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Quién los enseñó a huir de la ira venidera

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Quién los enseñó a huir de la ira venidera

Siempre me ha resultado difícil predicar a Cristianos. Es que los Cristianos tenemos a veces la convicción de que el pecado y los pecadores existen únicamente de la puerta para afuera. Gracias a Dios que eso no sucede en esta Iglesia, al menos así lo espero, porque hoy es el día del Señor. Hoy es el Día de grandes cosas porque grandes y maravillosas son las cosas que suceden cuando el pueblo del Señor alaba a Dios.

Se siente la Bendición de Dios, ¿Saben por qué? Porque aquí todos los que estamos somos Cristianos. Esto me recuerda una iglesia del lugar donde ustedes quieran ubicarla en la que una vez comenzado el servicio entraron unos maleantes con armas en mano y tan pronto como entraron hicieron una ráfaga de disparos al aire seguido de: «Nos dicen que aquí se reunen los cristianos y nos alegramos porque hemos venido a acabar con ellos. Pero nos imaginamos que en esta iglesia debe haber invitados que no son cristianos, que los han traído aquí engañados. Así que los que no sean cristianos pueden levantarse e irse y por favor el último que salga cierra la puerta por fuera, y usted -señalando a un Ujier- la cierra por dentro porque ni sale ni entra nadie más. Poco a poco se fueron levantando personas y abandonaron el templo. El último que salió cerró la puerta por fuera y el Ujier hizo lo propio por dentro. Los maleantes, armas en mano se dirigieron hacia el púlpito mientras el Pastor caía de rodillas. Todos menos uno se voltearon apuntando con sus armas a los dos o tres que quedaban en la iglesia. El que apuntaba con su arma a la cabeza del Pastor lo tomó por el brazo y lo levantó preguntándole si tenía algo que decir. El Pastor calló y entonces el maleante le dijo: Ahora puede seguir con el servicio que aquí todos los que habemos somos Cristianos»

Ustedes se reirán pero se han puesto a pensar que algo así será el día del juicio? Unos serán enviados a la muerte eterna y otros a la Vida Eterna. Yo espero ser como Esteban y si me persiguen hasta la muerte seguiré proclamando que veo los cielos abiertos y la Gloria de Dios descendiendo sobre mí.

Comentaba con el Pastor que había planificado proclamar sobre la Salvación por Gracia, pero siempre teminaba en la fidelidad a La Palabra.

Fidelidad. Ser fieles en nuestra vida, ser fieles a nuestros amigos, ser fieles a nuestra pareja, ser fieles a nosotros mismos, pero más que nada ser fieles al Señor. Y ser fieles al Señor quiere decir que aunque nos quede poco de vida tenemos que ser fieles a nuestro llamado. Dice La Palabra en Apocalipsis 2:10 «que no debemos temer lo que estamos por sufrir». Sabemos que habrá situaciones en que tendremos tribulación y tendremos desconsuelo, y perderemos la esperanza, y tal vez pongamos en duda la fidelidad de Nuestro Dios y se tambalee nuestra fidelidad a Dios, pero La Palabra nos exhorta a ser fieles hasta la muerte, porque al final obtendremos «la corona de la vida.»

Habrá veces en que no nos quedará ni un chispito, de fuerzas, como si se nos hubiera acabado la gasolina. Seremos como un atleta que está corriendo un maratón y al llegar a la media milla final se le acaban las fuerzas. Pero hace de tripas corazónes, no se da por vencido y saca fuerzas de donde no las tiene y completa la carrera. ¿Por qué? Porque tiene un compromiso de honor consigo mismo. Nuestro compromiso no es tanto con el llamado que recibimos. Nuestro compromiso es con Aquel que nos llamó «sacándonos de las tinieblas y trayéndonos a la Luz Admirable de la Presencia de Nuestro Dios», nuestro compromiso es con La Palabra, con hacer realidad Mateo 16:24… Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame.

