Joiada; sin duda fue un error del evangelista al citar la historia de memoria).

¿Por qué se menciona precisamente a Zacarías? En la Biblia hebrea, Génesis es el primer libro, como en la nuestra; pero 2 Crónicas es el último libro de la Biblia hebrea. Podría decirse que el asesinato de Abel fue el primero de la historia bíblica, y el de Zacarías, el último. De principio a fin, la historia de Israel es el rechazamiento, y aun el asesinato, de los hombres de Dios.

Jesús ve con toda claridad que la mancha del asesinato permanece. Sabe que pronto va a morir, y que en días por venir Sus mensajeros serán perseguidos y maltratados y rechazados y asesinados.

Aquí tenemos una tragedia; la nación que Dios escogió en Su amor se volvió contra El; y el día de ajustar cuentas había de llegar.

Esto nos hace pensar. Cuando la Historia nos juzgue, ¿será su veredicto que Le hemos sido una ayuda o un obstáculo a Dios? Esa es una pregunta que cada persona y cada nación debe hacerse.

RECHAZANDO LA INVITACIÓN DEL AMOR

Mateo 23:37-39

-¡Jerusalén, Jerusalén, que matas a los profetas y apedreas a los que se te envían! ¡Cuántas veces he tratado de reunir a tus hijos como la gallina reúne a sus polluelos debajo de las alas, pero te negaste! Ríjate: Ahora tu casa se te deja desolada; porque te aseguro que ya no Me verás más desde ahora hasta el día que digas: «¡Bendito en el nombre del Señor en Que viene!»

Aquí está toda la tragedia entrañable del amor rechazadas. Aquí habla Jesús, no como el Juez severo de toda la Tierra, sino como el Enamorado de todos los seres humanos.

Este pasaje ilumina curiosamente la vida de Jesús de una manera que no podemos pasar por alto. Según los Evangelios Sinópticos, Jesús no estuvo nunca en Jerusalén desde que empezó Su ministerio público hasta que llegó para esta última fiesta de la Pascua. Podemos ver aquí cuánto no se incluye en la historia evangélica; porque Jesús no podría haber dicho esto si no hubiera visitado Jerusalén repetidas veces y dirigido a su pueblo insistentes llamadas. En los evangelios no tenemos más que un boceto esquemático de la vida de Jesús.

Este pasaje nos muestra cuatro grandes verdades.

(i) Nos muestra la paciencia de Dios. Jerusalén había matado a los profetas y apedreado a los mensajeros de Dios; sin embargo Dios no la había rechazado; y, por último, le envió a Su Hijo. Hay una paciencia ilimitada en el amor de Dios que soporta el pecado humano sin rechazar a la humanidad.

(ii) Nos presenta la invitación de Jesús. Jesús habla como un Enamorado. No entra nunca en ningún sitio por la fuerza; la única arma que puede usar es la invitación del amor. Permanece con los brazos extendidos en invitación, una invitación que los humanos tenemos la responsabilidad de aceptar o rechazar.

(iii) Nos muestra la culpabilidad del pecado humano. Los hombres contemplaron a Cristo en todo el esplendor de Su invitación -y Le rechazaron. No hay manija por fuera de la puerta del corazón humano. Tiene que abrirse desde dentro; y el pecado es el consciente rechazamiento a ojos abiertos de la llamada de Dios en Jesucristo.

(iv) Nos muestra las consecuencias de rechazar a Cristo. Sólo cuarenta años habían de pasar hasta que el año 70 d C. Jerusalén quedara convertida en un montón de ruinas. Ese desastre fue la consecuencia directa de haber rechazado a Jesucristo. Si los judíos hubieran aceptado Su amor y abandonado el camino del poder político, Roma nunca se habría abalanzado sobre ellos con todo su poder vengativo. Es un hecho de la Historia -aun en el tiempo- que la nación que rechaza a Dios queda condenada al desastre.

LA VISIÓN DE COSAS POR VENIR

Ya hemos visto que una de las grandes características de Mateo es que agrupa en grandes bloques la enseñanza de Jesús acerca de distintos temas. En el capítulo 24 reúne cosas que Jesús dijo acerca del futuro, y nos da la visión de cosas por venir. Al hacerlo, Mateo entreteje dichos de Jesús acerca de distintos aspectos del futuro; y hará este difícil capítulo mucho más fácil de entender el que desenredemos los varios hilos, y los consideremos uno a uno.

