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Deuteronomio 32: La promesa del juicio

Deu 32:1 Escuchad, cielos, y hablaré; Y oiga la tierra los dichos de mi boca.

Esta composición rítmica nos canta la historia de las relaciones entre Yahvé e Israel y viene a resultar un alegato acusatorio contra el pueblo elegido, que no supo corresponder a las bondades de su Dios. Cantado por los ministros del santuario y por el pueblo, sería una invitación continua a la penitencia y al retorno hacia Yahvé.

Es un poema didáctico más que lírico. La tesis es la especialísima providencia de Yahvé con su pueblo al formarlo como nación y la infidelidad de Israel, merecedora de los mayores castigos. Se ha supuesto que tiene una distribución coral de estrofas: dos coros alternativamente las van cantando, intercalando otras comunes a ambos coros. Así, pues, hay una distribución de estrofas y antiestrofas. El conjunto parece obra de un salmista de la época sapiencial, que por ficción literaria o seudonimia lo atribuye a Moisés, forjador, de la teocracia hebrea.

Deu 32:2 Goteará como la lluvia mi enseñanza; Destilará como el rocío mi razonamiento; Como la llovizna sobre la grama, Y como las gotas sobre la hierba;

Deu 32:3 Porque el nombre de Jehová proclamaré. Engrandeced a nuestro Dios.

Deu 32:4 El es la Roca, cuya obra es perfecta, Porque todos sus caminos son rectitud; Dios de verdad, y sin ninguna iniquidad en él; Es justo y recto.

El Señor es designado cinco veces en este cántico como la Roca , el símbolo de la estabilidad y la firmeza. Este título tan gráfico destaca la naturaleza eterna e invariable del Dios del pacto.

El poeta apostrofa a los cielos, poniéndolos como testigos mudos de las grandes verdades que va a proclamar. Es una introducción solemne y enfática para centrar la atención en torno a las alabanzas de Yahvé por sus obras portentosas. Sólo los cielos y la tierra son dignos de escuchar sus palabras de glorificación de Dios y de acusación contra Israel1. Como la lluvia y el rocío son recibidos ansiosamente por la tierra sedienta, así sus palabras deben ser acogidas por sus oyentes. Como la lluvia y el rocío siembran de riqueza la tierra, dando óptimas cosechas y frutos, así las palabras del poeta sagrado han de producir óptimos frutos de salvación y de arrepentimiento. Su doctrina debe discurrir suavemente, a gotas, para empapar las almas de sus destinatarios2.

Después de esta bella y ampulosa introducción, el poeta proclama el tema de su composición: celebrar el nombre de Yahvé, sus manifestaciones gloriosas en la historia de Israel. Y, llevado de su entusiasmo, invita a sus oyentes a proclamar la gloria de su Dios. El estilo es salmódico y épico a la vez. Los rasgos enérgicos y las insinuaciones delicadas se entrelazan en un conjunto poético lleno de armonía y de inspiración. Yahvé es la Roca, es decir, el castillo roquero, el refugio seguro de Israel en todas sus tribulaciones. Es inconmovible, porque está revestido de sus atributos intocables: perfección, justicia, fidelidad y rectitud. Sus obras, sobre todo las obras de Dios para con Israel, son la manifestación clara de. estos atributos. Su perfección se. revela en el mundo con sus maravillas, y su justicia y rectitud aparecen en el gobierno de la humanidad, y especialmente en la historia de Israel, y su fidelidad brilla en el cumplimiento de las- antiguas promesas para con su pueblo.

Deu 32:5 La corrupción no es suya; de sus hijos es la mancha, Generación torcida y perversa.

Deu 32:6 ¿Así pagáis a Jehová, Pueblo loco e ignorante?

¿No es él tu padre que te creó? El te hizo y te estableció.

Pero cuan lejos está Israel de responder a lo que le pide su Dios! Es siempre el pueblo sin sabiduría, necio, rebelde, de dura cerviz, que desconoce a su Dios, que no sabe apreciar los favores de que le colmó con solicitud paternal. La liberación de Egipto y la revelación de la Ley le constituyó como pueblo santo, aparte de todos los demás, como posesión o heredad suya. Frente a la rectitud, justicia y fidelidad de Yahvé está la perversidad, estulticia y rebeldía de Israel como nación. No supo responder a su vocación de nación santa y pueblo sacerdotal. Yahvé no es sólo su Dios, sino su Padre. El profeta Isaías echa en cara a Israel su estulticia, ya que las bestias conocen a su dueño, y, en cambio, Israel no reconoce a su Señor. Se resalta el carácter paternal de Yahvé: “Tú eres nuestro Padre; Abrahán no nos conoció, y nos desconoció Israel, pero tú, ¡Oh Yahvé!, eres nuestro Padre, y Redentor nuestro es tu nombre desde la eternidad.” Malaquías echa en cara a Israel su ingrata e insensata conducta: “El hijo honra a su padre, y el siervo teme a su señor. Pues si yo soy vuestro Padre, ¿dónde está la honra que me tenéis? Y si soy vuestro Señor, ¿dónde el temor que me mostráis?”5 La larga historia de Israel desde Egipto constituye el mejor comentario de estas palabras del deuteronomista.

Deu 32:7 Acuérdate de los tiempos antiguos, Considera los años de muchas generaciones; Pregunta a tu padre, y él te declarará; A tus ancianos, y ellos te dirán.

Deu 32:8 Cuando el Altísimo hizo heredar a las naciones, Cuando hizo dividir a los hijos de los hombres, Estableció los límites de los pueblos Según el número de los hijos de Israel.

Deu 32:9 Porque la porción de Jehová es su pueblo; Jacob la heredad que le tocó.

Israel es llamado aquí Jacob, un sinónimo poético de uso común entre los israelitas.

Deu 32:10 Le halló en tierra de desierto, Y en yermo de horrible soledad; Lo trajo alrededor, lo instruyó, Lo guardó como a la niña de su ojo.

