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Isaías 64: El silencio de Jehová

Isaías 64:7 Y no hay quien invoque tu nombre, quien se despierte para asirse de ti; porque has escondido tu rostro de nosotros y nos has entregado al poder de nuestras iniquidades.

Isaías 64:8 Mas ahora, oh Señor, tú eres nuestro Padre, nosotros el barro, y tú nuestro alfarero; obra de tus manos somos todos nosotros.

Nosotros barro : Esta metáfora alude a la soberanía de Dios, que moldea a los individuos, a las naciones y la historia de la humanidad según su propósito.

Isaías 64:9 No te enojes en exceso, oh Señor, ni para siempre te acuerdes de la iniquidad; he aquí, mira, te rogamos, todos nosotros somos tu pueblo.

Isaías 64:10 Tus ciudades santas se han vuelto un desierto; Sion se ha convertido en un desierto, Jerusalén en una desolación.

Proféticamente hablando, Isaías describe como quedarían Jerusalén y el templo, desolados y en ruinas, cien años después del cautiverio.

Isaías 64:11 Nuestra casa santa y hermosa donde te alababan nuestros padres, ha sido quemada por el fuego y todas nuestras cosas preciosas se han convertido en ruinas.

Isaías 64:12 ¿Te contendrás ante estas cosas, oh Señor? ¿Guardarás silencio y nos afligirás sin medida?

¿Cómo pudo Dios permitir, en silencio, lo que ocurrió con Jerusalén y el templo? Expresa el asombro ante la pasividad de Dios, oculto en su santa morada, como si su silencio negara que alguna vez fue real algún pacto de amor entre Jehová y una familia del planeta: Israel.

Por eso, el profeta expresa su profundo anhelo de que por fin Dios desgarrara los cielos que impiden que sea visto por los seres humanos, y se hiciera visible descendiendo. Entonces su teofanía o manifestación visual sería tan imponente y conmocionaría el cosmos haciendo cosas que jamás se han visto ni escuchado, a favor de los que esperan en él.

El versículo 5, según una opinión muy aceptada en la crítica textual, también expresaría el deseo vehemente por que Dios saliera por fin al encuentro de aquellos de su pueblo que aún le toman en cuenta. El profeta expresa tal anhelo, aunque consciente de la indignidad del pueblo en general como para tener tal manifestación de Dios. Sin embargo, en los versículos 9 y 10 de nuevo apela al carácter paternal de Dios en su relación con su pueblo Israel.

Finalmente, en los versículos 10-12 el profeta apela a la dignidad de Dios y a la manifestación de su gloria a los demás pueblos. Termina con dos preguntas retóricas que resumen su intercesión: Con todo lo ocurrido, ¿vas a contenerte, oh Jehová? ¿Vas a callar y a afligirnos sin medida? [/private]

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