Filipos era una colonia romana, que era una dignidad que se concedía a los puntos estratégicos en los que Roma instalaba a grupos reducidos de veteranos que habían tenninado el servicio de las armas. Vestían como romanos, hablaban latín y se gobernaban por el derecho romano estuvieran donde estuvieran. Estas avanzadas del imperio eran las que estaban más orgullosas de la ciudadanía romana.
En Filipos no había sinagoga; pero, donde los judíos no podían tener una sinagoga tenían algún lugar en el que se reunían para hacer el culto, por lo general a la orilla del río. Aquel sábado, Pablo y sus compañeros se dirigieron allí y hablaron con las mujeres que se habían reunido.
Lo más extraordinario del trabajo de Pablo en Filipos es la representación de la población que fue ganada para Cristo que iremos conociendo. La primera fue Lidia, que estaría en lo más alto de la escala social, porque era comerciante de tinte de púrpura, sustancia que había que obtener gota a gota de un cierto molusco y que era tan cara que la necesaria para teñir un kilo de lana costaría cincuenta mil pesetas. Lidia, la rica comerciante, fue la primera que fue ganada para Cristo en tierra europea. Y su primera reacción fue ofrecer su casa al grupo de Pablo. El Señor abrió el corazón de Lidia al Evangelio, y seguidamente ella le abrió su casa. Pablo incluye entre las cualidades del cristiano el ser dado a la hospitalidad (Romanos 12:13); y Pedro también insiste en este deber cuando dice a sus convertidos que practiquen la hospitalidad sin reservas (1 Pedro 4: 9). Un hogar cristiano siempre tiene la puerta abierta a los necesitados, y más aún a los que son de la familia de la fe.
La esclava poseída
Cuando íbamos de camino al lugar de la reunión de oración, nos salió al encuentro una chica esclava que se creía que estaba inspirada por un espíritu de Apolo, y proporcionaba pingües ganancias a sus amos diciendo la buena ventura. No hacía más que seguirnos a Pablo y a los demás, dando voces: -¡Estos son los siervos del Dios Altísimo, que nos anuncian el camino de Salvación! Y así se pasó muchos días, hasta que Pablo ya no se pudo aguantar más y se dio la vuelta y dijo al espíritu: – ¡Te mando en el nombre de Jesucristo que salgas de ella! Y salió al instante.
Pero cuando los amos de la muchacha se dieron cuenta de que ya no tenían esperanza de seguir ganando dinero, echaron mano a Pablo y Silas y los llevaron a la fuerza a la plaza del pueblo para entregarlos a la autoridad, acusándolos ante los magistrados: -Estos tipos, que son judíos, están alborotando todo el pueblo, proponiendo unas ideas y una forma de vida inaceptables para nosotros que somos romanos.
La gente se puso de parte de los acusadores contra Pablo y Silas; y los magistrados dieron orden de que los desnudaran y los azotaran con varas. Después de una tremenda paliza, los echaron a la cácel dándole órdenes estrictas al carcelero de que los pusiera a buen recaudo, cosa que cumplió metiéndolos en la celda del fondo con los pies en el cepo.
Si Lidia procedía de la clase más alta de la sociedad, esta chica esclava estaba en lo más bajo. Era lo que llamaban una pitonisa, es decir, una persona que podía dar oráculos para guiar las decisiones de los consultantes. Dicho de otra manera, era una pobre psicópata, pero el mundo antiguo tenía un respeto supersticioso a los tales. En cierta ocasión David se fingió loco para salvar la vida, y le salió bien (1 Samuel 21:1015); y también se nos presenta el caso de la espiritista de Endor -llamada «pitonisa» en muchas traducciones, entre ellas la Reina-Valera antigua. En los tiempos de Pablo se decía que los dioses les habían quitado la razón a estas personas para poner en ellas su propia mente.
El caso es que esta muchacha había caído en manos de gente sin escrúpulos que usaba su desgracia en provecho propio. Cuando Pablo la libró del espíritu malo, en lugar de alegrarse de que ya estaba bien, se enfurecieron de que se les hubiera cerrado aquella fuente de ingresos. Y, como eran astutos, jugaron con el antisemitismo natural de la gente, y apelaron a su orgullo como ciudadanos de la colonia romana. Así fue como consiguieron el castigo y la detención crueles e injustos de Pablo y Silas. Porque no sólo los metieron en la cárcel, sino en el calabozo de más adentro y les pusieron en cepos, puede que no sólo los pies, sino también las manos y el cuello.
