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Mateo 12: Quebrantando la ley del sábado

(ii) Él no se enfrentaría con nadie, ni gritaría de forma que se Le oyera por las calles. La palabra que se usa para gritar se usa corrientemente del ladrido de los perros, el graznido de los cuervos, el escándalo de los borrachos, la bronca de la audiencia descontenta en el teatro. Quiere decir que Jesús no Se pelearía con la gente. Ya conocemos los enfrentamientos de los partidos rivales en los que cada uno trata de superar con sus gritos los del otro. El odio de los teólogos, odium theologicum, es una de las tragedias de la historia de la Iglesia Cristiana. Ya tenemos bastante con las peleas de los políticos y sus ideologías, y con todos los tipos de oposiciones características de la « cultura» española. En Jesús se da la callada, inalterable serenidad del Que busca conquistar mediante el amor y no por logomaquia o demagogia.

(iii) No quebrará la caña cascada ni apagará el pábilo humeante. La caña puede que esté astillada y no pueda mantenerse erguida, y haya que sujetarla o vendarla; el pábilo puede que no dé más que una luz «melancólica» como el del quinqué de Espronceda, porque esté quemado o falto de combustible, y haya que recortarlo o alimentarlo. El testimonio de una persona puede que sea vacilante y débil; la luz de su vida puede que sea parpadeante; pero Jesús no vino para desaniman, sino para aniMarcos No trata con desprecio al débil, sino con comprensión; no extingue la llama vacilante, sino la cuida para que dé una luz más fuerte y brillante.

(iv) En El pondrán los gentiles su esperanza. Con Jesús vino al mundo una invitación, no a una sola nación, sino a toda la humanidad, a participar del amor de Dios y aceptarlo. En Él Dios se acerca a cada cual con el ofrecimiento de Su amor.

BRECHA EN LAS DEFENSAS DE SATÁN

Mateo 12:22-29

Entonces Le llevaron a Jesús a un endemoniado, ciego y mudo; y Él le curó totalmente, de manera que el que antes estaba ciego y mudo podía ver y hablar. La gente estaba alucinada de admiración, y decía: ¿No será Éste el Hijo de David? Pero los fariseos dijeron cuando lo oyeron: La única manera en que puede este tipo expulsar a los demonios es con la ayuda de Belzebul, el príncipe de los demonios. Cuando Jesús vio lo que estaban pensando, les dijo:

Cualquier reino que ha llegado a un estado de división interna, se desintegra; y cualquier ciudad o región que ha llegado a un estado de división contra sí misma, desaparece. Si Satanás está arrojando a Satanás, es que está dividido contra sí mismo. ¿Cómo se va a mantener su reino entonces? Además, si Yo arrojo los demonios con el poder de Belzebul, ¿con qué poder los arrojan vuestros hijos? Ellos los arrojan, y por tanto ellos serán los que demuestren vuestra hipocresía al acusarme a Mí. Pero si Yo arrojo los demonios por el Espíritu de Dios, eso prueba que el Reino de Dios ha venido a vosotros. Porque, ¿cómo va a poder nadie entrar en la casa de un hombre fuerte y apoderarse de sus bienes si no le ata antes? Entonces será cuando pueda desvalijarle la casa.

En el mundo oriental no eran solamente las enfermedades mentales y psicológicas las que se les atribuían a los demonios y diablos; todas las enfermedades se achacaban a su poder maligno. Era corriente recurrir al exorcismo; y de hecho era eficaz con frecuencia.

No hay nada sorprendente en eso. Cuando se cree en la posesión diabólica, es fácil convencerse de que se está poseído; y una vez que se cae en esa sugestión, los síntomas se presentan automáticamente. También entre nosotros uno puede provocarse un dolor de cabeza, o convencerse de que tiene síntomas de una determinada enfermedad. Cuando una persona bajo ese estado de sugestión se encontraba con un exorcista en el que tenía confianza, a menudo se disipaba la sugestión y se producía la cura. En tales casos, si una persona estaba convencida de que se había curado, se había curado.

En este pasaje Jesús curó a un hombre que estaba ciego y sordo, y cuyo mal se atribuía a posesión diabólica. La gente se maravilló. Empezaron a preguntarse si este Jesús no podría ser el prometido y esperado Hijo de David, el gran Salvador y Libertador. Si aún les quedaban dudas era porque Jesús no se parecía nada al retrato robot del Hijo de David que todos tenían en la cabeza. No era un príncipe glorioso con pompa y séquito; no iba acompañado de choque de espadas ni de ejércitos con banderas; no se presentaba con señales del cielo llamando a los hombres a la batalla; era un sencillo carpintero de Galilea con palabras de sabiduría benigna y serena, en Cuyos ojos brillaba sólo la compasión, y en Cuyas manos no había más armas que el extraño toque sanador.

Los escribas y los fariseos estaban observándolo todo con astucia. Tenían la solución del problema: Jesús expulsaba los demonios porque estaba en liga con el príncipe de los demonios. Y Jesús dio una triple respuesta a aquella acusación.

(i) Si estaba expulsando. los demonios con la ayuda del príncipe de los demonios, eso no podía querer decir nada más que había un cisma en el reino de los demonios. Si el príncipe de los demonios estaba prestando su poder para la destrucción de sus propios agentes demoníacos, entonces había una guerra civil en el reino del mal, y estaba condenado a desaparecer. Una casa o ciudad o distrito no pueden sobrevivir cuando están divididos contra sí mismos. La disensión interior es el fin del poder. Así que, si los escribas y los fariseos tenían razón, los días de Satanás estaban contados.

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