Angustia y esperanza
Es interesante observar que mientras los marineros oraban, Jonás dormía. Frente a la muerte el profeta comenzó a orar con fervor y en poesía. Algunos eruditos dicen que el capítulo dos consiste en un salmo antiguo que los que recopilaron el libro de Jonás se lo agregaron al texto. Llegan a esta conclusión puesto que el salmo es la oración de uno que ha sido salvado del peligro de la muerte y ahora está en condiciones de ofrecer sacrificios a Dios. No obstante, todo el libro habla de hechos pasados, no solamente el capítulo dos, y era muy lógico esperar que el autor utilizara el idioma de los Salmos para componer su oración.
El estilo de poesía de estos versículos es el de paralelismo, o sea que la segunda parte del versículo repite en palabras similares lo que dice la primera parte. El pensamiento del autor oscila entre desesperación y esperanza. A lo profundo puede significar el mar o la angustia emocional. Hay varios salmos como este que a la vez expresan llanto y acción de gracias por ejemplo los Salmos 18; 30; 31; 66; y 116 entre otros. Como en Job Jonás siente que se ahoga y que las olas le están pasando por encima. Se siente lejos de la presencia de Dios pero le queda la esperanza remota de que un día verá de nuevo el templo en Jerusalén. Es muy semejante al pensamiento de los Salmos 42 y 43. Los hebreos sabían bien que Dios no moraba en el templo pero era el lugar ideal para orar y acercarse a Dios.
Dios y las grandes ciudades
Dios quiere la salvación de todas las personas en el mundo. Se preocupa por las grandes ciudades del mundo donde hay enormes conglomerados de personas, muchas de las cuales no tienen valores morales que las orienten. Hoy Dios nos llama a compartir el mensaje de su salvación en las grandes ciudades para que las muchedumbres puedan conocer su bondad, su amor y su perdón.
1. Dios reconoce la necesidad de la ciudad pecaminosa.
2. Dios envía a su mensajero a la ciudad.
3. Dios tiene compasión de los habitantes de la ciudad.
4. Dios persiste en amar y perdonar a las personas de las ciudades.Dios nos llama a unirnos con él en su búsqueda de las personas que viven en las ciudades. ¿Quiere juntarse con él en este gran esfuerzo?
Liberación de la muerte
Los hebreos no estaban acostumbrados a navegar, por eso el mar representaba un lugar de peligro mortal para ellos. El profeta no solamente se sentía en el fondo del mar sino a la base de las montañas. Para muchos hebreos el destierro en Babilonia era así; pensaban que nunca volverían a ver su tierra. El regreso a Palestina era como salir de la tumba. Su oración es un testimonio de que Dios efectivamente escucha las oraciones de la persona angustiada.
El culto falso y el culto verdadero
El profeta hace el contraste entre los que abandonan su fe para adorar ídolos, vanidades ilusorias, y los que adoran al Dios verdadero. A pesar de su desobediencia Jonás nunca dejó de creer en Dios o de reconocer que era el único Dios creador de todo. Como en otros lugares de la Biblia se manifiesta que el culto a ídolos no es solamente falso sino vano. Jonás termina su oración con la confianza de que un día va a ofrecer sus sacrificios y cumplir sus votos prometidos. No se sabe la naturaleza de los votos; Deuteronomios dice que un voto es una promesa voluntaria y algo muy serio que uno debe cumplir.
Todo el salmo es una afirmación de la gracia divina. La nota final indica que ¡la salvación pertenece a Jehová!. él puede extender su gracia a personas de cualquier nación, pero su gracia no es barata. Tuvo que enviar a su Hijo a la muerte para mostrarnos el valor de su gracia.
Al fin Jonás fue librado del pez, pero su liberación no era un fin en sí mismo. Tal como Dios libró a su pueblo rebelde de cautiverio para darles una oportunidad de ser sus mensajeros al mundo así fue con Jonás. Dios le mandó al pez que vomitara a Jonás en tierra para que recibiera de nuevo la Palabra de Dios.
El enojo del profeta frente al amor de Dios
Alguien ha llamado a Jonás el profeta patriota, porque amaba a su pueblo y odiaba a sus enemigos. El llamado de Dios para ir a predicar a la ciudad de Nínive era inconcebible para Jonás, y así empezó su huida, su experiencia en el barco y en el vientre del gran pez. Al oír por segunda vez el llamado de Dios, Jonás fue a Nínive y dio el mensaje. A pesar de ser un mensajero no convencido, los habitantes respondieron y Dios desistió de su plan de castigarlos.
Otra vez parece inconcebible para nosotros la reacción de Jonás. Se enoja, y acusa a Dios de ser tan clemente y compasivo que no pudo castigarlos. Dios conversa con él y procura ayudarle a ver por qué quiere la salvación de estas personas. El libro termina con Dios todavía insistiendo en la necesidad de “preocuparse por Nínive”, una ciudad con tantas personas sin valores morales y, además, “muchos animales”.
El enojo de Jonás no es la última palabra de este libro, ¡y nunca podrá serlo!, sino el amor y la preocupación de Dios por las personas que necesitan este mensaje. Dios siempre tiene la última palabra, y aunque procura ayudarnos a encontrar su interpretación de las circunstancias, cuando lo rechazamos él sigue con su amor, su compasión, su deseo de que todos puedan conocerlo, arrepentirse de su maldad, recibir su perdón y recibir la vida abundante que él ofrece.
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