Deu 32:11 Como el águila que excita su nidada, Revolotea sobre sus pollos, Extiende sus alas, los toma, Los lleva sobre sus plumas,

Deu 32:12 Jehová solo le guió, Y con él no hubo dios extraño.

Deu 32:13 Lo hizo subir sobre las alturas de la tierra, Y comió los frutos del campo, E hizo que chupase miel de la peña, Y aceite del duro pedernal;

Deu 32:14 Mantequilla de vacas y leche de ovejas, Con grosura de corderos, Y carneros de Basán; también machos cabríos, Con lo mejor del trigo; Y de la sangre de la uva bebiste vino.

El poeta, inspirado, invita al pueblo a mirar hacia atrás, a los orígenes, antes que Israel existiera como nación, cuando Yahvé preparaba la formación de su pueblo. Los padres y los ancianos, testigos de la tradición, podrían decir a la generación presente lo que sabían ellos de los orígenes, cuando Dios distribuyó la tierra entre los descendientes de Noé, asignando a cada familia una región. Dios, el que había salvado a Noé del diluvio, constituyéndole en segundo padre de la humanidad, realizó esta nueva obra, mostrando en ella su corazón de padre para con la descendencia del patriarca, con quien había hecho su alianza. Como se dice, todos los pueblos son de Dios, pues El los creó, pero Israel es su escogida heredad, y para él escogió desde entonces la tierra que le destinaba, la tierra que desde tantos siglos antes había prometido a los patriarcas para dársela a sus descendientes. Esta predestinación es la primera muestra del amor paternal de Yahvé hacia Israel.

El hagiógrafo pasa en silencio la estancia de los israelitas en Egipto y su liberación milagrosa, presentándonos al pueblo en el desierto en medio de muchos peligros de fieras que le rodean y en total abandono. El Señor le rodea de su protección y le guarda como la niña de sus ojos, y a la manera del águila, que enseña a sus polluelos a volar, Yahvé toma a los israelitas sobre sus alas para introducirlos en la tierra prometida. Y en esta obra maravillosa y providencial no tomó parte ningún dios extraño, sino que todo fue obra de Yahvé, Padre de Israel. El salmista celebra estas bondades de Dios para con el pueblo elegido. Instalado en la tierra de Canaán, la “tierra que mana leche y miel,” Israel se alimentó de sus frutos, vendimió las viñas que no había plantado, sembró los campos que no había roturado, habitó las casas que no había edificado, y se hartó de la carne de los toros y carneros, del pan de los campos, del vino (la sangre de la uva, v.14b) de sus viñas, de los frutos de la tierra. Ezequiel expresa la prosperidad de Israel luego de su entrada en Canaán en términos alegóricos: “Estabas adornada de oro y de plata, vestida de lino, y de seda recamado; comías flor de harina de trigo, miel y aceite; te hiciste cada vez más hermosa y llegaste a reinar. Extendíase entre las gentes la fama de tu hermosura, porque era acabada la hermosura que puse en ti, dice el Señor, Yahvé.” El poeta deuteronómico idealiza también la tierra prometida, establecida sobre las alturas de la tierra, la cordillera dorsal de la tierra de Canaán, en cuyas rocas las abejas hacen sus panales de miel, y en la misma tierra calcárea (durísimo sílice) hizo brotar Dios el olivo. Las praderas ubérrimas de Basan, en TransJordania, abundan en ganados, y en las pequeñas llanuras de Palestina nace la flor de trigo, y en sus montículos terraplenados la viña. La descripción refleja bien la flora palestinense, lo que implica que el poeta conoce bien el país.

Deu 32:15 Pero engordó Jesurún, y tiró coces (Engordaste, te cubriste de grasa); Entonces abandonó al Dios que lo hizo, Y menospreció la Roca de su salvación.

Jesurún : Nombre poético para Israel. La ingratitud de Israel hacia Dios se revela en el hecho de que engordó gracias a la provisión divina y tiró coces , rechazando su amor y su autoridad. Israel abandonó al autor de la creación y desdeñó el fundamento de su salvación.

Deu 32:16 Le despertaron a celos con los dioses ajenos; Lo provocaron a ira con abominaciones.

Deu 32:17 Sacrificaron a los demonios, y no a Dios;(A) A dioses que no habían conocido, A nuevos dioses venidos de cerca, Que no habían temido vuestros padres.

La idolatría del mundo pagano era algo más que una simple superstición; sometía a quienes la practicaban a los poderes demoníacos.

Deu 32:18 De la Roca que te creó te olvidaste; Te has olvidado de Dios tu creador.

Parece que la posesión de estos bienes debía de despertar sentimientos de gratitud en el ánimo de Israel y fundamentar la fidelidad a Yahvé. Pero, lejos de esto, se olvidó de Yahvé, el Yesurún, es decir, el recto, o Israel, que por vocación debía ser recto en sus caminos. En este supuesto es un término irónico. Algunos creen que es despectivo, relacionándolo con el hebreo sor (toro), lo que se adapta bien al contexto, en el que Israel aparece como un toro recalcitrante y rebelde por estar bien cebado (engordaste, te cebaste, te henchiste, que no admite el yugo que se le impone. Israel ha abandonado a su Dios, su único Salvador, yéndose tras de dioses ajenos, a los que atribuye los bienes de que disfruta y ofreciéndoles sacrificios con prácticas abominables. Se han prostituido a los demonios o espíritus demoníacos (heb. sedim), alusión a las divinidades fenicias y cananeas adoptadas por los hebreos. En los Salmos se alude a estas prácticas, y Ezequiel refleja con toda crudeza la entrega de Israel al culto idolátrico: “Pero te envaneciste de tu hermosura, de tu nombradla, y te diste al vicio, ofreciendo tu desnudez a cuantos pasaban, entregándote a ellos… Tomaste las espléndidas joyas que yo te había dado, mi plata y mi oro, y te hiciste simulacros de hombres, fornicando con ellos… También el pan que yo te diera, la flor de harina de trigo, el aceite y la miel con que te mantenía, se la ofreciste en ofrenda de suave olor.” Israel, pues, se ha olvidado de su Roca (Yahvé), su fortaleza, que le dio existencia como nación, y ahora queda expuesta a la cólera de su Dios, airado y celoso.

