8.56 ¿Por qué Jesús pidió a los padres que no hablaran de la sanidad de su hija? Sabía que los hechos hablarían por sí solos. Además, estaba consciente de su ministerio. No quería que le conocieran como uno que hacía milagros, quería que la gente escuchara su mensaje que aún hoy posee la virtud de sanar las vidas espirituales quebrantadas.
JESUS Y LAS MUJERES
Jesús habla con una samaritana en el pozo: Joh_4:1-26
Jesús resucita al hijo de una viuda: Luk_7:11-17
Una pecadora unge los pies de Jesús: Luk_7:36-50
La adúltera: Joh_8:1-11
El grupo de mujeres viaja con Jesús: Luk_8:1-3
Jesús visita a María y Marta: Luk_10:38-42
Jesús sana a una mujer encorvada: Luk_13:10-17
Jesús sana a la hija de una gentil: Mar_7:24-30
Las mujeres lloran al seguir a Jesús en su camino a la cruz: Luk_23:27-31
La madre de Jesús y otras mujeres se reúnen al pie de la cruz: Joh_19:25-27
Jesús aparece a María Magdalena: Mar_16:9-11
Jesús aparece a otras mujeres después de su resurrección: Mat_28:8-10
Como gentil que plasma las palabras, obras y vida de Jesús, Lucas demuestra una sensibilidad especial hacia los «extranjeros» con los que Jesús se relacionó. Por ejemplo, Lucas incluye cinco sucesos donde participan mujeres que otros Evangelios no mencionan. La cultura judía en el primer siglo, por lo general trataba a las mujeres como ciudadanas de segunda clase y tenían solo algunos de los derechos que los hombres poseían. Pero Jesús cruzó esas barreras y Lucas mostró la sensibilidad que tenía para con las mujeres. Trató a todas las personas por igual. Varios pasajes anteriores nos dicen de sus encuentros con mujeres.
Lucas 8:1-3
Notemos en estos versículos la actividad incansable de nuestro Señor Jesucristo en hacer bien. Se nos dice que caminaba por todas las ciudades y aldeas predicando, y anunciando el evangelio del reino de Dios.»Sabemos el recibimiento que hallaba en muchos lugares. Sabemos que mientras algunos creían, muchos no creían. Pero la incredulidad de los hombres no hacia desistir de su obra a nuestro Señor. Estaba siempre «atendiendo a los negocios de Su Padre.» Corta como fue su misión terrenal en punto u duración, fue larga si consideramos lo que se llevó a cabo.
Que la actividad de Cristo sea un ejemplo para todos los cristianos. Sigamos las huellas de ese divino Maestro aunque estemos lejos de llegar a su perfección. Como él, trabajemos con ahínco en hacer bien en nuestros días y en nuestro siglo, y dejar el mundo mejor que lo encontramos. No es sin objeto que dice la Escritura expresamente: « El que dice que está en él, debe andar como él anduvo.» 1Jo_2:6.
El tiempo es sin duda corto; pero si lo arreglamos con economía y somos sistemáticos en nuestros hábitos, podemos hacer mucho. Pocos tienen idea de cuanto puede hacerse en doce horas, si uno se consagra a sus negocios, y evita la negligencia y la frivolidad. Seamos pues activos como nuestro Señor, y «aprovechemos el tiempo.
La vida es indudablemente corta. Pero es la única época en que cristianos pueden hacer alguna obra de misericordia. En el otro mundo no habrá ningún ignorante a quien instruir, ningunos afligidos que consolar, ningún error espiritual que aclarar, ninguna miseria que remediar, ningún pesar que mitigar.
Cualquiera obra que hagamos de este género tenemos que hacerla de este lado de la sepultura. Apercibámonos de nuestra responsabilidad individual. Las almas están pereciendo, y el tiempo está pasando rápidamente. Resolvamos con la gracia de Dios hacer algo por la gloria de Dios antes de que muramos.
