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Juan 10: El pastor y sus ovejas

Jesús dijo:

-Esto que os digo es la pura verdad: El que no entra en el corral de las ovejas por la puerta, sino encaramándose por algún otro sitio, es un ladrón y un bandido. Pero el que entra por la puerta, ese sí es el pastor de las ovejas A ese le abre el portero, y las ovejas le oyen hablar, y él llama a las que son suyas por sus nombres y las saca. Cuando ya ha sacado afuera todas las que son suyas, él va delante de ellas, y las ovejas le siguen, porque le conocen por la voz. Pero no seguirán a un extraño, sino más bien huirán de él; porque no reconocen la voz de los extraños.

Cuando Jesús les contó esta parábola, ellos no sabían lo que les quería decir.

No cabe duda de que la descripción de Jesús como el Buen Pastor es la más apreciada y conmovedora de la piedad cristiana. La figura del pastor está entretejida en el lenguaje y la imaginería de la Biblia. No podía ser de otra manera. La parte principal de Judasa es la meseta central, que se extiende unos 50 kilómetros de Betel a Hebrón, con una anchura variable entre los 20 y los 25 kilómetros. El terreno es, en su mayoría, áspero y pedregoso. Judasa era uri país mucho más pastoril que agricultor; y era inevitable, por tanto, que la figura más frecuente y representativa de las tierras altas de Judasa fuera la del pastor.

Su vida era muy dura. Nunca se vería un rebaño pastando sin pastor, y este no se podía distraer ni un momento. Como había poca hierba, las ovejas siempre iban deambulando; y, como no había vallas de protección, había que estar vigilando constantemente las ovejas A los dos lados de la estrecha meseta, el terreno se precipitaba bruscamente hacia abajo, hacia los inhóspitos desiertos escarpados por los que las ovejas corrían constantemente peligro de perderse. La misión del pastor era, no sólo constante, sino peligrosa; porque, además, tenía que proteger el rebaño de los ataques de las fieras, especialmente los lobos, y de las incursiones de ladrones y bandidos. Sir George Adam Smith, el geógrafo enamorado de Palestina, escribe: « Cuando te le encuentras -en algún cerro en el que aúllan por la noche las hienas, insomne, con la mirada acostumbrada a las lejanías, curtido a la intemperie, apoyado en el cayado y siguiendo con la mirada sus ovejas dispersas, con cada una de ellas en el corazón-,entiendes por qué el pastor de Judasa se remontó hasta la cabeza en la historia de su pueblo; por qué dio su nombre a los reyes y se convirtió en un símbolo de la providencia; por qué Cristo le tomó como prototipo del sacrificio.» Constante vigilancia, intrépido valor, paciente amor a su rebaño, eran las cualidades características del pastor en el pueblo de Israel.

En el Antiguo Testamento, Dios se representa a menudo como pastor, y el pueblo como Su rebaño. « El Señor es mi Pastor; nada me faltará» (Psa_23:1 ). «Condujiste a Tu pueblo como ovejas por mano de Moisés y Aarón» (Psa_77:20 ). «Y nosotros, pueblo Tuyo y ovejas de Tu prado, Te alabaremos para siempre» (Psa_79:13 ). «Oh Pastor de Israel, escucha; Tú que pastoreas como a ovejas a José» Psa_80:1 ). «Porque Él es nuestro Dios; nosotros, el pueblo de Su prado y ovejas de Su mano» (Psa_95:7 ). «Pueblo Suyo somos, y ovejas de Su prado» (Psa_100:3 ). El Mesías, el Ungido de Dios, también se representa como el Pastor de las ovejas «Como pastor apacentará Su rebaño; en Sus brazos reunirá los corderos, y en Su seno los llevará; pastoreará suavemente a las recién paridas» Isa_40:11 ). «Pastoreará el rebaño del Señor fiel y justamente, y no dejará que ninguno de los Suyos tropiece en los pastos. Los guiará a todos correctamente» (Odas de Salomón 17:45

LA PUERTA DE LA VIDA

Juan 10:7-10

Entonces Jesús les dijo otra vez:

-Lo que os digo es la pura verdad: Yo soy la puerta de las ovejas Todos los que han venido antes no eran más que ladrones y bandidos; pero las ovejas no les hicieron caso. Yo soy la puerta. El que entre pasando por mí estará a salvo, y podrá entrar y salir y siempre encontrará pastos. El ladrón no viene más que para matar, y robar, y destruir; Yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en más abundancia.

Los judíos no comprendieron el sentido de la historia del Buen Pastor, así es que Jesús, sencilla y claramente, se la aplicó a Sí mismo.

Empezó diciendo: «Yo soy la puerta.» En esta alegoría, Jesús habla de dos clases de refugios de ovejas En los pueblos había corrales comunales donde se metían todos los rebaños de los vecinos cuando volvían a casa por la noche. Estaban protegidos por una puerta recia de la que solamente el portero tenía la llave. Era a esa clase de aprisco a la que se refería Jesús en los versículos 2 y 3. Pero, cuando el tiempo lo permitía y las ovejas no volvían por la noche al pueblo, se recogían en rediles al aire libre, que eran y son «apriscos cercados con un vallado de estacas y redes» (D R.A E.), con una abertura por la que entran y salen las ovejas; es decir, sin puerta propiamente dicha. Lo que sucedía era que, por la noche, el mismo pastor se tumbaba o acurrucaba en la abertura de forma que ninguna oveja podía salir sin pasar por encima de su cuerpo. Literalmente: el pastor era la puerta.

Eso era lo que Jesús tenía en mente cuando dijo: «Yo soy la puerta.» A través de Él, y sólo a través de Él, podemos tener acceso a la presencia de Dios. «A través de Él -decía Pablotenemos entrada al Padre» (Eph_2:18 ). «Él -escribe el autor de Hebreos- es el camino nuevo y vivo» (Heb_10:20 ). Jesús abre el camino hacia Dios. Hasta que vino Jesús, se podía pensar en Dios sólo -en el mejor de los casos- como un extraño, o -en el peor de los casos- como un enemigo. Pero Jesús vino para enseñarnos cómo es Dios, y para abrirnos el camino hacia El. No hay otra puerta por la que podamos tener entrada a la presencia de Dios.

Para describir algo de lo que quiere decir esa entrada a Dios, Jesús usa una frase hebrea bien conocida. Dice que, por Él, podemos entrar y salir. El poder ir y venir sin impedimento era la manera judía de describir una vida totalmente segura y a salvo. Cuando uno puede entrar y salir sin miedo en su casa o en su país, eso quiere decir que hay paz, que las fuerzas de la ley y del orden funcionan y que se goza de completa seguridad. El líder de la nación debe ser «el que salga delante de ellos y que entre delante de ellos, que los saque y los introduzca» (Num_27:17 ). De la persona que es obediente a Dios se dice que será bendito en su entrar y bendito en su salir (Deu_28:6 ). Un menor de edad no sabe todavía entrar y salir (1Ki_3:7 ). El salmista está seguro de que Dios siempre guardará su salida y su entrada (Psa_121:8 ). Una vez que descubrimos, por medio de Jesucristo, cómo es Dios, adquirimos un nuevo sentido de libertad y de seguridad. Si sabemos que nuestra vida está en las manos de un Dios así, las preocupaciones y los temores desaparecen.

Jesús dijo que los que habían venido antes eran ladrones y bandidos. Por supuesto que no se estaba refiriendo a la gran sucesión de los profetas y héroes, sino a los aventureros que surgían cada dos por tres en Palestina prometiéndoles a los que los siguieran una edad de oro. Todos esos pretendientes no eran en realidad más que terroristas. Creían que el pueblo tendría que vadear un río de sangre para entrar en la supuesta edad de oro. Por este tiempo, Josefo nos dice que hubo diez mil desórdenes en Judasa, tumultos causados por hombres de guerra. Habla de hombres como los celotas a los que no les importaba morir ni matar a sus seres queridos si se podían hacer realidad sus esperanzas de conquista. Jesús está diciendo: «Ha habido hombres que pretendían ser líderes enviados de Dios. Su credo eran la guerra y el asesinato. Guiaban al pueblo cada vez más lejos de Dios. Mi camino es el de la paz, el amor y la vida; y, si lo queréis seguir, lleva cada vez más cerca de Dios.» Siempre ha habido, y habrá siempre, los que creen que hay que introducir la edad de oro por la violencia, la lucha de clases, la amargura y la destrucción. El mensaje de Jesús es que el único camino que conduce a Dios en el Cielo y a la edad de oro en la Tierra es el del amor.

Jesús Se presenta como el Que ha venido para que tengamos vida, y para que la tengamos en más abundancia. La frase griega para tenerla en más abundancia quiere decir una superabundancia de algo. Ser seguidor de Jesús, saber Quién es y lo que representa, es tener superabundancia de vida. Un soldado romano vino a Julio César para pedirle permiso para cometer suicidio. Era un pobre desgraciado y desanimado sin vitalidad. César le miró, y le dijo: «Pero hombre, ¿has estado vivo de veras alguna vez?» Cuando intentamos vivir nuestra propia vida, se nos hace aburrida y vacía. Cuando caminamos con Jesús, recibimos una nueva vitalidad, una superabundancia de vida. Es sólo cuando vivimos con Cristo cuando la vida vale la pena de veras y empezamos a vivir de verdad.