Y la Cruz se nos hará demasiado pesada. Así es amados hermanos; habrá momentos en que aunque Dios esté allí nos vamos a sentir tan cansados, tan cargados, tan abrumados por la presión del momento que estemos pasando, que vamos a clamar y no sentiremos la presencia de Dios. Pero ¿Saben qué? Es en esos momentos que tenemos que decir, yo creo que mi Redentor vive. Porque hemos sido llamados a ser fiel. Y Dios nos va a dar la fuerza en ese momento para completar lo que hemos comenzado, porque estamos convencidos de que el que «comenzó en nosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Cristo Jesús».

Los hijos de Dios no dependemos de emociones, no dependemos de logros mundanales, nosotros no dependemos del éxito, nosotros dependemos de principios, de los principios del Evangelio. Los hijos de Dios dependemos de toda palabra que sale de la boca de Dios. La madurez del cristiano se mide en la convicción y la certeza de que La Biblia es La Palabra de Dios. Vamos a la meta porque somos hombres y mujeres fieles. Porque sabemos, porque entendemos, porque testificamos y porque predicamos que esta Palabra no es para interpretarla conforme a la etiqueta de los tiempos para que los Tiempos cambien La Palabra, son los tiempos los que tienen que cambiar conforme a La Palabra.

Cuando todo lo demás falla, tenemos que recordar que hemos sido llamados a ser fieles, que somos príncipes del ejército de Dios y somos príncipes y princesas porque Nuestro Padre es Rey. Somos testimonio viviente de la Sangre derramada para redención y salvación. Hermanos, nuestro testimonio es fortalecimiento de fe a nosotros mismos y motivo de arrepentimiento y salvación para aquellos que nos observan.
Entonces, en ese llamado a la fidelidad tenemos que estar seguro que vamos a ser fieles, y que no podemos depender de las circunstancias.

El llamado de Dios a la fidelidad no provocará muchos Gloria a Dios, ni muchos ¡Aleluya! Pero nos va a dar fuerzas para enfrentar la vida. Nuestros Señor nos dijo que somos la Sal del Mundo y si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera. Es como cuando en nuestra casa un pote de sal coge humedad. La sal se endurece y ya no nos sirve, así que la echamos fuera, la botamos. Mas si queremos mantenerla siempre útil le echamos unos granitos de arroz que absorban esa humedad contaminante. La Palabra de Dios, si nos mantenemos fiel a ella, es los granitos que absorben y evitan nuestra contaminación con el pecado. La Palabra de Dios sirve para salvación, mas es también motivo de perdición para aquellos que la desvirtúan y desobedecen.

Dios no envía mensajeros para dorarle la píldora al pecador. No da mensajes de paz para adormecer al pecador. Dios impone cargas pesadas a la conciencia del que hace mal, y a los fieles a Su Palabra les atraviesa el alma con puñales de convicción. Aún entre los cristianos hay hoy quienes se preguntan qué deben hacer para ser salvos. Es entonces cuando la mano que humilló el polvo, cuando la voz que reprendió el pecado, y avergonzó el orgullo y la ambición, nos dice con la más tierna dulzura y simpatía: “Sé fiel hasta la Muerte que Yo estoy contigo hasta el fin de tus días”

Cuando comenzó el ministerio de Juan, había en la sociedad una excitación y descontento que rayaba en la revolución, pero estaba hambrienta de La Palabra de Dios. No podían con la carga de los impuestos que el gobierno les imponía, la inmoralidad campeaba por sus respetos, el gobierno llamaba moral a lo inmoral y bueno a lo malo. Hacía 400 años que no había un Profeta. Entonces se oyó una voz procedente del desierto, una voz llena de esperanza que invitaba al pecador a arrepentirse: «Arrepentíos, que el reino de los cielos se ha acercado.» Los profetas habían predicho la venida de Cristo como un acontecimiento lejano; pero ahora se oía un anuncio de que estaba cerca.

Juan, denunciaba la corrupción nacional y reprendía los pecados. Sus palabras eran claras, certeras, directas y convincentes. Como símbolo de la purificación del pecado, bautizaba en las aguas del Jordán. Así declaraba que los que quisieran formar parte del pueblo elegido de Dios tenían que purificar el corazón y la vida de la contaminación del pecado, o no podrían tener parte en el reino del Mesías.

