Núm 12:12 No quede ella ahora como el que nace muerto, que al salir del vientre de su madre, tiene ya medio consumida su carne.
Núm 12:13 Entonces Moisés clamó a Jehová, diciendo: Te ruego, oh Dios, que la sanes ahora.
Núm 12:14 Respondió Jehová a Moisés: Pues si su padre hubiera escupido en su rostro, ¿no se avergonzaría por siete días? Sea echada fuera del campamento por siete días,(B) y después volverá a la congregación.
Siete días : Este es el período de tiempo prescrito, para la primera y la segunda inspección de la lepra por parte de los sacerdotes. Ello quiere decir que María había sido sanada en respuesta a la oración de Moisés y su limpieza sería proclamada siete días más tarde. Sobre escupir al rostro como una señal de menosprecio.
Escupir en el rostro de alguien era considerado como el máximo insulto y un símbolo de vergüenza sobre los malhechores. Los líderes religiosos escupieron en la cara de Jesús para insultarlo. Dios castigó a María por su actitud de presunción no sólo ante la autoridad de Moisés, sino ante la de Dios. El la castigó con lepra, después ordenó que saliera del campamento por una semana. Este castigo realmente fue muy misericordioso. Una semana era el tiempo en que ella hubiera sido excluida si su padre le hubiera escupido en el rostro. ¡Cuánto más se hubiera merecido por obrar mal con Dios! Una vez más, Dios mezcló la misericordia con la disciplina eficaz.
Núm 12:15 Así María fue echada del campamento siete días; y el pueblo no pasó adelante hasta que se reunió María con ellos.
El castigo de la lepra afecta solamente a María, pero es importante notar que Aarón es quien confiesa el pecado de ambos
Núm 12:16 Después el pueblo partió de Hazerot, y acamparon en el desierto de Parán.
El desierto de Parán : Se encontraba inmediatamente al sur de la región reclamada por la tribu de Judá, por lo que las historias de los caps. 13 y 14 tienen lugar mientras se preparaba una invasión de la tierra prometida desde el sur.
El tema de la autoridad profética continúa con la protesta de María y Aarón . Se trata del matrimonio de Moisés con una mujer no israelita, lo cual lleva a María y Aarón a desafiar su autoridad como enviado de Jehová. El Señor afirma que la condición de Moisés es aun superior a la de los profetas, María es castigada con lepra pero más tarde es sanada. Se hace énfasis en que Moisés está por encima de otras figuras proféticas. La Ley Mosaica, entonces, no puede ser criticada por los profetas. Así, en nuestros días, las Escrituras tienen primacía sobre los dones proféticos del Espíritu
La murmuración de Aarón y María contra Moisés
La murmuración era del pueblo; aquí es de Aarón y María, dos líderes importantes. Aarón era el sumo sacerdote y a veces funcionaba como el portavoz de Moisés delante del pueblo. María era reconocida como profetisa y líder de las mujeres. Su desafío de la autoridad de Moisés podía haber tenido resultados desastrosos para el pueblo; por eso, Dios responde con un castigo severo. Este incidente tuvo lugar en Hazerot.
Celos de María y Aarón. La única esposa de Moisés que conocemos es Séfora, la madianita. Como Cusán generalmente se refiere a Etiopía, muchos creen que Moisés había tomado una segunda esposa que era etíope. Pero la mujer cusita mencionada aquí puede ser madianita; donde Cusán se usa como sinónimo de Madián. De todos modos, parece que la esposa extranjera es solamente una excusa; el problema real son los celos de María y Aarón. Quieren ser reconocidos como iguales a Moisés. Es verdad que ellos son líderes espirituales del pueblo, pero no tienen la misma autoridad (ni responsabilidad) que Dios ha otorgado a Moisés. Este, muy humilde (manso), no se defiende, sino que depende completamente de Dios.
La reprensión de Aarón y María por Dios. Jehová cita a Moisés, Aarón y María para ir al tabernáculo y aparecer delante de él. Allí dice que habla directamente con Moisés y no indirectamente por sueños y visiones como lo hace generalmente con los profetas. Por eso, Moisés tiene una relación especial con Dios y una autoridad especial que María, Aarón y todos deben respetar.
A pesar de la afirmación aquí de que Dios habla con Moisés cara a cara (lit. boca a boca), aun Moisés no conoce a Dios enteramente. Tiene una relación con Dios mucho más íntima que los otros hombres y aun contempla la apariencia (forma) de Jehová. Pero no puede conocer totalmente la esencia de Dios. Este parece ser el significado, ni aun Moisés puede ver el rostro de Dios, a Dios nadie le vio jamás. Sólo Dios único que está en el seno del Padre le conoce completamente; por eso, sólo él puede revelar al Padre a otros. Pero Moisés claramente sirve como un tipo del Hijo quien había de venir. Nunca más se levantó profeta en Israel como Moisés hasta la venida de Jesucristo, el Verbo encarnado. Además, el autor de Hebreos cita, señalando a Moisés como un siervo (mayordomo) fiel en (o sobre) toda la casa de Dios. El único mayor en la “casa” de Dios es el Hijo.