Deu 32:19 Y lo vio Jehová, y se encendió en ira Por el menosprecio de sus hijos y de sus hijas.

Deu 32:20 Y dijo: Esconderé de ellos mi rostro, Veré cuál será su fin; Porque son una generación perversa, Hijos infieles.

Deu 32:21 Ellos me movieron a celos(B) con lo que no es Dios; Me provocaron a ira con sus ídolos; Yo también los moveré a celos con un pueblo que no es pueblo, Los provocaré a ira con una nación insensata.(C)

Deu 32:22 Porque fuego se ha encendido en mi ira, Y arderá hasta las profundidades del Seol; Devorará la tierra y sus frutos,

Y abrasará los fundamentos de los montes.

Deu 32:23 Yo amontonaré males sobre ellos; Emplearé en ellos mis saetas.

Deu 32:24 Consumidos serán de hambre, y devorados de fiebre ardiente Y de peste amarga; Diente de fieras enviaré también sobre ellos, Con veneno de serpientes de la tierra.

Deu 32:25 Por fuera desolará la espada, Y dentro de las cámaras el espanto; Así al joven como a la doncella, Al niño de pecho como al hombre cano.

A la vista de tal conducta, ¿qué hará Yahvé, el Dios de Israel, que le ha colmado de beneficios? Jeremías describe el estado de idolatría general en Judá: “Los hijos amontonan la leña, los padres la prenden fuego, y las mujeres amasan la harina para hacer tortas a la reina del cielo y libar a los dioses extraños, para darme pesadumbre.” Aun después de la catástrofe, los judíos exilados en Egipto creían que todo había sucedido por no haber ofrecido bastantes sacrificios y libaciones a la reina de los cielos, la diosa Astarté. El poeta deuteronómico presenta a Yahvé irritado por tan insensata conducta y hastiado de sus hijos e hijas, los que le pertenecían por haberlos liberado de Egipto y organizado como nación. Por esto ocultará su rostro, es decir, los privará de su protección, negándoles los beneficios y bendiciones temporales. Lo que traerá las peores consecuencias: veré cual será su fin. Es el anuncio de la desaparición de Israel como pueblo en castigo de sus pecados, la cautividad. Puesto que Israel ha coqueteado con no-dioses, olvidándose del único Dios verdadero, Yahvé tomará como instrumento de su justicia a un no-pueblo, es decir, a un pueblo bárbaro, a una horda salvaje, gente insensata, que le tratará despiadadamente. El poeta no concreta el nombre de ese pueblo opresor. En el siglo VII invadieron Palestina las hordas escitas, y quizá se aluda aquí a ellos. San Pablo aplica el texto a la vocación de los gentiles, que ocuparán el lugar de los judíos.

La cólera divina actuará como fuego devastador, que afectará a todo el país y a todas las clases sociales. Las expresiones son hiperbólicas. La ira vengadora de Yahvé llegará hasta las profundidades de la región tenebrosa de los muertos, el seol, para perseguir al culpable. La tierra será desolada con sus frutos, y las saetas de Yahvé (las epidemias) sembrarán la mortandad por doquier. El hambre, las fiebres y hasta las mismas fieras hambrientas harán presa del pueblo despavorido, y, finalmente, el espectro de la guerra acabará con los supervivientes, sin distinción de edades ni clases socialesx.

Deu 32:26 Yo había dicho que los esparciría lejos, Que haría cesar de entre los hombres la memoria de ellos,

Deu 32:27 De no haber temido la provocación del enemigo, No sea que se envanezcan sus adversarios, No sea que digan: Nuestra mano poderosa Ha hecho todo esto, y no Jehová.

Deu 32:28 Porque son nación privada de consejos, Y no hay en ellos entendimiento.

Deu 32:29 !!Ojalá fueran sabios, que comprendieran esto, Y se dieran cuenta del fin que les espera!

Deu 32:30 ¿Cómo podría perseguir uno a mil, Y dos hacer huir a diez mil, Si su Roca no los hubiese vendido, Y Jehová no los hubiera entregado?

Deu 32:31 Porque la roca de ellos no es como nuestra Roca, Y aun nuestros enemigos son de ello jueces.

Deu 32:32 Porque de la vid de Sodoma es la vid de ellos, Y de los campos de Gomorra; Las uvas de ellos son uvas ponzoñosas, Racimos muy amargos tienen.

Deu 32:33 Veneno de serpientes es su vino, Y ponzoña cruel de áspides.

