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Mateo 12: Quebrantando la ley del sábado

Por aquel tiempo, iba Jesús una vez por los trigales en sábado. Sus discípulos tenían hambre, y se pusieron a arrancar espigas de trigo y a comérselas.

Cuando los fariseos lo vieron, Le dijeron a Jesús:

-¡Fíjate! ¡Tus discípulos están haciendo lo que no está permitido en sábado!

-¿No habéis leído -les contestó Jesús- lo que hicieron David y sus compañeros cuando tenían hambre, cómo entraron en la casa de Dios y se comieron los panes de la proposición que no les estaba permitido comer ni a él ni a los que estaban con él, sino sólo a los sacerdotes? ¿Y no habéis leído en la Ley que los sacerdotes profanan el sábado, y sin embargo no pecan? Os aseguro que aquí hay Uno que es mayor que el templo. Si os hubierais enterado de lo que quiere decir: «Es la misericordia lo que Yo quiero, y no los sacrificios,» no habríais condenado a los que no tienen ninguna culpa. Y es que el Hijo del Hombre también es el Señor del sábado.

En Palestina y en tiempos de Jesús, los campos de cereales y hortalizas estaban dispuestos en tiras largas y estrechas; y el terreno entre las parcelas era un camino de paso. Fue por uno de esos senderos entre los trigales por donde iban caminando Jesús y Sus discípulos cuando sucedió este incidente.

No se hace ninguna insinuación de que los discípulos estuvieran robando. La Ley establecía expresamente que un viandante hambriento tenía derecho a hacer precisamente lo que hicieron los discípulos, siempre que no usara más que las manos para coger las espigas, y no una hoz: « Cuando entres en la mies de tu prójimo, podrás arrancar espigas con la mano, pero no aplicarás la hoz a la mies de tu prójimo» (Deu_23:25 ). W. M. Thomson nos dice en La Tierra y el Libro que, cuando iba viajando por Palestina, había la misma costumbre. Uno de los platos favoritos de la tarde para un viajero era el trigo maduro. « Cuando iba viajando en el tiempo de la siega -escribe Thomson mis muleteros preparaban a menudo trigo tostado por las tardes después de montar la tienda. Tampoco se considera nunca como robo el recoger estas espigas verdes para tostarlas… También he visto a menudo a mis muleteros, al pasar entre los trigales, arrancar espigas, restregarlas en las manos, y comerse los granos sin tostar exactamente como se dice que hicieron los apóstoles.»

Para los escribas y los fariseos el delito de los discípulos no era coger espigas y comerse los granos, sino el haberlo hecho en sábado. La ley del sábado era muy complicada y minuciosa. El mandamiento prohibía trabajar el sábado; pero los intérpretes de la Ley no se daban por satisfechos con esa simple prohibición. Había que definir lo que era un trabajo; así que se especificaron treinta y nueve acciones básicas que estaban prohibidas en sábado, y entre ellas figuraban segar, trillar, aventar y preparar una comida. Los intérpretes no estaban dispuestos tampoco a dejar así las cosas. Había que definir cuidadosamente cada entrada en la lista de trabajos prohibidos. Por ejemplo, estaba prohibido llevar una carga. ¿Pero qué era una carga? Una carga era cualquier cosa que pesara tanto como dos higos secos. Estaba prohibida hasta la menor insinuación de trabajo; hasta cualquier cosa que se pudiera considerar simbólicamente como un trabajo. Posteriormente, el gran maestro judío cordobés Maimónides había de decir: « Arrancar espigas es una especie de siega.» En su acción los discípulos fueron culpables de mucho más que un sólo quebrantamiento de la Ley. Al arrancar las espigas eran culpables de segar; al restregarlas con las manos eran culpables de trillar; al separar el grano de la paja, probablemente soplando, eran culpables de aventar; y en todo ese proceso eran culpables de preparar una comida en sábado, porque todo lo que se hubiera de comer en sábado había que prepararlo el día antes.

Los judíos ortodoxos tomaban la ley del sábado con suma seriedad. El Libro de los Jubileos tiene un capítulo (el 50) acerca de la observancia del sábado. El que se acuesta con su mujer, o se propone hacer algo en sábado, o tiene intención de hacer un viaje (hasta la planificación de un trabajo estaba prohibida), o se hace el plan de comprar o vender, o sacar agua o levantar una carga es culpable. Cualquier persona que haga cualquier trabajo en sábado (ya sea en su casa o en cualquier otro lugar), o hace un viaje, o labra una granja, cualquier persona que enciende un fuego o monta una cabalgadura, o viaja en barco por el mar, cualquier persona que golpea o mata algo, cualquiera que atrapa a un animal, un ave o un pez, cualquiera que ayuna o hace la guerra en sábado -la persona que haga estas cosas debe morir.

El guardar estos mandamientos era cumplir la Ley de Dios; el quebrantarlos era quebrantar la Ley de Dios. No cabe la menor duda que, desde su punto de vista, los escribas y los fariseos estaban totalmente justificados al acusar a los discípulos de quebrantar la Ley, y a Jesús por permitírselo, si es que no los animó a hacerlo.

LA EXIGENCIA DE LA NECESIDAD HUMANA

Para salir al paso de la crítica de los escribas y los fariseos Jesús presentó tres argumentos.

(i) Citó la acción de David (1Sa_21:1-6 ) cuando él y sus hombres estaban tan hambrientos que entraron en el tabernáculo -no en el templo, porque esto sucedió antes que se construyera el templo- y comieron el pan de la proposición, que sólo podían comer los sacerdotes. El pan de la proposición se nos describe en Lev_24:5-9 . Eran doce panes que se colocaban todas las semanas en dos filas de seis en el lugar santo. Sin duda eran una ofrenda simbólica para dar gracias a Dios por el don de los alimentos. Estos panes se cambiaban todas las semanas, y los que se quitaban quedaban para los sacerdotes, que eran los únicos que los podían comer. En aquella ocasión, en su hambre, David y sus hombres tomaron y se comieron aquellos panes sagrados, y no cometieron ningún delito. Las exigencias de la necesidad humana tenían prioridad por encima de cualquier costumbre ritual.

(ii) Citó el trabajo del templo en sábado. El ritual del templo siempre implicaba trabajo -encender fuegos, matar y preparar animales, cargarlos para colocarlos encima del altar y un montón de cosas parecidas. Estos trabajos realmente se duplicaban los sábados, porque había doble número de ofrendas (cp. por ejemplo Num_28:9 ). Cualquiera de estas acciones habría sido ilegal que la hiciera cualquier persona en sábado. Encender un fuego, matar un animal, ponerlo sobre el altar habría supuesto quebrantar la Ley, y por tanto profanar el sábado. Pero para los sacerdotes era perfectamente legal hacer estas cosas, porque el culto del templo tenía que proseguir. Es decir: el culto que se ofrecía a Dios tenía prioridad sobre todas las leyes y normas del sábado.

(iii) Citó la palabra que Dios le dio al profeta Oseas: «Porque misericordia quiero y no sacrificios» (Hos_6:6 ). Lo que Dios desea mucho más que los sacrificios rituales es la amabilidad, el espíritu que no reconoce otra ley que la que impulsa a responder a la llamada de la necesidad humana haciendo todo lo posible por ayudar.

En este incidente Jesús establece que la exigencia de la necesidad humana debe tener prioridad sobre todas las demás exigencias. Las exigencias del culto, del ritual, de la liturgia son importantes; pero la exigencia de la necesidad humana tiene prioridad sobre todas ellas.

Uno de los santos modernos de Dios es el padre George Potter, que de la ruinosa iglesia de San Crisóstomo en Peckham hizo un ejemplo luminoso de culto y de servicio cristiano. Para propiciar la obra fundó la Fraternidad de la Orden de la Santa Cruz, cuyo emblema era la toalla que se ciño Jesús para lavar los pies de Sus discípulos. No había ningún servicio que fuera demasiado vulgar para que los hermanos lo prestaran; su trabajo a favor de los marginados y de los chicos sin hogar con antecedentes delictivos o potencial criminal está por encima de toda alabanza. El padre Potter tenía la idea más elevada del culto; y sin embargo, cuando estaba explicando la obra de la Fraternidad, escribió que cualquiera que quisiera hacer el triple voto de pobreza, castidad y obediencia: «no debe amohinarse si no puede llegar a vísperas en la fiesta de San Termógeno. Puede que esté sentado en una comisaría esperando a un «cliente»… No debe ser uno de esos tipos que llegan a la cocina jipiando porque se le ha acabado el incienso… Ponemos la oración y los sacramentos en primer lugar. Sabemos que nos hacen falta para hacer las cosas lo mejor posible; pero de hecho tenemos que pasar más tiempo al pie del Monte de la Transfiguración que en la cima.» Cuenta que llegó un -candidato cuando él estaba a punto de darles a los chicos un tazón de cacao y meterlos en la cama. «Así es que le dije: «¿Quieres limpiar el cuarto de baño ahora que está mojado?» Se quedó tan alucinado que apenas pudo musitar: «¡Yo no esperaba tener que ir limpiando detrás de chicos sucios!» ¡Bien, bien! Su vida de servicio consagrado al Bendito Maestro duró sólo unos siete minutos. Ni siquiera deshizo las maletas.» Florence Allshom, la gran directora del colegio de misioneras, habla del problema de la candidata que siempre descubre que su hora de devociones privadas es precisamente cuando hay que fregar cacharros grasientos con agua no muy caliente.

Jesús insistía en que el mayor servicio ritual es el de la necesidad humana. Es extraño pensar que, con la posible excepción de aquel día en la sinagoga de Nazaret, no tenemos evidencia de que Jesús dirigiera nunca un culto en toda Su vida en la Tierra, y sí tenemos abundante evidencia de que alimentó a los hambrientos y consoló a los tristes y atendió a los enfermos. El servicio cristiano no consiste fundamentalmente en seguir una liturgia o un ritual; es el servicio de la necesidad humana. El servicio cristiano no consiste en retirarse a un monasterio; es involucrarse en todos los problemas y tragedias y demandas de la situación humana.

-Eso es lo que queremos decir -o deberíamos querer decir- cuando decimos: «¡Vamos a servir al Señor!»

SEÑOR AUN DEL SÁBADO

Queda en este pasaje otra dificultad que no se puede resolver con absoluta seguridad. Está en la última frase: «El Hijo del Hombre es Señor del sábado.» Esto puede querer decir una de dos cosas.

(i) Puede querer decir que Jesús se presenta como Señor también del sábado, en el sentido de que Él puede usar el sábado como estime conveniente. Ya hemos visto que la santidad del ministerio del templo sobrepasaba y desplazaba las reglas y las leyes del sábado; Jesús acababa de presentarse como Uno que era mayor que el templo; por tanto, Él tenía perfecto derecho a omitir las leyes del sábado y hacer lo que estimara conveniente en sábado. Esa podríamos decir que es la interpretación tradicional de esta frase, pero presenta algunas dificultades reales.

(ii) En esta ocasión Jesús no estaba defendiéndose a Sí mismo de nada que hubiera hecho en sábado; estaba defendiendo a Sus discípulos; y la autoridad que subraya aquí no es tanto Su propia autoridad como la de la necesidad humana. Y hay que notar que, cuando Marcos cuenta este incidente, introduce otro dicho de Jesús como parte del clímax: «El sábado fue hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado» (Mar_2:27 ).

