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Tito 1: Las fuentes del apostolado

Eran farsantes. En lugar de conducir a las personas a la verdad, las alejaban de ella. Su enseñanza trastornaba casas enteras. Aquí hay que notar dos cosas. Primera, su enseñanza era fundamentalmente inquietante. Es verdad que la verdad tiene que hacer a menudo que una persona repiense sus ideas, y que el Cristianismo no camufla las dudas ni las preguntas sino las encara lisa y limpiamente; pero también es verdad que la enseñanza que no conduce más que a dudas y preguntas es una mala enseñanza. En la verdadera enseñanza, de la inquietud mental se debe llegar a una nueva y mayor certidumbre. Segunda, trastornaba los hogares. Es decir, producía un mal efecto en la vida familiar. Cualquier enseñanza que tiende a desarticular la familia es falsa, porque la Iglesia Cristiana está edificada sobre la base de la familia cristiana.

Su enseñanza estaba diseñada para obtener una ganancia vergonzosa. Tenían más interés en lo que podían sacarle a la gente que en lo que les podían aportar. Parry ha dicho que esta es de hecho la tentación básica del maestro profesional. Cuando considera su enseñanza simplemente como una carrera designada para su promoción y provecho personal, se encuentra en una situación peligrosa.

A esas personas habría que ponerles un bozal. Eso no debe implicar que hay que silenciarlas mediante la violencia o la persecución. El original (epistomízein) quiere decir amordazar, pero se usaba corrientemente con el sentido de hacer callar con la razón a una persona. La manera de combatir la falsa enseñanza es ofreciendo la auténtica, y lo único realmente incontestable es la enseñanza mediante una vida cristiana.

Una mala reputación

Uno de ellos, profeta de su pueblo, ha dicho: «Los cretenses son unos embusteros, salvajes y malas bestias, vagos triperos!» Si ellos lo dicen… Los cretenses tenían asegurado el premio limón entre todos los pueblos. El mundo antiguo hablaba de las tres C›s como lo peor de lo peor: Cretenses, Cilicios y Capadocios. Los cretenses eran famosos por borrachos, insolentes, infiables, embusteros y glotones.

Su avaricia era proverbial. Polibio decía: «Los cretenses, a causa de su avaricia innata, viven en perpetuo estado de peleas privadas y contiendas públicas y conflictos civiles… y no sería fácil encontrar en ninguna otra parte personajes más tramposos y falsos que los de Creta.» Y escribía de ellos: « Aprecian tanto el dinero que su posesión se considera, no solo necesaria, sino altamente acreditada; y de hecho la avaricia y la codicia son tan naturales del suelo de Creta que son el único pueblo del mundo entre los que es sin tacha cualquier forma de hacer dinero.»
Polibio habla de un cierto convenio que hizo el traidor Bolis con el gobernador Cambylus «con toda la sutileza de un cretense.» «Eso llegó a ser tema de discusión entre ellos en un espíritu verdaderamente cretense. Nunca tuvieron en consideración el salvar a una persona en peligro, ni sus obligaciones de honor para con los que les habían confiado la empresa, sino limitaban la discusión enteramente a cuestiones de su propia seguridad y ventaja. Como eran los dos cretenses no tardaron en llegar a un acuerdo unánime.»

Tan notorios eran los cretenses que los griegos inventaron el verbo krétizein, cretizar, que quería decir mentir y engañar; y tenían un refrán: Krétizein pros kréta, «cretizar contra un cretense,» que quería decir oponer mentiras con mentiras, como el diamante se corta con el diamante.

La cita que hace Pablo está tomada de un poeta griego llamado Epiménides, que vivió hacia el año 600 a.C. y era uno de los Siete Sabios de Grecia. La primera frase, «Los cretenses son mentirosos crónicos,» la había hecho famosa un poeta posterior e igualmente famoso llamado Calímaco. Había un monumento en Creta que se llamaba La tumba de Zeus. Se suponía que el más grande de los dioses sería inmortal, y Calímaco citaba esto como el ejemplo perfecto de las mentiras cretenses. En su Himno a Zeus escribió: Los cretenses son embusteros crónicos, porque edificaron una tumba, oh Rey, y la llamaron tuya; pero tú no mueres, sino que vives para siempre.

Los cretenses eran famosos mentirosos y tramposos y glotones y traidores, pero aquí está lo maravilloso. Sabiendo aquello, y hasta habiéndolo comprobado, Pablo no le dice a Timoteo: « Abandónalos a su suerte. No tienen remedio, como todo el mundo sabe.» Dice: «Son malos, y todo el mundo lo sabe. Ve a convertirlos.» Pocos pasajes muestran más a las claras el optimismo divino del evangelista cristiano, que se niega a considerar a ninguna persona un caso desesperado. Cuanto mayor es el mal, mayor es el desafío. El cristiano está convencido de que no hay pecado demasiado grande para que lo conquiste la gracia de Jesucristo.

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