Un obstáculo se opuso a que Yahvé pusiera en ejecución todas las amenazas que incluían la total devastación del país: la conducta de los vencedores gentiles, instrumentos de su justicia, que habrían de creer arrogantemente que su victoria se debía únicamente a su fuerza y no al poder punitivo de Yahvé contra su pueblo. Cuando, en la peregrinación del desierto, el pueblo desconfiaba de Yahvé, mereciendo así el castigo de su exterminación, Moisés aplacaba a su Dios apelando a su nombre entre los gentiles; es decir, el exterminio de los israelitas argüiría impotencia en el propio Yahvé. Era como despertar el amor propio de Yahvé para que perdonara a su pueblo. Es lo que el poeta deuteronomista expresa aquí: ¿Qué pensarían los enemigos de Israel cuando se vieran vencedores de él. Sin duda que no atribuirían su victoria a la voluntad permisiva de Yahvé, que castigaba providencialmente a su pueblo. Por carecer del conocimiento de la providencia del verdadero Dios, no sabían interpretar rectamente la destrucción del pueblo protegido de Yahvé. Si fueran inteligentes y perspicaces, sabrían comprender los acontecimientos y atenderían a lo que les espera, es decir, que su triunfo era efímero y sólo duraría mientras Yahvé no cambiara sus designios punitivos sobre su pueblo por otros salvadores. Si hubieran considerado la desproporción de fuerzas en la lucha, habrían deducido que uno no puede perseguir a mil, ni dos poner en fuga a diez mil. Si los israelitas, a pesar de ser mucho más numerosos, han sido vencidos por un reducido número de atacantes, es porque su Roca (Yahvé, en otro tiempo castillo roquero y defensor de Israel) se los ha entregado. Los enemigos de Israel, si bien consideran las cosas, pueden ser jueces en la causa al considerar el poder de la roca de ellos (sus dioses) y la Roca omnipotente de Israel. En realidad, los enemigos de Israel no son mejores que éstos y no pueden dar más que frutos amargos, ya que su vid es de la vid de Sodoma, .de los campos de Gomorra sus sarmientos; es decir, su raza lleva gérmenes de muerte como las ciudades malditas24, y por eso él fruto dé sus perversos designios es amargo y comparable al·cien áspides. Por tanto, a pesar de que son instrumentos de la justicia divina, también ellos serán castigados por sus crímenes y prevaricaciones. Ha llegado la hora del castigo de Israel, pero no se hará esperar la de ellos, para que no se enorgullezcan de sus victorias sobre el pueblo de Dios. Estas consideraciones teológicas son muy frecuentes en los escritos proféticos. Los enemigos de Israel son meros instrumentos de la justicia de Yahvé, de tal forma que por sí solos no podrían conseguir sus victorias contra el pueblo elegido, ya que, malditos y viciados en su raíz, no pueden sino dar frutos amargos de maldición. El hagiógrafo, pues, quiere poner en claro que, si Israel es pecador y merece el castigo, sus enemigos no son menos, y les espera también la hora de la justicia divina.

Deu 32:34 ¿No tengo yo esto guardado conmigo, Sellado en mis tesoros?

Deu 32:35 Mía es la venganza(D) y la retribución; A su tiempo su pie resbalará, Porque el día de su aflicción está cercano, Y lo que les está preparado se apresura.

Deu 32:36 Porque Jehová juzgará a su pueblo, Y por amor de sus siervos se arrepentirá, Cuando viere que la fuerza pereció, Y que no queda ni siervo ni libre.

juzgará, din: Gobernar, regir, legislar, juzgar, luchar, alegar la causa de alguien; contender con alguien o por algo. El sustantivo que se deriva de juzgará se traduce como «juicio», «causa» o «alegato». Dayan es otro derivado que significa «un juez». En fin, de din proviene medinah que significa «estado», «provincia» o «gobierno»; literalmente, «un lugar de juicio o justicia».

Deu 32:37 Y dirá: ¿Dónde están sus dioses, La roca en que se refugiaban;

Deu 32:38 Que comían la grosura de sus sacrificios, Y bebían el vino de sus libaciones? Levántense, que os ayuden Y os defiendan.

Deu 32:39 Ved ahora que yo, yo soy, Y no hay dioses conmigo; Yo hago morir, y yo hago vivir; Yo hiero, y yo sano; Y no hay quien pueda librar de mi mano.

Deu 32:40 Porque yo alzaré a los cielos mi mano, Y diré: Vivo yo para siempre,

Deu 32:41 Si afilare mi reluciente espada, Y echare mano del juicio,

Yo tomaré venganza de mis enemigos, Y daré la retribución a los que me aborrecen.

Deu 32:42 Embriagaré de sangre mis saetas, Y mi espada devorará carne; En la sangre de los muertos y de los cautivos, En las cabezas de larga cabellera del enemigo.

Deu 32:43 Alabad, naciones, a su pueblo,(E) Porque él vengará la sangre de sus siervos,(F) Y tomará venganza de sus enemigos, Y hará expiación por la tierra de su pueblo.

Yahvé se sirve de las naciones gentiles como ministros de su justicia, pero éstas no se creen tales, y obran llevadas de sus malos instintos. Por eso la justicia divina tiene que venir sobre ellos cuando les llegue el día. Yahvé tiene en sus archivos los motivos de su condenación, los cuales hará públicos el día de la venganza, que no está lejos. Con esto Yahvé dará satisfacción a Israel, pues no aparecería la justicia, que da a cada uno según sus obras, si, castigando a su pueblo por sus iniquidades, dejara sin castigo a las naciones gentiles, que, además de desconocer al Dios verdadero y adorar a los ídolos, cometían grandes atropellos contra Israel, no como quien cumple un ministerio de justicia, sino como quien satisface sus ansias de dominación y de botín. Como el pensamiento de servir a Dios no entraba en los planes de estos pueblos, es natural que Dios castigue sus atropellos contra la justicia. Israel está a punto de desaparecer totalmente (desapareció ya su fuerza, y que no hay ya ni esclavo ni libre) bajo la mano exterminadora de sus enemigos, y por eso va a intervenir Yahvé para Castigar a sus Opresores.

Pero antes dirige una pregunta a Israel para que se haga cargo del origen de sus males: cuando llegó la hora del castigo, ¿donde están los dioses, la roca a que se acogían?. Yahvé quiere que saque lección de los terribles acontecimientos y reconozca la inutilidad y vanidad de los ídolos en que confiaba. De nada les han servido los numerosos sacrificios (las grasas de las víctimas…, el vino de las libaciones) ofrecidas a las divinidades de los gentiles. Sólo Yahvé dirige los acontecimientos de la historia y sólo El da la vida y la muerte.

