(iii) Algunas veces usa la palabra koinónía (2 Corintios 8:4; 9:13; Romanos 15:6). Koinónía quiere decir solidaridad, y la esencia de la solidaridad está en compartir. La comunión cristiana se basa en el espíritu que no puede arrebujarse lo que tiene, sino que considera todo lo que posee como susceptible de ser compartido con otros. Su pregunta prioritaria no es « ¿Con qué
puedo quedarme?», sino «¿Qué puedo dar?>
(iv) A veces usa la palabra diakonía (2 Corintios 8:4; 9:1, 12, 13). Diakonía quiere decir servicio práctico cristiano. Es una palabra que transcribimos más que traducimos a veces, lo mismo que otra de la misma raíz, diákonos, diácono. Puede que las limitaciones de la vida le impidan a uno a veces ofrecer el servicio personal que quisiera aportar; pero nuestro dinero puede llegar adonde no llegamos nosotros.
(v) Una vez usa la palabra hadrótés, cuyo significado es abundancia (2 Corintios 8:20). En ese pasaje Pablo habla de los mensajeros de la iglesia que le acompañan para garantizar que no malgaste la abundancia que se le ha confiado. Pablo no habría querido nunca esa abundancia para sí mismo. Estaba contento con lo que pudiera ganar con el trabajo de sus manos y el sudor de su frente. Pero estaba cordialmente contento cuando tenía abundancia para dar. Es un triste comentario sobre la naturaleza humana el que, cuando una persona está pensando en lo que podría hacer si tuviera mucho dinero, casi siempre empieza, y muchas veces también acaba, pensando en lo que se compraría para sí misma, y rara vez en lo que daría a otros.
(vi) A veces usa la palabra euloguía, que en este caso quiere decir liberalidad (2 Corintios 9:5). Hay una clase de dar que no tiene nada de liberal. Se da lo que sea como un penoso e inevitable deber, con fastidio y no con deleite. Todo verdadero dar es una liberalidad que estamos inmensamente contentos de poder llevar a cabo.
(vü) A veces usa la palabra leiturguía (2 Corintios 9:12). En griego clásico, esta era una palabra con una historia noble. En los días grandes de Atenas había ciudadanos generosos que ofrecían voluntariamente costear de sus propios bolsillos alguna empresa en que estuviera comprometida la ciudad. Podía ser pagar los gastos de la preparación del coro para algún nuevo drama; o de algún equipo atlético que representara a la ciudad en los juegos olímpicos; o podía ser pagar la dotación de un trirreme o barco de guerra cuando la ciudad estuviera en peligro. Una leiturguía era en su origen un servicio que se hacía al estado voluntariamente. El dar cristiano debería asumirse voluntariamente. Debería considerarse un privilegio el que se le ofreciera a uno la oportunidad de ayudar de alguna manera a la familia de Dios.
(viii) Una vez habla de la colecta como eleémosyné (Hechos 24:17). Esa era la palabra griega para limosna. Tan consustancial era la idea de la limosna a la de la religión entre los judíos que, en hebreo, limosna y justicia se expresaban con la misma palabra, como pasa en español con la palabra piedad. La limosna que se le da a un padre no se borra, y quedará inalterable como expiación por el pecado; en el día aciago será recordada, obliterando tus iniquidades como la escarcha» (Eclesiástico 14:15).
Un judío habría dicho: «¿Cómo puede un hombre demostrar su bondad mejor que siendo generoso?»
(ix) Por último, usa la palabra prosforá (Hechos 24:17). Lo interesante de esta palabra es que designa una ofrenda y un sacrificio. En el sentido más real, lo que se da a una persona nece sitada es un sacrificio que se presenta a Dios. El mejor sacrificio que Le podemos ofrecer, después del de un corazón contrito y humillado, es la amabilidad que se tiene con uno de Sus hijos en angustia.
Al final de esta sección, Pablo recomienda a dos de sus colaboradores. El primero es Timoteo. Timoteo tenía la desventaja de ser joven. La situación de Corinto era bastante difícil para un hombre experimentado como Pablo; lo sería infinitamente más para Timoteo. La recomendación de Pablo es que respeten a Timoteo, no por lo que es en sí, sino por la obra que está llevando a cabo. No es la persona la que glorifica la obra, sino la obra la que glorifica a la persona. No hay dignidad como la de una gran tarea. El segundo es Apolos. Apolos surge de este pasaje como un hombre de gran sabiduría. Al principio de esta carta vimos que había un grupo en Corinto que, sin la menor sanción de Apolos, le consideraban su dechado. Apolos lo sabía y, sin duda, quería mantenerse lejos de Corinto, no fuera que aquel partido tratara de utilizarle. Era suficientemente sabio como para saber que, cuando una iglesia está dividida por la política de los partidos, lo más sabio y previsor es mantenerse lejos.