EL PASTOR AUTÉNTICO, Y EL FALSO

Juan 10:11-15

-Yo soy el Buen Pastor; un buen pastor da la vida por sus ovejas El asalariado, que no es el pastor verdadero ni las oveja son realmente suyas, ve venir al lobo y abandona las ovejas y huye; y el lobo se apodera de ellas y las dispersa. El asalariado abandona las ovejas porque no es más que un asalariado, y las ovejas no le importan lo más mínimo. Yo soy el Buen Pastor, y conozco mis ovejas, y mis ovejas Me conocen a Mí, como el Padre Me conoce a Mí y Yo a Él. Y doy Mi vida por las ovejas

Este pasaje traza el contraste entre un buen pastor y un mal pastor, entre un pastor fiel y uno infiel. El pastor era en Palestina totalmente responsable de las ovejas Si algo le sucedía a una, él tenía que demostrar que no había sido por su culpa. Amós habla del pastor que rescata dos patas o, aunque sólo fuera, la punta de una oreja, de la boca del león (Amo_3:12 ). La ley establecía: «Si le hubiere sido arrebatado por una fiera, se traerá testimonio» (Exo_22:13 ). El pastor tenía que traer una prueba de que la oveja había muerto, y de que él no había podido evitarlo. David le dijo a Saúl que, cuando estaba cuidando de las ovejas de su padre, tenía que pelear con leones y con osos (1Sa_17:34-36 ). Isaías habla de la cuadrilla de pastores que se reúne para enfrentarse con un león (Isa_31:4 ). Para el pastor era la cosa más natural del mundo el tener que exponer su vida para defender su rebaño. Algunas veces tenía que hacer más que exponerla: la daba, tal vez frente a los ladrones y bandidos que atacaban el rebaño. El doctor W. M. Thomson, en La tierra y el libro, escribe: «He escuchado emocionado descripciones gráficas de verdaderas y sangrientas peleas con las fieras. Y cuando venían los ladrones o los bandidos, y es verdad que venían, el pastor fiel tenía que jugarse la vida para defender su rebaño. He sabido de más de un caso en que el pastor tuvo que dar la vida literalmente en la pelea. Un pobre chico fiel la primavera pasada, entre Tiberíades y Tabor, en vez de huir, luchó contra tres ladrones beduinos hasta que le hirieron todo el cuerpo con sus janyares y murió entre las ovejas que estaba defendiendo.» El pastor auténtico no vacilaba nunca en arriesgar y aun dar su vida para salvar a sus ovejas de cualquier peligro que las amenazara.

Pero, por otra parte, había pastores no fiables. La diferencia era esta: el que era pastor de veras lo era de nacimiento. Salía con el rebaño tan pronto como podía cumplir con su deber. Las ovejas eran sus compañeras y amigas, y era para él como una segunda naturaleza el pensar en ellas antes que en sí mismo. Pero el pastor improvisado hacía el trabajo, no por vocación, sino como una manera de ganar dinero, y para sacar lo más posible. Puede que se echara al campo porque en el pueblo no tenía otro trabajo. No sentía ningún aprecio por la responsabilidad de su tarea. No era más que un asalariado.

Los lobos han sido siempre, y siguen siendo en muchos sitios, una amenaza terrible para el ganado. Jesús dijo de Sus discípulos que los enviaba como ovejas en medio de lobos (Mat_10:16 ); Pablo advirtió a los ancianos de Éfeso que se introducirían lobos rapaces que no tendrían compasión del rebaño (Act_20:29 ). Si atacaban los lobos, el pastor asalariado no pensaba más que en salvar su propia vida, y huía. Zacarías señala como característica del falso pastor que no intenta reunir las ovejas dispersas (Zec_11:16 ). El padre de Carlyle usó una vez esta alegoría cáusticamente en cierta ocasión. En Ecclefechan tenían problemas con el pastor evangélico; y problemas de la peor especie, de los de dinero. El padre de Carlyle se levantó y dijo mordazmente: «¡Dadle su salario al asalariado, y que se vaya!»

Lo que Jesús quería decir era que el que trabaja sólo por lo que pueda sacar, no piensa más que en el dinero; pero el que trabaja por amor, piensa en aquellos a los que está tratando de servir. Jesús, el Buen Pastor que amaba tanto a Sus ovejas, daría un día Su vida para salvarlas.

Fijémonos en un par de puntos antes de dar por concluido el estudio de este pasaje. Jesús se describe a Sí mismo como el Buen Pastor. Ahora bien: en griego hay dos palabras que se traducen por bueno. Está la palabra agathós, que simplemente describe la cualidad moral de una persona o cosa que es buena; y está la palabra kalós, que añade a la bondad una cualidad encantadora que hace a la persona que la posee atractiva y simpática. Algunas veces decimos de alguien que es así que es una bellísima persona; no refiriéndonos, desde luego, a su aspecto físico y exterior, sino a esas otras cualidades -c omo la amabilidad, la voluntad de ayudar, la paciencia con las debilidades y aun con las ofensas que tiene que sufrir- que hacen que todo el mundo quiera ser amigo de esa persona. En este pasaje, cuando Jesús se describe como el Buen Pastor, la palabra que usa es kalós. En Él hay más que eficacia y fiabilidad: hay un encanto que cautiva el alma. En la figura de Jesús como el Buen Pastor se reflejan Su gracia y simpatía al mismo tiempo que Su fuerza y eficacia.

El segundo punto es el siguiente. En la parábola, el rebaño es la Iglesia de Cristo; y la amenaza un doble peligro. Siempre es probable que el enemigo aceche desde fuera: los lobos, los ladrones y los merodeadores; pero es igualmente probable que los problemas se produzcan en el interior, por los falsos pastores. La Iglesia corre un doble peligro. Siempre está bajo fuego enemigo desde fuera; pero a menudo sufre la tragedia de una mala dirección, del desastre de pastores que ven su vocación como una carrera y no como un camino de servicio. El segundo peligro es, con mucho, el peor de los dos; porque, si el pastor es fiel y bueno, se tiene una defensa fuerte frente a los ataques del exterior; pero, si el pastor es infiel y un asalariado, los enemigos del exterior se pueden introducir y hacerle mucho daño al rebaño. La primera necesidad esencial que tiene la Iglesia en todos los tiempos es una dirección pastoral que siga el ejemplo de Jesucristo.

LA UNIDAD DEFINITIVA

Juan 10:16

Pero también tengo otras ovejas que no son de este redil. A esas también debo traer para que oigan Mi voz; y todas llegarán a ser un solo rebaño, y habrá un solo Pastor.

Una de las cosas más difíciles de desaprender es el exclusivismo. Una vez que a un pueblo, o a un grupo, se le mete en la cabeza que gozan de un privilegio especial, les es sumamente difícil reconocer que ese privilegio es en realidad patrimonio común de toda la humanidad. Eso es algo que los judíos no aprendieron nunca. Creían que eran el pueblo escogido de Dios, y que a Dios no Le importaban los demás pueblos. Creían que, en el mejor de los casos, los otros pueblos estaban destinados a ser sus esclavos; y, en el peor de los casos, a ser eliminados del programa general. Pero Jesús dice que llegará el día en que toda la humanidad Le conocerá como su Pastor. Aun en el Antiguo Testamento no faltan indicios de ese día. Isaías tuvo precisamente ese sueño. Estaba convencido de que Dios había hecho que Israel fuera la luz de las naciones Isa_42:6; Isa_49:6 ; Isa_51:4 ), y siempre hubo voces solitarias que insistieron en que Dios no era la propiedad exclusiva de Israel, sino que el destino de Su pueblo era darle a conocer a toda la humanidad. A primera vista parecería que el Nuevo Testamento contiene dos actitudes diferentes a este respecto; y algunos pasajes del Nuevo Testamento puede que nos sorprendan y turben un tanto. Según nos cuenta la historia Mateo, cuando Jesús envió a Sus discípulos les dijo: «No os dirijáis a los gentiles, ni entréis en ningún pueblo de los samaritanos, sino id más bien a las ovejas perdidas de la casa de Israel» Mat_10:5-6 ). Cuando la mujer sirofenicia solicitó la ayuda de Jesús, Su primera respuesta fue que Él no había sido enviado más que a las ovejas perdidas de la casa de Israel Mat_15:24 ). Pero hay mucho que decir en el otro sentido. Jesús mismo se quedó algún tiempo y enseñó en Samaria Joh_4:40 ); y declaró que ser descendiente de Abraham no era garantía de entrar en el Reino Joh_8:39 ). Fue de un centurión romano de quien dijo que no había visto una fe semejante en Israel Mat_8:10 ); fue un leproso samaritano el único que volvió a darle las gracias Luk_17:15-19 ); fue el viajero samaritano el que dio muestras de una piedad que todos debemos tomar como ejemplo Luk_10:37 ); muchos vendrán a sentarse a la mesa en el Reino de Dios, del Este y del Oeste, del Norte y del Sur, mientras que los que se creen « hijos del Reino» serán excluidos Mat_8:11-12; Luk_13:28-30 ); la gran comisión fue al final salir a predicar el Evangelio a todas las naciones Mar_16:15; Mat_28:19 ); Jesús no era sólo la luz de los judíos, sino la luz del mundo Joh_8:12 ).

¿Cómo se explican los dichos que parecen limitar la obra de Jesús a los judíos? Es muy sencillo. El propósito final de Jesús era que todo el mundo fuera para Dios. Pero, cualquier general sabe que debe, en primera instancia, limitar sus objetivos. Si trata de atacar en todo un frente demasiado extenso, no hará más que desparramar sus fuerzas sin obtener ningún buen resultado. Para llegar a la victoria definitiva tiene que empezar por concentrar sus fuerzas en ciertos objetivos limitados. Eso fue lo que hizo Jesús. Si hubiera ido acá, allá y acullá, si hubiera mandado a Sus discípulos sin limitaciones en cuanto a la esfera de su trabajo, nada se habría logrado. De momento se concentró deliberadamente a la nación judía; pero su propósito definitivo era abarcar a todo el mundo con Su amor.

Hay tres grandes verdades en este versículo.

(i) Sólo en Jesucristo puede el mundo llegar a la unidad. Egerton Young fue el primer misionero que fue a los amerindios de más al Norte. En Saskatchewan fue a hablarles del amor de Dios. Para los indios era una nueva Revelación. Cuando el misionero acabó su mensaje, el viejo jefe le dijo:

-Cuando estabas hablando del gran Espíritu, ¿es cierto que te oí decir «Nuestro Padre»?

-Sí, has oído bien -le contestó Egerton Young.

-Eso es muy nuevo y dulce para mí -dijo el jefe-. Nosotros no habíamos pensado nunca en el gran Espíritu como Padre. Le oíamos en el trueno; Le veíamos en los relámpagos y rayos, en la tormenta y en el huracán, y Le teníamos miedo. Así que, cuando nos dices que el gran Espíritu es nuestro Padre, nos resulta algo muy hermoso.

El anciano hizo una pausa y luego prosiguió, como si un destello de gloria hubiera brillado de pronto sobre él:

-Misionero, ¿dijiste que el gran Espíritu es tu Padre?