El entrelazado de los Hechos de Jesús que nos hace Mateo se prolonga por los primeros 31 versículos del capítulo. Lo mejor será que, en primer lugar, coloquemos estos versículos en conjunto; después estableceremos los diversos aspectos del futuro del que tratan; y por último trataremos de asignarle a cada sección el lugar que le corresponde en el conjunto. No podernos pretender absoluta certeza y finalidad en el esquema que obtengamos; pero, el cuadro general aparecerá claro.

Así que, en primer lugar, ponemos los versículos, y los numeramos para facilitar su localización en el esquema.

Mateo 23:1-39

23.2 ,3 Las tradiciones de los fariseos y sus interpretaciones y aplicaciones de la ley llegaron a ser tan importantes como la ley misma. Sus leyes no eran tan malas. Algunas eran buenas. El problema surgió cuando los líderes religiosos (1) tomaron las normas hechas por el hombre con tanta seriedad como las leyes de Dios, (2) al decir a la gente que debían obedecerlas, sin incluirse ellos mismos, (3) al obedecer las reglas no para honrar a Dios sino para sobresalir. Jesús no condenó lo que enseñaban, sino lo que eran: hipócritas.

23.5 Estas cajas pequeñas de cuero, llamadas filacterias, contenían versículos de la Escritura. Los fariseos las portaban porque Deu_6:8 y Exo_13:9, Exo_13:16 dicen que la gente debe llevar la Palabra de Dios cerca a su corazón y ellos lo interpretaron en forma literal. Pero estas pequeñas cajas que también usaban para orar llegaron a ser más importantes por el nivel social que otorgaban que por la verdad que contenían.

23.5-7 Jesús otra vez puso al descubierto la hipocresía de los líderes religiosos. Conocían las Escrituras pero no vivían de acuerdo a las mismas. No se preocupaban por ser santos, sino por verse santos a fin de recibir la admiración de la gente y su alabanza. Hoy, como los fariseos, mucha gente conoce la Biblia pero no le permiten que cambie sus vidas. Dicen que siguen a Cristo pero no viven de acuerdo a sus reglas de amor. Las personas que viven de esta manera son hipócritas. Debemos estar seguros de que nuestras acciones sean coherentes con nuestras creencias.

23.11, 12 Jesús desafió las normas de la sociedad. Para El, la verdadera grandeza surge del servicio, es lo que se obtiene cuando uno se entrega para servir a Dios y a los demás. El servicio nos mantiene al tanto de las necesidades de los demás y evita que nos detengamos a mirarnos a nosotros mismos. Jesús vino como siervo. ¿Qué tipo de grandeza busca usted?

23.13, 14 Ser un líder religioso en Jerusalén era muy diferente a ser un pastor en una sociedad secular como la de hoy. La historia de la nación, su cultura y la vida cotidiana estaban centradas alrededor de la relación con Dios. Los líderes religiosos eran los más conocidos, poderosos y respetados de todos los líderes. Jesús lanzó su punzante acusación porque el hambre de poder, dinero y posición de aquellos líderes los había llevado a perder de vista a Dios, y su ceguedad se esparcía por toda la nación.

23.15 Los convertidos de los fariseos eran atraídos al fariseísmo, no a Dios. Por haberse enfrascado tanto en los detalles de sus leyes tradicionales y regulaciones, habían perdido de vista al que las leyes señalaban: Dios. Como religión de obras al fin, ponían presión en la gente para que superaran a los demás en conocimiento y obra. Un profesor hipócrita lo más probable es que tenga estudiantes aún más hipócritas. Guardémonos de crear fariseos por un énfasis desmedido en la obediencia superficial a expensas de la renovación interior.

23.23, 24 Es posible obedecer los detalles de la ley y ser desobedientes en nuestra conducta general. Por ejemplo, podemos ser muy precisos y fieles en dar el diez por ciento de nuestro dinero a Dios, pero podemos rehusarnos a dar un minuto de nuestro tiempo en ayudar a otros. El diezmar es importante, pero el pagar el diezmo no nos libra de cumplir con otras directivas de Dios.

23.24 Los fariseos colaban el agua de manera que no pudieran accidentalmente tragarse un mosquito, insecto impuro de acuerdo a la ley. Eran muy meticulosos en cuanto a los detalles del ceremonial de limpieza al grado que perdieron su perspectiva de lo que es la pureza verdadera. Por fuera, limpios en lo ceremonial; por dentro, corruptos en sus corazones.

