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Jeremías 50: Profecía sobre Babilonia

Jeremías 50:1  Palabra que el Señor habló acerca de Babilonia, la tierra de los caldeos, por medio del profeta Jeremías:

El otro profeta que habló contra Babilonia fue Isaías. En este extenso oráculo, Jeremías proclama el juicio contra Babilonia y la restauración del exiliado Israel.

En la plenitud de su poder, el Imperio Babilónico parecía inconmovible. Pero cuando dejó de ser útil a los propósitos de Dios para castigar a Judá por sus pecados, Dios la castigaría y la aplastaría por su cuenta. Los medos y los persas destruyeron Babilonia en 539 a.C.. En las Escrituras se usa a Babilonia como un símbolo de toda maldad. Este mensaje puede aplicarse por lo tanto al final de los tiempos cuando Dios borre el mal de una vez y para siempre.

Jeremías 50:2  Anunciadlo entre las naciones y hacedlo oír; levantad estandarte, hacedlo oír. No lo ocultéis, sino decid: «Ha sido tomada Babilonia, está avergonzado Bel, destrozado Merodac; han sido avergonzadas sus imágenes, destrozados sus ídolos.»

El primero de tres llamados dados para movilizar al pueblo contra Babilonia. Merodac (o Marduc): Máximo Dios de Babilonia; Bel : Pequeño Marduc. El término hebreo traducido como sus esculturas significa literalmente «pequeñas bolas de estiércol», una forma despectiva de referirse a los ídolos de naciones vecinas, preferida en especial por Ezequiel, quien la utiliza 40 veces.

Jeremías 50:3  Porque ha subido contra ella una nación del norte que hará de su tierra objeto de horror, y no habrá habitante en ella. Tanto hombres como animales habrán huido, se habrán ido.

La nación del norte eran los medos y los persas, una alianza que se convertiría en la próxima potencia mundial. Ciro tomó la ciudad de Babilonia por sorpresa y subyugó a la nación en 539 a.C.. Más tarde, otros reyes persas destruyeron por completo a la ciudad.

Jeremías 50:4  En aquellos días y en aquel tiempo–declara el Señor– vendrán los hijos de Israel, ellos junto con los hijos de Judá; vendrán andando y llorando, y al Señor su Dios buscarán.

Un mensaje de esperanza en favor del retorno y la restauración de Israel y Judá intercalado en el oráculo contra Babilonia.

Jeremías 50:5  Preguntarán por el camino de Sion, hacia donde volverán sus rostros; vendrán para unirse al Señor en un pacto eterno que no será olvidado.

Jeremías 50:6  Ovejas perdidas ha venido a ser mi pueblo; sus pastores las han descarriado, haciéndolas vagar por los montes; han andado de monte en collado y han olvidado su lugar de descanso.

Jeremías 50:7  Todos los que los hallaban, los devoraban; y sus enemigos han dicho: «No somos culpables, porque ellos han pecado contra el Señor, morada de justicia, el Señor, esperanza de sus padres.»

Jeremías 50:8  Huid de en medio de Babilonia, y salid de la tierra de los caldeos; sed como machos cabríos al frente del rebaño.

Jeremías 50:9  Porque he aquí, yo hago despertar y subir contra Babilonia una horda de grandes naciones de la tierra del norte, que se alinearán para la batalla contra ella; desde allí será llevada cautiva. Sus flechas serán como de diestro guerrero que no vuelve con las manos vacías.

Jeremías 50:10  Y Caldea se convertirá en botín; todos los que la saqueen se saciarán–declara el Señor.

Jeremías 50:11  Porque os alegráis, porque os regocijáis, saqueadores de mi heredad, porque saltáis como novilla trilladora y relincháis como caballos sementales,

Jeremías 50:12  vuestra madre se avergonzará en gran manera, será humillada la que os dio a luz. He aquí, será la última de las naciones: desierto, sequedal y yermo.

Jeremías 50:13  A causa del enojo del Señor, no será habitada, sino que estará desolada toda ella; todo el que pase por Babilonia se quedará atónito y silbará a causa de todas sus heridas.

Jeremías 50:14  Poneos en orden contra Babilonia en derredor, todos los que entesáis el arco; tirad contra ella, no escatiméis las flechas, porque ha pecado contra el Señor.

Jeremías 50:15  Alzad grito de guerra contra ella en derredor. Se ha rendido, caen sus columnas, son derribadas sus murallas. Porque esta es la venganza del Señor: tomad venganza de ella; como ella ha hecho, así haced con ella.

Jeremías 50:16  Exterminad de Babilonia al sembrador y al que maneja la hoz en tiempo de la siega; ante la espada opresora, cada uno volverá a su pueblo, cada uno huirá a su tierra.

Jeremías 50:17  Rebaño descarriado es Israel; los leones lo han ahuyentado. Primero lo devoró el rey de Asiria, y después Nabucodonosor, rey de Babilonia, quebró sus huesos.

