En el caso de Judá el tiempo demostró que su territorio era demasiado grande para el número que componía la tribu y para defenderlo por las armas. Además, proporcionalmente con otras tribus era muy grande su heredad.
Hay un acto de justicia que se demostró en la modificación del territorio para adjudicarle a Simeón su heredad. Allí se comprobaba lo que se había dicho sobre Simeón y como no se trazan fronteras sino que se mencionan ciudades, se puede creer que la tribu de Simeón estaba esparcida por toda la tribu de Judá.
Más tarde, parece que la tribu de Simeón se adhirió a la tribu de Judá en el momento de la división del reino, cuando las tribus del norte se adhirieron al rey Jeroboam.
Se mencionan como posesión trece ciudades pero se enumeran catorce, lo cual se puede explicar diciendo que la mención de Beerseba, puede ser una extensión de Seba que aparece en segundo lugar, de tal manera que los dos nombres se pueden referir a una misma ciudad.
Lo que más se destaca en este pasaje es la actitud de la tribu de Judá que demostró en esta ocasión el sentimiento de hermandad que existía entre ellos. Este sentimiento no es solamente una remisión eventual a un símbolo común, sino que es una actitud permanente de solidaridad con el hermano necesitado.
Por otro lado, se destaca que la tribu de Judá no se caracterizó por la avaricia. Tenía mucho, pero cedió a otra tribu lo que en realidad era demasiada posesión para una tribu que no tenía mucha población y que dejaría gran parte de su territorio sin un cuidado militar, lo cual era muy importante en este período.
En la actualidad muchos conflictos internacionales se dan por la avaricia de naciones que desean poseer territorios que seguramente no van a administrar adecuadamente, pero insisten hasta el final sólo por dejar en alto el «orgullo nacional”. El caso de Judá es una demostración de que la grandeza de un pueblo no se limita a la posesión excesiva de territorio y riquezas, sino a la solidaridad que se tenga con los vecinos menos favorecidos, los cuales posteriormente pueden ser los mejores aliados, no por la fuerza sino por el sentimiento de fraternidad que se ha creado. En el modelo de nueva sociedad que Jehová ha creado en Canaán por medio de Israel este factor de la solidaridad debe ser una característica permanente. El dueño de la tierra es quien puede disponer de ella, redistribuirla como crea conveniente. Y el dueño la tierra es Jehová.
La herencia de Zabulón
Zabulón fue uno de los hijos de Lea. Nació después de Isacar pero recibió la bendición antes que él por parte de Jacob y de Moisés. Su territorio se extendía cerca del lago de Quinéret (mar de Galilea) por el este, y hacia el Mediterráneo por el oeste. Según parece en el principio, ellos no tocaban las costas occidentales porque estas pertenecían a Manasés. La extensión norte a sur no se puede trazar con exactitud porque muchos de los lugares mencionados son desconocidos.
Dentro del territorio de Zabulón hubo lugares destacados históricamente por el Antiguo y Nuevo Testamentos, tal como Nazaret donde Jesús estuvo buena parte de su niñez y juventud.
La herencia de Isacar
No es mucho lo que se dice sobre Isacar, pues el autor sólo menciona ciudades principales sin dar los límites territoriales. Lo que sí queda claro es que estaba ubicada al este de la llanura de Esdraelón (identificada como “el valle de Jezreel”. Lugares importantes de este territorio son: Jezreel donde estaría el palacio de Acab y cerca de allí la viña de Nabot. También Sunem donde vivió la mujer que hospedó a Eliseo. Además allí estaban ubicadas las montañas de Gilboa, donde cayeron Saúl y Jonatán, no lejos de Endor, donde Saúl consulta la adivina.
La herencia de Aser
El límite occidental se traza de norte a sur por las ciudades mencionadas en el texto, el sitio de las cuales es desconocido. “Hasta el Carmelo y Sijorlibnat” se refiere a un río turbio o barroso, probablemente el Nahr Belka, más abajo de Dor (ciudad que pertenecía a Aser;. De allí la frontera dobló hacia el oriente a Betdagón, ciudad en el punto de unión con el territorio de Zabulón y Neftalí. Seguía hacia el norte hasta Cabul, con otras ciudades, entre las cuales se menciona “la gran Sidón”, llamada así porque era una metrópoli de mucho progreso entre los fenicios. Aunque es mencionada dentro de la heredad de Aser no fue poseída por ellos. Luego se menciona a la ciudad fortificada de Tiro, que al parecer era otra gran ciudad con esa misma característica. De allí la frontera iba hasta Hosa, ciudad del interior, y desde allí hasta Aczib que todavía estaba sin conquistar. Estas ciudades sin conquistar mantienen la constante de la esperanza que el pueblo debía tener en frente como desafío para alcanzar posteriormente en relación con su fidelidad a Dios.