A esto debemos añadir el hecho de que en hebreo y arameo la frase hijo de hombre no es corrientemente un título, sino otra manera de decir un hombre. Cuando los rabinos contaban una parábola, solían empezarla: «Hubo una vez un hijo del hombre que…» El salmista escribe: «¿Qué es el hombre para que Te acuerdes de él, o el hijo del hombre para que le visites?» (Psa_8:4 ). Una y otra vez Dios se dirige a Ezequiel como hijo de hombre: «Me dijo: «Hijo de hombre, ponte sobre tus pies y hablaré contigo»» (Eze_2:1; Eze_2:6; Eze_2:8 ; Eze_3:1; Eze_3:4; Eze_3:17; Eze_3:25 ). En todos estos casos hijo de hombre, sin mayúsculas, quiere decir sencillamente hombre.

En los primeros y mejores manuscritos griegos del Nuevo Testamento, todo estaba escrito con mayúsculas. En estos manuscritos (llamados unciales precisamente por estar escritos con mayúsculas) no se puede decir cuándo se necesitan las mayúsculas. Por tanto, en Mat_12:8 puede ser muy bien que hijo de hombre se deba poner con minúsculas, y que la frase no se refiera a Jesús, sino a cualquier hombre.

Si consideramos que en lo que Jesús estaba insistiendo era en el derecho de la necesidad humana; si recordamos que no estaba defendiéndose a Sí mismo, sino a Sus discípulos; si recordamos que Marcos nos dice que el sábado fue hecho para el hombre y no el hombre para el sábado, entonces puede que concluyamos que lo que Jesús estaba diciendo era: «El ser humano no es el esclavo del sábado, sino su señor, y tiene derecho a usarlo para su propio bien.» Puede que Jesús estuviera reprendiendo a los escribas y los fariseos por esclavizarse a sí mismos y a sus semejantes con un montón de leyes tiránicas; y muy bien puede ser que estuviera estableciendo aquí el gran principio de la libertad cristiana, que se aplica al sábado como a todo lo demás de la vida.

LA LEY Y EL AMOR

Mateo 12:9-14

Jesús salió de allí y fue a la sinagoga de ellos. Y, fijaos: había allí un hombre que tenía un brazo paralítico. Y Le dijeron a Jesús:

-¿Está permitido sanar en sábado?

Eso Se lo preguntaron para encontrar algo de que acusarle. Y Jesús les contestó:

-¿Hay alguno de vosotros que, si se le cae una oveja a un pozo en sábado, no le eche mano y la saque? ¡Pues cuánto más valiosa es una persona que una oveja! Así que está permitido hacer una buena obra en sábado.

Y a continuación le dijo al del brazo paralítico:

-¡Extiende el brazo!

Y el hombre lo extendió, y se le quedó tan sano como el otro. Así que los fariseos se marcharon y tuvieron una consulta entre ellos para ver la manera de eliminar a Jesús.

Este incidente es un momento crucial en la vida de Jesús, en el que deliberada y públicamente quebrantó la ley del sábado; y el resultado fue una reunión de los dirigentes ortodoxos para buscar la manera de eliminarle.

No entenderemos la actitud de los ortodoxos a menos que entendamos la sorprendente seriedad con que tomaban la ley del sábado. La ley prohibía todo trabajo el día del sábado, así que los judíos ortodoxos literalmente morirían antes de quebrantarla.

En los tiempos del levantamiento bajo Judas Macabeo, algunos judíos buscaron refugio en las cuevas del desierto. Antíoco mandó un destacamento de hombres a atacarlos; el ataque se hizo en sábado; y aquellos insurgentes judíos murieron sin hacer el menor gesto de lucha o de defensa, porque a ellos no les estaba permitido pelear en sábado. 1 Macabeos nos cuenta que las fuerzas de Antíoco «les dieron la batalla a toda prisa. A pesar de que ellos no reaccionaban, ni siquiera arrojándoles una piedra ni cerrando los lugares en los que estaban escondidos; sino dijeron: «Muramos en nuestra inocencia: el Cielo y la Tierra testificarán a nuestro favor, que nos habéis dado la muerte injustamente.» Así es que los atacaron en sábado, y los masacraron con sus mujeres y niños y ganado, un número como de un millar» (1 Macabeos 2:31-38). Hasta en una crisis nacional, los judíos no pelearían en sábado ni siquiera para salvar la vida ni para proteger a sus seres queridos.

Fue por cumplir la ley del sábado los judíos por lo que Pompeyo pudo tomar Jerusalén. En la antigua técnica militar era costumbre que los atacantes erigieran una estructura imponente por encima de las fortificaciones de la ciudad sitiada, desde cuya altura atacaban las defensas. Pompeyo construyó su terraplén un sábado, mientras los judíos se limitaban a mirar sin hacer nada para pararla: Josefo dice: «Si no hubiera sido por la costumbre, desde los días de nuestros antepasados, de descansar el séptimo día, ese terraplén no se habría completado nunca, por la oposición que los judíos habrían ofrecido; porque aunque nuestra ley nos daba permiso para defendernos contra los que empezaban a pelear contra nosotros y asaltarnos (esto era una concesión), sin embargo no nos permite oponernos a nuestros enemigos cuando están haciendo otra cosa» (Josefo: Antigüedades 14.4.2).

Josefo recuerda la sorpresa del historiador griego Agatárquides por cómo se le permitió capturar Jerusalén a Tolomeo Lagos. Agatárquides escribió: «Existe un pueblo llamado los judíos, que vive en una ciudad de las más fuertes, que sus habitantes llaman Jerusalén, y que tienen costumbre de descansar cada séptimo día; ese día no hacen uso de sus armas, ni trabajan el campo, ni se ocupan de ninguno de los negocios de la vida, sino extienden sus brazos en sus lugares santos, y oran hasta la tarde. Ahora bien: Sucedió que cuando Tolomeo el hijo de Lagos llegó con su ejército a esa ciudad, aquella gente, cumpliendo su loca costumbre, en vez de guardar la ciudad permitieron que su país fuera sometido a un señor cruel; y se demostró claramente que su Ley les había impuesto una práctica estúpida. Este suceso enseñó a todos los hombres menos a los judíos a descartar tales sueños, y a no seguir semejantes sugerencias perezosas transmitida como una ley cuando en tal incertidumbre de razonamiento humano no saben lo que deben hacer» (Josefo Contra ApióNum_1:22

LAS CUALIDADES DEL SIERVO DEL SEÑOR

Mateo 12:15-21

Cuando Jesús Se enteró de lo que estaban tramando, se retiró de allí. Y Le seguía mucha gente, y Él los sanaba a todos, pero les insistía mucho en que no Le hicieran publicidad. Todo esto sucedía así en cumplimiento de la palabra que vino por medio del profeta Isaías, que dijo:

«¡Fijaos en Mi Siervo, Mi Elegido, Mi Amado, en Quien Mi alma se deleita! Pondré Mi Espíritu sobre Él, y ÉL declarará a las naciones lo que es la justicia. No se enfrentará con nadie, ni gritará, ni se oirá Su voz por las calles.

No quebrará la caña cascada, ni apagará el pabilo humeante, hasta que envíe por doquier Su juicio triunfador, y en Su nombre pongan los gentiles su esperanza.»

Dos cosas que encontramos aquí acerca de Jesús muestran que Él nunca confundió la temeridad con el coraje. En primer lugar, de momento se retiró. Todavía no había llegado la hora para una colisión frontal. Jesús tenía mucho que hacer antes que la Cruz le tomara en sus brazos. En segundo lugar, Él prohibía a la gente que Le rodeara de publicidad. Sabía demasiado bien cuántos falsos mesías habían surgido; sabía demasiado bien lo inflamable que era la gente. Si se difundía la idea de que había surgido Alguien con poderes maravillosos, seguro que surgiría una rebelión política y se perderían vidas innecesariamente. Jesús tenía que enseñar que el mesiazgo no consistía en un poder demoledor sino en un servicio sacrificial, no un trono sino una cruz, antes de que pudieran divulgar Su historia.

La cita que usa Mateo para compendiar la obra de Jesús es de Isa_42:1-4 . En cierto sentido es una cita curiosa, porque en primera instancia se refería a Ciro, el rey persa (cp. Isa_45:1 ). La referencia original de la cita era que Ciro iba barriendo territorios con sus conquistas; y el profeta veía esas conquistas como parte del plan deliberado y definido de Dios. Aunque él no lo sabía, el persa Ciro era un instrumento de Dios. Además, el profeta veía a Ciro como un conquistador benigno, lo cual era en realidad. Pero aunque las palabras originales se refirieran a Ciro, el total cumplimiento de la profecía vino indudablemente en Jesucristo. En su día, el rey persa dominó el mundo oriental; pero el verdadero Señor de todo el mundo es Jesucristo. así que vamos a ver lo maravillosamente que Jesús cumplió esta profecía de Isaías.

(i) Él diría a las naciones lo que es la justicia. Jesús vino a traer la justicia a la humanidad. Los griegos definían la justicia como dar a Dios y a los hombres lo que les es debido. Jesús mostró a la humanidad cómo vivir de tal manera que tanto Dios como los seres humanos ocupan el lugar que les corresponde en nuestras vidas. Nos mostró cómo debemos comportarnos con Dios y con nuestros semejantes.

(ii) Él no se enfrentaría con nadie, ni gritaría de forma que se Le oyera por las calles. La palabra que se usa para gritar se usa corrientemente del ladrido de los perros, el graznido de los cuervos, el escándalo de los borrachos, la bronca de la audiencia descontenta en el teatro. Quiere decir que Jesús no Se pelearía con la gente. Ya conocemos los enfrentamientos de los partidos rivales en los que cada uno trata de superar con sus gritos los del otro. El odio de los teólogos, odium theologicum, es una de las tragedias de la historia de la Iglesia Cristiana. Ya tenemos bastante con las peleas de los políticos y sus ideologías, y con todos los tipos de oposiciones características de la « cultura» española. En Jesús se da la callada, inalterable serenidad del Que busca conquistar mediante el amor y no por logomaquia o demagogia.

(iii) No quebrará la caña cascada ni apagará el pábilo humeante. La caña puede que esté astillada y no pueda mantenerse erguida, y haya que sujetarla o vendarla; el pábilo puede que no dé más que una luz «melancólica» como el del quinqué de Espronceda, porque esté quemado o falto de combustible, y haya que recortarlo o alimentarlo. El testimonio de una persona puede que sea vacilante y débil; la luz de su vida puede que sea parpadeante; pero Jesús no vino para desaniman, sino para aniMarcos No trata con desprecio al débil, sino con comprensión; no extingue la llama vacilante, sino la cuida para que dé una luz más fuerte y brillante.

(iv) En El pondrán los gentiles su esperanza. Con Jesús vino al mundo una invitación, no a una sola nación, sino a toda la humanidad, a participar del amor de Dios y aceptarlo. En Él Dios se acerca a cada cual con el ofrecimiento de Su amor.

BRECHA EN LAS DEFENSAS DE SATÁN

Mateo 12:22-29

Entonces Le llevaron a Jesús a un endemoniado, ciego y mudo; y Él le curó totalmente, de manera que el que antes estaba ciego y mudo podía ver y hablar. La gente estaba alucinada de admiración, y decía: ¿No será Éste el Hijo de David? Pero los fariseos dijeron cuando lo oyeron: La única manera en que puede este tipo expulsar a los demonios es con la ayuda de Belzebul, el príncipe de los demonios. Cuando Jesús vio lo que estaban pensando, les dijo:

Cualquier reino que ha llegado a un estado de división interna, se desintegra; y cualquier ciudad o región que ha llegado a un estado de división contra sí misma, desaparece. Si Satanás está arrojando a Satanás, es que está dividido contra sí mismo. ¿Cómo se va a mantener su reino entonces? Además, si Yo arrojo los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los arrojan vuestros hijos? Ellos los arrojan, y por tanto ellos serán los que demuestren vuestra hipocresía al acusarme a Mí. Pero si Yo arrojo los demonios por el Espíritu de Dios, eso prueba que el Reino de Dios ha venido a vosotros. Porque, ¿cómo va a poder nadie entrar en la casa de un hombre fuerte y apoderarse de sus bienes si no le ata antes? Entonces será cuando pueda desvalijarle la casa.