Un segundo comentario acerca de la restauración de Israel, que incluye un perdón por los pecados de la gente. Dios castigaría a la malvada Babilonia como castigó a Asiria por lo que le hizo a Israel. Babilonia aplastó a Asiria, la que alguna vez gobernó a la primera. Babilonia a su vez la aplastarían los medos y los persas, a los que entonces gobernaba. Estos versículos también se adelantan al tiempo cuando el Mesías gobierne e Israel sea totalmente restaurada. No se encontrará pecado alguno en Israel debido a que todos los que busquen a Dios serán perdonados.

Jeremías 50:18  Por tanto, así dice el Señor de los ejércitos, el Dios de Israel: «He aquí, castigaré al rey de Babilonia y a su tierra, como castigué al rey de Asiria.

Jeremías 50:19  «Y volveré a traer a Israel a su pastizal, y pacerá en el Carmelo y en Basán, y se saciarán sus deseos en la región montañosa de Efraín y en Galaad.

Jeremías 50:20  «En aquellos días y en aquel tiempo»–declara el Señor–»se buscará la iniquidad de Israel, pero no habrá ninguna, y los pecados de Judá, pero no se hallarán; porque perdonaré a los que yo haya dejado como remanente.»

Jeremías 50:21  Sube contra la tierra de Merataim, contra ella y contra los habitantes de Pecod. Mátalos y destrúyelos–declara el Señor– y haz conforme a todo lo que te he ordenado.

Los profetas utilizan a menudo los juegos de palabras; aquí aparecen dos de ellos. Merataim («Tierra de la doble rebelión»): Un lugar al sur de Babilonia que procede del verbo hebreo «rebelarse». Pecod (castigo): Nombre de una tribu que procede del verbo hebreo «castigar». Merataim estaba localizada al sur de Babilonia y Pecod al este.

Jeremías 50:22  ¡Estruendo de guerra en el país, y gran destrucción!

Jeremías 50:23  ¡Cómo ha sido cortado y quebrado el martillo de toda la tierra! ¡Cómo se ha convertido Babilonia en objeto de horror entre las naciones!

Jeremías 50:24  Babilonia, te puse lazo, y fuiste atrapada, y tú no te diste cuenta; has sido sorprendida y apresada porque te pusiste a provocar al Señor.

Jeremías 50:25  El Señor ha abierto su arsenal y ha sacado las armas de su indignación, porque esta es obra del Señor, Dios de los ejércitos, en la tierra de los caldeos.

Jeremías 50:26  Venid contra ella desde los últimos confines; abrid sus graneros, convertidla en montones y destruidla por completo; que no le quede nada.

Jeremías 50:27  Pasad a espada todos sus novillos; que desciendan al matadero. ¡Ay de ellos, porque ha llegado su día, la hora de su castigo!

Jeremías 50:28  Se oye la voz de los fugitivos y evadidos de la tierra de Babilonia anunciando en Sion la venganza del Señor nuestro Dios, la venganza de su templo.

Jeremías 50:29  Reclutad arqueros contra Babilonia, a todos los que entesan el arco; acampad contra ella por todos lados, que no haya escape. Dadle el pago conforme a su obra; conforme a todo lo que ha hecho, así haced con ella; porque se ha vuelto insolente contra el Señor, contra el Santo de Israel.

Jeremías 50:30  Por tanto sus jóvenes caerán en sus calles, y todos sus hombres de guerra serán silenciados en aquel día–declara el Señor.

Jeremías 50:31  He aquí, estoy contra ti, arrogante, –declara el Señor, Dios de los ejércitos– porque ha llegado tu día, la hora en que te castigaré.

Jeremías 50:32  Y la arrogante tropezará y caerá sin que nadie la levante; y prenderé fuego a sus ciudades, el cual devorará todos sus alrededores.

El orgullo (soberbia) era un pecado característico de Babilonia. Surge cuando nos sentimos autosuficientes, o cuando pensamos que no necesitamos a Dios. Naciones o personas soberbias, sin embargo, fracasarán a la larga debido a que se niegan a reconocer a Dios como el poder supremo. Deshacerse del orgullo no es fácil, pero podemos admitirlo y pedir a Dios que nos perdone y ayude a luchar en contra de él. Para el orgullo, el mejor antídoto es centrar la atención en la grandeza y bondad de Dios.

Jeremías 50:33  Así dice el Señor de los ejércitos: Oprimidos están los hijos de Israel y los hijos de Judá a una; todos los que los tomaron cautivos los han retenido, se han negado a soltarlos.

Se asegura que el redentor de Israel es el Fuerte y liberará a su pueblo.

Jeremías 50:34  Pero su Redentor es fuerte, el Señor de los ejércitos es su nombre; defenderá su causa con energía para traer reposo a la tierra y turbación a los habitantes de Babilonia.

