La única persona notable mencionada después en el NT que pertenecía a esta tribu fue Ana, la profetisa que permanecía en el templo en los días en que nació Jesús.
La herencia de Neftalí
Neftalí era la tribu que estaba más al norte de todas. Estaba muy cerca del monte Líbano. Fue dentro de los límites de esta zona donde Josué derrotó al rey Jabín. En esta tribu también se localizaron poblaciones como Capernaúm y Betsaida, al norte del lago de Quinéret, ciudades donde Cristo desarrolló muchos de sus milagros.
La herencia de Dan
La tribu de Dan había estado al frente de uno de los cuatro escuadrones del campamento de Israel durante la marcha por el desierto. Pero tal como su escuadrón iba en la retaguardia en esas marchas, ahora es la última tribu en ser mencionada como receptora de la heredad en Canaán. Por los nombres de las ciudades (pues no se mencionan límites territoriales), deducimos que a esta tribu le correspondió ubicarse en la parte sur del país, entre Judá por el este, y el país de los filisteos por el oeste, con Efraín al norte y Simeón al sur. Más tarde, buena parte de la tribu de Dan se ubicó en el norte. El menciona la conquista de “Lesem”. Muchos piensan que es una referencia a “Lais”. La ubicación de Dan (tribu y ciudad) en el norte es confirmada más tarde por la expresión “desde Dan hasta Beerseba”, alusión a los extremos norte y sur del país.
Esta tribu se caracterizó por su valentía y disposición para la guerra; tal vez por eso le tocó estar cerca de vecinos tan agresivos como los filisteos. De esta tribu saldría Sansón, famoso líder en el combate.
La herencia de Josué
No es claro acerca de cuándo Jehová prometió una heredad para Josué pero al parecer esto sucedió cuando se dio la promesa a Caleb. El lugar escogido fue el monte de Efraín que pertenecía a su tribu. Además, el sitio necesitaba ser reedificado. No estaba plenamente establecido como muchas de las ciudades que habían poseído las demás tribus. Es un ejemplo de que la promesa había que alcanzarla y no se trataba de un ahorro inútil de esfuerzos por construir una nueva sociedad tanto en lo físico como en lo espiritual.
Es para destacarse que Josué no se presenta reclamando heredad para sí, sin el consentimiento del pueblo y este escuchando la voluntad de Dios; sólo después de que se le ofrece una heredad él solicita aquella que aún debía reconstruirse a partir de las ruinas.
Hay varias lecciones que aprender de la actitud de Josué en este relato final de la repartición:
Josué recibió su heredad después que todos habían recibido su parte, a diferencia de los reyes que conquistaban pueblos y territorios en aquel tiempo, pues estos reclamaban para sí las mejores y las primeras tierras conquistadas. Hay una lección de servicio y humildad en el servicio a Dios: por encima estaba el interés colectivo que el suyo propio.
Josué dio ejemplo de fidelidad a Dios y confianza en sus promesas, pues lo que pidió como heredad fue una ciudad destruida. En cierto sentido quería comenzar de nuevo en el territorio asignado, lo que implicaba trabajo y disciplina, algo que él mismo había reclamado de otros líderes de las tribus. Lo que él pidió no era una ciudad opulenta, llena de riquezas y botines de guerra, sino una Timnatséraj desolada y abandonada que requería de alguien como él para ser transformada de las ruinas a un habitat vivible, tal como lo exigía la nueva sociedad que Jehová estaba formando.
