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Primera de Samuel 9: Saúl es elegido rey

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

1Sa 9:20 En cuanto a las asnas que se te perdieron hace ya tres días, pierde cuidado de ellas, porque han sido halladas. Además, ¿para quién es todo lo que hay de codiciable en Israel, sino para ti y para toda la casa de tu padre?

1Sa 9:21 Saúl respondió y dijo: –¿No soy yo hijo de Benjamín,[i] de la más pequeña de las tribus de Israel? Y mi familia ¿no es la más pequeña de todas las familias de la tribu de Benjamín?[j] ¿Por qué, pues, me has dicho cosa semejante?

“¿Por qué, pues, me has dicho cosa semejante?” El arrebato de Saúl revela un problema al cual se enfrentaría en repetidas oportunidades: su complejo de inferioridad. Como una hoja sacudida por el viento, Saúl vacilaba entre sus sentimientos y sus convicciones. Todo lo que decía y hacía era por motivos egoístas, porque vivía para sí mismo. Por ejemplo, dijo que su familia era la menos importante de la tribu “más pequeña” en Israel, pero en 9.1 dijo exactamente lo opuesto. No quería enfrentarse a la responsabilidad a la que Dios lo llamaba. Más tarde, conservó algunas cosas del botín de guerra que no debía y luego trató de culpar a sus soldados (15.21) mientras afirmaba que realmente lo había tomado para sacrificarlo a Dios (15.15).

A pesar de que fue llamado por Dios y que tenía una misión en la vida, Saúl luchó constantemente con la envidia, la inseguridad, la arrogancia, la impulsividad y la traición. Debido a que no podía permitir que el amor de Dios le diera descanso a su corazón, nunca llegó a ser el hombre de Dios.

1Sa 9:22 Entonces Samuel tomó a Saúl y a su criado, los introdujo a la sala y les dio un lugar a la cabecera de los convidados, que eran unos treinta hombres.

1Sa 9:23 Después dijo Samuel al cocinero: –Trae acá la porción que te di, la que te dije que guardaras aparte.

1Sa 9:24 Entonces alzó el cocinero una espaldilla, con lo que estaba sobre ella,[k] y la puso delante de Saúl. Y Samuel dijo: –Aquí tienes lo que estaba reservado; ponlo delante de ti y come, porque para esta ocasión se te guardó, cuando dije: “Yo he convidado al pueblo”.

Saúl comió aquel día con Samuel.

1Sa 9:25 Cuando hubieron descendido del lugar alto a la ciudad, él habló con Saúl en la azotea.[l]

1Sa 9:26 Al otro día madrugaron; al despuntar el alba, Samuel llamó a Saúl, el cual estaba en la azotea, y le dijo:

–Levántate, para que te despida.

Luego se levantó Saúl, y salieron ambos, él y Samuel.

1Sa 9:27 Habían descendido al extremo de la ciudad, cuando Samuel dijo a Saúl: –Di al criado que se adelante –y se adelantó el criado–, pero espera tú un poco para que te declare la palabra de Dios.

Saúl había buscado al vidente para saber de sus asnas. Sin que Saúl dijera nada, Samuel le avisa que se habían hallado. Eso es lo de menos ahora. Se revela de pronto el verdadero motivo para este encuentro. Es que todo Israel le daría su deseo o las cosas deseadas a Saúl. Aquí se entiende claramente que tiene que ver con los privilegios de un rey. Y, ¿para quién será? El v. 20 señala a Saúl y él lo entiende así porque protesta semejante declaración en el v. 21. Para confirmar su asombrosa declaración, Samuel les hace sentarse a la cabecera de los invitados y le da a Saúl la porción escogida. Dios le había dicho que Saúl sería príncipe o líder de su pueblo. Aunque esta palabra en sí no quiere decir un rey, se refiere al Mesías. La palabra soberano entonces no se refiere obligadamente a un rey pero puede que sí lo sea.

La porción de carne del sacrificio que se le dio a Saúl, es lit. en hebreo “pierna” que puede incluir la parte superior o espaldilla. O quizás la culata del ternero sería lo indicado por muslo. Según al sacerdote le pertenece parte del sacrificio. Samuel se la pasó a Saúl, lo que sería un alto honor. El criado mientras tanto estaba al lado de Saúl compartiendo el gozo y el lugar de honor. Tenemos que pensar en el honor que se nos concede al estar en Cristo y sentarnos con él en lugares celestiales. El es el centro de atención pero nosotros compartiremos su gozo.

La conversación de Samuel con Saúl continúa esa noche en la azotea (lit. el techo) de la casa. Debía haber sido un lugar fresco y privado en donde llevar adelante su plática. Y al día siguiente Samuel le dice a Saúl que mande adelante al criado de manera que Samuel le dijera privadamente la palabra de Dios a Saúl. El criado sabría pronto lo hablado pero mientras sería un tiempo de preparación y confirmación para Saúl. El cap. 10 nos dice cómo se llevó a cabo.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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