-Sí -respondió el misionero.

-Y -siguió el jefe-, ¿dijiste que es el Padre de los indios?

-Eso es lo que dije.

-Entonces -exclamó el viejo jefe, como si le hubiera amanecido una aurora de gozo indecible- ¡tú y yo somos hermanos!

La única unidad posible para la humanidad se funda en el hecho de nuestra común filiación divina. En el mundo hay división entre nación y nación; dentro de la misma nación, entre clase y clase. No puede haber una sola nación; y no puede haber una sola clase. Lo único que puede derribar las barreras y borrar las diferencias es el Evangelio de Jesucristo, que nos incluye a todos bajo el manto de la paternidad universal de Dios.

(ii) En la Vulgata, la traducción latina de san Jerónimo, hay un error que ha pasado a algunas traducciones antiguas. Dice: «Habrá un aprisco y un pastor.» En eso ha basado la Iglesia Católica Romana su enseñanza de que fuera de ella no hay salvación. Pero la traducción verdadera que aparece en casi todas las traducciones modernas es: «Habrá un solo rebaño, un solo Pastor;» o aún mejor: «Llegarán a formar un solo rebaño y tendrán un solo Pastor.» En «un rebaño, y un Pastor», como aparece en Reina-Valera, un se podría tomar como artículo indeterminado, lo que permitiría suponer que puede haber otros pastores y rebaños. Por eso ponemos, como otras traducciones, un solo, ya que en griego la palabra que se usa es el numeral.

La unidad viene del hecho, no de que se obligue a todas las ovejas a entrar en el redil, sino de que todas oyen, responden y obedecen a un solo Pastor. No es una unidad eclesiástica; sino la unidad que viene de la común lealtad a Jesucristo. El hecho de que haya un solo rebaño no quiere decir que no pueda haber más que una sola iglesia, una sola manera de dar culto a Dios, un solo sistema de administración eclesiástica; pero sí quiere decir que las distintas iglesias están unidas en su común lealtad a Jesucristo.

(iii) Pero este dicho de Jesús es una llamada muy personal, porque es un sueño que cada uno de nosotros podemos ayudar a hacer realidad. Las personas no podrán oír si no hay un mensajero; las otras ovejas no podrán incorporarse a menos que vaya alguien a traerlas. Aquí se nos presenta la tremenda tarea misionera de la Iglesia. Y no debemos considerarla sólo en términos de lo que solíamos llamar las misiones extranjeras. Si sabemos de alguien aquí y ahora que está fuera del amor de Cristo, Se le podemos encontrar. El sueño de Cristo depende de nosotros; somos nosotros los que podemos ayudarle a hacer del mundo un solo rebaño, con El como único Pastor.

LA ELECCIÓN DEL AMOR

Juan 10:17-18

Por lo que Me ama el Padre es porque Yo entrego Mi vida para volverla a toMarcos No es que nadie Me la quite; soy Yo el Que la entrego. Tengo pleno derecho a entregarla, y tengo pleno derecho a recuperarla. Estas son las instrucciones que he recibido de Mi Padre.

Hay pocos pasajes en el Nuevo Testamento que nos digan tanto como este acerca de Jesús en tan poco espacio.

(i) Nos dice que veía toda Su vida como un acto de obediencia a Dios. Dios Le había dado una tarea que cumplir, y Él estaba dispuesto a llevarla a cabo, aunque sabía que Le costaría la vida. Tenía una relación única y exclusiva con Dios que sólo podemos describir diciendo que era el Hijo de Dios. Pero esa relación no Le daba el derecho a hacer lo que Él quisiera; dependía de que hiciera siempre, costara lo que costara, lo que Dios quería. La filiación divina sólo podía basarse para El, como para nosotros, en la obediencia.

(ii) Nos dice que Jesús veía siempre la Cruz y la gloria como inseparables. Él no dudó nunca de que tenía que morir, e igualmente tampoco dudó nunca de que había de resucitar. La razón no era otra que Su confianza en Dios: estaba seguro de que Dios jamás Le abandonaría. La vida se basa en el hecho de que todas las cosas que valen la pena tienen un precio. Siempre se ha de pagar un precio para conseguirlas. La erudición se consigue solamente al precio del estudio; la habilidad en el arte o la técnica sólo se puede adquirir al precio de la práctica; la eminencia en cualquier deporte sólo se logra mediante el entrenamiento y la disciplina. El mundo está lleno de personas que han perdido su destino porque no quisieron pagar el precio. Nadie puede entrar en la gloria y la grandeza escogiendo siempre el camino más fácil; nadie puede dejar de encontrarlas si está dispuesto a seguir el camino difícil.

Se dice que en la Primera Guerra Mundial había un joven soldado francés que estaba herido de gravedad. Tenía un brazo tan destrozado que hubo que amputárselo. Era un ejemplar tan magnífico de humanidad joven que el cirujano se sentía apesadumbrado de que tuviera que quedarse manco para el resto de la vida. Esperó al lado de la cama del soldado para darle la mala noticia cuando despertara de la anestesia. Cuando el joven abrió los ojos, el cirujano le dijo:

-Siento mucho decirte que has perdido el brazo.

-No lo he perdido -le contestó el soldado-. ¡Lo he dado por Francia!

Jesús no se encontró irremisiblemente enredado en un cúmulo de circunstancias de las que no se podía librar. Aparte de la ayuda sobrenatural que habría podido solicitar, está claro que hasta el final habría podido volverse atrás y salvar la vida. No la perdió, sino la entregó. No se Le impuso la Cruz: la aceptó voluntariamente… por nosotros.

O LOCO, O HIJO DE DIOS

Juan 10:19-21

De nuevo se produjo una división de opiniones entre los judíos por causa de las últimas palabras de Jesús. Muchos de ellos decían:

-¡Es un poseso y un loco! ¿Por qué le hacéis caso?

-Las cosas que dice no son de poseso -decían otros-. ¿Cómo va a poder abrir los ojos de los ciegos uno que esté dominado por un espíritu malo?

Los que escucharon a Jesús en aquella ocasión se enfrentaron con el dilema que sigue presentándosenos a todos desde entonces. O Jesús era un loco megalómano, o era el Hijo de Dios. No hay escapatoria: si uno habla de Dios y de sí mismo de la manera que habló Jesús, o está totalmente engañado o está totalmente en lo cierto. Las afirmaciones que hizo Jesús sólo podrían querer decir locura o divinidad. ¿Cómo podemos llegar a la seguridad de que estaban justificadas y no eran la fantasía más grande del mundo y de la Historia?

(i) Las palabras de Jesús no son las de un loco. Podríamos citar a innumerables testigos que nos confirmarían que las enseñanzas de Jesús son la suprema salud mental y total. Pensadores y pensadoras de todas las generaciones han considerado la enseñanza de Jesús la única esperanza de cordura para un mundo desquiciado. La Suya es la única voz que habla con verdadero sentido en medio de la barahúnda de todos los engaños humanos.

(ii) Las obras de Jesús no son las de un loco. Sanó a los enfermos, alimentó a los hambrientos, consoló a los tristes. La locura de la megalomanía es esencialmente egoísta. No busca nada más que su propia gloria y prestigio. Pero Jesús Se pasó la vida haciendo cosas, y viviendo -y muriendo- por los demás. Como dijeron algunos de los mismos judíos, un loco no puede abrir los ojos de los ciegos.

(iii) El efecto que causa Jesús no es el que produce un loco. El hecho indiscutible es que el poder de Jesús ha transformado millones y millones de vidas. Los débiles se han vuelto fuertes, los egoístas se han vuelto generosos, los derrotados se han vuelto triunfadores, los angustiados se han vuelto serenos, los malos se han vuelto buenos. No es la locura lo que produce tales cambios, sino la prudencia y la sabiduría.

La elección sigue abierta: Jesús, o loco o divino. Ninguna persona sincera puede estudiar la evidencia y llegar a ninguna otra conclusión sino la de que Jesús trajo al mundo, no una loca fantasía, sino la perfecta cordura de Dios.

LA PRESENTACIÓN Y LA PROMESA

Juan 10:22-28

En Jerusalén se estaba celebrando la fiesta de la Dedicación. Hacía un tiempo invernal, y Jesús estaba paseando por el recinto del templo, en el pórtico de Salomón. A eso los judíos Le rodearon, y Le preguntaron:

-¿Hasta cuándo nos vas a tener en vilo? Si eres de veras el Ungido de Dios, dínoslo claro de una vez.

-Ya os lo he dicho -contestó Jesús-, y no me habéis creído. Las obras que Yo hago en nombre de Mi

Padre son Mis evidencias. Pero vosotros no creéis porque no sois del número de Mis ovejas Mis ovejas oyen Mi voz, y Yo las conozco, y ellas Me siguen. Y Yo les doy la vida eterna, y nunca jamás perecerán, ni Me las podrá arrebatar nadie de la mano.

Juan empieza por darnos la fecha y el lugar de esta discusión. La fecha fue la fiesta de la Dedicación, la última que se fundó de las grandes fiestas judías. Algunas veces se la llamaba la fiesta de las Luces. Su nombre hebreo es Januká. Se celebra el 25 del mes judío de kislev, que corresponde a nuestro diciembre. Caía, pues, esta fiesta hacia la Navidad cristiana, y los judíos la siguen celebrando universalmente.

El origen de la fiesta de la Dedicación se remonta a uno de los períodos de mayor tribulación y heroísmo de la historia judía. Hubo un rey de Siria llamado Antíoco Epífanes, que reinó de 175 a 164 a C. Estaba enamorado de todo lo griego. Decidió eliminar la religión judía de una vez para siempre e introducir en Palestina la vida, el pensamiento, la religión y los dioses griegos. Al principio trató de hacerlo pacíficamente. Algunos judíos aceptaron las ideas y formas nuevas, pero la mayoría se mostró resueltamente fiel a la fe ancestral.

