Inminencia de la destrucción de Babilonia
El profeta urge, en nombre de Yahvé, la salida a todos los que están deportados en Babilonia, porque se acercan los días de la invasión y destrucción de la gran metrópoli. Los israelitas, aleccionados por su Dios, deben dar el ejemplo y dejar inmediatamente la ciudad maldita, saliendo a la cabeza de los deportados de todas las naciones como los machos cabríos a la cabeza del ganado. El símil es expresivo y refleja bien la urgencia de partir. Los israelitas deben salir los primeros, porque han sido avisados antes que todos de la catástrofe que se aproxima. El ejército invasor está ya a la vista. Yahvé mismo escoge a los que han de castigar a la insolente Babilonia: voy a suscitar contra Babel un conglomerado de grandes naciones, el ejército combinado de Media y de Persia, acaudillado por Ciro, instrumento de la justicia divina, que cae de las montañas del norte (la cordillera que separa Persia de Mesopotamia) como una inundación, que todo lo anega y destruye. Sus arqueros son tan certeros que sus saetas no volverán de vacío, sin dar en el blanco. Los conquistadores harán presa de Caldea, emporio de riquezas, apropiándose hasta la saciedad de un inmenso botín.
Sin embargo, los caldeos siguen, inconscientes del peligro, entregados a los placeres, disfrutando del despojo de los pueblos vencidos y, sobre todo, de la heredad de Yahvé, Israel. La opulencia los ha embrutecido y no piensan sino en gozar de sus riquezas como las mismas bestias: aunque saltéis como novilla sobre la hierba y relinchéis como sementales. Pero la suerte trágica sobre los babilonios está echada, y su nación será humillada y avergonzada: grande será la confusión de vuestra madre.. Toda su riqueza y opulencia se trocará en desierto, aridez, estepa 9, y todos los pueblos harán befa de ella al contemplar sus ruinas. Después de anunciar la suerte trágica de los babilonios, Yahvé mismo exhorta a los invasores a cumplir bien su cometido de instrumentos punitivos de su justicia: Aprestaos contra Babel., cuantos tendéis el arco., no escatiméis las saetas: los futuros conquistadores de Babilonia deben ser celosos en el cumplimiento de su misión y no deben ahorrar esfuerzo en ello, porque Babilonia pecó contra Yahvé. Ha sido insolente en su orgullosa posición entre las naciones, sin pensar que en sus victorias no hacía sino cumplir los designios de Dios. Por eso ahora llega la venganza de Yahvé.
Los ejércitos invasores son a los ojos de Dios como “cruzados” o cumplidores de un designio punitivo divino sobre la arrogante metrópoli mesopotámica. Los conquistadores deben ser implacables en la destrucción, matando todas las fuentes de riquezas nacionales, entre ellas la agricultura: Exterminad de Babel al sembrador, al que empuña la hoz.. La desolación del campo es la ruina de la capital. Las frases son radicales y duras para expresar la magnitud de la catástrofe babilónica. Las gentes extranjeras huirán despavoridas ante la espada devastadora . La señal del ataque es la ocasión de la desbandada general de todo el abigarrado de poblaciones que vivían en el emporio de Babilonia hacia sus respectivos países nativos: cada uno se volverá a su pueblo.
Después de entrar Ciro en Babilonia se dieron las máximas facilidades para que todas las colonias de extranjeros que estaban exilados por la fuerza se reintegraran a sus tierras respectivas, entre ellas la de los judíos, dispersos por Mesopotamia después de la expatriación forzosa impuesta por Teglatfalasar III y Salmanasar V al ocupar el reino de Samaría, y más tarde por Nabucodoaosor al destruir la ciudad de Jerusalén.
