Isaías 39:8 Y dijo Ezequías a Isaías: –La palabra de Jehová que has hablado es buena. Y añadió: –A lo menos, haya paz y seguridad en mis días.
Ezequías, uno de los reyes más fieles de Judá, trabajó duro a lo largo de su reinado para erradicar la idolatría y purificar la adoración del Dios verdadero en el templo de Jerusalén. No obstante, sabía que su reino no era puro. Corrientes ocultas poderosas del mal invitaban a la destrucción y solo las intervenciones milagrosas de Dios preservaron a Judá de sus enemigos. Aquí Ezequías expresó su gratitud porque Dios preservaría la paz durante su reinado. En cuanto Ezequías murió, se desató el mal bajo el liderazgo de Manasés, su hijo, quien reconstruyó los centros de idolatría que su padre destruyó.
Ezequías y la embajada de Babilonia
En cuanto al tiempo en que se produjo esta visita de una embajada de Babilonia al rey Ezequías hay dos opiniones:
- En primer lugar hay los que opinan que tendría lugar antes de la campaña de Senaquerib, es decir antes de los acontecimientos del año 701. Los que opinan de esta manera subrayan el carácter político de esta visita. Y es posible que Ezequías conversó con los embajadores también sobre temas relativos a la política internacional, y específicamente del dominio de Asiria. El hecho de que en el mismo año se produjera la rebelión de Belibni en Babilonia hace suponer que el propósito real de esta embajada haya sido arrastrar a Ezequías a una rebelión sincronizada contra el dominio de Asiria.
- En segundo lugar tenemos la opinión de que la embajada de Babilonia tendría lugar poco después de los acontecimientos del año 701. Esta opinión parece ser apoyada por el cronista en 2 de Crónicas 32:31, donde se indica que intermediarios de los jefes de Babilonia fueron enviados para investigar el prodigio que había acontecido en el país.
¿Qué quiere decir el cronista con la palabra prodigio (mófet)? Parece que no se refiere a la sanidad de Ezequías, aunque sí puede relacionarse con las noticias de que la sombra haya regresado diez gradas en el reloj de Acaz. Pero no es en sí la palabra mófet que nos intriga, sino también la frase que había acontecido en el país. El milagro del retorno de la sombra fue algo instantáneo; y aunque asombroso, si habría que referirse a él en términos de demarcación geográfica se tendría que restringirlo al palacio del rey, donde estaría el reloj de Acaz, o a lo más, a la ciudad de Jerusalén. Por otro lado, me parece que los babilonios tendrían muchas incógnitas que resolver con respecto a lo ocurrido con el ejército de Senaquerib en una sola noche, como para obligar al rey a interrumpir su campaña militar en territorio de Judá, para volver a Asiria.
El profeta inquirió del rey Ezequías los detalles de aquella embajada. El le respondió con sinceridad, esquivando sólo una de ellas: ¿Qué dijeron aquellos hombres?. Luego el profeta le anunció que llegaría un día sombrío para Judá y la casa de David, cuando Babilonia despojaría a Jerusalén y produciría el amargo cautiverio babilónico.
La primera parte de la respuesta de Ezequías demuestra su humildad ante la voluntad divina y su veredicto histórico. Pero la segunda parte es algo contraproducente, porque expresa mucho egoísmo. En 2 Reyes aparecen estas palabras en forma de pregunta, y aunque se suaviza la expresión, la vuelve algo confusa. Me parece que la formulación es correcta (y quizás corregida); sólo que la palabra ki, que se ha traducido Porque, debería traducirse como “que”, así: Y dijo: Que haya paz y estabilidad en mis días. Es decir, “ojalá que haya paz…” La RVA ha interpretado el verbo vayómer como pensó, aunque normalmente se traduce “y dijo”, por cuanto introduce una frase que no es continuación directa de la respuesta de Ezequías al profeta.
Los enviados de Babilonia
La fe de Ezequías, a prueba contra los golpes más duros, se esfuma al toque de la adulación (obsérvese como trasunta deleite su relato de los vv. 3, 4), y el mundo reclama otra víctima por su amistad. Conocemos lo suficiente de Merodac-baladán como para sugerir que este emprendedor rebelde contra Asiria escondía, tras su visita, planes subversivos. Pero la Biblia guarda silencio sobre esto, y se condena a Ezequías por gloriarse en su riqueza y en el patrocinio humano.
Es muy oneroso el precio de la deslealtad. Para Ezequías había conformidad al posponer el problema; pero no de tal modo Isaías. Evidentemente tuvo que soportar esa pesada carga, y de tal modo vivió bajo su peso, que cuando Dios le habló de nuevo fue a uno que en espíritu había ya vivido por muchos años en Babilonia y podía hablar “al corazón” de una generación de exiliados que aún no habían nacido.
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