23.25-28 Jesús condenó a los fariseos y a los líderes religiosos por aparentar santidad en lo exterior y mantener en su interior corrupción y codicia. Vivir nuestro cristianismo sólo como un espectáculo para otros es como lavar un vaso sólo por fuera. Cuando estamos limpios por dentro, nuestra limpieza exterior no será fingida.

23.34-36 Estos profetas, sabios y escritores que serían enviados quizás fueron los líderes en la iglesia primitiva que fueron heridos, azotados y algunas veces crucificados, como Jesús lo predijo. Los contemporáneos de Jesús dijeron que no actuarían como sus padres, dando muerte a los profetas que Dios les había enviado (23.30), pero estuvieron dispuestos a dar muerte al Mesías y a sus seguidores fieles. Por esta razón todo el juicio a través de los siglos recaería sobre sus cabezas.

23.35 Estaba dando un breve resumen de los mártires del Antiguo Testamento. Abel fue el primer mártir (Génesis 4); Zacarías fue el último (porque la Biblia hebrea terminaba con 2 Crónicas). Zacarías fue el clásico ejemplo de un hombre de Dios que moría a manos de los que decían ser el pueblo de Dios (véase 2Ch_24:20).

23.37 Jesús quiso juntar a su pueblo así como la gallina protege sus polluelos bajo sus alas, pero no se lo permitieron. Jesús también quiere protegernos si nos acercamos a El. Muchas veces nos herimos y no sabemos a quién recurrir. Rechazamos la ayuda de Cristo porque no creemos que El puede darnos lo que necesitamos. ¿Pero quién conoce mejor nuestras necesidades que nuestro Creador? Los que acudan a Jesús hallarán que El consuela y conforta como nadie más puede hacerlo.

23.37 Jerusalén era la capital del pueblo escogido de Dios; la ciudad ancestral de David, el más grande rey de Israel; y el lugar donde estaba el templo, la morada terrenal de Dios. Debía ser el centro de adoración al verdadero Dios y un modelo de justicia para toda la gente, pero Jerusalén llegó a ser una ciudad ciega a Dios e insensible a las necesidades humanas. Aquí podemos ver la profundidad de los sentimientos de Jesús por los perdidos y por su ciudad amada, que muy pronto sería destruida.

LAS SIETE CALAMIDADES

23.14: No permitir a otros entrar al reino de los cielos y no entrar nosotros mismos

23.15: Alejar a la gente de Dios como ustedes mismos

23.16-22: Ciegamente permitir que la gente de Dios siga las tradiciones hechas por el hombre en lugar de la Palabra de Dios

23.23, 24: Involucrarse en detalles insignificantes pasando por alto lo que realmente es importante: justicia, misericordia y fe

23.25, 26: Guardar apariencias mientras que su mundo privado es corrupto

23.27, 28: Actividad espiritual para cubrir el pecado

23.29-36: Pretender que se ha aprendido de la historia pasada, pero su comportamiento presente muestra que o ha aprendido nada

Jesús mencionó siete formas para evitar la ira de Dios, a menudo llamadas «las siete calamidades». Estas siete declaraciones acerca de los líderes religiosos deben haber sido dichas con una mezcla de juicio y tristeza. Eran firmes e inolvidables. Están en vigencia cada vez que nos adentramos tanto en perfeccionar la práctica de la religión que olvidamos que a Dios también le interesan la misericordia, el amor verdadero y el perdón.

Mateo 23:1-12

Damos principio a un capítulo que contiene las últimas palabras que nuestro Señor habló dentro de las paredes del templo, que tuvieron por objeto dar a conocer lo que eran los y fariseos, y censurar severamente sus doctrinas y sus enseñanzas. Sabiendo bien que su permanencia en la tierra se acercaba a su fin, nuestro Señor ya no ocultó por más tiempo su opinión acerca de los principales maestros de los judíos. Sabía pronto habría de dejar a sus discípulos solos, como ovejas en medio de lobos, los previno sin ambages contra los falsos maestros que los rodeaban.