En el mundo oriental no eran solamente las enfermedades mentales y psicológicas las que se les atribuían a los demonios y diablos; todas las enfermedades se achacaban a su poder maligno. Era corriente recurrir al exorcismo; y de hecho era eficaz con frecuencia.

No hay nada sorprendente en eso. Cuando se cree en la posesión diabólica, es fácil convencerse de que se está poseído; y una vez que se cae en esa sugestión, los síntomas se presentan automáticamente. También entre nosotros uno puede provocarse un dolor de cabeza, o convencerse de que tiene síntomas de una determinada enfermedad. Cuando una persona bajo ese estado de sugestión se encontraba con un exorcista en el que tenía confianza, a menudo se disipaba la sugestión y se producía la cura. En tales casos, si una persona estaba convencida de que se había curado, se había curado.

En este pasaje Jesús curó a un hombre que estaba ciego y sordo, y cuyo mal se atribuía a posesión diabólica. La gente se maravilló. Empezaron a preguntarse si este Jesús no podría ser el prometido y esperado Hijo de David, el gran Salvador y Libertador. Si aún les quedaban dudas era porque Jesús no se parecía nada al retrato robot del Hijo de David que todos tenían en la cabeza. No era un príncipe glorioso con pompa y séquito; no iba acompañado de choque de espadas ni de ejércitos con banderas; no se presentaba con señales del cielo llamando a los hombres a la batalla; era un sencillo carpintero de Galilea con palabras de sabiduría benigna y serena, en Cuyos ojos brillaba sólo la compasión, y en Cuyas manos no había más armas que el extraño toque sanador.

Los escribas y los fariseos estaban observándolo todo con astucia. Tenían la solución del problema: Jesús expulsaba los demonios porque estaba en liga con el príncipe de los demonios. Y Jesús dio una triple respuesta a aquella acusación.

(i) Si estaba expulsando. los demonios con la ayuda del príncipe de los demonios, eso no podía querer decir nada más que había un cisma en el reino de los demonios. Si el príncipe de los demonios estaba prestando su poder para la destrucción de sus propios agentes demoníacos, entonces había una guerra civil en el reino del mal, y estaba condenado a desaparecer. Una casa o ciudad o distrito no pueden sobrevivir cuando están divididos contra sí mismos. La disensión interior es el fin del poder. Así que, si los escribas y los fariseos tenían razón, los días de Satanás estaban contados.

(ii) Tratamos del tercer argumento de Jesús antes del segundo porque hay tanto que decir del segundo que queremos tratarlo por separado. Jesús dijo: « Si Yo estoy expulsando demonios -y eso es algo que no podéis negar-, eso quiere decir que he invadido el territorio de Satanás, y que estoy desvalijando sus fortalezas. Está claro que no se puede entrar en la casa de un hombre poderoso si antes no se le ata y se le deja indefenso. Por tanto, el hecho de que he sido capaz de invadir el territorio de Satanás con éxito es la demostración de que está atado y no tiene poder para resistir.» La escena del hombre fuerte que es atado está tomada de Isa_49:24-26 .

Hay una pregunta que este argumento nos hace querer hacer. ¿Cuándo fue atado el fuerte armado? ¿Cuándo fue encadenado el príncipe de los demonios de forma que Jesús pudiera desmantelar sus defensas? Puede que esa pregunta no tenga respuesta; pero si la, tiene, no puede ser otra que Satanás fue atado por Jesús en las tentaciones del desierto.

A veces sucede que, aunque un ejército no está totalmente fuera de combate, sufre tal derrota que su potencial de lucha ya no es lo que era antes. Ha sufrido pérdidas tan considerables, ha perdido la confianza hasta tal punto que ya no podrá tener la potencia de antes. Cuando Jesús arrostró al tentador en el desierto y le derrotó, sucedió algo tremendamente importante. Satanás se enfrentó por primera vez con Alguien a Quien todas sus asechanzas no podían seducir, ni conquistar todos sus asaltos. Desde entonces Satanás ya no volvió a ser el mismo poder invencible de las tinieblas; es el poder derrotado del pecado. Sus defensas están desmanteladas; todavía no está conquistado, pero ya no es invencible, y Jesús puede ayudar a los Suyos a obtener la victoria que El ganó.

LOS EXORCISTAS JUDÍOS

(iii) Ahora llegamos al segundo argumento de Jesús, que era que los judíos también practicaban el exorcismo; había judíos que expulsaban demonios y realizaban curaciones. Si Jesús estaba practicando exorcismos porque estaba aliado con el príncipe de los demonios, entonces los judíos estarían en el mismo caso, porque trataban de la misma manera las enfermedades y tenían, por lo menos a veces, el mismo resultado. Vamos a mirar las costumbres y los métodos de los exorcistas judíos, que nos presentan un sorprendente contraste con los de Jesús.

Josefo, un historiador de solvencia reconocida, dice que el poder de expulsar demonios era parte de la sabiduría de Salomón, y nos describe un caso que él mismo presenció (Josefo: Antigüedades 8.2.5): «Dios también permitió que Salomón aprendiera la habilidad de expulsar demonios, que es una ciencia útil y que devuelve la salud a las personas. Salomón también componía encantamientos para aliviar la destemplanza. Y dejó técnicas de realizar exorcismos para expulsar demonios de forma que no vuelvan, y este método de cura sigue teniendo una gran vigencia; porque yo he visto a uno de mi propio país, que se llamaba Eleazar, que liberaba a los endemoniados en presencia de Vespasiano, y sus hijos, y sus capitanes, y toda la multitud de sus soldados. La forma de cura era la siguiente: Ponía un anillo que contenía una raíz de las que mencionaba Salomón en las fosas nasales del poseso, tras lo cual sacaba al demonio por la nariz del paciente; y cuando este caía al suelo inmediatamente, conjuraba al demonio para que no volviera, mencionando a Salomón y recitando los encantamientos que él compuso. Y cuando Eleazar quería convencer y persuadir a la audiencia de que tenía tal poder, colocaba a cierta distancia una palangana o un cacharro de agua, y mandaba al demonio que lo volcara, para que el público supiera que había salido de la persona; y de esta manera se mostraba manifiestamente la habilidad y la sabiduría de Salomón.» Aquí tenemos un ejemplo del método judío, y de toda la parafernalia de la magia. ¡Qué diferente de la sencilla palabra de poder que Jesús simplemente pronunciaba!

Josefo tiene más información sobre cómo actuaban los exorcistas judíos. Una cierta raíz se usaba mucho en los exorcismos. Josefo nos lo cuenta: «En el valle de Maqueronte hay una cierta raíz que toma de él su nombre. Su color es como el de una llama, y por la tarde despide una especie de rayos como relámpagos. No es fácil de adquirir, porque se retrae de las manos, ni se deja atrapar sin más hasta que se le echa la orina de una mujer o su sangre menstrual; sí, y hasta entonces produce la muerte a los que la tocan, a menos que uno la tome y se la cuelgue de la mano para llevársela. También hay otra manera de tomarla sin peligro, y es la siguiente: se cava una cerca alrededor hasta que la parte oculta de la raíz sea muy pequeña; entonces se la ata a un perro, y cuando este trata de seguir al que le ató, saca la raíz con facilidad, aunque el perro muere en el acto, como si fuera en lugar del hombre que quería llevarse la planta; después ya no hay por qué tener miedo de cogerla en la mano. Pero después de tanto trabajo para cogerla, no sirve nada más que por la virtud que posee, si se la lleva a una persona enferma, para expulsar lo que llamamos los demonios» (Josefo: Guerras de los judíos 7.6.3). ¡Qué diferencia tan incalculable había entre la palabra de poder de Jesús, y esas artes de hechicería que usaban los exorcistas judíos!

Podemos añadir otra ilustración sobre los exorcismos judíos. Se encuentra en el libro apócrifo o deuterocanónico de Tobías. El ángel le dijo a Tobías que se casara con Sara, la hija de Raquel, que era una joven muy hermosa y con una gran dote y una buena mujer; pero se había casado sucesivamente con siete hombres, que murieron todos la noche de bodas, porque había un demonio que estaba enamorado de Sara y que no dejaba que nadie se le acercara. Tobías tenía miedo, pero el ángel le dijo: « La noche que entres en la cámara nupcial, lleva cenizas aromáticas, y ponlas encima del corazón y el hígado del pez, y haz humo con todo; y el diablo huirá cuando lo huela, y ya no volverá más» (Tobías 6:16). Tobías lo hizo, y el demonio se desvaneció para siempre (Tobías 8:1-4).

Esas eran las cosas que hacían los exorcistas judíos; y, como suele pasar, eran simbólicas. La gente buscaba la liberación de los males y los dolores de la humanidad en la magia y en los encantamientos. Puede que hasta estas cosas, por la misericordia de Dios, produjeran alivio por algún tiempo; pero en Jesús vino la Palabra de Dios con su sereno poder para traerles a los seres humanos la liberación definitiva que buscaban ansiosa y hasta desesperadamente, y que hasta que llegó no habían podido encontrar nunca.

Una de las cosas más interesantes de este pasaje es el dicho de Jesús: « Si es por el Espíritu de Dios como Yo expulso los demonios, entonces es que el Reino de Dios ha venido a vosotros» (versículo 28). Es significativo que la señal de la venida del Reino no eran iglesias llenas ni grandes campañas de avivamiento, sino la derrota del dolor.

LA NEUTRALIDAD IMPOSIBLE

Mateo 12:30

El que no está conmigo, está en contra de Mí; y el que no recoge conmigo, no hace más que esturrear.

La figura de recoger y esturrear puede proceder de uno de dos trasfondos. De la cosecha: el que no colabora en la recogida de la cosecha está dispersando el grano de forma que no se pueda recuperar; o puede venir del pastoreo: el que no ayuda a mantener el rebaño a salvo llevándolo al redil lo está descarriando y exponiendo a los múltiples peligros que acechan en los descampados.

En esta sola frase impactante Jesús establece la imposibilidad de mantener la neutralidad. W. C. Allen escribe: « En esta guerra contra las fortalezas de Satanás hay dos lados, con Jesús o en contra de Él, recogiendo con Él o desparramando con Satanás.» Podemos usar una analogía muy sencilla. Podemos aplicar este dicho a la iglesia o a nosotros mismos. Si nuestra presencia no fortalece la Iglesia, entonces nuestra ausencia la debilita. No hay término medio. En todas las cosas tenemos que escoger un bando; decidir no escoger, aplazar la decisión, no son una salida; porque el rehusar ayudar a un bando es en realidad prestar apoyo al contrario.

Hay tres cosas que hacen que una persona busque esta imposible neutralidad.

(i) Está la simple inercia de la naturaleza humana. Es verdad que lo único que quieren muchos es que los dejen en paz. Se esconden automáticamente de todo lo que suponga un compromiso, y toda decisión lo es.

(ii) Está la simple cobardía de la naturaleza humana. muchos rechazan el camino de Cristo porque tienen miedo de asumir las demandas que el Cristianismo impone. Lo que básicamente los detiene es el temor a lo que digan los demás. La voz del prójimo les llega con más fuerza que la voz de Dios.

(iii) Está la simple flojera de la naturaleza humana. La mayor parte de las personas prefieren el camino trillado a la aventura, y más cuando se van haciendo mayores. La aventura siempre supone un desafío; Cristo nos presenta el desafío de la aventura con Él, y la respuesta que recibe muchas veces es que preferimos la comodidad de la inactividad egoísta.

