En ese caso, esto quiere decir que la casa de Filemón estaba en Laodicea, y que Onésimo era un esclavo fugitivo laodicense. Esto debe de querer decir que la carta a Filemón iba dirigida de hecho a Laodicea; y en ese caso, la carta perdida a Laodicea que se menciona en Colosenses 4:16 no sería otra que la Carta a Filemón. Esto resolvería varios problemas.
Recordemos que en la sociedad antigua, con su opinión propia de la esclavitud, Pablo asumía un riesgo considerable al devolverle a Onésimo a su amo. Así que se puede opinar que Filemón no es realmente sólo una carta personal. Es verdad que va dirigida a Filemón y ala iglesia que está en su casa. Y además tenía que leerse en Colosas. ¿Qué estaba haciendo Pablo? Sabiendo el riesgo que asumía al hacer volver a Onésimo, estaba movilizando a su favor la opinión de la Iglesia tanto en Laodicea como en Colosas. La decisión acerca de Onésimo no se le podía dejar exclusivamente a Filemón; había de ser la decisión de toda la comunidad cristiana. Resulta que hay un pequeño, pero importante detalle lingüístico que apoya esta teoría. En el versículo 12 la versión Reina-Valera hace escribir a Pablo que ha enviado de nuevo a Onésimo a Filemón. El verbo griego es anapempein; este es el verbo que se usa regularmente con el sentido de referir un caso a alguien oficialmente para una decisión. Y el versículo 12 debería traducirse muy probablemente: « Elevo este caso a vuestra consideración para que lleguéis a una decisión,» es decir, no solamente a Filemón, sino también a la iglesia que se reunía en su casa.
Hay mucho que decir a favor de esta teoría. Sólo tiene una dificultar. En Colosenses 4:9 se cita a Onésimo como uno de vosotros, lo que parece indicar que era colosense. Pero E. J. Goodspeed, que presenta esta teoría con tal erudición y persuasión, arguye que Colosas, Hierápolis y Laodicea estaban tan próximas, y formaban hasta tal punto una misma iglesia, que se las podía considerar una comunidad; y que, por tanto, uno de vosotros no tenía que querer decir necesariamente que Onésimo fuera de Colosas, sino simplemente que venia de aquel grupo íntimamente relacionado. Si estamos dispuestos a aceptar esto, se le elimina el último obstáculo a esta teoría.
La continuación de la historia
Goodspeed no se detiene aquí, sino sigue reconstruyendo la historia del Onésimo que fuera una vez esclavo fugitivo de una manera sumamente conmovedora.
En los versículos 13 y 14 Pablo deja muy claro que le habría gustado mucho seguir teniendo a Onésimo consigo. « Yo habría estado encantado de quedármele, para que él me pudiera servir como vuestro representante durante mi encarcelamiento por el Evangelio; pero he preferido no hacer nada sin tu consentimiento para que tu amabilidad no fuera por compromiso, sino por tu propia libre voluntad.» Le recuerda a Filemón que le debe su misma alma (versículo 19).
Dice, con una gracia encantadora: « ¡Déjame que me aproveche yo ahora de ti un poco!» (versículo 20). Dice: «Confiando en tu obediencia te escribo, sabiendo que harás más de lo que yo te diga» (versículo 21). ¿Se puede suponer que Filemón rechazara tal solicitud? A la vista de un lenguaje así, ¿podría él hacer otra cosa que devolverle a Onésimo otra vez a Pablo con su bendición?
Goodspeed da por seguro que Onésimo volvió con Pablo y que llegó a ser su ayudante en la obra del Evangelio.
El obispo de Éfeso
Avancemos cosa de cincuenta años. Ignacio de Antioquía, uno de los grandes mártires cristianos, es conducido a Roma para ser ejecutado. En su viaje escribe cartas -que se han conservado- a las iglesias de Asia Menor. Se detiene en Esmirna, desde donde escribe a la iglesia de Éfeso, y en el primer capítulo de esa carta tiene mucho que decir acerca del maravilloso obispo de Éfeso. ¿Y cómo se llamaba aquel obispo? Onésimo; e Ignacio hace exactamente el mismo juego de palabras que había hecho Pablo -es Onésimo, no sólo de nombre, sino también de naturaleza, hombre provechoso para Cristo. Bien puede ser que el esclavo fugitivo llegara a ser con el paso de los años el gran obispo de Éfeso.
