Nahum 2:7 Y la reina fué cautiva; mandarle han que suba, y sus criadas la llevarán gimiendo como palomas, batiendo sus pechos.
Nínive es sumida en la desgracia y humillada.
Nahum 2:8 Y fué Nínive de tiempo antiguo como estanque de aguas; mas ellos huyen: Parad, parad; y ninguno mira.
Nahum 2:9 Saquead plata, saquead oro: no hay fin de las riquezas y suntuosidad de todo ajuar de codicia.
Nahum 2:10 Vacía, y agotada, y despedazada está, y el corazón derretido: batimiento de rodillas, y dolor en todos riñones, y los rostros de todos tomarán negrura.
Nínive fue alguna vez como un bello estanque de aguas , con sus canales bien diseñados, pero ahora Dios la ha dejado secar. Fuentes antiguas atestiguan el enorme botín sacado de Nínive.
Nahum 2:11 ¿Qué es de la morada de los leones, y de la majada de los cachorros de los leones, donde se recogía el león, y la leona, y los cachorros del león, y no había quien les pusiese miedo?
En un giro irónico, Nahum evoca la figura de un león para burlarse de la caída de Nínive. El león era el símbolo de la nación, y los monarcas asirios a veces se llamaban a sí mismos «rey de las bestias».
Nahum 2:12 El león arrebataba en abundancia para sus cachorros, y ahogaba para sus leonas, y henchía de presa sus cavernas, y de robo sus moradas.
La fuente principal de la economía de Asiria era el botín que obtenía de otras naciones. Los asirios robaban la comida de los inocentes para mantener su lujoso nivel de vida, privando a otros para suplir sus excesos. Este acto para satisfacer el lujo de unos pocos es un pecado que provoca la ira de Dios. Como cristianos debemos oponernos firmemente a esta práctica malvada.
Nahum 2:13 Heme aquí contra ti, dice Jehová de los ejércitos. Encenderé y reduciré á humo tus carros, y espada devorará tus leoncillos; y raeré de la tierra tu robo, y nunca más se oirá voz de tus embajadores.
La caída de Nínive es un acto de retribución divina. Fuentes antiguas y excavaciones modernas confirman que porciones de la ciudad fueron quemadas. La caída de Nínive silenció a los asirios para siempre.
Dios le dio al pueblo de Nínive una oportunidad de arrepentimiento, lo que aceptaron después de escuchar a Jonás (véase el libro de Jonás). Pero ahora volvieron a su pecado y sus consecuencias los estaban destruyendo. Existe un punto en que tanto personas como ciudades y naciones no pueden volver atrás; Asiria traspasó ese punto. Debemos advertir a otros para que se arrepientan mientras aún hay tiempo.
La destrucción de Nínive
Después de este preámbulo Nahúm se dedica a describir vívidamente las consecuencias de la venganza justa de Dios, e históricamente sitúa esta acción en el sitio a Nínive, la cual fue destruida en el año 612 a. de J.C. cuando cayó ante las fuerzas combinadas de medos y babilonios. El caos caracteriza la derrota de Nínive.
La ciudad padeció el asedio desde el año 616 a. de J.C. En estos versículos se describen ciertos eventos que nos señalan lo terrible de su destrucción. El destructor es sin duda babilonia y sus aliados. El imperio que había destruido, literalmente “desparramado” todo que se le puso por delante, ahora era destruido. Sus baluartes que lo hicieron famoso, ahora estaban en contra de ellos. Padecían lo que habían hecho padecer. El sarcasmo es claro, la destrucción se aproxima. Cuando se refiere a baluarte está hablando de una estrategia de guerra para tomar las ciudades fortificadas. Se hacían grandes terraplenes por donde subían los invasores, mientras los sitiados debían hacer algo parecido para poder frenar a sus enemigos. Nada de esto tiene ahora valor, pues Jehová está vigilando el bienestar de su pueblo.