Para asegurar que la venganza divina llegará sobre los opresores de Israel, Yahvé jura por su eterna vida, levantando su mano al cielo, como hacen los hombres al poner al Dios del cielo por testigo. La expresión es antropomórfica y refleja vigorosamente la decidida actitud de Yahvé en favor de su pueblo. Como un guerrero implacable afila la espada de su justicia para sembrar la mortandad entre los enemigos de Israel. En su mano está el juicio, o decisión judicial sobre la suerte de éstos, que recibirán su merecido. Y el poeta termina su anuncio de la intervención justiciera de Yahvé sobre los enemigos de Israel invitando a las gentes o naciones no israelitas a que se regocijen por haber sido vengada la sangre de sus siervos. Este acto justiciero de Yahvé tiene el valor de una expiación de la tierra y de su pueblo; es decir, un acto purificativo por todas las abominaciones y excesos que en la tierra de Yahvé se han cometido29. En los escritos proféticos es frecuente presentar la liberación de Israel de la cautividad babilónica como la gran revelación de Yahvé a los gentiles, a los que se invita a unirse con el pueblo elegido para participar de los bienes mesiánicos.

Deu 32:44 Vino Moisés y recitó todas las palabras de este cántico a oídos del pueblo, él y Josué hijo de Nun.

Deu 32:45 Y acabó Moisés de recitar todas estas palabras a todo Israel;

Deu 32:46 y les dijo: Aplicad vuestro corazón a todas las palabras que yo os testifico hoy, para que las mandéis a vuestros hijos, a fin de que cuiden de cumplir todas las palabras de esta ley.

Deu 32:47 Porque no os es cosa vana; es vuestra vida, y por medio de esta ley haréis prolongar vuestros días sobre la tierra adonde vais, pasando el Jordán, para tomar posesión de ella.

Moisés instó al pueblo a que meditara la Palabra de Dios y la enseñara a sus hijos. Puede colocar la Biblia en su estante de libros y dejar que se empolve, o puede hacerla parte vital de su vida al dedicar regularmente un tiempo para estudiarla. Cuando usted descubra la sabiduría del mensaje de Dios, querrá aplicarlo a su vida y transmitirlo a su familia y a los demás. La Biblia no es sólo una buena lectura, es ayuda real para la vida.

Terminada la recitación del cántico que el deuteronomista pone en boca del propio Moisés, el gran legislador invita solemnemente al pueblo al cumplimiento puntual de las prescripciones de la Ley como medio de asegurar la prolongación de la vida sobre la tierra. Las bendiciones terrenales de Yahvé están supeditadas a la fidelidad a sus preceptos.

Se le permite a Moisés contemplar la tierra de Canaán

Deu 32:48 Y habló Jehová a Moisés aquel mismo día, diciendo:

Deu 32:49 Sube a este monte de Abarim, al monte Nebo, situado en la tierra de Moab que está frente a Jericó, y mira la tierra de Canaán, que yo doy por heredad a los hijos de Israel;

Abarim significa «montaña de las fronteras»; una cadena montañosa donde el Nebo era la montaña más elevada.

Deu 32:50 y muere en el monte al cual subes, y sé unido a tu pueblo, así como murió Aarón tu hermano en el monte Hor, y fue unido a su pueblo;

Deu 32:51 por cuanto pecasteis contra mí en medio de los hijos de Israel en las aguas de Meriba de Cades, en el desierto de Zin; porque no me santificasteis en medio de los hijos de Israel.

Deu 32:52 Verás, por tanto, delante de ti la tierra; mas no entrarás allá, a la tierra que doy a los hijos de Israel.(G)

El cántico de Moisés, que anuncia la prevaricación de Israel y su duro castigo, a tenor de los vaticinios y amenazas consignados, viene a ser una confirmación de la sentencia del Apóstol de que las promesas de Dios son sin arrepentimiento. Sabe a quién las hace, y no le sorprende la infidelidad de su pueblo para que cambie de parecer. No por los méritos de Israel, sino por su misericordia, por amor a su nombre, hace esas promesas y no las cambia. Moisés sabía que Yahvé habría de cumplir sus promesas a pesar de las prevaricaciones reiteradas pasadas y futuras de Israel, y por indicación divina subió al monte Nebo para contemplar el panorama de la tierra de promisión. Desde su cima (el actual dgebel Neba, de 835 metros de altura) domina el valle del Jordán y gran parte de la tierra de Canaán. El libertador de Israel tuvo que contentarse con este espectáculo, sin poder pisar la tierra prometida en castigo de un misterioso pecado de desconfianza cometido en Cades. Como Aarón había dejado de existir misteriosamente sobre el monte Hor, aislado del pueblo, Moisés morirá en el monte Nebo a la vista de la tierra de las promesas. Así el esquema de la historia del gran profeta de Israel queda perfectamente enmarcado, dentro de los designios divinos, sobre el creador de la teocracia hebrea. El hagiógrafo, pues, destaca su misión providencial conforme a la panorámica teológica de su narración: el cometido de Moisés como libertador y conductor de su pueblo hacia la tierra de las promesas hechas a los patriarcas queda completamente cumplido, y así se cierra solemnemente el ciclo de su vida al final de la peregrinación por el desierto, para dejar el paso al que iba a ser el denodado conquistador de Canaán, Josué, el cual también cumplirá su ciclo histórico en conformidad con los designios divinos.

La invocación de los testigos

El cántico de Moisés está escrito en forma de una contienda legal, donde Jehová presenta el caso que él tiene contra su pueblo. Los cielos y la tierra son llamados como testigos del pacto. Los cielos y la tierra habían sido invocados como testigos de la renovación del pacto. Ahora Moisés una vez más apela a los cielos y la tierra como testigos contra Israel de que ellos reconocen que la apostasía traerá el castigo de Dios sobre la desobediencia de Israel. Esta apelación a los cielos y a la tierra también aparece en otros textos que siguen la forma de una contienda legal, principalmente en los textos donde Dios reclama acerca de la rebelión de su pueblo. Moisés invoca a los testigos del pacto a oír los dichos de mi boca. Moisés habla como el portavoz de Dios, pero la relación que existe entre Jehová y Moisés es tan íntima que en ciertos lugares es imposible saber definitivamente quién habla, si Moisés o Jehová.