Jeremías 50:35  Espada contra los caldeos–declara el Señor– y contra los habitantes de Babilonia, contra sus oficiales y sus sabios.

El oráculo de una espada contra los caldeos; el reverso de su papel en Ezequiel 21, donde Babilonia es la espada.

Jeremías 50:36  Espada contra los impostores, y se volverán necios. Espada contra sus valientes, y serán destrozados.

Jeremías 50:37  Espada contra sus caballos y contra sus carros, y contra todos los extranjeros que están en medio de ella, y serán como mujeres. Espada contra sus tesoros, y serán saqueados.

Jeremías 50:38  Sequía sobre sus aguas, y se secarán; porque es una tierra de ídolos, y se vuelven locos por sus horribles ídolos.

Babilonia se secará como un desierto, y allí vivirán sólo los animales salvajes.

Jeremías 50:39  Por tanto, allí vivirán las fieras del desierto junto con las hienas, también vivirán avestruces en ella; nunca más será habitada ni poblada por generación y generación.

Babilonia permanece hasta la fecha como un yermo.

Jeremías 50:40  Como cuando Dios destruyó a Sodoma, a Gomorra y a sus ciudades vecinas–declara el Señor– ningún hombre habitará allí, ni residirá en ella hijo de hombre.

Jeremías 50:41  He aquí, un pueblo viene del norte, una gran nación, y muchos reyes se levantarán de los confines de la tierra.

Babilonia, que antes era el temido enemigo del norte, ahora se halla bajo otro peligro que también proviene de allí. Dirigidos aquí al rey de Babilonia, los versículos 41-43 repiten con poca variación, donde se habla a la hija de Sion. Los versículos 44-46, dirigidos a los caldeos, repiten, donde se habla a Edom.

Jeremías 50:42  Empuñan arco y jabalina; son crueles y no tienen misericordia. Su voz ruge como el mar, y a caballo van montados, alineados como un solo hombre para la batalla contra ti, hija de Babilonia.

Jeremías 50:43  Ha oído el rey de Babilonia noticias de ellos, y flaquean sus manos; la angustia se ha apoderado de él, agonía como de muJeremías de parto.

Jeremías 50:44  He aquí que uno subirá como león de la espesura del Jordán a un pastizal de perenne verdor, y en un instante le haré huir de él, y al que sea escogido nombraré sobre él. Porque ¿quién es como yo y quién me citará a juicio? ¿Quién es el pastor que me podrá resistir?

El invasor fue Ciro, quien atacó Babilonia por sorpresa y la derrotó. El mundo se estremeció porque su más grande imperio cayó de repente. Ninguna cantidad de poder terrenal puede permanecer para siempre.

Jeremías 50:45  Por tanto, oíd el plan que el Señor ha trazado contra Babilonia, y los designios que ha decretado contra la tierra de los caldeos; ciertamente los arrastrarán, aun a los más pequeños del rebaño; ciertamente a causa de ellos hará una desolación de su pastizal.

Jeremías 50:46  Al grito de ¡Babilonia ha sido tomada!, la tierra tiembla y el clamor se oye entre las naciones.

Oráculo Contra Babilonia.

En estilo dramático y entrecortado, el profeta anuncia el castigo de la opresora Babilonia. Todos los pueblos son invitados a caer sobre ella en la medida que fueron oprimidos por su omnipotente fuerza. Los críticos creen que esta profecía contra Babilonia tiene un marcado carácter compilatorio. Se repiten los temas, lo que hace pensar en una serie de oráculos contra Babilonia ensamblados por un redactor posterior a Jeremías.

Anuncio de la caída de Babilonia

Babilonia era la gran opresora de todos los pueblos del Antiguo Oriente, digna sucesora de la insoportable Asiría. Por eso la caída de Babilonia suscita una alegría incontenible en todos los corazones oprimidos. Nabucodonosor había sido elegido como instrumento de la justicia de Yahvé, pero se había excedido en su cometido, y, sobre todo, se había considerado como omnipotente, sin consideración para con el Dios de Israel, que le había dado la victoria. Por eso la justicia divina exigía también el castigo del insolente babilonio. Ningún pueblo se substrae al poder de Yahvé. Todos han tenido que beber la copa de la cólera divina, y la gran opresora Babilonia no iba a quedar exceptuada.

