Además, la familia del anciano no debe ser indisciplinada. No hay nada que compense la falta de control parental. Falconer cita un dicho acerca de la familia de Thomas More: « Controla su familia con la misma mano suave: sin tragedias, sin peleas. Si empieza una discusión, la zanja en seguida. Toda su casa respira felicidad, y no hay nadie que entre que no salga mejor de lo que entró.» El verdadero campo de entrenamiento para el anciano está tanto en casa como en la iglesia.
Cómo no debe ser el anciano
No debe ser obstinadamente testarudo; no debe ser una persona irascible; no debe ser dado a hábitos de bebedor ni pendenciero; no debe ser un hombre dispuesto allegar a las manos; no debe andar buscando dinero de manera deshonrosa.
Aquí tenemos un resumen de las cualidades de las que debe estar libre el anciano de la iglesia; y cada una de ellas se describe con una palabra gráfica.
(i) No debe ser obstinadamente testarudo. La palabra griega es authádés, que quiere decir literalmente que se da gusto a sí mismo. El que es authádés se ha descrito como una persona que está tan contenta consigo misma que no le agrada nada más ni le importa agradar a nadie más. R. C. Trench decía de tal persona que «siempre mantiene obstinadamente su opinión, insiste en sus derechos, mientras es desconsiderado con los derechos, las opiniones y los intereses de los demás.»Los autores éticos griegos tenían mucho que decir de este defecto de la authadeía. Aristóteles colocaba en un extremo al que agrada a todo el mundo (areskós), y en el otro al que no agrada a nadie (authádés), y entre ambos al que se conducía en su propia vida con la debida dignidad (semnós). Decía del authádés que era el que no quería contar ni asociarse con nadie. Eudemo decía que el authádés era « el que regulaba su vida sin tener en cuenta a los demás, a los que despreciaba.» Eurípides decía de él que era «insoportable con sus conciudadanos por falta de cultura.» Filodemo decía que su carácter se componía en partes iguales de presunción, arrogancia y desprecio. La presunción le hacía tener una opinión demasiado alta de sí; el desprecio, ser mezquino en su juicio de los demás, y la arrogancia, actuar en consecuencia. Está claro que el que es authádés es un tipo desagradable: intolerante, condenando todo lo que no puede entender y creyendo que no hay mejor manera de hacer las cosas que la suya. Tal cualidad, como decía Lock, ces fatal en el que ha de gobernar personas libres.» Nadie que sea intolerante, despectivo y arrogante es apto para ocupar un puesto de responsabilidad en la iglesia.
(ii) No debe ser una persona irascible. En griego es orguilos. Hay dos palabras en griego para ira. Está thymós, que es la ira que arde y se apaga como fuego de paja; y está orgué, el nombre relacionado con el adjetivo orguilos, que quiere decir ira inveterada. No es la que se apodera de uno y desaparece de repente, sino la que se abriga para mantenerla caliente. Un momento de rabia es desagradable; pero esta ira de larga vida, mantenida a propósito, es mucho peor. El que abriga la ira contra otro no es apto para ocupar un puesto de responsabilidad en la iglesia.
(iii) No debe ser dado a hábitos de bebedor ni pendenciero. La palabra original es pároinos, que quiere decir dado al uso excesivo del vino; pero amplió su significado para describir la conducta pendenciera. Los judíos, por ejemplo, usaban esta palabra para referirse a la conducta de los judíos que se casaban con mujeres madianitas; los cristianos, para referirse a los que crucificaron a Cristo. Describe el carácter de la persona que, hasta en sus momentos sobrios, actúa tan escandalosamente como los borrachos.
(iv) No debe ser un hombre dispuesto a llegar a las manos. La palabra original es pléktés, que quiere decir literalmente golpeador. Parece que en la Iglesia Primitiva había obispos que se pasaban de celosos y que castigaban a los miembros descarriados de su rebaño con violencia física, porque los Cánones Apostólicos establecen: «Ordenamos que el obispo que golpee a un creyente descarriado sea depuesto.» Pelagio decía: «No debe golpear a ninguno que sea discípulo de aquel Cristo Que, cuando Le golpeaban, no devolvía los golpes.» Los mismos griegos ampliaron el sentido de esta palabra para incluir, no solamente la violencia de hecho, sino también la de palabra. La palabra llegó a designar al que intimida a sus semejantes, y puede ser que así debiera traducirse aquí. El que abandona el amor y recurre a la violencia, en hechos o en palabras, no es apto para ocupar puestos de responsabilidad en la iglesia.
(v) No debe andar buscando dinero de manera deshonrosa. La palabra original es aisjrokerdés, que describe a la persona a la que no le importa cómo hacer dinero con tal de hacerlo. Resulta que esta era la falta por la que eran famosos los cretenses.
Dice Polibio: « Son tan dados a hacer dinero de maneras reprochables y codiciosas que entre los cretenses no se le pone mala cara a ningún negocio sucio.» Plutarco decía que se pegaban al dinero como las moscas a la miel. Los cretenses apreciaban las ganancias más que la honradez y el honor. No les importaba lo que les costaba su dinero; pero el cristiano sabe que hay cosas que cuestan demasiado. La persona cuya única finalidad en la vida es amasar riquezas, sin importarle cómo, no es apta para ocupar un puesto de responsabilidad en la iglesia.