En 170 a C. se produjo la terrible crisis. Ese año, Antíoco atacó a Jerusalén. Se dijo que perecieron 80,000 judíos, y otros tantos fueron vendidos como esclavos. Se robaron 1,800 talentos -un talento eran 21,600 gramos de plata- del tesoro del templo. El tener un ejemplar de la Torá -el Pentateucoo el circuncidar a un niño se castigaba con la muerte; a las madres que circuncidaban a sus hijos las crucificaban con sus niños colgándoles del cuello. Los atrios del templo fueron profanados; se convirtieron sus cámaras en prostíbulos; y, para colmo, Antíoco llegó hasta a dedicar el gran altar de los holocaustos a Zeus Olímpico, y a ofrecer sobre 61 sacrificios de puercos a los dioses griegos.

Fue entonces cuando Judas Macabeo y sus hermanos emprendieron su épica lucha por la libertad. En 164 a C. se ganó la guerra definitivamente; y ese mismo año se limpió y purificó el templo. Se reconstruyó el altar y se repusieron las túnicas y los objetos del culto después de tres años de contaminación. Para conmemorar la purificación del templo se instituyó la fiesta de la Dedicación. Judas Macabeo decidió que «los días de la dedicación del altar se habían de celebrar en su tiempo de año en año, por espacio de ocho días, desde el día 25 del mes de kislev, con gozo y alegría» (1 Macabeos 4:59). Por esa razón esta fiesta se llamaba a veces de la Dedicación del Altar, y otras Memorial de la Purificación del Templo.

Pero, como ya hemos visto, aún tenía otro nombre: el de la fiesta de las Luces. Se instalaban grandes iluminaciones en el templo, y también en todos los hogares. En la ventana de todas las casas judías se ponían luces. Según Shammai, se ponían ocho luces en las ventanas, y cada día se quitaba una hasta dejar sólo una el último día. Según Hillel, el primer día se encendía una sola, y cada día se añadía una más hasta tener ocho el último día. Todavía podemos ver estas luces en los hogares de los judíos practicantes hasta el día de hoy.

Estas luces tenían dos significados. El primero era como recordatorio de que la luz de la libertad había vuelto a brillar en Israel. El segundo se remontaba a una leyenda muy antigua. Se decía que, cuando se purificó el templo y se volvió a encender el candelabro de los siete brazos, sólo se pudo encontrar una vasijita de aceite sin contaminar. Esta vasija se había mantenido intacta y con el sello del anillo del sumo sacerdote. Por su capacidad material, no contenía aceite nada más que para mantener las lámparas encendidas un día; pero, milagrosamente, hubo suficiente para los ocho, hasta que se acabó de preparar otro aceite según la fórmula correcta y se consagró para su uso santo. Por eso brillaban las luces en el templo y en los hogares ocho días en memoria de la vasija que Dios hizo que durara ocho días en vez de uno solo.

No carece de significado el hecho de que debe de haber sido cerca de esas fechas cuando Jesús dijo: «Yo soy la Luz del mundo.» Cuando se encendían todas aquellas luces para conmemorar la libertad recuperada para dar culto a Dios conforme a la conciencia y tradición de Israel, Jesús dijo: «Yo soy la Luz del mundo; sólo Yo puedo iluminar el camino que conduce al conocimiento y a la presencia de Dios.»

Juan también nos menciona el lugar en que se produjo esta discusión: el pórtico de Salomón. El primer atrio del templo era el de los Gentiles. A sus dos lados había una columnata magnífica que se llamaban el pórtico de Salomón y el pórtico Real. Eran hileras de columnas impresionantes, de 12 metros de altura, con un techo encima. La gente acudía allí para orar o meditar; y los rabinos solían pasear por allí, hablando con sus alumnos y explicando las doctrinas de la fe. Jesús también iba andando por allí porque, como nos detalla Juan con un toque pictórico, «hacía un tiempo invernal.»

LA PRESENTACIÓN Y LA PROMESA

Cuando Jesús estaba paseando por el pórtico de Salomón, se le acercaron los judíos. «¿Hasta cuándo nos vas a tener en vilo? -Le dijeron-. Dínoslo claro de una vez: ¿eres o no eres el Ungido prometido de Dios?»

Detrás de esa pregunta había dos actitudes mentales. Había algunos que genuinamente querían saberlo, y esperaban anhelantes la respuesta. Pero había otros que, sin duda, usaban aquella pregunta como una trampa. Querían inducir engañosamente a Jesús a que hiciera una declaración que se pudiera tergiversar, ya fuera para convertirla en un delito de blasfemia aceptable para sus tribunales, o en una acusación de insurrección de la que se encargaría el gobernador romano.

La respuesta de Jesús fue que ya les había dicho Quién era. Es verdad que no lo había dicho con todas sus letras; porque, según nos cuenta la historia Juan, Jesús había presentado Sus credenciales en privado. A la Samaritana Se le había revelado como el Mesías (Joh_4:26 ), y al que había nacido ciego, como el Hijo del Hombre (Joh_9:37 ). Pero hay algunas declaraciones que no hay por qué hacer de palabra, especialmente a una audiencia cualificada para percibirlas. Había dos cosas acerca de Jesús que Le colocaban más allá de toda duda, las expresara con palabras o no. La primera eran Sus obras. Había sido la visión de la edad de oro que había tenido Isaías: «Entonces los ojos de los ciegos serán abiertos, y los oídos de los sordos se destaparán. Entonces el cojo saltará como un ciervo, y cantará de gozo la lengua del mudo» (Isa_35:5-6 ). Cada uno de los milagros de Jesús era una prueba de que había venido el esperado Mesías. La segunda eran Sus palabras. Moisés había anunciado que Dios levantaría a un Profeta al Que el pueblo tendría que oír (Deu_18:15 ). El mismo acento de autoridad con que hablaba Jesús, la manera regia en que abrogó la antigua ley y puso en su lugar Sus enseñanzas, eran una prueba fehaciente de que Dios hablaba por medio de Él. Las palabras y las obras de Jesús eran una demostración de que El era el Ungido de Dios.

Pero la inmensa mayoría de los judíos no habían aceptado esas pruebas. Como hemos visto, las ovejas de Palestina conocían la llamada especial de su propio pastor, y la obedecían; esos no eran del rebaño de Jesús. En el Cuarto Evangelio subyace la doctrina de la predestinación. Las cosas suceden siempre como Dios las había programado. Juan está diciendo realmente que aquellos judíos estaban predestinados para no seguir a Jesús. De una manera o de otra todo el Nuevo Testamento mantiene en equilibrio dos ideas aparentemente opuestas: el hecho de que todo sucede conforme al propósito de Dios y, al mismo tiempo, que la libertad humana es responsable. Esos judíos se habían hecho a sí mismos tales que estaban predestinados para no aceptar a Jesús; y sin embargo, según Juan, eso no los hace en nada menos condenables.

Pero, aunque la mayoría no aceptaron a Jesús, algunos sí; y a ellos Jesús les prometió tres cosas.

(i) Les prometió la vida eterna. Les prometió que, si Le aceptaban como Maestro y Señor, si llegaban a ser de Su rebaño, toda la pequeñez de la vida terrenal se pasaría, y conocerían la gloria y la magnificencia de la vida de Dios.

(ii) Les prometió una vida que no tendría fin. La muerte no sería el fin, sino un nuevo principio; conocerían la gloria de una vida indestructible.

(iii) Les prometió una vida segura. Nada los podría arrebatar de Su mano. Eso no quería decir que no experimentarían la aflicción, el sufrimiento y la muerte; sino que, en los más dolorosos momentos y en las horas más oscuras se darían cuenta de que los brazos eternos estarían sosteniéndolos y rodeándolos. Aun en un mundo que se precipita al desastre experimentarían la serenidad de Dios.

CONFIANZA INALTERABLE Y SEGURIDAD INCONMOVIBLE

Juan 10:29-30

-Mi Padre, Que es Quien Me las ha dado, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano del Padre. El Padre y Yo somos una sola cosa.

Este pasaje presenta a la misma vez la confianza inalterable y la seguridad inconmovible de Jesús.

Su confianza veía el origen de todas las cosas en Dios. Jesús acababa de hablar de Sus ovejas y de Su rebaño; acababa de decir que nada ni nadie Le podría arrebatar de la mano Lo que era Suyo, que Él es el Buen Pastor que mantendrá siempre a salvo a sus ovejas A primera vista, y si Jesús no hubiera dicho nada más que esto, habría parecido que ponía Su confianza en Su propio poder para defender lo Suyo. Pero ahora vemos el otro lado de la moneda: es Su Padre el Que Le ha dado esas ovejas, y tanto Él como Sus ovejas están en la mano de Su Padre. Jesús tenía aquella seguridad inconmovible porque tenía una confianza inalterable en Su Padre. Su actitud ante la vida no dependía de Su confianza en Sí mismo, sino de Su confianza en Dios. Estaba seguro, no de Su propio poder, sino del de Su Padre. Estaba tan convencido de Su seguridad y de Su victoria definitiva, no porque Se atribuyera a Sí mismo todo el poder, sino porque Se lo atribuía a Dios.

Y ahora llegamos a la suprema afirmación: «Yo y el Padre somos una sola cosa,» dijo Jesús. ¿Qué quería decir? ¿Es un misterio absoluto, o podemos entender por lo menos un poquito de ello? ¿Estamos abocados a interpretarlo en términos de esencia e hipóstasis y todas las demás ideas metafísicas y filosóficas con las que se debatieron los autores de los credos? ¿Tiene uno que ser un teólogo o un filósofo para captar aunque sólo sea un fragmento del sentido de esta tremenda afirmación?

Si vamos a la misma Biblia en busca de interpretación, encontramos que es, de hecho, tan sencillo que la mente más sencilla lo puede comprender. Vayamos al capítulo 17 del evangelio de Juan, que nos transcribe la oración de Jesús por Sus seguidores antes de ir a Su muerte: «Padre santo, manténlos en Tu nombre a los que Me has dado, para que sean una sola cosa, como lo somos Nosotros» (Juan 17.11). Jesús concebía la unidad de los cristianos unos con otros como la misma que había entre Él y Dios. En el mismo pasaje añade: «No oro solamente por estos, sino también por los que crean en Mí por la palabra de ellos, para que todos sean una sola cosa; como Tú, Padre, lo eres en Mí, y Yo en Ti, que también ellos lo sean en Nosotros, para que el mundo crea que Tú Me has enviado. La gloria que Me has dado les he dado, para que sean una sola cosa como Nosotros somos una sola cosa» Joh_17:20-22 ). Jesús está diciendo sencillamente y con una claridad que nadie puede dejar de comprender que la finalidad de la vida cristiana es que los cristianos sean una sola cosa como Él y el Padre son una sola cosa.

