El dominio propio sobre el habla
El versículo 32 capta un mal hablado en el proceso de nacer. El que habla se ha engrandecido y está pensando en decir algún mal. El imperativo requiere que se interrumpa el habla y que se calle, un tema repetido. El dicho popular “en boca cerrada no entran moscas” tiene toda la razón.
El versículo 33 repite la palabra hebrea miyts, traducida bate. La idea es la fuerza en “apretar”, que produce lo esperado: la mantequilla, la sangre que sale de la nariz y la ira. Hay que esperar tales resultados cuando se presentan tales elementos. Hay un juego de palabras entre la nariz y la ira. Aquí se subraya la importancia del dominio propio en no producir los elementos que anticipan la ira y, entonces, la contienda.
El orgullo y la humildad.
El autor de los Proverbios utiliza la ilustración de tres animales que tienen la capacidad de desfilar su orgullo en forma dramática. Todos hemos visto al pavo real cuando se muestra esparciendo sus plumas, lo cual presenta un diseño impresionante. El león es llamado por algunos “el rey de la selva”, por su capacidad de atemorizar y “reinar” sobre todos los otros animales. El macho cabrío tiene la capacidad de saltar abismos en las montañas, de tal manera que se escapa de los cazadores más avezados.
Lo que el autor hace hincapié es en la importancia de guardar silencio en el momento propicio. Esta es una virtud que viene como consecuencia del cultivo de la humildad en las relaciones humanas. Nos conviene poner la mano sobre la boca para evitar declaraciones que pueden herir a otros y que es mejor evitarlas.
