Este pasaje afirma entonces la autoridad especial de Moisés como el líder elegido por Dios. Probablemente ha sido usado por muchos pastores para defender su autoridad. Es verdad que el pastor tiene autoridad especial en virtud de su posición, y que los miembros de la iglesia deben respetar esta autoridad. Pero esta autoridad no debe ser usada para encubrir ni excusar pereza, inmoralidad ni doctrina falsa de parte de un pastor. Debemos recordar que bajo el nuevo pacto, todo cristiano es un sacerdote delante de Dios y tiene acceso a la iluminación del Espíritu Santo. Si nos olvidamos de esta verdad, convertimos al pastor en un papa o el líder de una secta. Pero los miembros de una iglesia deben tener sumo cuidado en cuestionar la autoridad del pastor sólo por razones de ambición personal o celos. A la vez, un pastor que siente que su autoridad es cuestionada debe tener mucho cuidado en su manera de responder. Moisés sirve como ejemplo aquí en que no usó su autoridad para amenazar a sus rivales, sino que dependió completamente de Dios para vindicarlo.
El castigo de María. ¿Por qué es María la que sufre el castigo de la lepra cuando tanto Aarón como María cuestionaron la autoridad de Moisés? Quizá Aarón escapa en virtud de su posición como sumo sacerdote de todo el pueblo; la lepra lo haría inmundo y lo descalificaría como sacerdote. O quizás María lleva más responsabilidad en el asunto y por eso ella lleva el castigo. Es de notar que, aunque en 12:1 se nombra tanto a Aarón como a María, la forma del verbo es singular y femenina. Puede indicar que María fue la instigadora de las quejas contra Moisés y que Aarón sólo le apoyó. De todos modos, Aarón confiesa que los dos han pecado.
Moisés intercede por María, y Jehová la sana, pero ella tiene que quedarse fuera del campamento por siete días. Este fue el período requerido para la purificación de un leproso. Como la lepra la ha hecho inmunda físicamente, el pecado de los celos todavía contamina espiritualmente a muchos. Hay que limpiarse antes de ser integrado al pueblo otra vez. Además, por su actitud y sus acciones, María ha deshonrado a Moisés e indirectamente a Dios, quien eligió a Moisés. Escupirle a alguien en la cara era una expresión de desprecio. Un padre podía escupir en la cara de una hija que le faltara al respeto, y ella quedaba avergonzada por siete días. El castigo divino de María es como si el Padre Celestial le hubiera escupido en la cara; por eso, ella tiene que llevar su vergüenza por siete días. En esto sirve como advertencia a todo el pueblo, y aun a los líderes subalternos, de no rebelarse contra el líder elegido por Dios. Una indicación del respeto que el pueblo tiene por María es que el pueblo no se mueve hasta que ella vuelve sanada y purificada.