¿Cuál es la unidad que debe existir entre cristiano y cristiano? Su secreto es el amor. «Un mandamiento nuevo os doy: Que os améis unos a otros; que, como Yo os he amado, así os améis unos a otros» Joh_13:34 ). Los cristianos son una sola cosa porque se aman; de la misma manera que Jesús es una sola cosa con Dios porque Le ama.

Pero podemos ir más adelante. ¿Cuál es la única prueba del amor? Vayamos otra vez a las palabras de Jesús. «Si cumplís Mis mandamientos, permaneceréis en Mi amor; precisamente como Yo he cumplido los mandamientos de Mi Padre, y permanezco en Su amor» Joh_15:10 ). «La persona que Me ame, obedecerá Mi palabra» Joh_14:23-24 ). «Si Me amáis, cumpliréis Mis mandamientos» Joh_14:15 ). «El que tiene Mis mandamientos y los cumple, ese es el que Me ama» Joh_14:21 ).

Aquí está la quintaesencia del asunto. El vínculo de la unidad es el amor, y la prueba del amor es la obediencia. Los cristianos son una sola cosa unos con otros cuando se mantienen unidos por el amor y obedecen las palabras de Cristo. Jesús era una sola cosa con Dios porque Le amaba y obedecía como ningún otro. Su unidad con Dios fue la unidad del perfecto amor manifestado en la obediencia perfecta.

Cuando Jesús dijo: «Yo y el Padre somos una sola cosa,» no se estaba moviendo en el mundo de la filosofía y de las abstracciones, sino en el de las relaciones personales. Nadie puede entender de veras lo que quiere decir una frase como «una unidad de esencia»; pero cualquiera puede entender lo que es la unidad de corazón. La unidad de Jesús con Dios venía del perfecto amor y la perfecta obediencia. Jesús era una sola cosa con Dios porque Le amaba y obedecía perfectamente; y vino a este mundo para hacernos lo que Él es.

PROPONIENDO LA PRUEBA DEL FUEGO

Juan 10:31-39

Los judíos volvieron a coger piedras para apedrearle. Pero Jesús les dijo:

-Os he mostrado muchas obras maravillosas, que procedían de Mi Padre. ¿Por cuál de ellas tenéis intención de apedrearme?

No es por ninguna obra maravillosa por lo que estamos decididos a apedrearte -Le contestaron-, sino por blasfemar contra Dios. Porque Tú, no siendo más que un hombre, Te haces Dios.

-¿No está escrito en vuestra Ley -les contestó Jesús- «Yo dije: Vosotros sois dioses»? Si Él llamó dioses a aquellos a los que había venido la Palabra de Dios (y la Escritura no se puede contradecir), ¿vais a decir de Mí, a Quien el Padre ha consagrado y enviado al mundo, que estoy blasfemando contra Dios porque dije: Soy el Hijo de Dios? Si no hago las obras de Mi Padre, no Me creáis; pero si las hago, aunque no Me creáis a Mí, creed alas obras, para que conozcáis y reconozcáis que el Padre está en Mí y Yo en el Padre.

Otra vez trataron de apoderarse de Él por la violencia, pero Él se les escapó de las manos.

Para los judíos, la afirmación de Jesús de que Él y el Padre eran una misma cosa era blasfemia. Era invadir una persona humana el lugar que sólo correspondía a Dios. La ley judía establecía la pena de lapidación por el pecado de blasfemia. «El que blasfemare el nombre del Señor, ha de ser muerto; toda la congregación le apedreará» (Lev_24:16 ). Así es que empezaron a prepararse para apedrear a Jesús. El texto original quiere decir que se pusieron a recoger piedras para lanzárselas. Jesús arrostró su hostilidad con tres razones.

(i) Les dijo que había estado haciendo obras maravillosas todo el tiempo: sanando a los enfermos, alimentando a los hambrientos y consolando a los afligidos; obras tan llenas de benevolencia, poder y belleza que no podían venir sino de Dios. ¿Por cuál de todas ellas Le querían apedrear? Y ellos respondieron que no era por nada de lo que había hecho, sino por lo que pretendía ser.

(ii) Pretendía ser el Hijo de Dios. Para resistir su ataque, Jesús usó dos razonamientos. El primero era típicamente judío, por lo que nos cuesta entenderlo. Jesús citó el Psa_82:6 , que es una advertencia a los Jueces injustos para que abandonen los malos procedimientos y defiendan a los pobres y a los inocentes. La exhortación acaba: «Yo digo: Sois dioses, hijos del Altísimo todos vosotros.» El juez es un delegado de Dios para ser un dios para el pueblo. Esta idea se descubre claramente en algunas de las disposiciones del Éxodo. Exo_21:1-6 dice que el siervo hebreo es libre al séptimo año, a menos que quiera seguir como siervo el resto de su vida. La versión Reina-Valera pone en el versículo 6: «Entonces su amo le llevará ante los Jueces.» Pero, en hebreo, la palabra que se traduce por Jueces es realmente elóhim, que quiere decir Dios o dioses. La misma forma de expresión se usa en Exo_22:9; Exo_22:28 . Hasta la Escritura llamaba dioses a las personas especialmente comisionadas por Dios para ciertas tareas. Entonces Jesús dice: «Si la Sagrada Escritura puede hablar así acerca de ciertos hombres, ¿por qué no puedo hablar Yo así acerca de Mí?»

Jesús afirmaba dos cosas acerca de Sí mismo. (a) Que Dios Le había consagrado para una tarea especial. La palabra para consagrar es haguiazein, el verbo correspondiente al adjetivo haguios, que quiere decir santo. (Reina-Valera, santificar). Esta palabra contiene la idea de que la persona, lugar o cosa a los que se aplica, son diferentes de los demás, precisamente porque Dios los ha apartado para un uso o propósito distinto y, por tanto, Le pertenecen de una manera especial. Así, por ejemplo, el sábado es santo (Exo_20:11 ), el altar es santo (Lev_16:19 ), los sacerdotes son santos (2Ch_26:18 ), el profeta es santo (Jer_1:5 ). Cuando Jesús dijo que Dios Le había consagrado, Le había hecho santo, quería decir que Le había apartado de los demás seres humanos, porque Le había asignado una tarea especial, y Él lo sabía. (b) Que Dios Le había comisionado y enviado al mundo. La palabra que se usa es la que se usaría para enviar un mensajero o un embajador o un ejército. Jesús no pensaba simplemente que había venido al mundo, sino que había sido enviado al mundo. Su venida había sido una acción de Dios; y Él había venido para hacer la tarea que Dios Le había encargado.

Así es que Jesús quena decir: « En el pasado, la Escritura podía llamar dioses a los Jueces, porque eran comisionados por Dios para traer Su verdad y justicia al mundo. Ahora, Yo he sido separado para una tarea especial, y he sido comisionado por Dios para venir al mundo. ¿Cómo podéis objetar a que Me llame Hijo de Dios? No digo nada más que lo que dice la Escritura.» Este es uno de esos razonamientos bíblicos cuya fuerza nos resulta difícil de captar, pero que sería absolutamente irrefutable para los rabinos judíos.

(iii) Jesús prosiguió proponiendo la prueba del fuego. « No os pido -les dijo realmente- que aceptéis Mi palabra. Os pido que aceptéis Mis obras.» Se pueden discutir las palabras, pero no las obras. Jesús es el Maestro perfecto porque no basa Su autoridad en lo que dice, sino en lo que hace. Lo que proponía a los judíos era que basaran su veredicto sobre Él, no en lo que decía, sino en lo que hacía; y esa es la prueba del fuego que Sus seguidores deben estar dispuestos a aceptar y proponer. La pena es que sean tan pocos los que la resistan, y aún menos los que la propongan.

LA PAZ QUE PRECEDE A LA TORMENTA

Juan 10:40-41

Jesús se marchó al otro lado del Jordán, al sitio donde Juan solía bautizar al principio, y Se quedó allí. Mucha gente vino adonde Él estaba, y decían:

-Juan no hizo ninguna señal; pero todo lo que dijo de este Hombre ha resultado verdad.

Y muchos creyeron en Él entonces.

A Jesús se Le iba acabando el tiempo; pero Él conocía Su hora. No desafiaba el peligro ni se jugaba la vida temerariamente; ni evitaba cobardemente el peligro para conservar la vida. Pero anhelaba la tranquilidad antes del combate definitivo. Siempre se preparaba para enfrentarse con los hombres encontrándose antes a solas con Dios. Para eso se retiró al otro lado del Jordán. No era una evasión. Estaba sólo preparándose para la contienda final.

El lugar al que se dirigió es sumamente significativo. Se fue al lugar en que Juan había bautizado a los que venían a él y recibían su mensaje, donde Jesús mismo había sido bautizado. Allí había sido donde había escuchado la voz de Dios, que Le aseguraba que había hecho la debida decisión y escogido el camino correcto. Es absolutamente recomendable y loable el volver de cuando en cuando al punto en el que se han experimentado las realidades más significativas y se han hecho las decisiones más definitivas de la vida. Cuando Jacob parecía tenerlo todo en contra, volvió a Betel (Gen_35:1-5 ). Cuando sintió la necesidad de Dios, volvió al lugar en el que se había encontrado con Él de veras por primera vez. A menudo nos haría un bien tremendo al alma el volver en peregrinación espiritual al lugar en que nos encontramos con el Señor por primera vez.

Jesús, antes de llegar al final de Su misión terrenal, volvió al lugar que había sido Su punto de partida. Pero también allí, al otro lado del Jordán, los judíos vinieron a Él, y también ellos se acordaron de Juan. Recordaban que les había hablado con palabras de profeta, pero no había hecho ninguna obra maravillosa. Se dieron cuenta de que había una gran diferencia entre Juan y Jesús. A la proclama poderosa de Juan, Jesús había añadido la manifestación del poder de Dios. Juan había diagnosticado correctamente la situación, pero Jesús había aportado el poder para remediarla. Aquellos judíos habían reconocido que Juan era un profeta; ahora se daban cuenta de que todo lo que Juan había anunciado acerca de Jesús se había confirmado; y, en consecuencia, muchos de ellos creyeron.