El dicho de Jesús -«El que no está conmigo, está en contra de Mí»- nos presenta un problema, porque tanto Marcos como Lucas contienen un dicho que parece querer decir lo contrario: «El que no está en contra de nosotros está con nosotros» Mar_9:40 ; Luk_9:50 ). Pero no son tan contradictorios como parecen. Hay que fijarse que Jesús dijo el segundo cuando Sus discípulos llegaron diciéndole que habían visto a uno que expulsaba demonios en Su nombre, y se lo habían prohibido, porque no era de su compañía. Así que se ha hecho una sugerencia muy convincente. «El que no está conmigo está en contra de Mí» es una prueba que debemos aplicarnos a nosotros mismos. ¿Estoy yo de veras en el lado de Jesús, o estoy tratando de vivir mi vida en un estado de neutralidad cobarde? «El que no está en contra de nosotros está con nosotros» es una prueba que debemos aplicar a otros. ¿Soy yo dado a condenar a cualquiera que no participa de mi teología y culto y liturgia e ideario? ¿Estoy limitando el Reino de Dios a los que piensan como yo?

El dicho de este pasaje es una prueba que nos debemos aplicar a nosotros mismos; el de Marcos y Lucas es una prueba que podemos aplicar a los demás; porque debemos tratarnos a nosotros mismos con seriedad, y a los demás con tolerancia.

EL PECADO QUE EXCLUYE EL PERDÓN

Mateo 12:31-33

Por eso es por lo que os digo que a las personas se les podrá perdonar todo pecado y toda blasfemia; pero la blasfemia contra el Espíritu Santo no se perdonará.

Si uno dice algo contra el Hijo del Hombre, se le podrá perdonar; pero ad que diga algo contra el Espíritu Santo, no se le perdonará ni en este mundo ni en el venidero. O se supone que el árbol es bueno y su fruto es bueno, o se supone que el árbol está podrido y su fruto está podrido. Porque un árbol se conoce por sus frutos.

Es alucinante encontrar una referencia a un pecado imperdonable en los labios de Jesús el Salvador de la humanidad. Tanto es así que alguna han tratado de limar la agudeza del carácter definitivo del significado. Lo toman como un ejemplo de la manera gráfica oriental de hablar como, por ejemplo, cuando Jesús dijo que uno tiene que odiar padre y madre para ser de veras Su discípulo; y que no se ha de entender en todo su terrible sentido literal, sino simplemente en el sentido de que el pecado contra el Espíritu Santo es de suma gravedad.

Esa interpretación se apoya con las citas de algunos pasajes del Antiguo Testamento: «Pero la persona que haga algo con soberbia, sea el natural o el extranjero, ultraja al Señor; esa persona será eliminada de en medio de su pueblo. Por cuanto tuvo en poco la palabra del Señor y menospreció Su mandamiento, esa persona será eliminada por completo y su pecado caerá sobre ella» (Números 1 S: 30s). «Por tanto Yo he jurado a la casa de Elí que la iniquidad de su casa no será expiada jamás, ni con sacrificios ni con ofrendas» (1Sa_3:14 ). «Esto fue revelado a mis oídos de parte del Señor de los ejércitos: «Este pecado no os será perdonado hasta que muráis,» dice el Señor Dios de los ejércitos» (Isa_22:14 ).

Se pretende que estos textos dicen exactamente lo mismo que Jesús dice aquí, y que están simplemente haciendo hincapié en la gravedad del pecado en cuestión. Sólo podemos decir que estos textos del Antiguo Testamento no tienen el mismo aire ni tampoco producen la misma impresión. Hay algo mucho más alarmante al oír lo que dice acerca del pecado que no tiene perdón el Que es la encarnación del amor de Dios.

Hay una parte de este dicho que es por demás alucinante. En la Reina-Valera se presenta a Jesús diciendo que el pecado contra el Hijo del Hombre es perdonable, mientras que el pecado contra el Espíritu Santo es imperdonable. Si tomamos esas palabras al pie de la letra no cabe duda que es un dicho difícil. Mateo ya ha dicho que Jesús es la piedra de toque de toda verdad (Mat_10:32 s); y es difícil comprender dónde está la diferencia entre los dos pecados.

Pero bien puede ser que aquí no se comprendió lo que Jesús quería decir. Ya hemos visto (cp. la explicación de Mat_12:16 ) que la frase hebrea un hijo de hombre quiere decir lo mismo que un hombre, y que los judíos usaban esta frase cuando se referían a cualquier persona. Cuando nosotros diríamos: «Había un hombre…», los rabinos decían: «Había un hijo de hombre…» Puede ser que lo que dijera Jesús fuera: «Si uno dice algo contra una persona, se le puede perdonar; pero si dice algo contra el Espíritu Santo, no se le perdonará.»

Es completamente posible que malentendamos a un mero mensajero humano de Dios; pero no podemos malentender -excepto deliberadamente- lo que Dios nos dice por medio de Su propio Espíritu Santo. Un mensajero humano siempre está expuesto a la confusión; pero el Mensajero divino habla tan claramente que solo se Le puede malentender cuando no se Le quiere entender. Esta interpretación hace este dicho más comprensible, si consideramos que la diferencia entre los dos pecados está en que uno es contra un mensajero humano de Dios, lo cual ya es bastante serio pero no imperdonable, y un pecado contra el Mensajero divino, que es totalmente intencionado y que, como veremos, puede llegar a ser imperdonable.

LA CONCIENCIA PERDIDA

Tratemos ahora de entender lo que quería decir Jesús con el pecado contra el Espíritu Santo. Tenemos que tener en cuenta que Jesús no estaba hablando del Espíritu Santo en el pleno sentido cristiano del término. Eso habría sido imposible, porque tenía que llegar Pentecostés para que el Espíritu Santo viniera sobre los creyentes en todo Su poder y luz y plenitud. Tenemos que interpretar este dicho a la luz de las concepción judía del Espíritu Santo.

Según la enseñanza judía, el Espíritu Santo tenía dos funciones supremas. La primera, el Espíritu Santo traía la verdad de Dios a las personas; la segunda, el Espíritu Santo capacitaba a las personas a reconocer y comprender esa verdad cuando les llegaba. Así que una persona, según los judíos, necesitaba al Espíritu Santo tanto para recibir como para reconocer la verdad de Dios. Podríamos decirlo de otra manera:

El Espíritu de Dios le ha dado a la persona una facultad que le permite reconocer la bondad y la verdad cuando las ve.

Ahora debemos dar otro paso en nuestro intento de comprender lo que quería decir Jesús. Una persona puede perder una facultad si se niega a usarla. Esto es verdad en cualquier esfera de la vida. Es verdad físicamente: si se dejan de usar ciertos músculos, se atrofian. Es verdad intelectualmente: muchas personas llegaron a saber algo de latín o de trigonometría, por ejemplo, cuando iban al instituto; pero lo han olvidado casi completamente porque no lo han practicado. Es verdad de cualquier clase de percepción: uno puede perder el gusto por la música clásica si no escucha nada más que música barata; puede perder la capacidad de la lectura si no lee nada que valga la pena; puede perder la facultad de disfrutar de un placer limpio y sano si no cultiva nada más que los que ensucian y degradan.

Por tanto una persona puede perder la capacidad de reconocer la bondad y la verdad cuando las vea. Si mantiene cerrados los ojos y los oídos a las cosas de Dios; si no hace más que volverle la espalda a los mensajes que Dios le envía; si no ocupa la mente nada más que en sus propias ideas, negándoles la entrada a las que Dios quiere sugerirle… al final acabará por no poder reconocer la verdad y la belleza y la bondad de Dios cuando las vea. Llegará a un estado en que su propio mal le parecerá el bien, y el bien de Dios le parecerá el mal.

Este era el estado en que se encontraban aquellos escribas y fariseos. Habían permanecido ciegos y sordos tanto tiempo a la dirección y a las sugerencias del Espíritu de Dios, y se habían empecinado tanto y tanto tiempo en su propio camino que habían acabado por no reconocer la verdad y la bondad de Dios cuando las veían. Podían estar viendo la bondad de Dios en Persona, y llamarla la personificación del mal; podían estar viendo al Hijo de Dios, y llamarle aliado de Satanás. El pecado contra el Espíritu Santo consiste en rechazar la voluntad de Dios tan insistentemente que se acaba por no reconocerla cuando se nos despliega a la luz del día.

¿Por qué ha de ser imperdonable ese pecado? ¿Qué lo distingue tan terriblemente de otros pecados? La respuesta es sencilla. Cuando se llega a ese estado, el arrepentimiento es imposible. Si una persona no puede reconocer la bondad cuando la ve, no la puede desear. Si no se reconoce el mal como mal, no se puede lamentar ni desear evitarlo. Y si no se puede, aunque sea con fracasos, amar el bien y aborrecer el mal, entonces uno no se puede arrepentir; y si no se puede arrepentir, no se le puede perdonar, porque el arrepentimiento es la única condición del perdón. Ahorraría muchas angustias el que la gente se diera cuenta de que una persona que no puede haber cometido el pecado contra el Espíritu Santo es la que tiene temor de haberlo cometido, porque el pecado contra el Espíritu Santo se puede describir como la pérdida de todo sentido del pecado.

A ese estado era al que habían llegado aquellos escribas y fariseos. Habían pasado tanto tiempo haciéndose los sordos y ciegos a Dios que habían perdido la facultad de reconocerle cuando se encontraban cara a cara con Él. No es que Dios los hubiera desterrado de los límites del perdón, sino que ellos mismos se habían excluido. Años de resistencia a Dios los habían vuelto así.

Aquí hay una advertencia terrible. Debemos tener en cuenta a Dios todos nuestros días para que no se nos atrofie la sensibilidad, ni ensordezca el oído espiritual. Es ley de vida que no oiremos nada más que lo que queramos oír, o nos hayamos capacitado para oír.

Se cuenta de un campesino que estaba en la oficina de un amigo, en medio de todo el ruido del tráfico y el tráfago de la ciudad, y le dijo de pronto: «¡Escucha!» «¿Qué?» le preguntó el amigo de la ciudad. «¡Un grillo!», le contestó el campesino. Tenía los oídos habituados a los sonidos del campo que no podían percibir los de la ciudad. Por otra parte, el tintineo de una moneda al caer a la acera habría hecho que muchos pares de ajos localizaran el punto, y habría pasado inadvertido para el campesino, que tal vez no lo habría oído nunca antes. Sólo el experto, el que se ha habituado a oírlo, puede reconocer el canto característico de. cada ave en el concierto del bosque. Sólo el experto que ha entrenado el oído distingue los sonidos de los diferentes instrumentos de la orquesta hasta el punto de poder localizar el fallo de una nota solitaria que ha salido de los segundos violines.

Es ley de vida que oímos lo que nos hemos entrenado a oír; Día a día debemos escuchar a Dios, para que día a día se nos haga Su voz, no cada vez más tenue, hasta que lleguemos a no poder percibirla, sino cada vez más clara, de forma que sea el sonido al que tengamos los oídos más sintonizados.

Así que Jesús acaba con el desafío: «Si he hecho una buena obra, debéis reconocer que soy un hombre bueno; si he hecho una mala obra, entonces podéis pensar que soy malo. No podéis saber cómo es un árbol nada más que por la calidad de sus frutos, ni el carácter de una persona si no es por sus obras.» Pero, ¿y si uno se ha vuelto tan ciego para Dios que no puede reconocer la bondad cuando la ve?

CORAZONES Y PALABRAS

Mateo 12:34-37

¡Raza de víboras! ¿Cómo vais a decir vosotros nada bueno siendo tan malos como sois? Porque es lo que rebosa el corazón lo que sale por la boca. Una buena persona saca cosas buenas del buen almacén; y una mala persona saca cosas malas de su mal almacén. Os aseguro que de todo lo inútil que haya dicho la gente tendrá que dar cuenta el Día del Juicio; porque por tus palabras se te exculpará, y por tus palabras se te inculpará.