Los siguientes son los puntos más notables : 1. Que, en cuanto a los maestros, es importante hacer distinción i las funciones que ejercen y el ejemplo que dan. Los escribas y fariseos se sentaban en la cátedra de Moisés. Bien o mal desempeñaban entre los Judíos el cargo público de maestros de religión, por indigna que fuese la manera como cumpliesen con sus deberes, la dignidad de que estaban revestidos los hacia acreedores al respeto del pueblo. Empero, si bien había de acatarse su dignidad, no por eso debía imitarse su mala conducta; y aunque sus enseñanzas habían de ser atendidas y practicadas entre tanto que apegasen a las Escrituras, no debían serlo cuando estuviesen en contradicción con ese mismo libro santo. Que eso fue lo que nuestro Señor quiso decir se comprende fácilmente leyendo todo el capítulo. En él se atacan no solo la mala conducta, sino las doctrinas falsas.

Manifiesta el hombre una tendencia constante a irse a los extremos. Si no se mira la dignidad del ministro con una veneración idolátrica, hay riesgo de que se la desprecie sin rebozo. Es preciso precavernos de ambos extremos. Por mucho que desaprobemos la conducta de un ministro del Evangelio, o por mucho que sus preceptos disuenen con nuestras convicciones, menester es que acatemos su dignidad.

2. Que la inconsecuencia, la ostentación, y el anhelo de enaltecerse, son señaladamente desagradables a Jesucristo. Respecto de la inconsecuencia lo primero que El dijo de los fariseos fue que decían y no Inician: es decir, que exigían que los demás hiciesen lo que ellos mismos no practicaban. En cuanto a la ostentación dijo que hacían todas sus obras para ser mirados de los hombres. Sus filacterias (tiras de pergamino que tenían escritos textos de la Escritura y que los judíos llevaban en el brazo o en la frente) eran de un tamaño excesivo. Los flecos de sus vestidos (que Moisés había mandado a los Israelitas que usasen en memoria de los mandamientos de Dios) eran de una anchura desmedida. Num_15:38. Y hacían todo eso para llamar la atención, y para que la gente pensara que eran muy santos. Por lo que hace al anhelo de enaltecerse nuestro Señor les dijo a los fariseos que amaban los primeros asientos en los lugares públicos, y que gustaban que se les diesen títulos lisonjeros. Nuestro Señor mencionó todo eso para censurarlo. Por desgracia, los fariseos no han sido los únicos hombres que han impuesto el asceticismo a los demás, y que aparentado santidad en su traje, han cortejado la alabanza de los hombres. Los anales de la iglesia muestran que muchos cristianos han seguido sus huellas.

3. Que los cristianos no deben dar a persona alguna aquellos títulos y honores que solo pertenecen a Dios y al Cristo. No debemos «llamar a nadie Padre en la tierra..

Desde luego se deja comprender que al aplicar esta regla es preciso ceñirse a los límites que la Escritura misma establece. No se nos prohíbe tener en grande estima a los ministros a causa de las funciones que ejercen. 1Th_5:13. Aun Pablo, que fue uno de los creyentes más humildes, llamó a Tito hijo suyo en la fe, y dijo a los Corintios: «En Cristo Jesús yo os engendré por el Evangelio.» 1Co_4:15. Empero, es preciso cuidar de no dar a los eclesiásticos una posición y rango a que realmente no son acreedores. Ellos son hombres que tienen pasiones como las nuestras, y que necesitan de la misma sangre purificadora y el Espíritu Sanador. La carrera que siguen es elevadísima, mas, a pesar de esto, no son sino hombres.

Que la virtud que más debe distinguir al cristiano es la humildad, la aspiración más ardiente ha de ser, no la de regir la iglesia sino servir en ella. Como muy bien ha dicho Baxter, «la gran obligación del eclesiástico consiste en prestar grandes servicios.» El anhelo de los fariseos era recibir honores y ser apellidados maestros el anhelo del cristiano debe ser el consagrarse a sí mismo y todo lo que tiene al servicio de los demás. La meta es a la verdad encumbrada, pero más baja no debiera contentarnos. Tanto el ejemplo de nuestro bendito Salvador, como los preceptos explícitos de las Epístolas, nos exigen que nos revistamos de humildad.

Mateo 23:13-33

Las inculpaciones que nuestro Señor hizo a los maestros judíos y que están contenidas en este pasaje alcanzan a ocho. De pié dentro del recinto del templo y rodeado de un atento concurso, el Salvador atacó en términos muy fuertes los errores de los escribas y fariseos. Ocho veces dijo a estos « ay de vosotros;» siete veces los llamó «hipócritas,» dos, «guías ciegos,» e «insensatos y ciegos;» y una, «serpientes, generación de víboras.» Semejantes expresiones demuestran cuan abominable a los ojos de Dios es el espíritu farisaico, cualquiera que sea el lugar o época en que se manifieste.