Sucede a menudo que una persona a la que se le pronosticaba un futuro glorioso y que encarnaba las esperanzas de mucha gente, acaba desmintiendo aquellos pronósticos y frustrando aquellas esperanzas. Pero Jesús era aún mayor de lo que Juan había anunciado. Jesús es la única Persona que jamás defrauda a los que esperan en Él. En Él, todos los sueños se hacen realidad, pero El es más que todos los mejores sueños.

Juan 10:1-42

10.1 De noche, a menudo se juntaban las ovejas dentro de un redil para protegerlas de ladrones, del tiempo o de animales salvajes. Los rediles eran cuevas, apriscos o áreas abiertas rodeadas de paredes construidas de piedras o ramas. Por lo general, el pastor dormía dentro del redil para proteger las ovejas. Del mismo modo que un pastor cuida de sus ovejas, Jesús, el Buen Pastor, cuida de su rebaño (quienes lo siguen). El profeta Ezequiel, al predecir la venida del Mesías, lo llamó pastor (Eze_34:23).

10.7 En el redil, el pastor cumplía la función de puerta, permitiendo la entrada a las ovejas y protegiéndolas. Jesús es nuestra puerta a la salvación de Dios. Ofrece el acceso a la protección y a la seguridad. Cristo es nuestro protector. Algunas personas toman a mal que Jesús sea la puerta, el único camino de acceso a Dios. Pero Jesús es el Hijo de Dios. ¿Por qué habríamos de buscar otro camino o por qué querríamos una forma de abordar a Dios hecha a medida? (Véanse también las notas a 14.6.)

10.10 En contraste con el ladrón que viene para arrebatar la vida, Jesús da vida. La vida que El da ahora es abundantemente más rica y plena. Es eterna y, sin embargo, comienza de inmediato. La vida en Cristo se disfruta en un plano más elevado debido a su sobreabundante perdón, amor y dirección. ¿Ha aceptado la vida que le ofrece Cristo?

10.11, 12 El asalariado cuida las ovejas por dinero, mientras que el pastor lo hace por amor. El pastor es el dueño de las ovejas y se dedica a ellas. Jesús no solo lleva a cabo una tarea, sino que está dedicado a amarnos e incluso a dar su vida por nosotros. Los falsos maestros y profetas no tienen esta dedicación.

MINISTERIO AL OTRO LADO DEL JORDAN

Jesús estuvo en Jerusalén para la Fiesta de los Tabernáculos (7.2); luego predicó en varias aldeas, tal vez en Judea, antes de volver a Jerusalén para la Fiesta de la Dedicación. De nuevo provoca el enojo de los líderes religiosos, quienes trataron de arrestarlo, pero El sale de la ciudad y va al otro lado del Jordán para predicar.

10.16 Las «otras ovejas» eran los gentiles. Jesús vino para salvar a gentiles y judíos por igual. Esta es una revelación de su misión mundial: morir por los pecados del mundo. La gente tiende a querer limitar las bendiciones de Dios a su grupo, pero Jesús no acepta que lo limiten las barreras que erigimos.

10.17, 18 La muerte y resurrección de Cristo, como parte del plan de Dios para la salvación del mundo, estaban totalmente bajo el control de Dios. Nadie podía matar a Jesús sin su consentimiento.

10.19, 20 Si Jesús solo hubiese sido un hombre, sus declaraciones de que era Dios habrían probado su locura. Pero sus milagros demostraron que sus palabras eran ciertas: El verdaderamente era Dios. Los líderes judíos no veían más allá de sus propios prejuicios y miraban a Jesús únicamente desde una perspectiva humana: Jesús confinado a un cuerpo humano. Pero a Jesús no lo puede limitar esta visión restringida.

10.22, 23 La Fiesta de la Dedicación conmemoraba la restauración del templo bajo Judas Macabeo en 165 a.C., después que Antíoco Epífanes lo profanase al sacrificar un cerdo sobre el altar del holocausto. La fiesta se celebraba a finales de diciembre. Esta es también la actual Fiesta de las Luces, llamada Hanukah.

10.23 El pórtico de Salomón era una galería cubierta sostenida por grandes columnas de piedra la cual se encontraba en el patio del templo apenas traspuestos los muros.

10.24 Muchas personas que piden pruebas lo hacen por motivos que no corresponden. La mayoría de aquellos cuestionadores no deseaban seguir a Jesús como El quería. Tenían la esperanza de que Jesús se proclamase Mesías por razones no exactamente correctas. A ellos, al igual que a los discípulos y el resto de la gente en la nación judía, les habría encantado que El hubiera echado a los romanos. Sin embargo, muchos no pensaban que lo haría. Estos que dudaban tenían la esperanza de que se identificase para acusarlo de mentiroso (como hicieron los fariseos en 8.13).

10.28, 29 Del mismo modo que un pastor protege sus ovejas, Jesús protege a su pueblo del daño eterno. A pesar de que es de esperar que los creyentes sufran en la tierra, Satanás no puede dañar sus almas ni quitarles su vida eterna con Dios. Existen muchas razones para sentir temor aquí en la tierra porque este es territorio del diablo (1Pe_5:8). Pero si decide seguir a Jesús, El le dará seguridad eterna.

10.30 Esta es la declaración más clara de su divinidad que Jesús haya expresado jamás. Jesús y su Padre no son la misma persona, pero en esencia y naturaleza son uno. De aquí que Jesús no es un simple buen maestro: El es Dios. Esta declaración no dejaba lugar a dudas. Los líderes religiosos deseaban matarlo porque sus leyes decían que cualquiera que proclamase ser Dios debía morir. No había nada que pudiese persuadirlos de que la declaración de Jesús era verdad.

10.31 Los líderes judíos intentaron cumplir la directiva que se encuentra en Lev_24:16 con respecto a los blasfemos (los que afirman ser Dios). Tenían la intención de apedrear a Jesús.

10.34-36 Jesús se refería al Psa_82:6, donde a gobernadores y jueces israelitas se les llama «dioses» (véanse también Exo_4:16; Exo_7:1). Si Dios llamó dioses a los líderes israelitas porque eran agentes de la revelación de Dios y de su voluntad, ¿cómo podía ser blasfemia que Jesús se llamase el Hijo de Dios? Jesús estaba reprendiendo a los líderes religiosos porque El es el Hijo de Dios en una singular y sin paralelos relación de unidad con el Padre.

10.35 «La Escritura no puede ser quebrantada» es una clara declaración de la verdad de la Biblia. Si aceptamos a Cristo como Señor, también debemos aceptar su testimonio de la Biblia como Palabra de Dios.

LOS NOMBRES DE JESUS

En distintas situaciones, Jesús se asignó nombres que señalaban papeles especiales que estaba dispuesto a cumplir para las personas. Algunos de estos se remontan a las promesas del Mesías del Antiguo Testamento. Otros eran maneras de ayudar a la gente a entenderlo.

6.27:  El Hijo del Hombre
Forma favorita de Jesús para referirse a El mismo. Este enfatiza su humanidad, pero de la manera que la utilizaba, resultaba ser un anuncio de divinidad.

6.35:  El pan de vida
Se refiere a su papel de dador de vida, El es la única fuente de vida eterna.

8.12:  La luz del mundo
La luz es un símbolo de verdad espiritual. Jesús es la respuesta universal a la necesidad del hombre de verdad espiritual.

10.7:  La puerta de las ovejas
Jesús es el único camino que lleva al Reino de Dios.

10.11:  El buen pastor
Jesús se apropió de las imágenes proféticas del Mesías que aparecen en el Antiguo Testamento. Esta es una manifestación de divinidad enfocada en el amor y la dirección de Jesús.

11.25:  La resurrección y la vida
Jesús no solo es la fuente de la vida, también es el poder sobre la muerte.

14.6:  El camino, la verdad y la vida
Jesús es el método, el mensaje y el significado para todas las personas. Mediante este título resume el propósito por el que vino a la tierra.

15.1:  La vid
Este título tiene una importante segunda parte: «vosotros los pámpanos». De la misma manera que ocurre con muchos de sus otros nombres, Jesús nos recuerda que así como los pámpanos obtienen vida de la vid y no pueden vivir separados de ella, dependemos por completo de Cristo para obtener vida espiritual.

Juan 10:1-9

El capítulo que empezamos está íntimamente conectado con el anterior. La parábola que tenemos a la vista fue dirigida con especialidad a los ignorantes maestros de la iglesia judaica. Las personas a quienes nuestro Señor tuvo en mira, cuando describió al falso pastor, fueron los escribas y fariseos. Los mismos hombres que acababan de decir que veían, fueron denunciados con santa osadía como ladrones y robadores.

En estos versículos se nos presenta un fiel retrato del falso maestro de religión. Nuestro Señor dice que es «el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, mas sube por otra parte..

La «puerta» en este caso debe de significar algo más que una designación exteriormente hecha. Por lo menos, a los maestros judíos no les faltaba nada en este particular: probablemente podían hacer remontar el orden de su sucesión hasta el mismo Aarón. Que un hombre haya sido ordenado no es prueba de que se encuentre en aptitud de enseñar a otros el camino del cielo. Bien puede haber sido escogido por aquellos que tienen autoridad para hacerlo, y sin embargo, quizá en su vida no se acerque a la puerta, y al fin muera como «ladrón y robador..

El verdadero sentido de la palabra «puerta» debe buscarse en la interpretación que nuestro Señor mismo dio. Cristo es la puerta ; y el gran pastor cíe las almas es el que adopta la carrera de la iglesia por verdadera vocación, el que desea glorificar a Cristo, siguiendo sus huellas, predicando su doctrina, esforzándose por convertir a El hombres y mujeres, y contando para todo con su divino auxilio. El falso pastor de las almas es el que adopta la sagrada profesión con pocos ó ningunos deseos de ensalzar a Cristo y la gran salvación que él ofrece, pero estimulado solo por incentivos mundanos y por el anhelo de ensalzarse a sí mismo. El ministro que hace a Cristo la figura céntrica de su predicación y de sus enseñanzas, agrada a Dios y recibirá de él amplios dones. El que así no lo hace, es considerado por Dios como un impostor, como ministro que ha entrado en el recinto sagrado de su profesión no por «la puerta» sino por alguna otra parte.