No es extraño que Jesús eligiera hablar aquí de la tremenda responsabilidad de las palabras dichas. Los escribas y los fariseos acababan de decir las cosas más terribles. Habían puesto su mirada en el Hijo de Dios, y Le habían llamado aliado del diablo. Tales palabras habían sido realmente terribles. Así es que Jesús estableció dos leyes.

(i) Se puede ver cómo está el corazón por las cosas que dice. Hace mucho tiempo ya dijo el dramaturgo griego Menandro: «El carácter de una persona se conoce por sus palabras.» Lo que hay en el corazón no puede salir a la superficie nada mas que a través de los labios; y una persona no puede producir a través de sus labios nada más que lo que tiene en el corazón. No hay nada que sea más revelador que las palabras. No nos hace falta hablar largamente con una persona para darnos cuenta de si tiene una mente limpia o sucia; no tenemos que escucharle mucho tiempo para descubrir si tiene una mente amable o cruel; no tenemos que oírle mucho a uno que se dedica a predicar o a enseñar o a dar conferencias para descubrir si tiene una mente clara o confusa. Estamos revelando constantemente lo que somos por lo que decimos.

(ii) Jesús estableció que una persona tendría que dar cuenta especialmente de sus palabras inútiles. La palabra que se usa aquí para inútil es aergós; érgon es la palabra griega para obra; y el prefijo a quiere decir sin; aergós describe lo que no está destinado a producir ningún efecto. Se usa, por ejemplo, de un árbol estéril, de tierra en barbecho, del día de sábado en el que no se puede hacer ninguna obra, de una persona perezosa. Jesús estaba diciendo algo que es profundamente cierto. De hecho hay dos grandes verdades aquí.

(a) Son las cosas que uno dice sin darse cuenta, las palabras que se le escapan cuando no hay barreras convencionales, las que muestran de veras cómo es. Como lo expresa Plummer: «Las palabras que se dicen cuidadosamente puede que sean una hipocresía calculada.» Cuando una persona está en guardia conscientemente, pondrá cuidado en lo que dice y en cómo lo dice; pero cuando no está en guardia, sus palabras revelan su carácter. Es totalmente posible que los pronunciamientos públicos de una persona sean correctos y nobles, y que su conversación privada sea áspera y desabrida. En público se escoge cuidadosamente lo que se dice; en privado se despiden los centinelas y cualquier palabra sale por el puesto de guardia de los labios. Así sucede con la ira: puede que uno diga cuando está enfadado lo que piensa de veras y ha querido decir muchas veces, pero se lo ha impedido el frío control de la prudencia. Muchas personas son un modelo de encanto y de cortesía en público, cuando saben que los están observando y son especialmente cuidadosos con sus palabras; mientras que en su propia casa son un ejemplo terrible de irritabilidad, sarcasmo, mal genio, crítica y quejiconería porque no hay nadie que lo vea u oiga. Es humillante -y alertante- el recordar que las palabras que muestran lo que somos son las que se nos escapan cuando tenemos la guardia baja.

(b) A menudo son esas las palabras que hacen más daño. Puede que se diga cuando se está descontrolado lo que no se diría nunca cuando se está controlado. Puede que diga después que no era aquello lo que quería decir; pero eso no le libera de la responsabilidad de haberlo dicho; y el hecho de haberlo dicho deja a menudo una herida que no se cura con nada, y levanta una barrera que ya no se puede eliminar. Puede que uno diga cuando está relajado algo ofensivo y cuestionable que no diría nunca en público -y eso es precisamente lo que se alberga inolvidablemente en la memoria de alguien. Pitágoras, el gran filósofo griego, decía: «Antes lanza una piedra al azar, que una palabra.» Una vez que se ha dejado escapar una palabra ofensiva o sucia, nada la hará volver atrás; y seguirá una trayectoria de daño por dondequiera que vaya.

Que cada uno se examine a sí mismo. Que examine sus palabras para descubrir el estado de su corazón. Y que tenga presente que Dios no le juzgará por las palabras que diga cuidadosa e intencionadamente, sino por las que se le escapen cuando no haya restricciones convencionales y suban borbollando a la superficie los verdaderos sentimientos del corazón.

LA SEÑAL ÚNICA

Mateo 12:38-42

Entonces Le dijeron unos escribas y fariseos:

Maestro, queremos que nos des alguna señal acerca de Ti mismo.

La generación que demanda una señal es malvada y apóstata -les contestó Jesús-. No se le dará más señal que la del profeta Jonás. Porque, como estuvo Jonás tres días y tres noches en el vientre de la ballena, así el Hijo del hombre estará en el corazón de la Tierra tres días y tres noches. En el Juicio, las gentes de Nínive darán testimonio contra esta generación y demostrarán su culpabilidad; porque ellos se arrepintieron por la predicación de Jonás, y fijaos, aquí está Uno que es más que Jonás. La reina del Sur se levantará en el Juicio contra esta generación y la inculpará: porque ella vino desde el fin del mundo para escuchar la sabiduría de Salomón, y fijaos, aquí está Uno que es más que Salomón.

« Los judíos -dijo Pablo- demandan señales» (1Co_1:22 ). Era característico de los judíos eso de pedir señales y milagros de los que pretendían ser mensajeros de Dios. Era como si dijeran: « Presenta tus credenciales haciendo algo extraordinario.» Edersheim cita un pasaje de las historias rabínicas para ilustrar la clase de cosa que esperaba del Mesías la opinión popular: « Cuando le preguntaban a un rabino sus discípulos acerca de la venida del Mesías, él respondía: «Me temo que también me vais a exigir a mí una señal.» Y cuando le prometían no hacerlo, les decía que la puerta de Roma se caería y se reconstruiría, y caería otra vez y ya no habría tiempo para restaurarla antes que viniera el Hijo de David. Ellos le seguían insistiendo, aunque él se resistía a decirles una señal. Se les dio una señal: que las aguas que salían de la cueva de Banías se volverían sangre.

Otra vez, cuando desafiaban la enseñanza de rabí Eliezer, él adujo ciertas señales. En primer lugar, un algarrobo se trasladó de su sitio cuando él se lo mandó cien codos, según algunos, y cuatrocientos según otros. Después, los canales de agua empezaron a correr hacia atrás. Las paredes de la academia se inclinaron hacia adelante, y solo se detuvieron a la orden de otro rabino. Por último, Eliezer exclamó: «Si la Ley es como yo la enseño, que el Cielo lo demuestre.» Y se oyó una voz del cielo que decía: «¿Por qué os metéis vosotros con rabí Eliezer? Porque la instrucción es como él la enseña.»»

Esa era la clase de señal que querían los judíos, porque eran culpables de un error fundamental: querían ver a Dios en lo anormal; olvidaban que no estamos nunca más cerca de Dios, y Dios no Se nos muestra tanto y tan continuamente como en las cosas normales de cada día.

Jesús dijo que eran una generación malvada y adúltera. La palabra adúltera no hay que tomarla literalmente; quiere decir apóstata. Detrás de ella hay una figura favorita de la literatura profética del Antiguo Testamento. La relación entre Dios e Israel se concebía como un vínculo matrimonial con Dios como marido e Israel como esposa. Por tanto, cuando Israel era infiel y les daba su amor a otros dioses, se decía que la nación había cometido adulterio y se había prostituido con dioses extranjeros. Jer_3:6-11 es un pasaje típico. Allí se dice que la nación ha subido a todos los montes altos, y se ha tendido bajo todos los árboles frondosos para hacer de ramera. Hasta cuando Dios se había divorciado de Israel por sus infidelidades, Judá no se dio por enterada y se prostituyó. Sus prostituciones habían contaminado la tierra, y ella había cometido adulterio con la roca y el árbol, es decir, con ídolos de piedra y de madera. Así se describe algo aún peor que el adulterio físico: la infidelidad que es el origen de todo pecado físico o espiritual.

Jesús dice que la única señal que se le dará a esa nación es la señal del profeta Jonás. Aquí se nos presenta un problema. Mateo dice que la señal consiste en que, como Jonás estuvo en el vientre de la ballena tres días y tres noches, el Hijo del Hombre estará en el corazón de la tierra tres días y tres noches. Hay que notar que estas no son las palabras de Jesús, sino la explicación del evangelista. Cuando Lucas relata este incidente (Luk_11:29-32 ) no hace referencia a que Jonás estuviera en el vientre de la ballena. Sólo que Jesús dijo: «Porque como Jonás fue una señal para la gente de Nínive, así lo será el Hijo del Hombre para esta generación» (Luk_11:30 ).

El hecho es que Mateo entendió equivocadamente el sentido de lo que dijo Jesús; y cometió una extraña equivocación, porque Jesús no estuvo en el corazón de la Tierra tres noches, sino solo dos: fue sepultado la noche del primer Viernes Santo, y resucitó la mañana del primer Domingo de Resurrección. El detalle es que Jonás mismo fue la señal de Dios, y sus palabras fueron el mensaje de Dios para los ninivitas.

Jesús está diciendo: «Vosotros pedís una señal; pues bien: Yo soy la señal de Dios. Habéis fallado al no reconocerme. Los ninivitas reconocieron en Jonás la advertencia de Dios; la reina de Sabá reconoció la sabiduría de Dios en Salomón. En Mi Persona os ha llegado una sabiduría que es más que la de Salomón, y un mensaje mayor que el de Jonás; pero vosotros estáis tan ciegos que no podéis ver la verdad, y tan sordos que no podéis oír la advertencia. Y por esa misma razón, llegará el Día cuando esas personas de la antigüedad que reconocieron a Dios cuando Le vieron darán testimonio contra vosotros, que habéis tenido una oportunidad mucho mejor, y habéis fallado por no reconocer a Dios porque no habéis querido.»

Aquí tenemos una profunda verdad: Jesús es la señal de Dios, lo mismo que Jonás fue el mensaje de Dios a los ninivitas, y Salomón fue la sabiduría de Dios para la reina de Sabá. La cuestión fundamental de la vida es: «¿Cómo reaccionamos cuando nos encontramos cara a cara con Dios en Jesucristo?» ¿Hostilmente como los escribas y los fariseos, o aceptando humildemente la advertencia y la verdad de Dios como los ninivitas y la reina de Sabá? La pregunta supremamente importante es:›«¿Qué piensas tú de Cristo?»

EL PELIGRO DEL CORAZÓN VACÍO

Mateo 12:43-45

Cuando un espíritu inmundo sale de una persona, va por lugares secos buscando reposo, pero no lo encuentra. Entonces se dice: «Me volveré a mi casa, de la que me marché,» y cuando llega, se la encuentra deshabitada, barrida y en perfecto orden. Entonces va y se trae otros siete espíritus peores que él, y entran y se quedan residiendo allí. Y la persona acaba peor de como estaba en un principio; y eso será lo que le pase a esta malvada generación.

Hay todo un mundo de verdades de las más prácticas en esta parábola concisa y horripilante acerca de la casa vacía.

(i) Se destierra de la persona, pero no se destruye el espíritu malo. Es decir: que, en esta era presente, se puede conquistar y desterrar el mal, pero no destruirlo. Siempre estará buscando la oportunidad para contraatacar y recuperar el terreno perdido. El mal es una fuerza que se puede mantener a raya, pero no eliminar totalmente.

(ii) Eso tiene que querer decir que una religión negativa no puede ser suficiente nunca. Una religión que consiste en no hagas eso ni lo otro acaba en fracaso. Lo malo de esa religión es que puede que pueda limpiar a una persona prohibiéndole todas las malas acciones, pero no la puede mantener limpia.