Moisés compara su enseñanza con los beneficios que la lluvia y el rocío producen sobre la tierra. Estos símiles enfatizan que la palabra de Moisés debería penetrar en el corazón duro de Israel así como la lluvia y el rocío penetran en el suelo duro.

Moisés empieza su cántico hablando del carácter de Jehová y proclamando la gloria de su nombre. Proclamar la gloria del nombre de Dios era proclamar su reputación, su fidelidad y sus atributos . El también hace una invitación al pueblo a engrandecer el nombre de Jehová con él.

La fidelidad de Dios

Moisés declara que Jehová es la roca de Israel. Esta designación aparece y habla de la estabilidad, permanencia e inmutabilidad de Dios. La naturaleza del Dios de Israel, un Dios de amor y compasión, un Dios fiel y misericordioso, no cambia. Por cuanto la naturaleza de Dios no cambia, el pueblo de Israel encontrará en él el refugio para vivir su vida en un mundo que estaba constantemente cambiando. Por cuanto el Dios de Israel es un Dios que no cambia en su carácter, sus obras son perfectas y sus designios son justos. Dios es fiel y verdadero y en él no hay maldad. El es justo en su manera de tratar con el pueblo y recto en su conducta con Israel.

La presentación del carácter de Dios sirve para hacer un contraste con Israel, el pueblo relacionado con Jehová por medio del pacto. Los hijos no son como el padre, Israel no es como Dios. Dios no cambia, Israel sí había cambiado. La obra de Dios es perfecta, Israel se había corrompido. Ellos eran una generación torcida y perversa, y por esto habían abandonado el camino de Dios y destruido la relación especial que unía el pueblo a Dios. El AT presenta a Israel como el hijo de Dios, pero por su desobediencia Israel no estaba actuando como el hijo de un Dios justo y recto, sino que en su rebelión abandonaron la relación de padrehijo. La acción irresponsable de Israel era contraria al amor que Dios había demostrado hacia la nación como su Padre y Creador. La palabra heb. traducida Creador puede ser traducida de dos maneras. Primera, la palabra puede traducirse como “crear” en el sentido de hacer. Como Creador Dios hizo a Israel. Pero la misma palabra tiene un sentido de “comprar” “adquirir” (vea la nota en la RVA). Esta misma palabra aparece, donde la RVA traduce adquirido. En el contexto del cántico de Moisés, las palabras Creador y te hizo están relacionadas. Dios había redimido a Israel de la esclavitud de Egipto para hacer de ellos un pueblo especial.

Israel es invitado a considerar su pasado y la obra que Jehová había hecho en su historia. Israel es exhortado a preguntar del pasado glorioso de la nación a los padres y ancianos porque ellos tenían la responsabilidad de enseñar las tradiciones históricas y religiosas a sus hijos. En Israel las tradiciones del pasado eran transmitidas oralmente de padre a hijo. Los días antiguos se refieren a los tiempos más remotos de la historia de Israel, los días de la peregrinación de los patriarcas. Los antepasados de los israelitas habían presenciado los actos poderosos de Dios. La rebelión de Israel contra Jehová es incomprensible a la luz de la obra que él había hecho a favor de Israel.

El autor del cántico enumera lo que Dios había hecho en el pasado para hacer de Israel un pueblo especial en el presente. Primeramente, el destino de Israel como pueblo elegido empezó en los propósitos eternos de Dios cuando dio a cada nación su heredad. Dios aparece como el Altísimo (elyon). El Elyon, El Dios Altísimo es un epíteto que se usa en el AT para describir al Dios de Israel y enfatiza su carácter de Dios universal.

La ocasión cuando Dios dio heredad a las naciones y separó a los seres humanos (hijos del hombre o hijos de Adán) en sus diferentes naciones no es claro. Es posible que el autor aquí hace una referencia a la división de la humanidad después del diluvio. Cuando Dios separó a los seres humanos en sus naciones y dio a cada nación su territorio, él hizo según el número de los hijos de Israel. El significado de estas palabras no es claro y la traducción de la RVA no es segura. La lectura según el número de los hijos de Dios está de acuerdo con la Septuaginta, dos de los Rollos del Mar Muerto y el Pentateuco Samaritano. Aun cuando esta interpretación es preferible, el significado de estas palabras es difícil de entender. La mención de los hijos de Dios es una referencia al concilio divino donde los seres celestiales se reunían para hacer la voluntad de Dios. Según esta interpretación, el número de las naciones está relacionado con el número de los hijos de Dios o los ángeles. Esta interpretación está también relacionada con la concepción oriental de que cada nación tenía su ángel protector. Jehová ejerció su soberanía sobre las naciones dándole a cada una su heredadpero Israel era especial. Israel era la porción de Jehová porque él había escogido a Israel para sí mismo. Este privilegio enfatiza la centralidad de Israel en los planes eternos de Dios. Israel era un pueblo especial entre todas los pueblos.

La providencia de Dios

Esta sección habla de la experiencia de Israel en el desierto. Después de su salida de Egipto, Israel pasó 40 años en el desierto bajo la protección de Jehová. La protección divina durante los años de peregrinación se ilustra por medio de tres metáforas. La primera imagen es la del padre que cuida de su niña especial. Israel estaba solo en aquella tierra desértica, una región poblada de ruidos causados por los animales que vivían en el desierto y por los fuertes vientos que asolaban el área. Como un padre, Jehová rodeó a Israel con su protección y lo guardó como a la niña de su ojo.

La segunda imagen es la del águila que protege a sus polluelos y que agita su nidada para volar, pero que extiende sus alas de protección en su vuelo. La tercera imagen es la del pastor que cuida a su manada sin la colaboración de un ayudante. El énfasis aquí es que solamente Jehová, sin la ayuda de otros dioses, guió a Israel durante su peregrinación en el desierto. Por esta razón la ingratitud de Israel mencionada, es decepcionante.