El profeta anuncia, alborozado, la caída de la común opresora: alzad bandera. Todos los pueblos oprimidos deben alegrarse ante tan magna nueva. Es la hora de la liberación. Y, sobre todo, para los monoteístas israelitas era la hora de la derrota de los supuestos Dioses babilonios. Los caldeos creían que, por el hecho de haber sometido a otros pueblos, sus Dioses eran superiores, y se habían atrevido a ponerlos por encima del Dios de Israel, Señor de los mundos y de los reinos de la tierra. Pero ahora, con la derrota de Babilonia, ha quedado avergonzado Bel, vencido Marduk. Bel aquí es sinónimo de Marduk. El nombre de Bel, o “Señor,” lo habían aplicado primero los semitas al Dios sumerio Emlil, adorado en Nippur. Cuando Babilonia llegó a ser la capital de Mesopotamia, su Dios principal, Marduk, fue llamado Bel, o Señor por excelencia. El nombre de Bel equivale al Baal de los cananeos, con el mismo sentido sustancial. Con la caída de Babilonia, sus ídolos han demostrado su total impotencia para salvar a su pueblo de la ruina; por eso han sido confundidos y abatidos.

Yahvé hará que venga un pueblo procedente del septentrión que convertirá su tierra en soledad. Para los israelitas, los invasores siempre habían llegado del norte (asirios y babilonios); por eso el nombre de septentrión tenía, para ellos algo de recuerdo fatídico. Pero también para Babilonia el septentrión significará el camino de la desolación y de la ruina, pues de las montañas septentrionales de Mesopotamia surgirán los nuevos invasores, los medo-persas, bajo la dirección del gran caudillo Ciro. La invasión del conquistador persa no fue en realidad a sangre y fuego, como solían ser las de los asirios y babilonios. Ciro mostró un gran talento diplomático con los pueblos vencidos, ahorrándose todas las posibles humillaciones y desgracias. Pero el profeta, al describir la invasión medo-persa, lo hace según los módulos tradicionales en las conquistas de los antiguos vencedores: desolación y muerte por doquier. Es una indicación más en favor de la autenticidad jeremiana del fragmento, ya que, si estuviera compuesto por un autor posterior a la toma de Babilonia por Ciro (538), habría evitado descripciones que no estuvieran en consonancia con los hechos reales. Ya hemos indicado en otras ocasiones cómo los profetas conocen la sustancia del hecho futuro revelado por Dios, pero generalmente no las circunstancias concretas de su cumplimiento. De ahí que en sus descripciones generalicen e idealicen las situaciones futuras conforme a concepciones tradicionales adaptables a la expectación del ambiente. No obstante, podemos decir que, según Herodoto, Babilonia fue desmantelada bajo Darío I y destruida bajo Jerjes, terminando por ser abandonada y reducida a un gran desierto.

Arrepentimiento de los israelitas

La caída de Babilonia significará para los exilados israelitas la liberación. De nuevo las doce tribus, los hijos de Israel., los hijos de Judá, se unirán para constituir la nueva y única nación de Yahvé. El fragmento está inspirado en oráculos anteriores. Los repatriados seguirán su camino llorando con lágrimas de arrepentimiento por el pasado pecador de su pueblo, causa de la tragedia de la nación, y llenos de indecible alegría ante la perspectiva de la liberación y restauración nacional. Todas sus ilusiones se dirigirán a buscar a Yahvé, su Dios. Amos había anunciado que los que quedaran de la catástrofe andarían por los montes hambrientos de la “palabra de Yahvé.”Después de tantos desvarios reconocerán que su Dios debe ser el único centro de sus corazones. Los repatriados preguntarán por el camino de Sión. Los años del exilio les habían hecho sentir la nostalgia de Sión, la morada tradicional del Dios de sus antepasados. Por eso, cuando llega la hora del retorno, no tienen otra obsesión que volver a Jerusalén, centro de sus aspiraciones espirituales y nacionales. Desengañados con el pan amargo del destierro, se proponen emprender vida nueva, haciendo un nuevo pacto con Yahvé: Liguémonos con Yahvé con pacto eterno, que no se olvide jamás. El pacto del Sinaí había sido quebrantado por sus padres, y era hora de echar las bases de una nueva teocracia. En estas palabras animosas de los repatriados se echa de ver la ilusión de los tiempos mesiánicos, señuelo de sus corazones. Varios profetas anteriores habían hablado de un nuevo pacto entre el Israel rescatado y Yahvé 5. Según Jeremias 31:33, la nueva Ley sería escrita en los “corazones,” de modo que su obligatoriedad provendrá no de la coacción externa, sino del anhelo íntimo del nuevo ciudadano de Israel.

Esta actitud de conversión en el pueblo le hace recordar al profeta la tragedia de su pueblo, que ha sido como un rebaño descarriado. por sus falsos pastores (reyes, sacerdotes y falsos profetas), los cuales, en vez de urgir el cumplimiento de la Ley y de las obligaciones ético-religiosas para con su Dios, le hicieron vagar por los montes., adorando a los ídolos en los lugares altos y olvidándose de su aprisco, es decir, del templo de Jerusalén, síntesis de la verdad religiosa de Israel. Consecuencia de estos extravíos fue que el pueblo elegido se halló indefenso ante los ataques de sus enemigos, que impunemente le atacaron. Y el profeta pone en boca de ellos consideraciones teológicas que justifican el mal trato que dieron al pueblo israelita: no hay delito., han pecado contra Yahvé, sede de justicia y esperanza de sus padres. Ellos se consideraban así como instrumentos de la justicia divina de Yahvé, abandonado de sus fieles, cuando en realidad era la esperanza de sus padres, es decir, Yahvé les había hecho promesa de felicidad y prosperidad a condición de que le fueran fieles a la alianza sinaítica.