Daremos una rápida ojeada a las ocho inculpaciones, y luego apuntaremos las inferencias que de ellas se desprenden.

El primer « ¡ay!» fue motivado por la oposición sistemática que los escribas y fariseos hacían al Evangelio, cerrando así el reino de los cielos delante de los hombres. No creían en el Evangelio, y hacían todo lo posible para impedir que los demás creyesen en él.

El segundo « ¡ay!» fue arrancado por la avaricia y el egoísmo de los escribas y fariseos, quienes devoraban las casas de las viudas con color de largas oraciones. Abusaban hasta tal extremo de la credulidad de mujeres endebles y desamparadas, que ya habían llegado a ser considerados por ellas como sus guías espirituales, El tercer «¡ay!» fue lanzado contra el celo que los escribas y fariseos desplegaban por adquirir adeptos. «Rodeaban la mar y la tierra por hacer un prosélito.

Incesantemente trabajaban para persuadir a los hombres a que se unieran a su secta; y eso no los animara el deseo de mejorar el estado de sus almas, o atraerlos hacia Dios: era solo que querían engrosar sus filas, y de ese modo adquirir celebridad.

El cuarto «¡ay!» fue pronunciado en contra de las doctrinas falsas acerca de los juramentos. Los escribas y fariseos hacían distinciones artificiosas entre las diversas clases de juramentos; y llenaban, como lo han hecho más tarde los jesuitas, que algunos juramentos eran de obligatorio cumplimiento, y otros no.

Para ellos eran más sagrados los juramentos hechos por el oro del templo mismo. Distinción fue esa que redundó en mengua del tercer mandamiento y en provecho de sus autores, puesto que se daba importancia indebida a las limosnas y oblaciones. La costumbre de hacer poco caso de los juramentos era bien conocida en el mundo pagano como distintiva de los Judíos. Marcial, el poeta romano, hace alusión a ella: « Ecce negas, jurasque mihi per templa Tonantlis; Non credo: jura, verpe, per Anciualum,» marcial, IX. 94.) El quinto «¡ay!» hizo alusión a la práctica de ensalzar en religión las cosas de poca entidad con perjuicio de las de más importancia.

El sexto y el sétimo «¡ay!» son tan análogos que deben considerarse juntos. ‹Con ellos atacó nuestro Señor un defecto de que adolecía, en general, la religión de los escribas y fariseos, quienes daban atención más al decoro exterior que a la pureza y santidad de corazón. Exteriormente estaban llenos de hipocresía y de iniquidad.

El último «¡ay!» fue lanzado contra la veneración que los fariseos fingían tener por los profetas que habían finado. Edificaban los sepulcros de los profetas, y adornaban los monumentos de los justos; y sin embargo su conducta estaba demostrando que eran del mismo modo de pensar de los que habían muerto a los profetas, y que, de los santos, más les gustaban los difuntos que los vivos. Relativamente a esto justo hay un pasaje en la Biblia Berlenberger que merece trascribirse.

«Si preguntabais en tiempo de Moisés quienes eran los hombres buenos, os dirían que Abran, Isaac y Jacob, pero no Moisés, que este debía ser apedreado. Si preguntabais en tiempo de Samuel, os dirían que Moisés y Josué, pero no Samuel. Si preguntáis en los días de Cristo os responderán que Samuel y loa profetas, pero no Cristo y sus apóstoles.» He ahí el triste bosquejo que nuestro Señor hizo de los maestros judíos. Desgraciadamente el natural de ese bosquejo ha aparecido repetidas veces en la historia de la iglesia de Cristo. No hay rasgo del carácter de los fariseos que no hayan imitado algunos de los que se han llamado cristianos.

Cuan deplorable debió de ser el estado en que se encontraba la nación judía en la época en que nuestro Señor estuvo en la tierra. Si los maestros eran tales, cuan grande no seria la ignorancia de los discípulos. La iniquidad de Israel estaba al desbordarse: era ya tiempo que apareciese el Sol de Justicia y se predicase el Evangelio.

La posición del ministro infiel es en extremo peligrosa. El ser ciego es tan gran desgracia; pero mayor lo es el ser guía ciego de los demás. De todos los hombres ninguno es tan responsable de sus iniquidades como el ministro no convertido, y ninguno será juzgado con tanta severidad. A semejanza del piloto bisoño, él no es el único que sufre las fatales consecuencias de sus errores.

