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Hechos 16: Un hijo en la fe

Durante cierto tiempo parecía que se le cerraban todas las puertas a Pablo. Debe de haberle parecido extraño que el Espíritu Santo le impidiera la entrada en la provincia romana de Asia; allí estaban Éfeso y todos los otros detinatarios de las cartas a las Siete Iglesias del Apocalipsis. Bitinia también se le cerró. ¿Cómo se lo hizo saber el Espíritu Santo? Puede que fuera por medio de un profeta; o en una visión; o con una convicción interior que no dejaba lugar a dudas. Pero también existe la posibilidad de que lo que le impidiera a Pablo viajar por esas provincias fuera una cuestión de salud, « el aguijón en su carne».

Lo que hace esto más probable es que en el versículo 10 nos encontramos de pronto y sin previo aviso con un pasaje «nosotros»: el relato se hace, no en tercera, sino en primera persona del plural. Eso quiere decir que Lucas estaba allí como testigo presencial y compañero de Pablo. ¿Por qué entra tan inesperadamente en escena? Lucas era médico, y es probable que Pablo necesitara sus servicios profesionales por haber caído enfermo y verse impedido para hacer los viajes que se había propuesto. Si esta sugerencia es correcta, quiere decir que Pablo tomó su debilidad y dolor como mensajeros de Dios.

La visión de un macedonio aportó la dirección que Pablo necesitaba. ¿Quién fue ese macedonio que Pablo vio en visión? Se ha sugerido que fue el mismo Lucas, que es probable que fuera de Macedonia. Algunos creen que no tenemos por qué preguntárnoslo, porque los sueños no tienen esa clase de interpretación; pero hay una teoría muy atractiva. Hubo un hombre que casi consiguió conquistar el mundo, y fue el macedonio Alejandro Magno. Todo en la situación parecía recordársele a Pablo. El nombre completo de Tróade era Tróade Alexandrina. Al otro lado del mar estaba Filipos, que recibió ese nombre en recuerdo del padre de Alejandro. Un poco más allá estaba Tesalónica, que fue llamada así por la hermanastra de Alejandro. Todo el distrito estaba empapado de recuerdos de Alejandro; y Alejandro era el hombre que había dicho que su objetivo era «casar el Este con el Oeste» para hacer un mundo unido. Puede que Pablo tuviera una «visión» de Alejandro, el hombre que conquistó el mundo, y que esa visión le diera un nuevo impulso hacia la conquista de un mundo para Cristo.

La primera conversión en Europa

Embarcamos en Tróade y navegamos directamente a Samotracia; y al día siguiente desembarcamos en Neápolis. Desde allí pasamos a Filipos, que es la ciudad más importante de la provincia de Macedonia, y es una colonia romaná.

Allí pasamos unos cuantos días. El sábado salimos por la puerta de la ciudad y fuimos siguiendo la orilla del río donde esperábamos encontrar el sitio donde se reunían a orar los judíos. Cuando lo encontramos, nos sentamos y nos pusimos a hablar con las mujeres que habían venido a la reunión. Entre ellas había una tal Lidia, vendedora de tinte de púrpura, que era natural de la ciudad de Tiatira; que, aunque era gentil, creía en Dios.

Lidia estuvo escuchándonos, porque el Señor le había dado un corazón abierto e interesado en lo que Pablo tenía que decir. Recibió el bautismo con toda su parentela, y seguidamente nos insistió: -Si estáis seguros de que soy una creyente sincera, aceptad mi hospitalidad.

Y no hubo manera de que nos negáramos. Neápolis es la moderna Kavala, y era el puerto de Filipos. Filipos tenía una larga historia. En tiempos pasados se había llamado Crénides, que quiere decir «Las Fuentes»; pero Filipo de Macedonia, el padre de Alejandro Magno, la fortificó como avanzada contra los tracios y le dio su nombre. Había tenido minas de oro famosas, pero ya estaban agotadas en tiempos de Pablo. Más tarde fue el escenario de una batalla famosa, en la que Augusto se hizo con el Imperio Romano.

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