Fácil es de percibir que las palabras de que venimos tratando tenían aplicación a los maestros judíos de aquel entonces. No había «puerta» que condujese a su profesión, puesto que no inculcaban ideas correctas acerca del Masías y rechazaron a Cristo cuando apareció. Pero pocos hay que perciban que pueden también aplicarse esas palabras a millares de mentidos maestros de la religión cristiana. Ministros no convertidos son la carcoma de la iglesia. Cuando un ciego guía a otro ciego ambos tienen que caer en el hoyo.

En estos versículos se nos presenta, además, un singular bosquejo de los cristianos verdaderos. Nuestro Señor los describe como ovejas que oyen la voz del pastor y la conocen, y que no siguen al extraño, mas, por el contrario, huyen de él, porque no conocen la voz de los extraños.

La mayor parte de los creyentes poseen una especie de instinto espiritual, por medio del cual pueden, por lo general, distinguir las doctrinas verdaderas de las falsas. Cuando se les da instrucción religiosa que no es sana, parece que existe algo en su espíritu que les dice: «Hay en esto algo de malo.» Cuando oyen la verdad pura y evangélica ese algo les dice: «Esto es bueno.» El incurioso hombre del mundo tal vez no percibe diferencia alguna entre este y aquel ministro, ó entre este y aquel sermón. Las más humildes ovejas de Cristo pueden distinguir cosas que son diferentes entre sí, aunque a veces no puedan explicar el «cómo» ó el «porqué..

No tengamos en poco este instinto espiritual, puesto que es una señal de que el Espíritu Santo mora en el que lo posee. San Juan lo mencionó de una manera especial cuando dijo: «Vosotros tenéis la unción del Espíritu Santo, y conocéis todas las cosas.» Por el contrario, pidamos a Dios todos los días nos lo conceda para que seamos librados del influjo de los falsos pastores. Perder la facultad de distinguir entre lo dulce y lo amargo es uno de los peores síntomas en las enfermedades físicas. Si no podemos percibir la diferencia entre la ley y el evangelio, la verdad y el error, el protestantismo y el papismo, la doctrina de Cristo y la doctrina del hombre, es prueba evidente de que nuestro corazón está endurecido y aún no nos hemos convertido.

En estos versículos se nos presenta, por último, un interesante bosquejo de, Jesucristo mismo. Helo aquí: «Yo soy la puerta: el que por mí entrare será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos..

Por naturaleza todos nosotros estamos separados y alejados de Dios. El pecado se levanta como un alto muro entre nosotros y nuestro Hacedor. La conciencia de nuestra culpabilidad nos hace temerosos de él, y el conocimiento de su santidad nos impide acercárnosle. Habiendo nacido con un corazón que es hostil a Dios, cuanto más vivamos nos apartamos más de sus caminos por medio de nuestra conducta. Las primeras preguntas que en religión deben contestarse son estas: ¿Cómo puedo acercarme a Dios? ¿Cómo puedo ser justificado? ¿De qué manera puede un pecador como yo ser reconciliado con su Hacedor? Nuestro Señor Jesucristo ha contestado estas importantes preguntas. Por medio de su muerte en la cruz ha abierto paso al través del gran muro, y ha obtenido perdón y paz para los pecadores. él ha sufrido por el pecado, el justo por los injustos, para atraernos hacia Dios, y por encima de su sangre derramada ha abierto un camino al santo de los santos, un camino por el cual podemos aproximarnos a Dios sin temor. En el sentido más elevado, pues, es El «la puerta;» ninguno puede acudir al Padre sino por El.

Cuidemos de hacer uso de esta puerta, y no nos paremos fuera a mirarla solamente. Por ella tienen libre acceso aun los más grandes pecadores, y el que por ella entrare será salvo. Día vendrá en que será cerrada para siempre, y muchos se empeñarán en entrar, mas no podrán. No permanezcamos, pues, por más tiempo, suspendidos entre dos juicios, mas entremos sin vacilar, para que seamos salvos.

Juan 10:10-18

Estos versículos nos enseñan con qué gran fin es que Jesucristo ha venido al mundo. El dijo: «No he venido para que los hombres tengan vida, y la tengan en grande abundancia..

La verdad que estas palabras contienen es de grandísima importancia. Jesucristo no vino al mundo solo para enseñar un nuevo sistema de moral, ó presentar un ejemplo de santidad y abnegación, ó establecer nuevas ceremonias, según han afirmado algunos. El dejó su celeste morada y habitó treinta y tres años sobre la tierra con fines más elevados que estos. Vino a conseguirle al hombre vida eterna, por medio del redentor sacrificio de sí mismo. Vino para ser para la humanidad una fuente de vida espiritual, en la cual los pecadores pudieran beber por medio de la fe a fin de vivir por toda la eternidad. Por conducto de Moisés se nos trasmitieron leyes, reglas, estatutos y ceremonias. Jesucristo nos trajo la gracia, la verdad y la vida eterna.

Importante como es esta doctrina, es preciso guarecerla con una advertencia. No vayamos a suponer que no se sabia lo que era vida eterna hasta que Cristo vino al mundo, ó que los santos del Antiguo Testamento yacían en completa ignorancia acerca del mundo venidero. El plan de salvación por medio de la fe en un Salvador fue bien conocido de Abrahán, de Moisés, y de David. Desde Abel hasta Juan Bautista todos tenían esperanza en un Salvador y un Sacrificio; pero vieron estos solo de un modo imperfecto–á la distancia y no con claridad. La venida de Cristo disipó las sombras é hizo aparecer todo de una manera lúcida. La vida y la inmortalidad fueron puestas en relieve por el Evangelio. En una palabra y para usar la misma expresión que usó nuestro Salvador, aun los que ya tenían vida la «tuvieron en más abundancia « cuando el Mesías vino al mundo.

En estos versículos se nos enseña, asimismo, cuál es el oficio principal que Jesucristo desempeña para con los verdaderos cristianos. Por dos veces hizo nuestro Señor uso de una expresión que debió ser muy significativa para un natural del Oriente. Por dos veces dijo con energía: «Yo soy el buen Pastor..

Como buen Pastor Jesucristo conoce a todos los creyentes. El sabe cuáles son sus nombres, quiénes son sus parientes, en qué lugares habitan, que circunstancias los rodean, que sentimientos los agitan, qué sufrimientos los afligen. Acaso los impíos y los incrédulos no conozcan a los cristianos y los tengan por insensatos; pero el buen Pastor los conoce perfectamente, y, lo que es más asombroso, aunque los conoce no los desprecia.

Como buen Pastor, Jesucristo vela con ternura por la felicidad de sus discípulos. El provee a todas sus necesidades en el desierto de este mundo, y los conduce por el camino recto a una ciudad de eterna bienaventuranza. Sobrelleva con paciencia sus muchas debilidades y flaquezas, y no los desecha de sí porque vacilen, ó yerren, ó estén enfermos ó inválidos. Los ampara y protege contra la saña de sus enemigos como cuidó Jacob los rebaños de Laban; y de los que el Padre le ha dado no dejará perder ninguno.

Como buen Pastor Jesucristo da su vida por sus ovejas. Lo hizo una vez por todas cuando fue crucificado. Cuando vio que nada sino su sangre podía librarlas del infierno y del poder de Satanás, voluntariamente presentó su cuerpo como ofrenda por sus pecados, y por los méritos de esa muerte es que ahora intercede ante el trono del Padre. Las ovejas son salvas para siempre, porque el buen Pastor ha muerto por ellas. ¡Es este, a la verdad, un amor que sobrepuja todo entendimiento! «Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos.» Joh_16:13.

En estos versículos se nos enseña finalmente que Jesucristo murió por su propia y libre voluntad. He aquí los singulares palabras que lo enseñan: « Yo pongo mi vida para volverla a tomar. Nadie la quita de mí, mas yo la pongo de mí mismo; porque tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar..

De no poca importancia es este punto. No vayamos a suponer ni por un solo momento que nuestro Señor no tenia poder para prevenir sus sufrimientos, y que lo entregaron a sus enemigos y lo crucificaron porque no pudo evitarlo. La traición de Judas, las cuadrillas armadas de los esbirros de los sacerdotes, el encono de escribas y fariseos, la injusticia de Poncio Pilato, las groseras manos de los soldados romanos, el látigo, los clavos y la lanza–nada de esto habría podido tocar un pelo siquiera de la cabeza del Salvador si él no lo hubiese permitido. Con razón pronunció El estas palabras: «O ¿piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y él me daría más de doce legiones de ángeles? Mas ¿cómo se cumplirán entonces las Escrituras?» Mat_26:53.

La verdad es que el Salvador se sometió a la muerte de su propia y libre voluntad, porque sabía que ese era el único modo de expiar los pecados de los hombres. Se sometió de todo corazón porque había determinado pagar nuestra deuda y redimirnos del infierno. Por el glorioso fin que iba a conseguir sufrió gustosamente los padecimientos de la cruz, y entregó su vida para que nosotros obtuviéramos la vida eterna. La suya no fue la muerte del mártir que cae al fin agobiado por el peso de sus enemigos, sino la de un conquistador victorioso que sabe que aun con la pérdida de su existencia adquiere para sí y para su pueblo un reino y una corona de gloria.

Juan 10:19-30

Es de notarse en este pasaje, primeramente, qué de desavenencias y controversias causó nuestro Señor cuando estuvo en la tierra. Cuéntasenos que hubo disensión, entre los Judíos por sus palabras y que muchos de ellos decían que tenia demonio y estaba loco. a primera vista parece tal vez extraño que el que vino a predicar la paz entre Dios y el hombre fuese causa de contenciones. Pero en eso se cumplieron literalmente sus propias palabras: «No he venido para meter paz sino espada.» Mat_10:34. Mas no era a Jesucristo a quien debía atribuirse ese mal, sino a la índole mundana de los judíos.