Consideremos un caso práctico. Un borracho se puede reformar; puede que decida no seguir perdiendo el tiempo en la taberna, pero debe buscarse algo que hacer, tiene que encontrarse algo con lo que llenar el tiempo que está ahora vacante, o volverá a caer en la vieja situación. Una persona que no se ha dedicado más que a buscarse placeres puede que decida ponerle punto final; pero debe encontrar algún otro objetivo por lo menos igualmente absorbente con el que llenar su tiempo, o no hará más que volver a la carga si se encuentra con la vida vacía. No basta con que la vida de una persona esté esterilizada; tiene que fertilizarse para producir el bien. Siempre será verdad que « Satanás siempre encuentra faena para las manos ociosas.» Y si se destierra de la vida una clase de acción, hay que sustituirla con otra, porque la vida no puede estar vacía.

(iii) De aquí se deduce que la única cura definitiva para las malas acciones son las acciones cristianas. Cualquier enseñanza que se detiene después de decirle a las personas lo que no tienen que hacer está condenada al fracaso; debe pasar de ahí a decirles lo que tienen que hacer. La única enfermedad fatal es la inactividad; hasta una inactividad esterilizada llega pronto a infectarse. La manera más fácil de eliminar las ortigas de un jardín es llenarlo de plantas útiles. La manera más fácil de guardarse del pecado es llenarse de actividad sana.

Para decirlo claro: la iglesia mantendrá de lo más fácilmente a sus miembros si les da suficiente trabajo cristiano que hacer. Lo que debemos proponernos no es simplemente la ausencia negativa de malas obras, sino la presencia positiva de obras para Cristo. Si encontramos muy amenazadoras las tentaciones al mal, una de las mejores maneras de vencerlas es sumergirse en actividad para Dios y nuestros semejantes.

EL VERDADERO PARENTESCO

Mateo 12:46-50

Mientras Jesús estaba hablando a la gente, fijaos: Su madre y Sus hermanos se presentaron fuera, buscando una oportunidad para hablar con Él. Y se Le dijo:

-Mira: Tu Madre y tus hermanos están ahí fuera, y quieren tener oportunidad de hablar contigo.

Jesús le contestó al que Se lo dijo:

-¿Qué madre, y qué hermanos? -Y, extendiendo el brazo hacia Sus discípulos, añadió-: Mira: ¡estos son mi madre y mis hermanos! La persona que hace la voluntad de Mi Padre del Cielo, es Mi hermano y Mi hermana y Mi madre.

Una de las grandes tragedias humanas de la vida de Jesús fue que, durante Su vida, los que tuvo más cerca y Le eran más queridos no Le comprendieron. « Porque ni siquiera Sus hermanos -nos dice Juan- creían en Él» (Joh_7:5 ). Marcos nos dice que, cuando Jesús emprendió -Su misión pública, Sus amigos trataron de impedírselo, porque decían que estaba loco (Mar_3:21 ). Les parecía que se estaba dedicando a tirar Su vida por la borda en una locura.

Ha sucedido muchas veces que, cuando una persona se embarca en la Obra de Jesucristo, sus parientes y amigos no la pueden entender y le son hostiles. « Un cristiano no tiene más parientes que los santos,» dijo uno de los primeros mártires. Muchos de los primeros cuáqueros pasaron esta -amarga experiencia. Cuando Edward Burrough se sintió llamado al nuevo camino, «sus padres disintieron de su «espíritu fanático» y le echaron de casa.» Le suplicó humildemente a su padre: «¡Déjame que me quede, y seré tu servidor! Haré para ti el trabajo de un jornalero. ¡Déjame quedarme!» Pero, como dice un biógrafo: «Su padre se mantuvo impertérrito; y por más que el joven amaba su hogar y su ambiente familiar, su padre no quiso saber más de él.»

La verdadera amistad y el verdadero amor se basan en ciertas cosas sin las que no pueden existir.

(i) La amistad se basa en un ideal común. Personas que son muy diferentes de ambiente, de equipamiento intelectual y aun de métodos, pueden ser buenos amigos si tienen un ideal común por el que trabajan y que tienen por meta.

(ii) La amistad se basa en una experiencia común, y en los recuerdos que deja. Muchas veces la amistad surge de haber pasado por alguna gran experiencia que pueden revivir juntos.

(iii) El verdadero amor se basa en la obediencia. «Vosotros sois mis amigos -dice Jesús- si hacéis lo que Yo os mando» (Joh_15:14 ). No hay manera de demostrar la realidad del amor más que por el espíritu de obediencia.

Por todas estas razones, el verdadero parentesco no es siempre una cuestión de carne y hueso. Sigue siendo verdad que la sangre es un vínculo que nada puede romper, y que muchas personas encuentran su deleite y su paz en el círculo familiar; pero también es verdad que a veces los más allegados familiarmente de una persona son los que menos la entienden, y que encuentra la verdadera amistad entre los que trabajan con ella por un ideal común y con, los que comparte una experiencia común. No se puede negar que, aunque un cristiano se encuentre con que los que están más cerca de él son los que menos simpatizan con él, siempre tendrá la comunión con el Señor Jesucristo y la amistad de todos los que aman al Señor.

Mateo 12:1-50

12.1, 2 Los fariseos habían establecido treinta y nueve categorías generales de actividades prohibidas en el día de reposo. Estaban basadas en interpretaciones de la ley de Dios y en las tradiciones judías. Cosechar era una de esas prohibiciones. Según los líderes religiosos, al arrancar espigas de trigo y sobarlas en sus manos, los discípulos estaban técnicamente cosechando. Jesús y los discípulos habían arrancado las espigas porque tenían hambre no porque quisieran segar el grano con fines de lucro. Jesús y sus discípulos no estaban trabajando en el día de reposo. Los fariseos, sin embargo, no pudieron (y no quisieron) ver más allá del tecnicismo de las leyes.

12.4 Esta historia se registra en 1Sa_21:1-6. Cada semana se reemplazaban los panes de la proposición y los sacerdotes comían los mismos. Los panes que recibió David fueron los que habían sido reemplazados. A pesar de que los sacerdotes eran los únicos que podían comer de esos panes, Dios no castigó a David porque su necesidad era más importante que los tecnicismos legales. Jesús estaba diciendo: «Si ustedes me condenan, tendrán también que condenar a David», algo que los líderes religiosos no podían hacer sin originar un gran alboroto entre la gente. Debe enfatizarse que Jesús no estaba apoyando la desobediencia a las leyes de Dios. Pero enfatizaba la importancia de tener discernimiento y compasión al aplicar las leyes.

12.5 Los Diez Mandamientos prohibían trabajar en el día de reposo (Exo_20:8-11). Esa era la letra de la Ley. Pero como el propósito del día de reposo era descansar y adorar a Dios, los sacerdotes podían trabajar para llevar a cabo los sacrificios y conducir los cultos de adoración. Esta «labor sabática» servía y rendía culto a Dios. Jesús siempre enfatizó la intención de la ley. Los fariseos se habían olvidado del espíritu de la ley y en forma rígida demandaban que se obedeciera al pie de la letra su interpretación de la misma.

12.6 Los fariseos se preocupaban tanto de los rituales religiosos que olvidaban el propósito del templo: llevar la gente a Dios. Como Cristo es mayor que el templo, quién mejor que El puede conducir la gente a Dios. Dios es mucho más importante que todos los instrumentos que se utilizan en la adoración. Si nos preocupamos más de los instrumentos de la adoración que de la Persona que adoramos, no estaremos alcanzando a Dios aunque pensemos que le estamos rindiendo culto.

12.7 Jesús repitió a los fariseos palabras que los judíos habían oído muchas veces a través de su historia (1Sa_15:22-23; Psa_40:6-8; Isa_1:11-17; Jer_7:21-23; Hos_6:6). La actitud de nuestro corazón hacia Dios es primero. Sólo así podemos con propiedad obedecer y observar las regulaciones y rituales religiosos.

12.8 Cuando Jesús dijo que era «Señor del día de reposo» proclamó ser más importante que la ley y estar por encima de ella. Para los fariseos esto era herejía. No se daban cuenta de que Jesús, el divino Hijo de Dios, era el creador del día de reposo. El Creador es siempre más grande que la creación; por esta razón Jesús tenía la autoridad de dejar sin efecto sus tradiciones y regulaciones.

12.9 Para obtener más información sobre las sinagogas, véanse las notas a Mar_1:21 y 5.22.

12.10 Al referirse al hombre con la mano deformada («seca»), los fariseos trataron de enredar a Jesús preguntándole si era legal sanar en el día de reposo. Las reglas decían que se podía brindar ayuda a la gente en día de reposo sólo si era una cuestión de vida o muerte. Jesús sanó en el día de reposo varias veces y ninguna de ellas podía calificarse como emergencias. Si Jesús hubiera esperado hasta el día siguiente, se sometía a la autoridad de los fariseos y aceptaba que sus leyes mezquinas eran iguales a la ley de Dios. Si sanaba al hombre, los fariseos podrían proclamar que su poder no procedía de Dios ya que quebrantaba sus reglas. Pero Jesús dejó en claro delante de todos que sus normas eran ridículas y mezquinas. Dios es un Dios de personas, no de reglas. El tiempo más apropiado para ayudar a alguien es cuando lo necesita.

12.10-12 Los fariseos pusieron sus leyes por encima de las necesidades humanas. Les preocupaba tanto que Jesús rompiera una de sus reglas que no les importaba la mano seca del hombre. ¿Qué actitud asume usted? Si sus convicciones no le permiten ayudar a ciertas personas, sus convicciones pudieran no estar a tono con la Palabra de Dios. No permita que los dogmas lo cieguen a las necesidades humanas.

12.14 Los fariseos planearon la muerte de Jesús porque estaban furiosos. Jesús había desacatado su autoridad (Luk_6:11). Había puesto al descubierto sus aviesas actitudes delante de la multitud en la sinagoga. Había demostrado que eran más leales a su sistema religioso que a Dios.

12.15 Hasta ahora, Jesús había estado confrontando con agresividad la hipocresía de los fariseos. Pero decide salir de la sinagoga antes de que se desarrolle una mayor confrontación porque no le había llegado la hora de morir. Todavía tenía mucho que enseñar a sus discípulos y a la gente.

12.16 Jesús no quería que las personas que El sanaba lo dieran a conocer a otros porque no quería que la gente acudiera a El por motivos impropios. Además, podía dañar su ministerio de enseñanza y crear falsas expectativas sobre su reino terrenal. Pero las noticias de sus milagros se difundieron, y muchos iban a ver lo que estaba pasando (véase Mar_3:7-8).

12.17-21 Mateo citaba a menudo el Antiguo Testamento porque quería demostrar a los judíos que Jesús era el Mesías. Para los judíos la Biblia era la autoridad suprema. Creían que anunciaba a un Mesías, pero no que Jesús lo fuera. Mateo les mostró que Jesús era el Mesías prometido. Esta profecía en particular enseñaba que el Mesías no iba a ser el conquistador pomposo que los judíos esperaban, sino un manso Juez (Isa_42:1-7).

12.17-21 La gente esperaba que el Mesías fuera un rey. Esta referencia a la profecía de Isa_42:1-4 muestra que El sí es rey, pero describe qué clase de rey: calmo, gentil, que brinda justicia a las naciones. Como la multitud, a veces queremos que Cristo tenga autoridad de rey y traiga consigo victorias notables y visibles a nuestra vida. Pero con frecuencia su obra es silenciosa, y la realiza en el momento que cree oportuno.

