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Nehemías 13: Reformas de Nehemías

Nehemías 13:10 Encontré asimismo que las porciones para los levitas no les habían sido dadas,[h] y que los levitas y cantores que hacían el servicio habían huido cada uno a su heredad.

Los levitas se habían dispersado a lo largo de los años debido al magro sostén que se les ofrecía. Pero ahora se pagaban los diezmos. Malaquías se refiere a este tema en los días posteriores a Nehemías. Nehemías sacrificó muchas cosas con tal de ministrar a su pueblo, pero parece seguro de que Dios no se encuentra entre las deudas humanas. En este capítulo ora tres veces para que Dios le recuerde y recompense por sus buenas obras.

Debido a que ya no se les daba sustento, los levitas tuvieron que regresar a sus granjas para ganarse la vida, descuidando así sus deberes del templo y el bienestar espiritual del pueblo. Los obreros del Señor merecen paga, y lo que se les da debe ser suficiente para cubrir sus necesidades. No deben sufrir (ni partir) porque los creyentes no calculen bien ni cubran adecuadamente las necesidades de sus ministros.

Nehemías 13:11 Entonces reprendí a los oficiales diciéndoles: «¿Por qué está la casa de Dios abandonada?». Después los reuní y los puse en sus puestos.

Nehemías 13:12 Y todo Judá trajo el diezmo[i] del grano, del vino y del aceite, a los almacenes.

Nehemías 13:13 Luego puse por mayordomos de ellos al sacerdote Selemías y al escriba Sadoc, y de los levitas a Pedaías; y al servicio de ellos a Hanán hijo de Zacur hijo de Matanías; pues eran tenidos por fieles. Ellos se encargarían de repartir las porciones a sus hermanos.

Nehemías 13:14 «¡Acuérdate de mí por esto, Dios mío, y no borres las misericordias[j] que hice en la casa de mi Dios, y en su servicio!».[k]

Nehemías 13:15 En aquellos días vi en Judá a algunos que pisaban en lagares en sábado,[l] que acarreaban manojos de trigo y cargaban los asnos con vino, y también de uvas, de higos y toda suerte de carga, para traerlo a Jerusalén en sábado; y los amonesté acerca del día en que vendían las provisiones.

Treinta años han pasado desde que Esdras comenzó a predicar sobre el día de reposo, y el pueblo comienza a violarlo durante el segundo término de Nehemías como gobernador. Nehemías advierte que los mismos pecados traerán consigo similares consecuencias.

Nehemías 13:16 También había en la ciudad tirios[m] que traían pescado y toda mercadería, y vendían en sábado a los hijos de Judá en Jerusalén.

Tiro era una gran ciudad fenicia y un puerto del Mediterráneo.

Nehemías 13:17 Entonces reprendí a los señores de Judá y les dije: «¿Qué mala cosa es esta que vosotros hacéis, profanando así el sábado?

Dios había ordenado a Israel que no trabajara en el día de reposo, sino que descansara en recuerdo de la creación y del éxodo. El día de reposo, que abarcaba desde el atardecer del viernes hasta el atardecer del sábado, debía ser observado y honrado por todos los judíos, siervos, visitantes extranjeros y hasta por los animales de granjas. El comercio intenso en el día de reposo en Jerusalén violaba directamente la ley de Dios, así que Nehemías ordenó que se cerraran las puertas de la ciudad y que los mercaderes fueran enviados a sus casas todos los viernes por la tarde cuando se acercaran las horas del día de reposo.

Nehemías 13:18 ¿No hicieron así vuestros padres, y trajo nuestro Dios todo este mal sobre nosotros y sobre esta ciudad? ¿Y vosotros añadís ira sobre Israel profanando el sábado?».[n]

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