Ante el rumbo definido que han tomado las cosas de la política, rumbo que el profeta lamenta en el alma, sólo le queda escribir la visión delante de ellos, para que se conserve como un testimonio perpetuo hasta el día final. Pero la rebeldía contra el mensaje profético acarrearía la ruina al pueblo.
En el versículo 15 el profeta vuelve a sustentar el núcleo de su mensaje: “En arrepentimiento y en reposo seréis salvos; en la quietud y en la confianza estará vuestra fortaleza“. Un retorno del pueblo a su Dios y a las demandas de su palabra; eso es arrepentimiento (shubáh). A esto sucede el reposo, o mejor, la calma, como apunta la nota de la RVA. Esta calma no es fruto de la falta de conciencia y responsabilidad, sino una bien sopesada postura política de no comprometerse con Egipto ni confrontarse con Asiria.
El verdadero valor o fortaleza (gueburáh) debería revelar la confianza en Jehová que los gobernadores pueden infundir a toda la nación. Pero los políticos de Judá optaron por la vía de la guerra al formar una alianza con el apoyo de Egipto.
Jehová tendrá piedad de Sion
El profeta en ningún momento manifestó que Jehová abandonaría definitivamente a Judá y a Jerusalén. El manifestó clara y repetidamente que Jehová intervendría para vindicar su nombre, para castigar a los asirios y para tener piedad de su pueblo rebelde. Sin embargo, la actitud rebelde del pueblo lo alejaba y distanciaba de Dios y lo privaba de disfrutar de su misericordia. Pero llegaría el momento cuando su palabra hallaría oídos que la escucharían y que vivirían de acuerdo con sus demandas. La prosperidad de la tierra de Israel sería resultado de este cambio de actitud.
Jehová consumirá a los asirios
En el versículo 28 Isaías llama a los asirios gpim y amim, es decir, naciones y pueblos, aludiendo a los variados componentes étnicos de sus ejércitos.
La intervención de Dios esta vez es comparada a una llama de fuego consumidor, a lluvia violenta, a torrente, a piedras de granizo y al golpe del palo y de la vara con que Jehová castigará a este pueblo que había constituido la “vara de Dios”, para llevar a cabo los juicios de Dios contra las naciones. Finalmente compara el castigo de los asirios con un holocausto para Moloc, en el sitio de su antiguo altar, en el Tófet, a las afueras de Jerusalén. La palabra que se traduce Moloc, aparece traducida en la RVA como rey, ya que sus consonantes son las mismas. Aunque el Tófet tiene relación con el Dios Moloc, sin duda el profeta está expresándose indirectamente del rey de Asiria, Senaquerib, aunque éste no llegó a las puertas de Jerusalén, sino que envió sus lugartenientes desde Laquis.
La liberación de Jerusalén se describe como motivo de fiesta y de regocijo. En el versículo 32 se expresa en términos sumamente irónicos el azote de Asiria, la “vara de Dios”: Y sucederá que cada pasada de la vara de corrección que Jehová descargará sobre ella será al son de panderos y de liras.
