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Lamentaciones 1: Tristezas de Sion la cautiva

Lamentaciones 1:8 Pecado cometió Jerusalén, por lo cual ella ha sido removida;

Todos los que la honraban la han menospreciado, porque vieron su verg:uenza;

Y ella suspira, y se vuelve atrás.

Vieron su vergüenza : Ser desnudado constituía una de las más grandes humillaciones en el mundo antiguo. Así se castigaba a una prostituta.

Lamentaciones 1:9 Su inmundicia está en sus faldas, y no se acordó de su fin;

Por tanto, ella ha descendido sorprendentemente, y no tiene quien la consuele.

Mira, oh Jehová, mi aflicción, porque el enemigo se ha engrandecido.

Sus faldas no podían esconder su inmundicia . Al final de este versículo, Jerusalén toma la palabra.

La advertencia era fuerte y clara: Si Judá juega con fuego, el pueblo se quemará. Jerusalén se arriesgó tontamente y perdió, negándose a creer que la vida inmoral traía consigo el castigo de Dios. La consecuencia final del pecado es el castigo. Podemos decidir pasar por alto las advertencias de Dios, pero tan seguro como el juicio de Dios vino sobre Jerusalén, así vendrá sobre quienes lo desafían. ¿Escucha usted la Palabra de Dios? ¿La obedece? La obediencia es una señal segura de su amor por El.

Lamentaciones 1:10 Extendió su mano el enemigo a todas sus cosas preciosas;

Ella ha visto entrar en su santuario a las naciones

De las cuales mandaste que no entrasen en tu congregación.

Los babilonios se llevaron del templo todas sus cosas preciosas , u ornamentos. Jerusalén se sentía como una mujer raptada y robada cuando los paganos entraron al templo sagrado. Ni siquiera los judíos ordinarios eran admitidos al santuario.

Lamentaciones 1:11 Todo su pueblo buscó su pan suspirando;

Dieron por la comida todas sus cosas preciosas, para entretener la vida.

Mira, oh Jehová, y ve que estoy abatida.

Una descripción de las condiciones prevalecientes durante el sitio.

Lamentaciones 1:12 ¿No os conmueve a cuantos pasáis por el camino?

Mirad, y ved si hay dolor como mi dolor que me ha venido;

Porque Jehová me ha angustiado en el día de su ardiente furor.

Lamentaciones 1:13 Desde lo alto envió fuego que consume mis huesos;

Ha extendido red a mis pies, me volvió atrás,

Me dejó desolada, y con dolor todo el día.

Fuego , red , yugo y lagar : Todas estas son metáforas que simbolizan el sufrimiento. Llamó contra mí compañía : Dios convocó a las fuerzas enemigas contra Jerusalén.

Lamentaciones 1:14 El yugo de mis rebeliones ha sido atado por su mano;

Ataduras han sido echadas sobre mi cerviz; ha debilitado mis fuerzas;

Me ha entregado el Señor en manos contra las cuales no podré levantarme.

Al principio, el pecado parece darnos libertad. Pero la libertad para hacer cualquier cosa que queramos poco a poco se convierte en un deseo de hacerlo todo. Luego nos volvemos esclavos del pecado y quedamos atados a su yugo. La libertad de la esclavitud del pecado procede solo de Dios. El nos libera, no para hacer cualquier cosa que queramos, sino para hacer lo que El sabe es mejor para nosotros. Tan extraño como pueda parecer, la verdadera libertad surge por obedecer a Dios: seguir su dirección para así recibir lo mejor de El.

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