Además, Jehová había dado a Israel una tierra especial. La expresión cabalgar sobre las alturas de la tierra significa la conquista de la tierra de Canaán y la superioridad del ejército de Israel. La recompensa de Israel en conquistar las naciones cananeas fue de comer el fruto de la tierra. Con la ayuda de Jehová la tierra árida de Canaán produjo en abundancia e Israel pudo gozar de la abundancia de la tierra prometida. La tierra de Basán era un territorio famoso por su ganado, por sus árboles y por sus pastos. Cuando las tribus de Rubén, Gad y la media tribu de Manasés miraron la fertilidad del territorio de Basán, decidieron quedarse en la región de Galaad.

La rebelión de Israel

La abundancia de la tierra prometida causaría que Israel se olvidara de la pobreza del desierto. Ellos también se olvidarían de quien había causado la prosperidad de la tierra. Jesurún se engordó con la abundancia de Canaán y dio coces, rechazando al Dios que había bendecido a la nación. El nombre Jesurún aparece aquí, como una forma poética para designar a Israel. Jesurún viene de una palabra en heb. que significa “justo”. Este nombre especial de Israel enfatiza que Israel es un pueblo especial, un pueblo santo, separado para el servicio y adoración de Jehová.

A pesar de la provisión de Dios en el desierto y de su bendición en la tierra prometida, Israel se engordó y como un animal no domesticado, dio coces. La lista de los pecados cometidos por Israel revela la extensión de la depravación del pueblo y explica la indignación de Jehová. Israel abandonó a su Creador, desdeñó la Roca que le había salvado, provocó el celo de Dios con la adoración de dioses extraños, causó la ira de Dios con sus abominaciones y ofreció sacrificios a los demonios. La palabra demonio es la designación usada para identificar a los espíritus que vivían en el desierto. La expresión a los demonios, no a Dios puede ser traducida “a los demonios, que no son dioses”. Los sacrificios de los israelitas fueron hechos a dioses que ellos conocieron después de entrar en Canaán, dioses que sus antepasados no habían adorado antes.

El pueblo de Israel abandonó a Jehová la Roca que lo procreó. Ellos se olvidaron del Dios que los hizo nacer. La palabra procreó significa “concebir”, “engendrar” y generalmente se usa para describir el acto de una mujer al concebir a un niño o niña. La imagen de Jehová como una madre que había engendrado a Israel revela que la existencia de Israel dependía completamente de la gracia y del amor divino.

La promesa del juicio

A la luz de la apostasía de Israel Jehová desdeñó a su pueblo. Abandonado por Israel Jehová abandona a su pueblo, esconde su rostro de ellos y declara el juicio que vendrá sobre la nación. Para Dios, esconder su rostro de Israel es quitar su protección, es remover su gracia y exponer a Israel a la devastación de la guerra y la ignominia del exilio.

La ira de Jehová vino sobre Israel porque él era un pueblo infiel, una generación dedicada al mal, un pueblo en quien no había fidelidad. Israel indignó a Jehová con sus vanidades. Jehová es un Dios celoso que no permite que su pueblo haga imágenes de otros dioses, ni permite que la dedicación de Israel sea dividida entre el Dios verdadero y los dioses que no existen. Israel había provocado a Jehová con sus ídolos, ahora Jehová provocaría a Israel con un pueblo que no era su pueblo. La palabra vanidades (heb. habel) significa algo que no tiene consistencia. Adorar a un ídolo es una vanidad porque los ídolos no son dioses, ellos no tienen existencia. No se menciona cuál es el pueblo que Dios usaría para provocar a Israel. La idea aquí es que el pueblo especial será castigado por una nación que Dios declara que no es su pueblo.

Israel sería consumido por el fuego ardiente de su ira. La ira divina llegaría hasta el Seol. La palabra Seol designa la morada de los muertos. Tan intenso sería el castigo de Israel que toda la tierra y aun las regiones debajo de la tierra serían afectadas. Jehová usó cinco representaciones para describir el furor de su ira y la severidad del juicio que vendría sobre Israel: hambre, fiebre, plagas, animales salvajes y espada. Es muy difícil de interpretar. Afuera en el campo de batalla, la espada mataría a los hijos. Adentro, en el hogar israelita, la espada mataría aquellos que no fueron a la batalla. La guerra no perdonaría a nadie. La espada del invasor mataría a los hombres y mujeres, a los niños y ancianos. Todas estas calamidades caerían sobre Israel por causa de su idolatría. La apostasía de Israel invoca las maldiciones del pacto mencionadas.

En medio del castigo y la aflicción de Israel Jehová, en un monólogo, refleja la situación de su pueblo. El texto es difícil de traducir al castellano. La traducción de la RVA sigue la LXX. Una mejor traducción seria: “Los quebrantaré.“ Haría cesar su memoria de entre los hombresi : La intención de Jehová era anonadar a su pueblo y hacer desaparecer la memoria de Israel de la faz de la tierra. Tener una memoria entre los hombres refleja el deseo de cada persona de que su nombre viva en el futuro por medio de sus hijos. La muerte de los hijos varones era la eliminación de la posibilidad de que el nombre de un hombre continuara en el futuro. Aun cuando el deseo de Jehová era deshacerse de su pueblo, él no deseaba que el enemigo atribuyera su victoria contra Israel al poder de su ejército.

La impotencia de los otros dioses

La razón por la cual el juicio de Dios vino sobre Israel es porque la nación no tuvo el conocimiento para entender su situación. Muchos autores creen que el pueblo mencionado es el enemigo mencionado. Pero la relación de su final parece indicar que el pueblo al cual le falta juicio es Israel. Dios había prometido dar a Israel la victoria contra sus enemigos, pero por causa de su pecado ellos serían derrotados en la batalla. Perseguir a mil y hacer huir a diez mil es símbolo de victoria en la batalla. Cuando Saúl y el ejército de Israel vinieron de la batalla, las mujeres israelitas los recibieron cantando y proclamando:

“¡Saúl derrotó a sus miles!