Inminencia de la destrucción de Babilonia

El profeta urge, en nombre de Yahvé, la salida a todos los que están deportados en Babilonia, porque se acercan los días de la invasión y destrucción de la gran metrópoli. Los israelitas, aleccionados por su Dios, deben dar el ejemplo y dejar inmediatamente la ciudad maldita, saliendo a la cabeza de los deportados de todas las naciones como los machos cabríos a la cabeza del ganado. El símil es expresivo y refleja bien la urgencia de partir. Los israelitas deben salir los primeros, porque han sido avisados antes que todos de la catástrofe que se aproxima. El ejército invasor está ya a la vista. Yahvé mismo escoge a los que han de castigar a la insolente Babilonia: voy a suscitar contra Babel un conglomerado de grandes naciones, el ejército combinado de Media y de Persia, acaudillado por Ciro, instrumento de la justicia divina, que cae de las montañas del norte (la cordillera que separa Persia de Mesopotamia) como una inundación, que todo lo anega y destruye. Sus arqueros son tan certeros que sus saetas no volverán de vacío, sin dar en el blanco. Los conquistadores harán presa de Caldea, emporio de riquezas, apropiándose hasta la saciedad de un inmenso botín.

Sin embargo, los caldeos siguen, inconscientes del peligro, entregados a los placeres, disfrutando del despojo de los pueblos vencidos y, sobre todo, de la heredad de Yahvé, Israel. La opulencia los ha embrutecido y no piensan sino en gozar de sus riquezas como las mismas bestias: aunque saltéis como novilla sobre la hierba y relinchéis como sementales. Pero la suerte trágica sobre los babilonios está echada, y su nación será humillada y avergonzada: grande será la confusión de vuestra madre.. Toda su riqueza y opulencia se trocará en desierto, aridez, estepa 9, y todos los pueblos harán befa de ella al contemplar sus ruinas. Después de anunciar la suerte trágica de los babilonios, Yahvé mismo exhorta a los invasores a cumplir bien su cometido de instrumentos punitivos de su justicia: Aprestaos contra Babel., cuantos tendéis el arco., no escatiméis las saetas: los futuros conquistadores de Babilonia deben ser celosos en el cumplimiento de su misión y no deben ahorrar esfuerzo en ello, porque Babilonia pecó contra Yahvé. Ha sido insolente en su orgullosa posición entre las naciones, sin pensar que en sus victorias no hacía sino cumplir los designios de Dios. Por eso ahora llega la venganza de Yahvé.

Los ejércitos invasores son a los ojos de Dios como “cruzados” o cumplidores de un designio punitivo divino sobre la arrogante metrópoli mesopotámica. Los conquistadores deben ser implacables en la destrucción, matando todas las fuentes de riquezas nacionales, entre ellas la agricultura: Exterminad de Babel al sembrador, al que empuña la hoz.. La desolación del campo  es la ruina de la capital. Las frases son radicales y duras para expresar la magnitud de la catástrofe babilónica. Las gentes extranjeras huirán despavoridas ante la espada devastadora . La señal del ataque es la ocasión de la desbandada general de todo el abigarrado de poblaciones que vivían en el emporio de Babilonia hacia sus respectivos países nativos: cada uno se volverá a su pueblo.

Después de entrar Ciro en Babilonia se dieron las máximas facilidades para que todas las colonias de extranjeros que estaban exilados por la fuerza se reintegraran a sus tierras respectivas, entre ellas la de los judíos, dispersos por Mesopotamia después de la expatriación forzosa impuesta por Teglatfalasar III y Salmanasar V al ocupar el reino de Samaría, y más tarde por Nabucodoaosor al destruir la ciudad de Jerusalén.

