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Lucas 20: Con qué autoridad

Jesús hace aquí lo mismo que en otras ocasiones: corregir la idea popular acerca del Mesías como el Rey conquistador que haría del pueblo de Israel el más poderoso de la Tierra e iniciaría la Edad de Oro, idea que estaba inexplicablemente unida al título de Hijo de David.

En realidad, lo que Jesús dice aquí es: «Vosotros pensáis en el Mesías como el Hijo de David, y lo es; pero es mucho más. Es Señor.» Estaba diciéndole a la gente que tenían que revisar sus ideas acerca de lo que quería decir Hijo de David. Tenían que abandonar esos sueños fantásticos de poder terrenal, y reconocer al Mesías como el Señor de los corazones y de las vidas de los hombres. Jesús les dice que tienen una idea demasiado pequeña de Dios. Siempre ha sido la tendencia humana el hacer a Dios a nuestra imagen, despojándole de su plena majestad.

EL AMOR A LA GLORIA HUMANA

Lucas 20:45-47

Jesús les dijo a sus discípulos en presencia de toda la gente:

-Tened mucho cuidado con los escribas; porque les encanta ir por ahí con vestiduras largas, y que los saluden ceremoniosamente en las plazas, y ocupar los asientos preferentes en las sinagogas y los mejores sitios en los banquetes y en las cenas; y luego, con el pretexto de hacer muchos rezos, devoran las haciendas de las viudas. Esos son los que van a recibir una condenación más severa.

Los escribas y los rabinos esperaban recibir honores extraordinarios. Para ello habían establecido toda clase de reglas. En los centros de estudios, eran los rabinos más eruditos los que tenían preferencia; en los banquetes, los más viejos. Se cuenta que dos rabinos estaban muy ofendidos porque varias personas los habían saludado con «¡Que tengáis mucha paz!», sin añadir «¡Maestros míos!» Pretendían que se los considerara por encima de los padres. Decían: «El respeto que debes a tu maestro es casi como el que debes a Dios.» «El respeto que se le tiene a un maestro debe estar por encima del que se le tiene al padre, porque tanto el padre como el hijo deben respetar al maestro.» «Si el padre y el maestro pierden algo, lo que pierde el maestro es más importante, porque el padre no ha hecho más que traerle a uno a este mundo, pero el maestro le enseña la sabiduría que le permitirá entrar en el mundo venidero… Si el padre y el maestro de alguien llevan cargas, debe ayudar al maestro en primer lugar, y luego a su padre. Si su padre y su maestro están cautivos, debe redimir primero a su maestro, y después a su padre.» Tales pretensiones parecen increíbles; no era bueno que nadie las tuviera, pero mucho menos que se le tuvieran en cuenta.

Jesús también acusa a los escribas de devorar las haciendas de las viudas. La ley obligaba al rabino a no cobrar por enseñar. Todos los rabinos se suponía que tenían negocios o trabajos para mantenerse, y enseñar de balde. Eso suena muy bien; pero también se enseñaba que el mantener a un rabino era un acto de suprema piedad. Decían: «Todo el que pone parte de sus ingresos en la cartera de los sabios es merecedor de un sitio en la academia celestial.» «Al que da asilo a un discípulo de los sabios en su casa se le cuenta como si ofreciera un sacrificio todos los días.» «Deja que tu casa sea lugar de reunión de los sabios.» No cuesta creer que ciertas mujeres impresionables fueran presas fáciles de rabinos poco escrupulosos y muy dados a la codicia. Estos a veces devorarían las casas de las viudas.

.Todo ese negocio le disgustaba y repugnaba a Jesús. Y además, eran precisamente los hombres que tenían acceso a la cultura y que tenían puestos de responsabilidad en la comunidad. Dios no dará por inocente al que usa una posición de confianza para aprovecharse y abusar de los que confían en él.

Juan 19:1-42

19.1ss A fin de captar todo el cuadro de la crucifixión de Jesús, léase la perspectiva de Juan junto a los otros tres relatos en Mateo 27, Marcos 15 y Lucas 23. Cada escritor agrega detalles significativos, pero cada uno trasmite el mismo mensaje: Jesús murió en la cruz en cumplimiento de las profecías del Antiguo Testamento, para que pudiésemos ser salvos de nuestros pecados y recibir vida eterna.

19.1-3 El azote pudo haber matado a Jesús. El procedimiento acostumbrado era desnudar la parte superior del cuerpo de la víctima y atar sus manos a un pilar antes de azotarlo con un látigo de tres puntas. La cantidad de latigazos se determinaba por la severidad del delito; bajo la Ley se permitían hasta cuarenta (Deu_25:3). Después de azotarlo, Jesús también debió soportar otras agonías que se narran aquí y en los otros Evangelios.

19.2-5 Los soldados fueron más allá de la orden de azotar a Jesús; también se burlaron de su pretensión de realeza colocando una corona sobre su cabeza y un manto real sobre sus hombros.

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