12.24 Antes habían acusado a Jesús de estar aliado al príncipe de los demonios (9.34). Los fariseos trataban de desacreditarlo apelando a las emociones. Como no querían creer que El fuera Dios, decían que actuaba de acuerdo con Satanás. A Jesús no le fue difícil demostrar la necedad de su argumento.

12.25 Como hombre, Jesús se había despojado de su capacidad sobrenatural de saberlo todo, pero mostró un conocimiento profundo de la naturaleza humana. Su discernimiento impidió que lo enredaran en sus palabras. El Cristo resucitado conoce todos nuestros pensamientos. Esto puede ser un consuelo porque El sabe bien lo que queremos decir cuando le hablamos, y nos puede ofrecer ayuda. Por otro lado, no podemos ocultar de El lo que hacemos con motivos egoístas.

12.29 Al nacer Jesús, el poder de Satanás y su control se vieron trastornados. En el desierto, Jesús salió airoso de la tentación y en la resurrección, anuló el arma final de Satanás: la muerte. Al final Satanás será atado para siempre (Rev_20:10) y la maldad no pervertirá más la tierra. Jesús tiene poder y autoridad total sobre Satanás y sus fuerzas.

12.30 Es imposible ser neutral en relación con Cristo. Cualquiera que no le esté siguiendo activamente lo ha rechazado. Cualquier persona que procura mantenerse neutral en la pugna cósmica del bien contra el mal, ha rechazado a Dios.

12.31, 32 Rechazar la voz del Espíritu Santo cuando intenta convencernos de pecado es blasfemar contra El. Como una persona solo puede salvarse por medio del Espíritu Santo y su obra, cuando uno no quiere arrepentirse ni reconocer su pecado está rechazando el perdón que le brinda Dios. Algunas veces los creyentes temen haber cometido accidentalmente este pecado imperdonable. Pero sólo los que han dado la espalda a Dios y no quieren creer necesitan preocuparse. Jesús dice que no serán perdonados, no porque su pecado sea peor que otros, sino porque nunca pedirán perdón. Los que rechazan la voz del Espíritu Santo rechazan la única fuerza que los puede guiar al arrepentimiento y a la restauración de las relaciones con Dios.

12.34-36 Jesús nos recuerda que lo que decimos revela lo que hay en nuestro corazón. ¿Qué tipo de palabras salen de nuestra boca? Estas son una indicación de lo que nuestro corazón alberga. Uno no puede solucionar el problema del corazón cambiando de vocabulario. Tiene que permitirle al Espíritu Santo que lo llene con actitudes y motivos nuevos; luego su vocabulario se limpiará desde adentro.

12.38-40 Los fariseos pedían otro milagro pero no estaban buscando con sinceridad conocer a Jesús. Jesús sabía que habían visto milagros suficientes para convencerles de que El era el Mesías. Pero ellos ya habían decidido no creer en El y eso no iba a cambiar con otro milagro.

Muchas personas han dicho: «Si yo viera un milagro, creería en Dios». Pero lo que dijo Jesús a los fariseos se aplica también a nosotros. Tenemos evidencias más que suficientes: la muerte de Jesús, su resurrección y ascensión, y siglos de estar cambiando vidas de creyentes alrededor del mundo. En lugar de buscar evidencias adicionales o milagros, acepte lo que Dios ya le dio y avance. El puede usar su vida como evidencia para llegar a otra persona.

12.39-41 Jonás fue un profeta que fue enviado a la ciudad asiria de Nínive (véase el libro de Jonás). Debido a que los asirios eran una nación cruel y belicosa, Jonás trató de huir de su cometido y terminó alojado tres días en el vientre de un pez gigante. Cuando salió, de mala gana fue a Nínive, predicó el mensaje de Dios y vio a la ciudad arrepentirse. Por contraste, cuando Jesús vino a los suyos, estos no quisieron arrepentirse. Aquí está diciendo con claridad que su resurrección probaría que El era el Mesías. Tres días después de su muerte, volvería a vivir, así como a Jonás se le dio una nueva oportunidad para vivir después de haber estado tres días en el vientre del pez.

12.41, 42 En los días de Jonás, Nínive era la capital del Imperio Asirio y era tan poderosa como mala (Jon_1:2). Pero toda la ciudad se arrepintió como respuesta al mensaje de Jonás. La reina de Sabá viajó una gran distancia para ver a Salomón, rey de Israel y aprendió de su gran sabiduría (1Ki_10:1-10; véase también en la nota a Luk_11:31-32 más información sobre la reina de Sabá. Aquellos gentiles reconocieron la verdad de Dios cuando se la presentaron, pero los líderes religiosos no reconocieron la verdad a pesar de que la tenían delante. ¿Ha respondido usted a la evidencia y verdad recibidas?

12.43-45 Jesús está describiendo la actitud de Israel y los líderes religiosos en particular. Si uno se limpia la vida pero no la llena de Dios deja espacio suficiente para que entre Satanás. El libro de Esdras registra cómo la gente se apartó de la idolatría pero no la reemplazaron con amor a Dios y obediencia. Desear alejarnos del pecado es el primer paso, pero luego debemos llenar nuestra vida con la Palabra de Dios y el Espíritu Santo. Las personas vacías e inactivas son un fácil blanco de Satanás.

12.46-50 Jesús no estaba eludiendo a su familia terrena. Por el contrario, antes ya había criticado a los líderes judíos por no tomar en cuenta el mandato del Antiguo Testamento de honrar a sus padres (15.1-9). Colgado en la cruz se ocupó del bienestar de su madre(Joh_19:25-27). Su madre María y su hermano Santiago estuvieron presentes en el aposento alto en Pentecostés (Act_1:14). Jesús más bien estaba enfatizando que la relación espiritual une tanto como la física, con lo que estaba preparando el camino para una nueva comunidad de creyentes (la Iglesia), nuestra familia espiritual.

Mateo 12:1-13

El tema que se nos presenta en este pasaje de una manera prominente es la observancia del sábado. Acerca de dicho asunto prevalecían en medio de los judíos de aquel tiempo opiniones harto singulares. Los fariseos habían adicionado sobre el particular las enseñanzas de la Escritura, y habían recargado el precepto con adiciones humanas. En las iglesias cristianas las opiniones han sido diversas, y aun el día de hoy estamos lejos de haber llegado a un acuerdo completo.

Examinemos, qué nos enseña nuestro Señor en el pasaje que tenemos a la vista.

Desde luego tendremos que convencernos de que nuestro Señor Jesucristo no suprime la observancia de un día de descanso cada semana. Tal supresión no se encuentra ni en este pasaje, ni en ninguna otra parte de los cuatro Evangelios. Con mucha frecuencia expresó su opinión relativamente a los errores de los judíos sobre la santificación del sábado, mas jamás dijo que sus discípulos no debían en manera alguna guardarlo.

Es de suma importancia que se note ese hecho, pues los errores que han dimanado de un examen superficial de las palabras de nuestro Señor, no son ni pocos ni leves. Muchos han llegado de un modo precipitado a la convicción de que los cristianos no tienen nada que hacer con el cuarto mandamiento, y que su práctica o lo que en este capítulo se diga del sábado es aplicable al domingo, que es el día que los cristianos observan.

No les es más obligatoria que la observancia de la ley mosaica acerca de los sacrificios. No hay nada en el Nuevo Testamento que justifique semejante convicción.

Lo cierto es que nuestro Señor no abolió el mandamiento que se refiere al sábado: lo que hizo fue desenmarañarlo de interpretaciones incorrectas y despejarlo de las tradiciones humanas. No lo borró del decálogo, mas lo dejó en su lugar, como parte de la ley eterna de Dios, de la cual no ha de pasar ni un punto, ni una tilde.

También nos convenceremos de que nuestro Señor Jesucristo permite que se ejecuten en el sábado obras de misericordia.

En este pasaje vemos que justificó a sus discípulos por haber recogido las espigas de trigo en el sábado, por cuanto que aquel era un acto sancionado por la Escritura (Deut. 23.25) y los discípulos tenían hambre. Además, aseguró que era lícito sanar a un enfermo en día sábado, en atención a que no se quebrantaba la ley de Dios con suministrar alivio a un paciente.

Los argumentos por medio de los cuales nuestro Señor sostuvo la doctrina de que venimos tratando son notables é incontestables. a los fariseos que lo habían acusado a él y a sus discípulos les hizo presente que David y los que lo acompañaban a falta de otro alimento habían tomado del pan de la proposición que estaba en el tabernáculo, y se lo habían comido ; que los sacerdotes del templo estaban obligados a trabajar en el sábado inmolando víctimas y ofreciendo sacrificios ; que aun ellos mismos sacarían a una oveja de un hoyo, en el sábado, en vez de dejarla perecer; y, por último, que ninguno de los preceptos de Dios debe aplicarse con tal rigor que nos impulse a descuidar los sencillos dictados de la caridad. «Misericordia quiero, y no sacrificio:» la primera tabla de la ley no debe interpretarse de tal manera que el que la obedezca tenga que infringir la segunda.

Al terminar la consideración de este asunto es preciso que nos resolvamos a no tener en poco la santidad del domingo, o sea el sábado de los discípulos de Cristo. Los fariseos se fueron a un extremo: los cristianos yerran en dirección opuesta.

Los fariseos pretendían hacer el día más sagrado; los cristianos, queriendo evitar todo rigor, lo observan muchas veces de una manera ociosa, profana é irreverente. Procuremos proceder con acierto en este asunto.

Mateo 12:15-21

Lo primero que en este pasaje llama nuestra atención es que pone de manifiesto la espantosa maldad del corazón humano. Vencidos al silencio por los argumentos de nuestro Señor, los fariseos se sumergieron más y más profundamente en el pecado. Se nos dice que salieron y consultaron para destruirle.

¿Qué mal había hecho nuestro Señor para que lo tratasen así? Ninguno absolutamente. Ningún cargo podía hacérsele contra su conducta: era santo, inocente, puro; y había pasado sus días en hacer bien. Tampoco pedía hacérsele cargo alguno contra su doctrina: había probado que esta armonizaba con la Escritura y con la razón, y sus pruebas no habían sido refutadas. Sin embargo, era aborrecido.

Los verdaderos cristianos no deben sorprenderse si se les tornare en blanco de odio y de envidia. «No os maravilléis,» dijo San Juan, «si el mundo os aborrece.» 1 Juan 3.13. Por consecuentes que sean en su conducta y por escrupulosa que sea la obediencia que den a los preceptos divinos, no podrán estar al abrigo de la ojeriza de los incrédulos. El único hombre perfecto que jamás vivió sobre la tierra fue aborrecido en vez de ser amado. Lo que al mundo le disgusta no es la fragilidad de los creyentes sino su bondad. Tengamos esto presente y seamos resignados. El mundo aborreció a Jesús y siempre aborrecerá a los creyentes.

Lo que llama luego nuestra atención en el pasaje de que nos ocupamos, es el consolador bosquejo déla bondad de Jesucristo que el Evangelista cita del profeta Isaías. Helo aquí: «La caña cascada no quebrará; y el pabilo que humea no apagará..

¿Qué quieren decir «la caña cascada» y «el pabilo que humea «? Estas expresiones son, sin duda, figuradas. La explicación más sencilla en nuestro concepto es que el Espíritu Santo describió por boca del profeta aquellos cuya gracia es débil, cuyo arrepentimiento es vacilante y cuya fe es pequeña. Hacia tales personas nuestro Señor Jesucristo será muy tierno y compasivo. Por tenue que sea la caña cascada, no será quebrada: por pequeña que sea la chispa en el pabilo que humea, no será apagada. A los ojos del Señor la gracia, el arrepentimiento y la fe, por débiles que sean, tienen mucho valor.

Cometemos un error muy grave si no alentamos a los que empiezan a sentir dentro de sí el germen de la fe y del arrepentimiento. Es preciso que no olvidemos que una chispa es preferible a una oscuridad completa y un poco de fe a la total carencia de ella.