Reintegración de Israel a su tierra

La atención del profeta se dirige hacia su pueblo Israel, que ha sido tratado como una oveja dispersa, indefensa ante los leones que la dispersaron. Primero los insoportables monarcas asirios Teglatfalasar III, Salmanasar V y Sargón, destruyeron el reino del norte, ocupando a Samaría, su capital; y después Nabucodonosor le quebró los huesos a Judá, deshaciendo su vida nacional. La toma de Jerusalén por los caldeos en 586 señala el fin de la vida de Israel como colectividad nacional. Pero Yahvé no puede dejar impunes a los expoliadores de su pueblo. El imperio asirio había desaparecido (en el 612 cayó Nínive), y a Babilonia le está reservada la misma suerte. Dios los había escogido como instrumento de la justicia purificadora para hacer volver al buen camino a su pueblo. Pasada la hora del castigo, vendrá la de la rehabilitación. Sobre Israel existen unas promesas de salvación, y Yahvé las cumplirá. Nunca en sus designios ha querido destruir totalmente a su pueblo; por eso ahora renueva la promesa de la restauración de Israel como pueblo: Haré volver a Israel a sus pastizales.. El pueblo elegido había corrido disperso fuera de la órbita de la protección divina en justo castigo por sus pecados, pero llega la hora de que la oveja descarriada vuelva a sus pastizales, a encontrarse en la tierra que desde antiguo les había dado Yahvé en heredad, desalojando a los cananeos. Bajo la égida protectora de Yahvé, Israel volverá a conocer días venturosos de prosperidad en los ricos pastizales del Carmelo y de Basan, territorios famosos por sus ricos pastos, y en las ricas regiones de Efraím (parte central de Palestina) y de Galaad, en TransJordania. La mención de todos estos lugares insinúa que Israel volverá a formar una nueva nación con todas sus tribus, desapareciendo la tradicional separación habida después de la muerte de Salomón. Y, sobre todo, ese nuevo Israel será muy distinto del histórico anterior al exilio. La prueba tremenda de la abandonado de su Dios, sintiera nostalgias de El.cautividad ha servido para que Israel, Por eso, en la nueva teocracia (en aquellos días. de la plena rehabilitación de Israel en los tiempos mesiánicos) se verá libre de las tradicionales lacras, en tal forma que se buscara la iniquidad en Israel y no se hallará. Es la realización plena de la nueva alianza con las leyes escritas en el corazón. La nueva comunidad israelita vivirá del conocimiento y del amor de su Dios. Por ello, Yahvé se manifestará en toda su magnanimidad: seré propicio a los que queden, es decir, el resto salvado de Israel, núcleo de restauración en los tiempos mesiánicos. Para entrar en la nueva fase teocrática es preciso una amplia amnistía de los pecados del pueblo israelita. De nuevo nos encontramos ante entusiastas idealizaciones proféticas: la nueva comunidad será sin mancilla, viviendo íntegramente de la Ley de Dios. Históricamente, la realización de esto se da inicialmente en la Iglesia (Israel espiritual) y plenamente en la etapa definitiva mesiánica celeste, hacia la que converge este primer estadio histórico de la Iglesia militante.

Exhortación a los enemigos de Babilonia para. marchar contra ella

De nuevo una urgente invitación a los invasores para que cumplan los designios punitivos de Yahvé. El profeta escoge dos nombres para designar Babilonia en consonancia con su pasado y su castigo: Meratayim se suele identificar con Nar Narratu (“río amargo”), la región pantanosa entre el delta formado por el Tigris y el Eufrates. Transcrito en hebreo, Meratayim significa “doble rebelión,” alusión a la insolencia de Babilonia contra Yahvé. El profeta ha escogido este nombre aplicado a Babilonia para establecer una paranomasia en consonancia con el pecado específico de Babilonia. Pecod es el Pukudu de los textos babilónicos, y designa una tribu aramea establecida en el extremo oriental de Babilonia. En hebreo, su nombre juega con la palabra paqad, que significa “visitar” con designios punitivos. Así, pues, se aludiría en este juego de palabras al “castigo” que le espera a Babilonia. Ha llegado la hora del exterminio contra la impía ciudad, y los conquistadores deben cumplir fielmente su cometido: haz cuanto te he mandado. El cumplimiento de la orden ya está en marcha: Estruendo de guerra en la tierra.; es el eco de los gritos de los vencedores, que siembran por doquier una inmensa ruina. De nuevo tenemos que hacer recalcar que estas descripciones proféticas son ideales, conforme al clisé tradicional de las invasiones, que solían llevar consigo la destrucción y la ruina por doquier. En realidad sabemos que las tropas de Ciro no sembraron la desolación al entrar en Babilonia, pero el hecho de la derrota total de la ciudad permanece a través de estas descripciones hiperbólicas y radicales.

También la tremenda frase puesta en boca de Yahvé, mata a espada y extermínalos, hay que entenderla en el contexto del profeta; es la justicia divina la que se va a manifestar en toda su magnitud; los conquistadores son meros ejecutores de dicha justicia de Yahvé, y conforme a las leyes de guerra de la época se predica el exterminio o jérem (anatema), es decir, la aniquilación de todo como consagración al Dios de los ejércitos, de forma que nada quede para el vencedor. Nuestra sensibilidad cristiana se horroriza ante estas tremendas leyes de exterminio, pero una vez más debemos recordar que la moral del A.T. es muy inferior a la del ?. ?., y que, por otra parte, los profetas, poseídos de la idea de la justicia vengadora de Yahvé, recargan los colores en sus descripciones para impresionar más en el auditorio, cómo lo hacen al encarecer la misericordia divina. Siempre nos encontramos con el radicalismo de expresión de los escritores orientales, que no tienen tintas medias, sino que lo que nosotros vemos como gris, ellos lo presentan como negro o blanco. Hablan para gentes de imaginación ardiente, que sistemáticamente recortan la mitad de la mitad del contenido ideológico expresado, y, por tanto, en este supuesto, es necesario recargar el cuadro en función de una idea que ciertamente ha de quedar en la práctica muy diluida.

