Nehemías 4:17 Los que edificaban en el muro, los que acarreaban, y los que cargaban, con una mano trabajaban en la obra, y en la otra tenían la espada.
Nehemías 4:18 Porque los que edificaban, cada uno tenía su espada ceñida a sus lomos, y así edificaban; y el que tocaba la trompeta estaba junto a mí.
Para aligerar la ansiedad de su pueblo, Nehemías estableció un sistema de comunicación. El hombre que tocaba la trompeta permanecía con Nehemías y el pueblo sabía qué hacer si lo escuchaban. No tenemos registro alguno de que haya sido utilizada la trompeta, pero el simple hecho de saber que emitiría una advertencia cuando fuera necesario los tranquilizaba. La promesa de una comunicación abierta e inmediata ayudó a que el grupo terminara su tarea.
Nehemías 4:19 Y dije a los nobles, y a los oficiales y al resto del pueblo: La obra es grande y extensa, y nosotros estamos apartados en el muro, lejos unos de otros.
Nehemías 4:20 En el lugar donde oyereis el sonido de la trompeta, reuníos allí con nosotros; nuestro Dios peleará por nosotros.
Nehemías 4:21 Nosotros, pues, trabajábamos en la obra; y la mitad de ellos tenían lanzas desde la subida del alba hasta que salían las estrellas.
Nehemías 4:22 También dije entonces al pueblo: Cada uno con su criado permanezca dentro de Jerusalén, y de noche sirvan de centinela y de día en la obra.
Nehemías 4:23 Y ni yo ni mis hermanos, ni mis jóvenes, ni la gente de guardia que me seguía, nos quitamos nuestro vestido; cada uno se desnudaba solamente para bañarse.
La oración «cada uno se desnudaba solamente para bañarse» otra versión lo traduce «ni yo ni mis parientes[…] nos quitábamos la ropa, y cada uno tenía la lanza en la mano». Aunque esta parte del texto en el hebreo no es clara, lo cierto es que cada hombre tenía su arma siempre al alcance de su mano. Los guardias estaban preparados y tomaban sus responsabilidades seriamente.
Nehemías
Dios se dedica a trabajar por medio de su pueblo para lograr tareas que parecen imposibles. A menudo Dios moldea a ciertas personas con características especiales, experiencias y capacitación que los preparan para los propósitos de Dios. Y por lo general, las personas no tienen idea de lo que Dios tiene guardado para ellas. Dios preparó a Nehemías para utilizarlo en llevar a cabo una de las tareas «imposibles» de la Biblia.
Nehemías era un hombre común que estaba en una posición única. Se encontraba seguro y próspero como copero del rey persa, Artajerjes. Nehemías tenía poco poder, pero mucha influencia. El rey confiaba en él. Además era un hombre de Dios y le preocupaba el destino de Jerusalén.
Setenta años antes, Zorobabel se las había arreglado para reconstruir el templo de Dios. Trece años habían pasado desde que Esdras había regresado a Jerusalén y ayudado al pueblo con sus necesidades espirituales. Ahora requerían de Nehemías. El muro de Jerusalén seguía en ruinas, y la noticia destrozó su corazón. Al hablar con Dios, un plan comenzó a tomar forma en la mente de Nehemías sobre su propio papel en la reconstrucción del muro de la ciudad. Gustosamente dejó la seguridad de su casa y de su trabajo en Persia para seguir a Dios en una misión «imposible». Y el resto es historia.
Desde el principio y hasta el final, Nehemías oró a Dios pidiendo ayuda. Nunca dudó en pedir que Dios lo recordara, y cerró su autobiografía con estas palabras: «Acuérdate de mí, Dios mío, para bien». A lo largo de la tarea «imposible», Nehemías mostró una capacidad de liderazgo poco común. El muro alrededor de Jerusalén fue reconstruido en un tiempo récord, a pesar de la oposición. Incluso los enemigos de Israel tuvieron que reconocer de mala gana y con temor que Dios estaba con aquellos constructores. No sólo eso, sino que Dios obró por medio de Nehemías para llevar un despertar espiritual al pueblo de Judá.
