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Isaías 28: Profecias del tiempo de Ezequias

Isaías 28:24  ¿Acaso para sembrar se pasa arando el labrador todo el día, abriendo y rastrillando su tierra?

Isaías 28:25  ¿No allana su superficie y siembra eneldo y esparce comino, y siembra trigo en hileras, cebada en su debido lugar, y centeno dentro de sus límites?

Isaías 28:26  Porque su Dios le instruye y le enseña cómo hacerlo.

Isaías 28:27  Pues no se trilla el eneldo con el trillo, ni se hace girar la rueda de carreta sobre el comino; sino que con vara se sacude el eneldo, y con palo el comino.

Isaías 28:28  El grano es triturado, pero no se le seguirá trillando indefinidamente; debido a que la rueda de la carreta y sus caballos lo dañarán, no se le triturará más.

Isaías 28:29  También esto procede del Señor de los ejércitos, que ha hecho maravilloso su consejo y grande su sabiduría.

El agricultor utiliza herramientas especiales para sembrar y cosechar las plantas delicadas para no destruirlas. Se preocupa de su fragilidad. Toma en cuenta todas nuestras circunstancias y debilidades personales. Debemos seguir su ejemplo cuando tratemos a otros. Cada persona necesita un trato diferente. Identifíquese con las necesidades de quienes lo rodean y el trato especial que quizás les haga falta.

Profecias del tiempo de Ezequias

La parte del libro de Isaías que abarca desde 28:1 hasta 35:10 incluye varias profecías pronunciadas en los días del rey Ezequías, desde poco antes de la ruina de Samaria hasta los días de la campaña que dirigió Senaquerib contra el reino de Judá. Como en Deuteronomio 7:1 al 12:6, que incluye profecías pronunciadas en los días del rey Acaz, también en esta parte refleja el duro conflicto del profeta con los dirigentes del pueblo, que le responden con burla y con escarnio. Igualmente, en esta parte también, en medio de las profecías de juicio aparecen preciosas promesas de total restauración del remanente del pueblo de Dios, como es el caso Deuteronomio  32:1-8.

Lamento por la ruina de Samaria

El profeta trata de la ciudad de Samaria, muy poco antes de haber sido sitiada por los ejércitos de Asiria, y haber sucumbido bajo ellos después de tres años de asedio. Muchas de las dificultades de la interpretación de esta sección quedan resueltas si consideramos que aquí el profeta describe la ciudad de Samaria geográficamente, y al mismo tiempo alude a las coronas que llevaban los convidados de un gran banquete en Samaria, coronas de flores que muchas veces llegaban a marchitarse aun mientras se las llevaba sobre la cabeza.

En cuanto a la ciudad de Samaria, le cae bien la analogía de una corona porque estaba situada sobre un monte ceñido por árboles de olivo cultivados en sus terrazas sobre sus faldas. En el versículo 1, la corona de soberbia de los borrachos de Efraín es Samaria. Y la flor marchita de la hermosura de su gloria se refiere a las coronas de flores ya marchitas que ceñían las cabezas de los de la aristocracia de Samaria, los que se gloriaban de la abundancia. El profeta describe la corona como marchita dando a entender que el final está muy cerca y la ciudad está destinada a caer.

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