Juicio de desolación de la tierra
Después del juicio contra cada una de las naciones que aparece en los capsítulos 13 al 23, el cap. 24 aparece como una conclusión, en la que se presenta el juicio universal, ya no separadamente, nación por nación, sino de una manera global: La tierra está de duelo… el mundo languidece, se reseca.
Se ha especulado mucho acerca de la paternidad literaria de esta profecía, y notables investigadores la han asociado con períodos tan tardíos como la época de Alejandro Magno, o la de los seléucidas y aun la de Juan Hircano (135 a. de J.C.). La verdad es que el capítulo no tiene referencias históricas específicas, y en cuanto se refiere a estilo, hay huellas, muchas huellas, de Isaías hijo de Amoz. Vamos a interpretar este capítulo tratando de enfocarlo desde el contexto histórico de Isaías y desde su propia perspectiva profética.
La “tierra” en este capítulo no es la tierra de Judá; es todo el mundo. La corrupción de sus habitantes ha llegado al extremo: La tierra ha sido profanada por sus habitantes, porque han transgredido las leyes, han falseado el derecho y han quebranto el pacto eterno.
Los comentaristas judíos han visto en la alusión del pacto eterno (brit) el pacto de Dios con Noé y con todo el universo, que en hebreo también se dice olam. Sobre todo, el profeta parece tener en mente Genesis 9:5 y 6 que dicen: Ciertamente por vuestra propia sangre pediré cuentas… Yo pediré cuentas a cada uno por la vida del hombre… porque a imagen de Dios él hizo al hombre. Isaías escribe: Por esta causa han disminuido los habitantes de la tierra, y quedan muy pocos seres humanos. Compare al respecto lo que dice Amós, y sobre todo lo que dice con respecto a Judá: “Porque despreciaron la ley [torah] de Jehová y no guardaron sus decretos“ (Amos 2:4). Es evidente que en el versículo 5 Isaías se refiere al derecho universal y la ley moral escrita en los corazones de los hombres.
El juicio divino no excluirá ningún estrato de la sociedad humana, ni a los más altos y poderosos ni a los más bajos y dependientes. Se manifestará como una ruina ecológica y moral al mismo tiempo: La tierra será del todo devastada y enteramente saqueada. Los agentes del juicio divino son al mismo tiempo los que lo sufren. La expresión porque Jehová ha pronunciado esta palabra en el versículo 3 muestra la mano de Isaías como autor.
La expresión la ciudad del caos en el versículo 10 no es una referencia a Jerusalén, como han pensado algunos investigadores, ni a ninguna metrópoli imperial específica. Aunque en la mente de Isaías bien puede haber estado la ciudad de Nínive, la capital del imperio asirio, el imperio más poderoso de sus días. Sin embargo, como veremos más adelante, este capítulo no trata específicamente de la caída de Nínive, la cual fue destruida por Nabopolasar en el año 612 a. de J.C., pues al final su enfoque se vuelve escatológico. La ciudad del caos es más bien la contradicción, la negación del concepto de la “ciudad de Dios.”
Con todo, Nínive puede haber estado en la mente de Isaías cuando escribió: En la ciudad ha quedado la desolación… Pues ocurrirá en medio de la tierra… así como cuando se varea al olivo.
Luego, en los versículos 14-16 el profeta se refiere a cierta gente que tras el grave castigo divino alza su voz y canta gozosa a la majestad de Jehová. El párrafo los presenta con el pronombre “éstos” (hemah). ¿Quiénes son éstos? Son los que han quedado como rebuscos una vez acabada la vendimia. Y la alusión no es necesariamente a Israel en medio de los pueblos, aunque algunos comentaristas creen que la expresión tsví, que la RVA ha traducido “¡Gloria al Justo!“ se refiere a Israel y a la tierra prometida. De ser así debe traducirse: “El esplendor es para el justo (o los justos)“..