El cumplimiento de la orden de destrucción le sugiere al profeta un canto elegiaco teñido de ironía sobre el vencido: ¿cómo ha sido roto en pedazos el martillo de toda la tierra? . Yahvé se había servido de Babilonia como de un martillo para abatir a otros pueblos pecadores, entre ellos Israel; pero ahora ese martillo, que parecía de hierro, ha sido roto en pedazos en manos de la justicia vengadora divina, que actúa también como un martillo sobre su anterior instrumento punitivo de los pueblos. Es la visión teológica de la historia en los profetas: Yahvé dirige el curso de la historia de todas las naciones y pide cuenta de sus acciones y desvarios. Babilonia se ha convertido en horror entre las gentes, pues todos los pueblos la considerarán como una ciudad maldita de Dios, que la destinó a la ruina. Babilonia, orgullosa en su opulencia, se creía a resguardo de todo peligro, y por eso no se daba cuenta que en su vida había gérmenes de destrucción y de muerte; de ahí que vivía totalmente despreocupada, sin darse cuenta que Yahvé le ha tendido la red, quedando presa como un animal cogido con lazos. Según Herodoto, cuando las tropas de Ciro habían tomado una parte de Babilonia, los de la otra parte, despreocupados, no se habían dado cuenta de ello. El profeta ve en todo esto los designios secretos de Yahvé, que, como un soberano equipado para la guerra, llegado el momento, abrió sus arsenales., sacando las armas de su cólera. Los instrumentos de Yahvé en esta gran cruzada contra el tirano babilónico son las naciones que, federadas bajo Ciro, caen sobre Babilonia 23, pues Yahvé tenia un quehacer en la tierra de los caldeos: manifestar su justicia vengadora sobre un pueblo insolente y opresor. Por eso, enfáticamente invita a sus instrumentos de justicia a hacer presa en las riquezas inmensas de la nación vencida, enriquecida contra toda justicia: Venid desde los confines de la tierra., abrid sus graneros, haced de ella montones de gavillas y destruid. Nada debe quedar para la antigua nación opresora. Es la ley del jérem, o de la consagración al exterminio, del Deu_13:10s. Y entre las víctimas de esta hecatombe no deben faltar los toros, probable alusión a los guerreros babilonios vencidos. Todos están destinados al matadero. Es su día, el tiempo de su castigo. Cumplida la sentencia de exterminio, el profeta refleja nerviosamente la nueva de la catástrofe traída por los fugitivos, y entre ellos los israelitas, que anuncian en Sión la venganza de Yahvé. Es el triunfo de la justicia divina sobre la nación opresora, y por eso el momento de la alegría para los rescatados de la esclavitud.

Nueva Invitación a atacar a Babilonia

Babilonia es condenada por su arrogancia y opresión sobre otros pueblos. Yahvé convoca a los arqueros persas, dirigidos por Ciro, para que pongan cerco a la ciudad opresora e insolente. Babilonia no ha querido limitarse a ser instrumento de la justicia de Yahvé, y se ha atrevido a profanar el santuario de Yahvé, destruyendo totalmente al pueblo elegido: se irguió contra Yahvé. Por eso está decretada su destrucción, con la hecatombe de sus jóvenes y de sus guerreros. Babilonia ha atentado contra el Santo de Israel, expresión rara en Jeremías y característica de Isaías. Yahvé, al ser santo, es inaccesible, trascendente a todo lo profano y pecaminoso y, por tanto, intransigente con toda transgresión e iniquidad. Por eso debe castigar la insolencia de Babilonia, que ha mancillado el templo santo de Jerusalén y ha querido exterminar al pueblo santo de Israel, sellado con la elección divina. Yahvé, como Santo, debe vengar los atropellos cometidos contra su soberanía y contra la santidad de su pueblo.

