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Génesis 41: José interpreta el sueño de Faraón

José acepta los nombramientos sin discutir. Su vocación de servicio y su convicción de hombre de un futuro especial en los planes de Dios (sus sueños de preeminencia) le animan a enfrentar esta nueva y gran responsabilidad. Su confianza en Dios lo lleva de un joven pastor soñador a ser el señor del mayor imperio de ese tiempo. Cabe destacar que este cargo no era para grandeza personal, sino de servicio y su propósito fue para preservación de vida. Dios escogió a José y él respondió a esa elección. Bien podía el pedir su libertad, una recompensa material acorde con el trabajo de su “consultora internacional”. Inclusive él pudo haber pedido el castigo de aquellos que causaron su sufrimiento. Pero José reconoce que por su elección no es un simple espectador de la historia, sino un instrumento protagonizador de la historia, ya escogido por Dios de antemano. Pese a todo, fue necesario un nombramiento “oficial” por parte de faraón en perfecto equilibrio entre la soberanía de Dios y el libre albedrío del hombre.

Los nombramientos van acompañados de las ceremonias apropiadas de proclamación y reconocimiento oficial. El faraón entrega a José su anillo personal, lo cual concede autoridad legal para promulgar decretos y establecer las políticas necesarias a la situación. El vestido y las joyas dan a conocer su nueva condición de realeza y autoridad imperial, las cuales permitirán una esfera de acción sin impedimentos. El segundo carro del faraón otorga a José movilidad y autoridad administrativa en representación directa del faraón en todo el territorio egipcio. Finalmente, en un acto público se proclama la investidura oficial de José y su inicio en la vida pública. La población reconoce con gesto de sumisión a esta nueva autoridad imperial.

El siguiente paso obligatorio es el de integrar a José a la vida social y cultural de Egipto. Para ello el faraón le concede un nuevo nombre egipcio que expresa la característica sobresaliente de José. Ade- mas, le otorga una esposa de posición social privilegiada. Es muy importante notar que ella pertenece a una familia sacerdotal (religiosa). No sabemos si fue a pedido de José o una concesión libre del faraón. De cualquier manera, esta determinación juzga el factor religioso de más afinidad con José y de más importancia para este nuevo cargo.

José planifica para los años de hambre.

A los 30 años, 13 años después de haber estado en Egipto, se inicia José como el gobernador de Egipto. De acuerdo con el plan propuesto, él desarrolla todas sus actividades. Recorre toda la tierra para tener un conocimiento exacto y correcto de los recursos materiales y humanos disponibles. Con los datos obtenidos determina áreas de cultivo, distribuye el trabajo en la forma más apropiada e imparte las responsabilidades necesarias. Estas acciones aseguran una producción agrícola abundante, aprovechando las condiciones favorables de la tierra. De la producción cuantiosa durante los siete años fácilmente se almacena en cada ciudad todo el excedente. Se resalta que el almacenamiento no fue en un lugar centralizado para asegurar una distribución rápida y equitativa.

Manasés  José llamó el nombre del primogénito Manasés, porque dijo: Dios me ha hecho olvidar. La expresión: todo mi sufrimiento y toda la casa de mi padre parece un complemento natural que el autor expresa en una identificación propia y justa con el sufrimiento que José había soportado y el abandono por parte de sus hermanos. El concepto expresa más la idea de perdón, de haber superado un sentimiento por la gracia sanadora de Dios.

Manasés fue el hijo de José que más tarde Jacob adopta (aunque no como primogénito) para que reciba sus bendiciones. Así llega a ser el padre de una de las tribus de Israel y por lo tanto heredó una parte de la tierra prometida.

Pese a su excesiva ocupación, José no descuida su vida familiar. Durante estos primeros siete años nacen sus dos hijos, asegurándose la continuación de la descendencia, tan importante en relación con el pacto. Los nombres puestos son muy significativos porque reflejan el cambio favorable de su situación concedida por Dios en la tierra de Egipto, pero al mismo tiempo su deseo y añoranza por su tierra y la casa de su padre. Aquí se mantiene una fidelidad a la promesa patriarcal.

Los siete años de abundancia terminan y llegan los de hambre. El pueblo clama por alimento al faraón. Este puede responder a dicho clamor, gracias al plan desarrollado e indica a José como el responsable de proveer de alimentos. Los graneros de Egipto están preparados para proveer alimento para el pueblo. Como el hambre estaba extendido a otras regiones, de otros países también vienen a comprar trigo de Egipto. José dirige la venta del producto tanto al pueblo egipcio como a los extranjeros que acudían a él. Aquí no hay monopolio o deseo excesivo de poder; simplemente hay una vocación de servicio e instrumentación de sobrevivencia a la humanidad en crisis.

Varias lecciones útiles se pueden entresacar de este incidente bíblico. Hay muchos lugares donde existe escasez y hambre en el mundo de hoy día, mientras que en otros hay abundancia. En el caso de Egipto, Dios reveló al gobernante del inminente hambre. Un hombre de Dios interpretó ese problema y ejecutó un plan previsor y con el propósito de asegurar la sobrevivencia humana. Hoy día también se pueden evitar situaciones penosas de hambre si hombres de Dios y naciones con capacidad de producción abundante, en su mayoría identificadas como cristianas, se hacen responsables de desechar la codicia de poder y el enriquecimiento desmedido en perjuicio de la vida de tantos seres humanos. No es la escasez mundial la causante de hambre, sino el abuso de recursos por algunos, la mala distribución y la codicia ilimitada de unos pocos.

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