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Juan 10: El pastor y sus ovejas

Cuidemos de hacer uso de esta puerta, y no nos paremos fuera a mirarla solamente. Por ella tienen libre acceso aun los más grandes pecadores, y el que por ella entrare será salvo. Día vendrá en que será cerrada para siempre, y muchos se empeñarán en entrar, mas no podrán. No permanezcamos, pues, por más tiempo, suspendidos entre dos juicios, mas entremos sin vacilar, para que seamos salvos.

Juan 10:10-18

Estos versículos nos enseñan con qué gran fin es que Jesucristo ha venido al mundo. El dijo: «No he venido para que los hombres tengan vida, y la tengan en grande abundancia..

La verdad que estas palabras contienen es de grandísima importancia. Jesucristo no vino al mundo solo para enseñar un nuevo sistema de moral, ó presentar un ejemplo de santidad y abnegación, ó establecer nuevas ceremonias, según han afirmado algunos. El dejó su celeste morada y habitó treinta y tres años sobre la tierra con fines más elevados que estos. Vino a conseguirle al hombre vida eterna, por medio del redentor sacrificio de sí mismo. Vino para ser para la humanidad una fuente de vida espiritual, en la cual los pecadores pudieran beber por medio de la fe a fin de vivir por toda la eternidad. Por conducto de Moisés se nos trasmitieron leyes, reglas, estatutos y ceremonias. Jesucristo nos trajo la gracia, la verdad y la vida eterna.

Importante como es esta doctrina, es preciso guarecerla con una advertencia. No vayamos a suponer que no se sabia lo que era vida eterna hasta que Cristo vino al mundo, ó que los santos del Antiguo Testamento yacían en completa ignorancia acerca del mundo venidero. El plan de salvación por medio de la fe en un Salvador fue bien conocido de Abrahán, de Moisés, y de David. Desde Abel hasta Juan Bautista todos tenían esperanza en un Salvador y un Sacrificio; pero vieron estos solo de un modo imperfecto–á la distancia y no con claridad. La venida de Cristo disipó las sombras é hizo aparecer todo de una manera lúcida. La vida y la inmortalidad fueron puestas en relieve por el Evangelio. En una palabra y para usar la misma expresión que usó nuestro Salvador, aun los que ya tenían vida la «tuvieron en más abundancia « cuando el Mesías vino al mundo.

En estos versículos se nos enseña, asimismo, cuál es el oficio principal que Jesucristo desempeña para con los verdaderos cristianos. Por dos veces hizo nuestro Señor uso de una expresión que debió ser muy significativa para un natural del Oriente. Por dos veces dijo con energía: «Yo soy el buen Pastor..

Como buen Pastor Jesucristo conoce a todos los creyentes. El sabe cuáles son sus nombres, quiénes son sus parientes, en qué lugares habitan, que circunstancias los rodean, que sentimientos los agitan, qué sufrimientos los afligen. Acaso los impíos y los incrédulos no conozcan a los cristianos y los tengan por insensatos; pero el buen Pastor los conoce perfectamente, y, lo que es más asombroso, aunque los conoce no los desprecia.

Como buen Pastor, Jesucristo vela con ternura por la felicidad de sus discípulos. El provee a todas sus necesidades en el desierto de este mundo, y los conduce por el camino recto a una ciudad de eterna bienaventuranza. Sobrelleva con paciencia sus muchas debilidades y flaquezas, y no los desecha de sí porque vacilen, ó yerren, ó estén enfermos ó inválidos. Los ampara y protege contra la saña de sus enemigos como cuidó Jacob los rebaños de Laban; y de los que el Padre le ha dado no dejará perder ninguno.

Como buen Pastor Jesucristo da su vida por sus ovejas. Lo hizo una vez por todas cuando fue crucificado. Cuando vio que nada sino su sangre podía librarlas del infierno y del poder de Satanás, voluntariamente presentó su cuerpo como ofrenda por sus pecados, y por los méritos de esa muerte es que ahora intercede ante el trono del Padre. Las ovejas son salvas para siempre, porque el buen Pastor ha muerto por ellas. ¡Es este, a la verdad, un amor que sobrepuja todo entendimiento! «Nadie tiene mayor amor que este, que ponga alguno su vida por sus amigos.» Joh_16:13.

En estos versículos se nos enseña finalmente que Jesucristo murió por su propia y libre voluntad. He aquí los singulares palabras que lo enseñan: « Yo pongo mi vida para volverla a tomar. Nadie la quita de mí, mas yo la pongo de mí mismo; porque tengo poder para ponerla y tengo poder para volverla a tomar..

De no poca importancia es este punto. No vayamos a suponer ni por un solo momento que nuestro Señor no tenia poder para prevenir sus sufrimientos, y que lo entregaron a sus enemigos y lo crucificaron porque no pudo evitarlo. La traición de Judas, las cuadrillas armadas de los esbirros de los sacerdotes, el encono de escribas y fariseos, la injusticia de Poncio Pilato, las groseras manos de los soldados romanos, el látigo, los clavos y la lanza–nada de esto habría podido tocar un pelo siquiera de la cabeza del Salvador si él no lo hubiese permitido. Con razón pronunció El estas palabras: «O ¿piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y él me daría más de doce legiones de ángeles? Mas ¿cómo se cumplirán entonces las Escrituras?» Mat_26:53.

La verdad es que el Salvador se sometió a la muerte de su propia y libre voluntad, porque sabía que ese era el único modo de expiar los pecados de los hombres. Se sometió de todo corazón porque había determinado pagar nuestra deuda y redimirnos del infierno. Por el glorioso fin que iba a conseguir sufrió gustosamente los padecimientos de la cruz, y entregó su vida para que nosotros obtuviéramos la vida eterna. La suya no fue la muerte del mártir que cae al fin agobiado por el peso de sus enemigos, sino la de un conquistador victorioso que sabe que aun con la pérdida de su existencia adquiere para sí y para su pueblo un reino y una corona de gloria.

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