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1 Corintios 16: Proyectos prácticos

Llegó a llamársele simplemente « la paz,» como ahora en muchas iglesias en las que se practica el saludo fraternal como parte del culto. Hacía falta recordarles esta buena costumbre a los corintios, porque su iglesia estaba rasgada por rivalidades y disensiones.

¿Por qué desapareció de la vida de la iglesia esa bella costumbre? En primer lugar, se fue desvaneciendo porque, con ser tan encantadora, se prestaba al abuso y, todavía más, a la maliciosa interpretación de los calumniadores paganos. En segundo lugar, cayó en desuso porque la iglesia era cada vez menos una comunidad de hermanos. En las pequeñas iglesias caseras en las que todos eran amigos estrechamente relacionados, era la cosa más natural del mundo; pero, cuando el grupito hogareño pasó a ser una reunión de muchas personas que no se conocían íntimamente, desapareció la confianza, y con ella el beso de la paz. Puede que donde hay congregaciones numerosas se pierda algo; porque, cuanto mayor y más desperdigada sea la congregación, más difícil resulta la confianza que reina donde todos se conocen y se quieren. Es verdad que la iglesia debe acoger a los forasteros y a los desarraigados; pero una iglesia en la que todos son desconocidos o, a lo más, meros conocidos, no es una iglesia en el sentido más profundo.

En la última hoja de la carta que ha escrito a su dictado algún amanuense, Pablo escribe su propio saludo autógrafo. Les advierte en contra de los que no aman a Cristo, porque nada bueno pueden aportar en la iglesia los que llegan movidos por otros intereses que no son la verdadera entrega y lealtad al Señor. Y a continuación escribe en arameo la frase «¡Macan atha!», que quiere decir probablemente « ¡El Señor está cerca!»; o, con un ligero cambio de entonación, « ¡Ven, Señor nuestro!» Es curioso encontrarse una frase aramea en una carta escrita en griego a una iglesia griega. La explicación es que esa frase, como otras pocas tales como «aleluya» y «hosanna», se habían incorporado a la lengua de la alabanza, como sigue asando. La que aparece aquí resumía la esperanza viva -de la Iglesia Primitiva, y los cristianos se identificaban y saludaban con ella de una manera que les era característica y exclusiva.

Dos últimas cosas envía Pablo a los de la iglesia de Corinto: la gracia de Cristo, y su propio amor. Puede que tuviera necesidad de advertir, corregir y reprender con justa indignación algunas cosas de los cristianos de Corinto; pero la última palabra es amor.

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