¡Y David a sus diez miles!”.

Pero Jehová había entregado a Israel en las manos de sus enemigos, por lo tanto, el pueblo no pudo prevalecer en la batalla.

Jehová, el Dios de Israel, era diferente de los dioses de las naciones y, según el autor del cántico, aun los enemigos de Israel reconocían esta verdad. Los dioses de las otras naciones también eran rocas para su pueblo, pero había una gran diferencia entre el Dios de Israel y los otros dioses. Los dioses de las naciones tenían su origen en la inmoralidad representada por las ciudades de Sodoma y Gomorra. La inmoralidad de las religiones de fertilidad, con sus orgías sexuales, produce uvas venenosas y racimos amargos, y aquellos que participan de los cultos inmorales están condenados a morir así como el que bebe el veneno de una serpiente.

Jehová conoce tanto la situación de su pueblo así como conoce la impotencia de los otros dioses y la inmoralidad de las naciones. Todo esto está guardado en los propósitos divinos, esperando el día de dar a cada uno lo que le corresponde. Venganza (heb. naqam) representa la vindicación de los propósitos divinos por la que Dios establece justicia en el mundo. A su debido tiempo, dentro de los propósitos eternales de Dios, él juzgará a cada uno según sus obras. Pablo cita esto para declarar que la idea de venganza personal es contraria a los propósitos de Dios.

El juicio divino sobre Israel es seguro, pero Jehová tendría misericordia de su pueblo. Cuando se agoten las fuerzas de Israel, Jehová se compadecerá de su pueblo. Cuando el pueblo esté abatido y se sienta desamparado, Jehová mismo retará a Israel a reconocer que los dioses que ellos adoraban eran impotentes para ayudarles en su angustia. Estos dioses, a quienes Israel sacrificaba y ofrecía libaciones, eran incapaces de socorrer al pueblo en su hora de necesidad. No podían servir de refugio ni proteger a Israel. Los dioses de las naciones no tenían el poder para salvar a Israel del castigo que Jehová había traído sobre su pueblo.

La vindicación de Jehová

En su hora de angustia Israel reconocería dos verdades simultáneamente: que Jehová era el único Dios, un Dios vivo y poderoso, y que los dioses de las naciones no existían. El Yo Soy hace una alusión al “Yo Soy”. Dios es el único Dios, vivo y verdadero. Israel reconocerá que solamente Jehová es el Dios de muerte y vida, el Dios que hiere y sana, el Dios poderoso y que de sus manos nadie puede escapar.

Para demostrar que lo que él decía era verdad, Jehová levanta sus manos al cielo y simbólicamente hace un juramento de que así como él vive eternamente, lo que dice es verdad. Este tipo de voto aparece en el AT y refleja el intento de una persona de tomar una decisión. Dios promete que con su espada afilada él ejecutará el juicio contra sus enemigos. La venganza divina es la vindicación de su justicia sobre aquellos que le aborrecen. Aborrecer a Dios es un lenguaje figurado usado para describir aquellos que rehúsan vivir bajo las demandas del pacto.

El cántico de Moisés termina con una exhortación a las naciones. La LXX y los Rollos de Mar Muerto tienen una lectura diferente de este versículo. Así como está en el texto heb., las naciones son llamadas a regocijarse porque Jehová viene para establecer juicio y vindicar a su pueblo. El juicio de Dios servirá para hacer expiación por la tierra y por el pueblo. La LXX y los Rollos del Mar Muerto tienen “cielos” en vez de naciones. Los mismos cielos que son llamados como testigos del pacto y del castigo que Jehová iba a traer sobre Israel son llamados una vez más para testificar de la salvación que Dios ofrece a Israel aun cuando un pueblo ingrato no merecía el amor del Dios, a quien ellos habían abandonado.

La presentación del cántico

Después de haber terminado de escribir su cántico, Moisés y Josué presentan las palabras del cántico a la congregación de Israel. El nombre de Josué aparece en heb. como Oseas. Moisés cambió el nombre de Oseas por Josué posiblemente en la ocasión de su selección como un líder en Israel. Este pasaje parece indicar que Moisés pronunció el cántico a Israel por segunda vez. Pero es mejor entenderlo como el mismo evento.

Moisés exhortó a Israel a aprender diligentemente las palabras del cántico y transmitir su contenido a las futuras generaciones de israelitas. Las palabras del cántico serían una exhortación a Israel a poner por obra las palabras de la ley. La palabra ley (heb. torah), la cual aparece diversas veces en Deuteronomio, significa la ley que aparece en este libro. La obediencia a la ley prolongaría la vida de Israel en la tierra de Canaán. La existencia de Israel dependía de su obediencia a la palabra de Jehová. La palabra de Dios no es vana. Los que obedecen a la palabra de Dios prolongan sus vidas porque ninguna persona vive solamente de la comida diaria, sino que el creyente vive de toda palabra que sale de la boca de Dios.

Instrucción final

Después de haber declarado la ley a Israel y después de haber enseñado su cántico al pueblo, Moisés recibe instrucciones acerca de su muerte. Jehová ordena a Moisés que suba al monte de Abarim, al monte Nebo, para mirar la extensión de la tierra que él iba a entregar a Israel como su herencia. Abarim era una cadena de montañas situada en Moab. Los montes Nebo y Pisga eran parte de esta cadena de montañas. Allí en el monte Moisés sería reunido con su pueblo. Esta expresión simplemente significa morir y ser reunido con los miembros de su familia en Seol, el lugar donde una persona iba después de muerto. Moisés iba a morir en un monte, así como murió Aarón su hermano mayor. Moisés iba a morir sin poder entrar en la tierra de Canaán. Por su desobediencia en Meriba, Moisés había menospreciado la santidad de Jehová en presencia de Israel. Por esta razón, él contemplaría la tierra prometida desde lejos sin poder cruzar el río Jordán con la nueva generación de israelitas.

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