Ni debe sorprenderse el siervo de Cristo si tuviere que presenciar los mismos resultados que presenció su Maestro. a menudo sus propias opiniones y conducta en materias religiosas serán causa de disensión aun en el seno de su familia; no pocas veces tendrá que ser el blanco del ridículo, de los dicterios y de las persecuciones de parte de los hijos de este mundo; y tal vez haya quien llegue a llamarlo insensato ó loco a causa de su religión. Que nada de esto lo haga cejar. La idea de que las penalidades que él sufre son las mismas que sufrió Cristo debe darle fuerzas para hacer frente a todo. «Si al mismo padre de familias llamaron Belcebú, ¿cuánto más a los de su casa?.

Tampoco hemos de menospreciar la religión a causa de las riñas y disensiones a que da lugar. Por mucho que se diga en contra, la falta está en la naturaleza humana y no en la religión misma. Jamás nos quejamos contra el sol porque sus rayos hacen levantar de los pantanos miasmas deletéreos. No debemos, pues, quejarnos contra el Evangelio, si despierta la corrupción del hombre y hace que «los sentimientos de muchos corazones sean manifestados.» Luk_2:35.

Es de notarse, en seguida, el apellido que Jesucristo dio a los verdaderos cristianos. Los llamó sus ovejas, usando así de una expresión figurada que, como todas sus palabras, está repleta de un significado profundo.

Esa expresión tiene referencia sin duda a la índole y a la conducta de los verdaderos cristianos. Fácil seria demostrar que en su debilidad, en su desamparo, en su inocencia, en su utilidad la oveja y el creyente se parecen. Mas la idea cardinal en la mente de nuestro Señor fue la completa dependencia en que las ovejas están de su pastor. Así como aquellas oyen la voz de éste y le siguen, así también los creyentes siguen a Cristo. Por la fe escuchan sus exhortaciones; por la fe se someten a él para que los guíe; por la fe confían en él y le encomiendan la dirección de sus almas. Los hábitos de las ovejas y el pastor ejemplifican muy bien la relación que existe entre Jesucristo y el verdadero cristiano.

Expresiones como la de que nos ocupamos son las que el cristiano debiera atesorar en su memoria, pues le servirán de alivio y de consuelo en las horas de prueba. Acaso el mundo no perciba la belleza de su conducta, y lo trate por eso con desprecio. Más el que sabe que él es una de las ovejas del rebaño de Jesucristo no tiene por qué ruborizarse. El posee «un pozo de agua que salta para la vida eterna.» Juan 4.14.

Debemos notar, finalmente, cuan grandes son los privilegios que nuestro Señor Jesucristo concede a los verdaderos cristianos. He aquí las palabras que emplea acerca de sus ovejas, es decir ellos: «Yo las conozco; yo les doy vida eterna; para siempre no perecerán, y nadie las arrebatará de mi mano.» Esta sentencia es como un racimo de uvas de Eshcol. Difícil sería encontrar en toda la Biblia palabras más expresivas.

Jesucristo conoce a su pueblo y siente hacia él interés y afecto. Por el mundo que los rodea son comparativamente hablando desconocidos, abandonados a sí mismos y despreciados. Más Jesús jamás los olvida o los abandona.

Jesucristo concede a su pueblo vida eterna, es decir, le otorga gratuitamente los títulos para ser admitido en el cielo, perdonándole sus muchos pecados y revistiéndolo de perfecta justicia. Con frecuencia y por sabias razones le niega la riqueza, la salud, la prosperidad mundana; más nunca deja de otorgarle la gracia, la paz y la gloria.

Jesucristo dice que su pueblo jamás perecerá. Débiles como son los que lo componen, todos se salvarán. Ni uno de ellos será desechado; ni uno de ellos dejará de entrar en el cielo. Acaso los que asechan sus almas sean fuertes y poderosos, más su Salvador es más poderoso; y ninguno puede arrebatarlos de las manos de su Salvador.

¿Deseamos participar de los beneficios resultantes del cumplimiento de esta gloriosa promesa? Cuidemos de pertenecer al rebaño de Jesucristo. Oigamos la voz de nuestro Pastor y sigámosle. El hombre que, convencido de la gravedad de su pecado, acude a Cristo y se acoge a él, con confianza, pertenece al número de los que no serán arrebatados de sus manos.

Juan 10:31-42

En estos versículos puede notarse hasta qué extremo llega la maldad humana. Los judíos incrédulos que moraban en Jerusalén no fueron convencidos ni por los milagros ni por la predicación de nuestro Señor. Estaban resueltos a no recibir a Jesús como Mesías, y una vez más tomaron piedras para apedrearle.

Nuestro Señor no había causado a los judíos perjuicio alguno. No había sido homicida, ni ladrón ni contraventor de las leyes del país. él «pasó haciendo bienes,» y toda su vida fue distinguida por el amor. Actos 10:38. En su carácter no había defecto ni inconsecuencia de ninguna clase, y no podía imputársele crimen alguno. Un hombre tan perfecto y tan puro jamás puso sus plantas sobre la faz de la tierra. Más, no obstante todo esto, los judíos lo aborrecían y ansiaban derramar su sangre. Cuan ciertas son las palabras de la Escritura: «¡Sin causa le aborrecieron!» Joh_15:25.

El verdadero cristiano no tiene por qué sorprenderse si recibe el mismo trato que recibió nuestro bendito Salvador. a la verdad, cuanto más se asemeje a su Maestro y cuánto más santa y espiritual sea su vida, tanto más probable será que tenga que caer como víctima del odio y de la persecución. Ni vaya él a imaginarse que si fuera consecuente en mayor grado podrá librarse de ese sufrimiento. No son sus defectos, sino sus virtudes las que le acarrean odio de los hombres. Los hijos del mundo tienen aversión a lo lo que lleva en sí la imagen de Dios, y sienten malestar y remordimientos de conciencia cuando ven que los demás son mejores que ellos. ¿Por qué aborrecía Caín a su hermano Abel y le dio la muerte? «Porque,» dice San Juan, «sus obras eran malas, y las de hermano justas.» 1Jo_3:12. ¿Por qué aborrecían los judíos a Cristo? Porque él daba a conocer sus pecados y sus falsas doctrines; y sU propio corazón les decía que él tenia razón y ellos no la tenían. «El mundo,» dijo nuestro Señor, «me aborrece, porque yo doy testimonio de él, que sus obras son malas.» Joh_7:7. Que los cristianos se resuelvan a libar el mismo cáliz, y que lo liben con paciencia y sin sorprenderse. En el cielo habita Aquel que dijo: «Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me aborrecía antes que a vosotros.» Joh_15:18.

En estos versículos debemos observar, en seguida, la alta estima que Jesús manifestó por las Santas Escrituras. Como argumento contra sus enemigos citó un texto de los Salmos, el cual versaba sobre la palabra, «dioses ;» y luego que hubo citado el texto sentó el gran principio de que la Escritura no puede ser quebrantada. Es como si hubiera dicho; «Siempre que la Escritura se explique con claridad sobre un asunto dado, toda disputa que sobre él hubiere antes, debe cesar, pues todo queda decidido. Toda tilde de la Escritura es verdadera, y debe ser recibida como concluyente..

El principio que así sentó nuestro Señor es de grande importancia. Acojámoslo pues con firmeza y sostengamos de una manera decidida que cada palabra de los originales hebreo y griego de las Escrituras fue inspirada. Hay muchos, sin duda, que hoy día atacan ese principio; más no por eso ha de desmayar el cristiano. Que hay en la Escritura pasajes difíciles de conciliar con otros, y difíciles de entender, es preciso conceder sin vacilar. Pero es de temerse que, en casi todos esos casos, el tropiezo debe atribuirse a lo débil de nuestra mente y no a lo confuso de las Escrituras. En todo caso debemos contentarnos con la esperanza de tener más luz en lo futuro, y con la creencia de que al fin se aclararan todos los misterios.

Debemos observar, por último, que importancia dio Jesucristo a sus propios milagros. Apeló a ellos como prueba de que su misión era divina, y mandó a los judíos que los examinasen y los negasen si pudiesen. «Si no hago obras de mi Padre, no me creáis. Mas si las hago aunque a mí no creáis, creed a las obras..

Es de temerse que en nuestros días no se piensa debidamente en los milagros de nuestro Señor. En cuanto a su número esos milagros no fueron pocos. En los Evangelios se nos refieren más de cuarenta hechos que ejecutó fuera del curso ordinario de la naturaleza, sanando instantáneamente a los enfermos, resucitando a los muertos con una palabra, arrojando espíritus inmundos, calmando las olas y los vientos en un instante, y caminando sobre las aguas como sobre un pavimento sólido. Muchos de ellos fueron ejecutados públicamente, y a vista de testigos hostiles. Todo esto nos es tan familiar que, por lo general, olvidamos las lecciones que nos enseña. Enséñanos que el que obró esos milagros no debe ser menos que el mismo Dios. Solo el que creó todas las cosas desde el principio puede suspender a su arbitrio las leyes de la creación. Al que así podía suspender el orden natural debe darse fe y prestarse obediencia.

Rechazar a ese Ser que probó lo divino de su misión con prodigios y portentos es llegar al extremo de la insensatez.

Cierto es que, en todos los siglos, centenares de hombres incrédulos han intentado desacreditar los milagros de nuestro Señor, llegando hasta el punto de negar que jamás fueron hechos. Más sus esfuerzos han sido infructuosos. Existe abundancia de pruebas de que nuestro Señor selló con milagros su predicación; y de que ese hecho fue reconocido por sus contemporáneos. Los campeones del escepticismo deberían circunscribirse al milagro de la resurrección de nuestro Señor y probar su falsedad si pueden. Si no pueden hacer eso, fuerza es que confiesen en obsequio de la justicia, que los milagros son posibles. Y luego, si son verdaderamente humildes, deben convenir en que Aquel que selló su misión con semejantes hechos tiene que haber sido el Hijo de Dios.

Al poner punto a la consideración de este pasaje demos gracias a Dios que haya tantas pruebas de que el Cristianismo es una religión que emana del cielo. Ya sea que recurramos a las pruebas internas de la Biblia, ya a las vidas de los cristianos primitivos, ó a las profecías, ó a los milagros, ó a la historia, obtendremos la mismísima contestación : es a saber, que Jesús es el Hijo de Dios, y que por mediación de él los creyentes reciben la vida eterna.

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