Muchos de los escribas y fariseos, que se habían ensalzado como que eran mejores que los otros hombres, y habían inducido a la gente a tener una alta opinión de su piedad, llegaron confesando sus pecados y pidiendo el bautismo. Pero el Espíritu Santo hizo comprender a Juan que estos hombres no tenían verdadera convicción del pecado. Eran oportunistas que esperaban hallar favores en el reino venidero. Y pensaban que al recibir el bautismo de manos de Juan fortalecerían su influencia sobre el pueblo, mas Juan les hizo frente con la abrumadora pregunta: «¡Oh generación de víboras! ¿Quién os enseñó a huir de la ira que vendrá?»

Al igual que aquellos fariseos y saduceos, aquellos sacerdotes que pensaban y creían tener el sartén agarrado por el mango, hoy se levantan mercaderes del Evangelio que desvirtuando La Palabra quieren hacer ver bueno lo malo, moral lo inmoral y convertir a Dios en una veleta que cambia conforme a la voluntad del viento. Al igual que Juan tenemos el deber social, moral y cristiano de decirles: «Generación de víboras! ¿Quién les ha enseñado a huir de la ira que vendrá?»

Los judíos creían erróneamente que la promesa de Dios era para ellos. Estaban convencidos de que su descendencia natural de Abrahán les daba derecho a su salvación. Hoy también se creen que tener un título u ocupar una posición privilegiada en una congregación les da derechos a falsear, desvirtuar y cambiar la Palabra. Pero pasaban por alto ellos entonces, como hoy también lo hacen estos mercaderes del Evangelio, las condiciones que Dios había especificado. Antes de hacer la promesa, Dios había dicho, y aquí quiero parafrasear a Jeremías 31: 33-34: Les doy mi ley en sus entrañas, escríbanlas en sus corazones; y seré yo a ustedes Dios, y ustedes me serán pueblo…. Porque perdonaré su maldad, y no me acordaré más de sus pecado.”

Así escribiendo La Palabra en nuestros corazones seremos merecedores de la Vida eterna. Únicamente la gente fiel a La Palabra puede llegar a gozar de los frutos de la vida. Y la Biblia dice una y otra vez:, es importante, que los siervos de Dios sean fieles. El Apóstol Pablo dice: «Así pues, téngannos los hombres por servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios…» Que la gente que nos conoce sepa que somos embajadores de Cristo Jesús, que somos siervos de Jesucristo, y administramos los misterios de Dios. Eso es maravilloso Hermanos.

Hermanos y hermanas, Dios nos ha dado algo muy poderoso. Ocupamos un lugar privilegiado en el Reino de Dios y en el mundo. Dios espera que seamos constantes, que seamos confiables, que seamos fieles. Y una persona fiel, es una persona que aunque le ofrezcan el mundo, al igual que Nuestro Señor Jesucristo dirá: No sólo de Pan vive el hombre, sino de toda Palabra que brota de la boca de Dios.

Vuelvo a repetir y con ello termino: «Los hijos de Dios no dependemos de emociones, dependemos de principios, de los principios del Evangelio. Los hijos de Dios dependemos de toda palabra que sale de la boca de Dios. Sabemos, entendemos, testificamos y predicamos que esta Palabra no es para interpretarla conforme a la etiqueta de los tiempos para que los Tiempos cambien La Palabra, son los tiempos los que tienen que cambiar conforme a La Palabra.»

Padre, danos nuevas fuerzas para nuestra vida en esta mañana, Señor, las recibimos. Bendice a tus hijos y tus hijas, Padre, derrama tu gracia sobre nosotros. Bendice al pastor, gracias Señor por traerlo a mi vida. Gracias por traerme aquí, Gracias por el mensaje que me brindaste, Gracias por lo que no me has dado, Gracias por lo que me has quitado, dame fuerzas para continuar cumpliendo la Gran Comisión de ir y llevar tu Evangelio a toda criatura en todo lugar. La Paz de Nuestro Señor sea con ustedes.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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