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Marcos 9: La Gloria de la cumbre

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

LA CAUSA DEL FRACASO

Marcos 9:25-29

Cuando vio Jesús que la gente se estaba agolpando, reprendió al espíritu inmundo diciéndole:

-¡Espíritu de mudez y sordera, te ordeno que salgas de él y que no vuelvas a entrar en él!

Después de gritar y producirle unas convulsiones terribles, el espíritu salió del muchacho dejándole como muerto, hasta el punto de que muchos decían:

-¡Se ha muerto!

Pero Jesús le dio la mano y le levantó, y él se puso en pie.

Cuando Jesús Se fue ala casa y estaban solos, Sus discípulos Le preguntaron:

-¿Por qué no pudimos echarle nosotros?

Esta ralea -les contestó Jesús- no se consigue que salga más que mediante la oración.

Jesús debe de haber apartado de la gente al padre y al hijo. Pero la multitud, al oír los gritos, se les acercó corriendo, y Jesús tuvo que actuar deprisa. Hubo una lucha final que produjo un agotamiento total, y el muchacho quedó curado.

Cuando ya estaban solos, los discípulos Le preguntaron a Jesús por qué ellos no habían tenido éxito. Sin duda se acordaban de cuando Jesús los envió a predicar y a sanar y a echar demonios (Mar_3:14 s). Entonces, ¿por qué habían fracasado esta vez tan vergonzosamente? Jesús les respondió sencillamente diciéndoles que esa clase de cura exigía oración.

Les dijo en efecto: «No vivís suficientemente cerca de Dios.» Habían sido equipados con el poder; pero se necesitaba la oración para mantenerlo.

Aquí tenemos una lección profunda. Puede que Dios nos haya dado un don; pero, a menos que nos mantengamos en estrecho contacto con Él, ese don se nos puede secar y morir. Esto es cierto de cualquier don. Puede que Dios le dé a un hombre grandes dones naturales como predicador; pero a menos que se mantenga en contacto con Dios, puede que acabe siendo solamente un hombre de palabras, y no un hombre de poder. Puede que Dios le dé a una persona un don para la música y la canción; pero a menos que se mantenga en contacto con Dios, puede que se convierta en un mero profesional que use el don solamente para ganar dinero, lo cual es una cosa bien triste. Esto no es decir que una persona no debe usar un don profesionalmente. Todos tenemos derecho a capitalizar cualquier talento; pero quiere decir que, aun cuando lo esté usando así, debe encontrar en él un gozo, porque lo está usando también para Dios. Se cuenta que la famosa soprano sueca Jenny Lind, antes de todas las representaciones, se ponía en pie sola en el camerino y oraba: « Dios, ayúdame a cantar de veras esta noche.»

A menos que mantengamos este contacto con Dios, perderemos dos cosas importantes.

(i) Perderemos vitalidad. Perderemos ese poder vivo, ese algo extra que produce la grandeza. La ejecución se convierte en una representación en vez de una ofrenda a Dios. Lo que debería ser vital, un cuerpo vivo, se convierte, si acaso, en un hermoso cadáver.

(ii) Perderemos humildad. Lo que debería usarse para la gloria de Dios se empieza a usar para la propia gloria, y desaparece su virtud. Lo que debería haberse utilizado para presentar a Dios a los demás se usa para presentarnos a nosotros mismos, y desaparece el aliento del encanto.

Aquí tenemos una seria advertencia. Los discípulos habían sido equipados con poder directamente por Jesús, pero ellos no habían alimentado ese poder con oración, y el poder se había desvanecido. Cualesquiera dones que Dios nos haya dado, los perderemos si los usamos para nosotros mismos. Los conservamos cuando los enriquecemos mediante un contacto continuo con el Dios Que nos los dio.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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