No es por ninguna obra maravillosa por lo que estamos decididos a apedrearte -Le contestaron-, sino por blasfemar contra Dios. Porque Tú, no siendo más que un hombre, Te haces Dios.
-¿No está escrito en vuestra Ley -les contestó Jesús- «Yo dije: Vosotros sois dioses»? Si Él llamó dioses a aquellos a los que había venido la Palabra de Dios (y la Escritura no se puede contradecir), ¿vais a decir de Mí, a Quien el Padre ha consagrado y enviado al mundo, que estoy blasfemando contra Dios porque dije: Soy el Hijo de Dios? Si no hago las obras de Mi Padre, no Me creáis; pero si las hago, aunque no Me creáis a Mí, creed alas obras, para que conozcáis y reconozcáis que el Padre está en Mí y Yo en el Padre.
Otra vez trataron de apoderarse de Él por la violencia, pero Él se les escapó de las manos.
Para los judíos, la afirmación de Jesús de que Él y el Padre eran una misma cosa era blasfemia. Era invadir una persona humana el lugar que sólo correspondía a Dios. La ley judía establecía la pena de lapidación por el pecado de blasfemia. «El que blasfemare el nombre del Señor, ha de ser muerto; toda la congregación le apedreará» (Lev_24:16 ). Así es que empezaron a prepararse para apedrear a Jesús. El texto original quiere decir que se pusieron a recoger piedras para lanzárselas. Jesús arrostró su hostilidad con tres razones.
(i) Les dijo que había estado haciendo obras maravillosas todo el tiempo: sanando a los enfermos, alimentando a los hambrientos y consolando a los afligidos; obras tan llenas de benevolencia, poder y belleza que no podían venir sino de Dios. ¿Por cuál de todas ellas Le querían apedrear? Y ellos respondieron que no era por nada de lo que había hecho, sino por lo que pretendía ser.
(ii) Pretendía ser el Hijo de Dios. Para resistir su ataque, Jesús usó dos razonamientos. El primero era típicamente judío, por lo que nos cuesta entenderlo. Jesús citó el Psa_82:6 , que es una advertencia a los Jueces injustos para que abandonen los malos procedimientos y defiendan a los pobres y a los inocentes. La exhortación acaba: «Yo digo: Sois dioses, hijos del Altísimo todos vosotros.» El juez es un delegado de Dios para ser un dios para el pueblo. Esta idea se descubre claramente en algunas de las disposiciones del Éxodo. Exo_21:1-6 dice que el siervo hebreo es libre al séptimo año, a menos que quiera seguir como siervo el resto de su vida. La versión Reina-Valera pone en el versículo 6: «Entonces su amo le llevará ante los Jueces.» Pero, en hebreo, la palabra que se traduce por Jueces es realmente elóhim, que quiere decir Dios o dioses. La misma forma de expresión se usa en Exo_22:9; Exo_22:28 . Hasta la Escritura llamaba dioses a las personas especialmente comisionadas por Dios para ciertas tareas. Entonces Jesús dice: «Si la Sagrada Escritura puede hablar así acerca de ciertos hombres, ¿por qué no puedo hablar Yo así acerca de Mí?»
Jesús afirmaba dos cosas acerca de Sí mismo. (a) Que Dios Le había consagrado para una tarea especial. La palabra para consagrar es haguiazein, el verbo correspondiente al adjetivo haguios, que quiere decir santo. (Reina-Valera, santificar). Esta palabra contiene la idea de que la persona, lugar o cosa a los que se aplica, son diferentes de los demás, precisamente porque Dios los ha apartado para un uso o propósito distinto y, por tanto, Le pertenecen de una manera especial. Así, por ejemplo, el sábado es santo (Exo_20:11 ), el altar es santo (Lev_16:19 ), los sacerdotes son santos (2Ch_26:18 ), el profeta es santo (Jer_1:5 ). Cuando Jesús dijo que Dios Le había consagrado, Le había hecho santo, quería decir que Le había apartado de los demás seres humanos, porque Le había asignado una tarea especial, y Él lo sabía. (b) Que Dios Le había comisionado y enviado al mundo. La palabra que se usa es la que se usaría para enviar un mensajero o un embajador o un ejército. Jesús no pensaba simplemente que había venido al mundo, sino que había sido enviado al mundo. Su venida había sido una acción de Dios; y Él había venido para hacer la tarea que Dios Le había encargado.
Así es que Jesús quena decir: « En el pasado, la Escritura podía llamar dioses a los Jueces, porque eran comisionados por Dios para traer Su verdad y justicia al mundo. Ahora, Yo he sido separado para una tarea especial, y he sido comisionado por Dios para venir al mundo. ¿Cómo podéis objetar a que Me llame Hijo de Dios? No digo nada más que lo que dice la Escritura.» Este es uno de esos razonamientos bíblicos cuya fuerza nos resulta difícil de captar, pero que sería absolutamente irrefutable para los rabinos judíos.
(iii) Jesús prosiguió proponiendo la prueba del fuego. « No os pido -les dijo realmente- que aceptéis Mi palabra. Os pido que aceptéis Mis obras.» Se pueden discutir las palabras, pero no las obras. Jesús es el Maestro perfecto porque no basa Su autoridad en lo que dice, sino en lo que hace. Lo que proponía a los judíos era que basaran su veredicto sobre Él, no en lo que decía, sino en lo que hacía; y esa es la prueba del fuego que Sus seguidores deben estar dispuestos a aceptar y proponer. La pena es que sean tan pocos los que la resistan, y aún menos los que la propongan.
LA PAZ QUE PRECEDE A LA TORMENTA
Juan 10:40-41
Jesús se marchó al otro lado del Jordán, al sitio donde Juan solía bautizar al principio, y Se quedó allí. Mucha gente vino adonde Él estaba, y decían:
-Juan no hizo ninguna señal; pero todo lo que dijo de este Hombre ha resultado verdad.
Y muchos creyeron en Él entonces.