Del contenido de este pasaje no debe inferirse que lo más acertado en la materia religiosa es abstenerse de hacer profesión de fe. De que algunos son hipócritas no se sigue necesariamente que no haya verdadera profesión de fe, así como del hecho de que haya moneda falsa no se sigue que todo el dinero sea malo. Que la hipocresía no nos impida, pues, de hacer profesión de fe, o seguir adelante con firmeza si ya la hubiéremos hecho.

Mateo 23:34-39

Forman estos versículos la conclusión del discurso que nuestro Señor pronunció acerca de los escribas y fariseos, y son notables contener las últimas palabras que enunció delante del pueblo en Su carácter de Maestro. En estos versículos se nos enseña, en primer lugar, cuánto hace Dios por encarrilar a los impíos.

Les envió a los judíos profetas, sabios y escribas; les dio repetidos avisos de sus designios; les censuró con frecuencia por sus pecados. En una palabra, ellos no podían decir que no se les había dicho que hacían mal.

Ese es el modo como Dios obra por lo regular con los impenitentes. No los arrebata de este mundo súbitamente y sin llamarlos al arrepentimiento; mas envíales enfermedades y desgracias a fin de conmoverlos; apela a su conciencia por medio de los sermones de los ministros del Evangelio o de los consejos de buenos amigos; los hace meditar presentándoles el lúgubre espectáculo de la muerte, y quitándoles de su lado las personas más idolatradas. Cierto es que ellos rara vez lo reconocen así, y se mantienen sordos y ciegos ante todo anuncio, ante toda señal; mas al cabo percibirán que en todo estaba el dedo divino.

Enséñasenos, en segundo lugar, en estos versículos, que Dios observa como se trata a sus mensajeros y ministros, y algún día pedirá cuenta de ello. Los judíos, colectivamente hablando, se habían conducido hacia los siervos de Dios de una manera vergonzosa, tratándolos como enemigos, porque les decían la verdad. Habían perseguido a los unos, y azotado o muerto a otros. Tal vez habían llegado a imaginarse que no se les pediría cuenta alguna de su conducta; mas nuestro Señor les dijo que estaban equivocados; que había un ojo que todo lo veía, un dedo que registraba en libros de eterna memoria la sangre inocente que se derramaba; que las palabras de Zacarías, (Es digno de notarse que en el libro de las Crónicas se dice que Zacarías era hijo de Joiada, en tanto que nuestro Señor afirmó que lo fue de Barachías. De aquí no se sigue que el Zacarías mencionado en el Nuevo Testamento fuera distinto del mencionado en el Antiguo: es probable que, como era común entre los judíos, el padre de Zacarías tuviera dos nombres.) Quien había muerto entre el templo y el altar, se verían cumplidas en el decurso de ochocientos cincuenta años. El había dicho que Jehová lo viera y lo requiriera, y pocos años después de que nuestro Señor les habló se demandaría la sangre derramada de tal manera como jamás se había visto en la tierra. Todo el mundo sabe cuan fielmente se cumplieron esas predicciones. Con razón dijo nuestro Señor: « De cierto os digo, que todo esto vendrá sobre esta generación..

Es bueno que meditemos detenidamente acerca de esta verdad. Dios pedirá cuenta del pasado, sobre todo, en lo que respecta a la conducta observada para con sus siervos. Todavía habrá de rendirse cuenta de la sangre de los primeros cristianos derramada por los emperadores romanos; de la de los vallenses, los albigenses y las víctimas de San Bartolomé; y la de los mártires de la Reforma y las víctimas de la inquisición.

Enséñasenos, en último lugar, en estos versículos, que los que para siempre se condenan, se condenan por su propia culpa. He aquí las palabras de nuestro Señor a este respecto: « Quise juntar tus hijos… y no quisiste..

Jesucristo es compasivo y misericordioso para con muchos de los que se condenan, y el motivo por el cual no se salvan es que les falta voluntad para ello. Es correcto decir que ningún hombre puede obrar bien sin el auxilio divino, mas es preciso tener presente que donde reside la impotencia es en la voluntad.

Jesucristo dijo : «Y no queréis venir a mí para que tengáis vida.

La salvación de los redimidos dimana de Dios: la condenación de los réprobos, de ellos mismos. Del mal que hay en nuestras vidas nosotros somos los únicos autores; del bien, lo es Dios. En el otro mundo los salvos darán a Dios toda la gloria; los condenados percibirán que ellos mismos labraron su propia ruina. 13:9.

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