3. Dios tiene compasión de los habitantes de la ciudad.
4. Dios persiste en amar y perdonar a las personas de las ciudadesx.Dios nos llama a unirnos con él en su búsqueda de las personas que viven en las ciudades. ¿Quiere juntarse con él en este gran esfuerzo?
Liberación de la muerte
Los hebreos no estaban acostumbrados a navegar, por eso el mar representaba un lugar de peligro mortal para ellosx. El profeta no solamente se sentía en el fondo del mar sino a la base de las montañas. Para muchos hebreos el destierro en Babilonia era así; pensaban que nunca volverían a ver su tierra. El regreso a Palestina era como salir de la tumba. Su oración es un testimonio de que Dios efectivamente escucha las oraciones de la persona angustiada.
El culto falso y el culto verdadero
El profeta hace el contraste entre los que abandonan su fe para adorar ídolos, vanidades ilusorias, y los que adoran al Dios verdadero. A pesar de su desobediencia Jonás nunca dejó de creer en Dios o de reconocer que era el único Dios creador de todo. Como en otros lugares de la Biblia se manifiesta que el culto a ídolos no es solamente falso sino vano. Jonás termina su oración con la confianza de que un día va a ofrecer sus sacrificios y cumplir sus votos prometidos. No se sabe la naturaleza de los votos; dice que un voto es una promesa voluntaria y algo muy serio que uno debe cumplir.
Todo el salmo es una afirmación de la gracia divina. La nota final indica que ¡la salvación pertenece a Jehová!. él puede extender su gracia a personas de cualquier nación, pero su gracia no es barata. Tuvo que enviar a su Hijo a la muerte para mostrarnos el valor de su gracia.
Al fin Jonás fue librado del pez, pero su liberación no era un fin en sí mismo. Tal como Dios libró a su pueblo rebelde de cautiverio para darles una oportunidad de ser sus mensajeros al mundo así fue con Jonás. Dios le mandó al pez que vomitara a Jonás en tierra para que recibiera de nuevo la Palabra de Dios.
El enojo del profeta frente al amor de Dios
Alguien ha llamado a Jonás el profeta patriota, porque amaba a su pueblo y odiaba a sus enemigos. El llamado de Dios para ir a predicar a la ciudad de Nínive era inconcebible para Jonás, y así empezó su huida, su experiencia en el barco y en el vientre del gran pez. Al oír por segunda vez el llamado de Dios, Jonás fue a Nínive y dio el mensaje. A pesar de ser un mensajero no convencido, los habitantes respondieron y Dios desistió de su plan de castigarlos.
Otra vez parece inconcebible para nosotros la reacción de Jonás. Se enoja, y acusa a Dios de ser tan clemente y compasivo que no pudo castigarlos. Dios conversa con él y procura ayudarle a ver por qué quiere la salvación de estas personas. El libro termina con Dios todavía insistiendo en la necesidad de “preocuparse por Nínive”, una ciudad con tantas personas sin valores morales y, además, “muchos animales”.
El enojo de Jonás no es la última palabra de este libro, ¡y nunca podrá serlo!, sino el amor y la preocupación de Dios por las personas que necesitan este mensaje. Dios siempre tiene la última palabra, y aunque procura ayudarnos a encontrar su interpretación de las circunstancias, cuando lo rechazamos él sigue con su amor, su compasión, su deseo de que todos puedan conocerlo, arrepentirse de su maldad, recibir su perdón y recibir la vida abundante que él ofrece.