Por eso sale al paso de la arrogancia de Babilonia: Heme aquí, insolente.; ha llegado tu día. Sobre todas las iniquidades de Babilonia hay una que permanece continuamente ante los ojos de Yahvé; es la opresión de su pueblo. Esto está exigiendo venganza, ya que Babilonia se obstina en mantenerlos en la opresión. como esclavos. En Mesopotamia están aún cautivos los hijos de Israel (el reino del norte, cuyos habitantes fueron deportados por los asirios en el siglo VIII), y los hijos de Judá, o reino del sur, deportados por las tropas de Nabucodonosor. Pero el pueblo escogido tiene un precioso valedor o Redentor, que es fuerte, y garantía de su poder es su nombre único de Yahvé de los ejércitos. Israel era la heredad de Yahvé; por tanto, a Yahvé le correspondía defender los derechos de su pueblo como go›el o defensor familiar. Sobre todo, en la opresión de Israel estaba comprometido el honor y la majestad de su Dios. Nadie tenía verdadero poder sobre el pueblo israelita sino Yahvé, que lo había rescatado de Egipto y lo había formado como colectividad nacional. Yahvé, pues, celoso de sus derechos (el Santo de Israel), debe salir por los fueros de su pupilo y defender su causa para dar reposo a la tierra. La venganza sobre Babilonia debía traer como consecuencia la vindicación de los derechos del pueblo israelita, oprimido, y la liberación de los otros pueblos esclavizados. Con la desaparición de la nación opresora, las demás naciones de la tierra encontrarían reposo, pues no tendrán que temer el yugo opresor. La derrota de Babilonia traerá el alivio a los demás pueblos, mientras que será ocasión de confusión para los habitantes de Babilonia, orgullosos de su poderío sobre los demás pueblos.

Los versículo 35-38 constituyen el llamado “canto de la espada.” Con estilo dramático y entrecortado, el profeta anuncia la guerra contra la nación babilónica en todas sus manifestaciones sociales. Nadie ni nada podrá salvarse de la espada de Yahvé enviada para castigarla. En primer lugar caerán los más responsables: grandes y sabios, la clase alta de la sociedad, que se manifestaba más insolente con los pueblos vencidos. Entre ellos están los adivinos o astrólogos, tan numerosos en Babilonia. Toda la vida de los hombres y de la nación dependía, según ellos, del curso de los astros; pero de nada les valdrán sus cálculos, pues a la hora del castigo serán tenidos por necios. Incluso los famosos guerreros desfallecerán como mujeres, llenos de miedo. Y todo el aparato guerrero de caballos y carros, orgullo de la nación y espanto de los pueblos vencidos, no servirá para nada cuando llegue la hora de la espada de Yahvé.

Las mismas tropas mercenarias temblarán como mujeres. De nada les servirá su veteranía en la profesión de las armas, porque vendrá otro ejército más aguerrido, manejado, como espada, por el mismo Yahvé. Y la guerra, en su plena manifestación, dará un golpe de gracia a toda la riqueza agraria babilónica, basada en las canalizaciones del Tigris y del Eufrates: espada contra sus aguas. Todas las obras de regadío desaparecerán bajo el golpe de la guerra, de la “espada” enviada por Yahvé. Con ello vendrá la sequía y la miseria de la nación. De hecho no sabemos que los persas, al entrar, se hayan ensañado contra las maravillosas obras de ingeniería de canalización de los mesopotámicos. Pero el profeta idealiza la situación conforme a los tradicionales cuadros de invasión, que trae como consecuencia la destrucción de las naciones vencidas con todas sus riquezas y recursos naturales.

Yahvé castiga a Babilonia por su arrogancia, pero también por su exagerada idolatría: porque es tierra de ídolos. Para los israelitas, los simulacros de sus Dioses son meros espantajos, y no comprenden que se gloríen de ellos. Por eso, Yahvé ha decretado su destrucción. Los versículo 39-40 imitan Isaias 13:19-22, y el versículo 40 es idéntico a Jeremias 49:18. Todo esto nos hace pensar en el carácter redaccional artificial de varios pasajes de este capítulo, que tiene el aire de una compilación de pequeños poemas reunidos por un redactor posterior. Babilonia, según las imágenes tradicionales de los profetas, quedará convertida en ruinas, morada de los chacales y avestruces, siendo deshabitada por los siglos. La profecía se cumplió materialmente, ya que hoy día la antigua ciudad no es sino un montón informe de ruinas, con un puro valor arqueológico para los eruditos. Su destino ha sido, en este sentido, similar al de Sodoma y Gomorra, las dos ciudades tradicionalmente malditas en la historia bíblica: no morará en ellas hijo de hombre. La frase tiene un valor profético altísimo teniendo en cuenta que, cuando fue proferido el oráculo, Babilonia, con su millón de habitantes, era el emporio comercial del mundo conocido.

La invasión, inminente

Los versículos 41-43 son una reproducción Deuteronomio 6:22-24, aplicados al caso de Babilonia. Todo esto prueba el carácter antológico de esta sección. Igualmente, los versículo 44-46 son una reproducción del oráculo contra Edom, sustituyendo el nombre de esta nación por el de Babilonia. Véase el comentario en dicho pasaje relativo a Edom, ya que el sentido es el mismo, y sus símiles idénticos.

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