Mateo 12:22-37

Este pasaje contiene verdades difíciles de entender. Los teólogos más eruditos no han podido explicar por completo la naturaleza del pecado contra el Espíritu Santo. No es difícil fundar en la Escritura una definición negativa de dicho pecado, es decir, una definición en que se exprese lo que no es; pero sí, es muy difícil construir una definición afirmativa, o sea una definición en que se exprese lo que es. Ni debemos extrañar esto: la Biblia no seria el libro do Dios si no tuviera aquí y allí pasajes de profundidad insondable. Antes bien, demos gracias a Dios que aun de versículos cómo los arriba trascritos pueden deducirse verdades que están al alcance de las personas más iliteratas.

De este pasaje deducimos primeramente la de que, para los enemigos de la religión, ningún dicterio es demasiado blasfemo para lanzar contra ella. Nuestro Señor arrojó un demonio, y al punto los fariseos exclamaron que lo había hecho con el auxilio del príncipe de los demonios.

La acusación era peregrina. Nuestro Señor hizo ver cómo era fuera de razón suponer que el diablo ayudase a derrocar su propio reino, y Satanás a arrojar fuera a Satanás. Más cuando los hombres se oponen a la religión no reparan en las expresiones que emplean. Los fariseos no han sido las únicas personas que han hollado la lógica, el sentido común, y la prudencia, al atacar el Evangelio de Jesucristo.

Á menudo se hacen contra hombres del carácter más intachable cargos espantosos é infundados. Y no debemos sorprendernos de ello: si al mismo Padre de familias llamaron Belcebú ¿cuánto más a los de su casa? El ardid es antiguo: cuando no se pueden contestar los argumentos del cristiano ni negar sus obras, no lea queda a los malos otro recurso que el de denigrar su reputación. Mas la calumnia no puede privar del cielo al creyente. En el último día será sincerado De este pasaje se deduce, en segundo lugar, que es imposible ser neutral en materias de religión. El que no es con Jesucristo, contra El es; y el que con El no recoge, esparce.

En todos los siglos ha habido personas que se han esforzado en tomar un partido medio en religión, que han percibido las verdades del Cristianismo cuando se les han presentado, mas han tenido temor de hacer profesión de ellas. A causa de esa percepción se han lisonjeado con la idea de que no han sido tan malos como otros hombres; y sin embargo no han aceptado para sí la norma de fe y de conducta establecida por nuestro Señor Jesucristo. No son discípulos decididos del Redentor, mas tampoco son sus enemigos declarados. Nuestro Señor dijo que tal posición era peligrosa. En religión solo hay dos bandos.

¿Estamos con Cristo y trabajamos a favor de su causa? Si así no fuere, estamos contra El. ¿Estamos haciendo bien en el mundo? Si así no fuere, estamos causando mal.

De estos versículos se deduce, en tercer lugar, que los pecados más graves son tos que se cometen con pleno conocimiento.

Esto se infiere de las palabras que nuestro Señor dijo acerca de la blasfemia contra el Espíritu Santo. Difícil como es interpretarlas, parecen, sin embargo, probar con suficiente claridad que en los pecados hay grados. Las ofensas que resulten de la ignorancia acerca de la misión del Hijo del hombre no serán castigadas con tanta severidad como aquellas en que incurran los que rechacen la clara luz del Espíritu Santo. Cuánto más brillante sea la luz, tanto mayor será la culpabilidad de los que la rechazan. El hombre que rehúse arrepentirse y creer será tanto más culpable cuanto más profundo sea el conocimiento que posea del Evangelio.

Ni es el de que nos ocupamos el único pasaje de las Escrituras en que se enseña esta doctrina. San Pablo escribió a los Hebreos lo siguiente: « Es imposible que los que una vez recibieron la luz, y que gustaron el don celestial, y que fueron hechos partícipes del Espíritu Santo….y han caído en apostasía, sean renovados de nuevo por arrepentimiento.» «Si pecamos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda sacrificio por los pecados; sino una horrenda expectación de juicio.» Heb_6:4-7, y 10 : 26, 27.

Pluguó a Dios concedernos la fuerza de voluntad suficiente para aprovechar nuestros conocimientos, ya sean estos limitados o extensos. Ojalá que nos precavamos de perder nuestras oportunidades y descuidar nuestros privilegios. ¿Conocemos la verdad? Caminemos entonces de acuerdo con la verdad. Tal conducta es el mejor preservativo contra el pecado imperdonable.

De estos versículos se deduce, por último, cuan importante es que seamos comedidos en nuestras palabras. Nuestro Señor dijo que de toda palabra ociosa que hablaran los hombres, tendrían que dar cuenta en el día del juicio, y agregó: « Porque por tus palabras serás justificado, y por tus palabras serás condenado..

Quizá no hay cosa en que los hombres pongan tan poca atención como en sus palabras. Por lo común se habla sin reflexión, pensando que si se obra bien importa poco lo que se diga.

Mas ¿es esto cierto? ¿Son nuestras palabras de tan poca importancia como se supone? Es imposible contestar afirmativamente en vista de un pasaje como el que tenemos a la vista. Así como por el arroyo se conoce la calidad del agua de la fuente, por las palabras se puede juzgar del estado del corazón. «De la abundancia del corazón habla la boca.» Los labios pronuncian lo que la mente concibe. En el día del juicio tendremos que dar cuenta de nuestras palabras así como de nuestros actos. Esta es, a la verdad, una idea aterradora. Si no hubiera en la Biblia otro texto que versara sobre el asunto, este seria suficiente para convencernos de que somos culpables delante de Dios, y de que, por consiguiente, necesitamos una justicia mayor que la nuestra, es a saber : la de Cristo Jesús. Fil. «2.9.

Al leer este pasaje y pensar en el pasado debemos sentirnos humillados. ¡Cuántos conceptos ociosos, frívolos, incautos é inútiles no hemos emitido! Cuántas palabras no hemos empleado que han volado por doquiera como leves plumas esparcidas por la brisa, y han sembrado en el corazón de nuestros semejantes males que jamás podrán desarraigarse. «La palabra hablada,» ha dicho un sabio, «es físicamente pasajera, mas moralmente permanente.» «La muerte y la vida,» dice Salomón, «están en poder de la lengua.» Pro_18:21

Mateo 12:38-50

El principio de este pasaje es uno de aquellos lugares que ponen de manifiesto la autenticidad del Antiguo Testamento. Nuestro Señor aludió a la reina del Austro como persona que realmente había existido; y a la historia de Jonás y su milagrosa preservación en el vientre de la ballena como hechos innegables.

Bueno es tener esto presente, porque hay hombres que profesan creer en el Nuevo Testamento y que hacen burla de las historias del Antiguo como si fueran fábulas. La autoridad de los dos libros es idéntica: si se niega la del uno es preciso negar la del otro, y viceversa. Ambos fueron inspirados por el mismo Espíritu.

Lo primero que llama nuestra atención en este pasaje es la sorprendente tenacidad de los incrédulos.

Los escribas y los fariseos querían que nuestro Señor hiciese en su presencia más milagros, y daban así a entender que solo necesitaban más pruebas para convencerse y hacerse sus discípulos. No les había bastado que hubiese sanado a los enfermos, limpiado a los leprosos, resucitado a los muertos, y arrojado los espíritus inmundos. Aun no estaban convencidos y exigían más pruebas: era que, como nuestro Señor les dio a entender en su respuesta, no querían creer.

Muchos hombres hay que se encuentran precisamente en la misma situación que los escribas y fariseos. Se lisonjean con la idea de que solo necesitan algunas pruebas más para hacerse verdaderos cristianos; y se figuran que si les hiciesen otros pocos argumentos convincentes al momento lo abandonarían todo por amor de Cristo, tomarían la cruz y le seguirían. Más, entre tanto, solo esperan. ¡Ay! qué engañados están: no perciben que las pruebas saltan a la vista, y que la verdad es que no quieren ser convencidos.

La segunda reflexión a que el pasaje da lugar es esta: que una imperfecta reforma religiosa acarrea malas consecuencias.

El cuadro que pinta nuestro Señor del hombre que recibe de nuevo un espíritu inmundo es espantoso en verdad. Cuan terribles no son estas palabras: «Me volveré a mi casa, de donde salí.» Cuan viva no es esta descripción: «La halla desocupada, barrida, y adornada.» Que fatales no son las consecuencias: «Entonces va y toma consigo otros siete espíritus peores que él..

No hay duda de que nuestro Señor aludió con esas palabras a la historia del pueblo judío hasta la época en que El vino. Habiendo sido libertados de Egipto para que fuesen el pueblo escogido de Dios, nunca abandonaron la tendencia a adorar ídolos. Habiendo sido redimidos más tarde de la cautividad de Babilonia, no se mostraron debidamente agradecidos por la bondad de Dios. Habiendo sido despertados de su letargo por la predicación del Bautista, su arrepentimiento fue muy superficial. Cuando nuestro Señor se dirigía a ellos, parecían ser más perversos y más duros de corazón que nunca. A la supersticiosa adoración de ídolos se había sucedido el frío cumplimiento de ritos externos; siete espíritus más inmundos que los primeros se habían apoderado de ellos; su degeneración era rápida, y su postrer estado venia a ser peor que el primero. Cuarenta años más tarde su maldad llegó a su colmo: se lanzaron temerariamente en una guerra contra Roma; la Judea se convirtió en una Babel por su confusión; Jerusalén fue tomada; el templo fue destruido; y los judíos fueron esparcidos sobre la faz de la tierra.

Mas es bien probable que nuestro Señor aludiera también a las iglesias cristianas en conjunto. Habiendo sido sacadas de las espesas tinieblas del paganismo por medio de la predicación del Evangelio, jamás su práctica ha estado en perfecto acuerdo con sus principios. Inspiradas como fueron con nueva vida en la época de la reforma protestante, ningunas de ellas han sabido aprovechar sus privilegios ni hacer los adelantos que eran de esperarse. Y hoy día se sienten síntomas en muchas partes de que el espíritu maligno ha regresado a su hogar y está fraguando una irrupción de infidelidad y de falsas doctrinas cuál jamás presenciaron las iglesias. Es de temerse que el postrer estado de muchas iglesias sea peor que el primero.

Empero, y esto es aun más triste, nuestro Señor se refirió no solo a la nación judía y a las iglesias cristianas, sino también a muchos individuos. Hombres hay que en su edad primera parecían hallarse animados de profundos sentimientos religiosos. En su conducta podía observarse una reforma considerable: abandonaron costumbres malas y adoptaron muchas buenas. Mas no pasaron de ese punto, y con el tiempo se olvidaron de la religión completamente; de manera que cuando el espíritu maligno volvió a sus corazones, los halló, según la expresión bíblica, desocupados, barridos y adornados. Y una vez que eso sucede son peores que al principio: parecen tener cauterizada la conciencia y haber perdido la facultad de percibir la verdad religiosa.

La última reflexión a que da lugar este pasaje versa sobre el tierno afecto que Jesús manifestó hacia sus discípulos.

Notad si no lo que dijo de cada uno que hace la voluntad de su Padre que está en los cielos: dijo que era su hermano, su hermana y su madre. ¡Qué palabras tan llenas de bondad! ¿Quién alcanza a concebir lo profundo del amor que nuestro Señor profesaba hacia sus parientes naturales? Debe de haber sido un amor puro, sin mezcla de egoísmo; un amor entrañable y que sobrepuja todo entendimiento. Sin embargo, se digna reputar a todos los creyentes como sus parientes.

Los ama y cuida de ellos como si fueron miembros de su familia, hueso de su hueso y carne de su carne.

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