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Juan 10: El pastor y sus ovejas

Juan 10:1-9

El capítulo que empezamos está íntimamente conectado con el anterior. La parábola que tenemos a la vista fue dirigida con especialidad a los ignorantes maestros de la iglesia judaica. Las personas a quienes nuestro Señor tuvo en mira, cuando describió al falso pastor, fueron los escribas y fariseos. Los mismos hombres que acababan de decir que veían, fueron denunciados con santa osadía como ladrones y robadores.

En estos versículos se nos presenta un fiel retrato del falso maestro de religión. Nuestro Señor dice que es «el que no entra por la puerta en el aprisco de las ovejas, mas sube por otra parte..

La «puerta» en este caso debe de significar algo más que una designación exteriormente hecha. Por lo menos, a los maestros judíos no les faltaba nada en este particular: probablemente podían hacer remontar el orden de su sucesión hasta el mismo Aarón. Que un hombre haya sido ordenado no es prueba de que se encuentre en aptitud de enseñar a otros el camino del cielo. Bien puede haber sido escogido por aquellos que tienen autoridad para hacerlo, y sin embargo, quizá en su vida no se acerque a la puerta, y al fin muera como «ladrón y robador..

El verdadero sentido de la palabra «puerta» debe buscarse en la interpretación que nuestro Señor mismo dio. Cristo es la puerta ; y el gran pastor cíe las almas es el que adopta la carrera de la iglesia por verdadera vocación, el que desea glorificar a Cristo, siguiendo sus huellas, predicando su doctrina, esforzándose por convertir a El hombres y mujeres, y contando para todo con su divino auxilio. El falso pastor de las almas es el que adopta la sagrada profesión con pocos ó ningunos deseos de ensalzar a Cristo y la gran salvación que él ofrece, pero estimulado solo por incentivos mundanos y por el anhelo de ensalzarse a sí mismo. El ministro que hace a Cristo la figura céntrica de su predicación y de sus enseñanzas, agrada a Dios y recibirá de él amplios dones. El que así no lo hace, es considerado por Dios como un impostor, como ministro que ha entrado en el recinto sagrado de su profesión no por «la puerta» sino por alguna otra parte.

Fácil es de percibir que las palabras de que venimos tratando tenían aplicación a los maestros judíos de aquel entonces. No había «puerta» que condujese a su profesión, puesto que no inculcaban ideas correctas acerca del Masías y rechazaron a Cristo cuando apareció. Pero pocos hay que perciban que pueden también aplicarse esas palabras a millares de mentidos maestros de la religión cristiana. Ministros no convertidos son la carcoma de la iglesia. Cuando un ciego guía a otro ciego ambos tienen que caer en el hoyo.

En estos versículos se nos presenta, además, un singular bosquejo de los cristianos verdaderos. Nuestro Señor los describe como ovejas que oyen la voz del pastor y la conocen, y que no siguen al extraño, mas, por el contrario, huyen de él, porque no conocen la voz de los extraños.

La mayor parte de los creyentes poseen una especie de instinto espiritual, por medio del cual pueden, por lo general, distinguir las doctrinas verdaderas de las falsas. Cuando se les da instrucción religiosa que no es sana, parece que existe algo en su espíritu que les dice: «Hay en esto algo de malo.» Cuando oyen la verdad pura y evangélica ese algo les dice: «Esto es bueno.» El incurioso hombre del mundo tal vez no percibe diferencia alguna entre este y aquel ministro, ó entre este y aquel sermón. Las más humildes ovejas de Cristo pueden distinguir cosas que son diferentes entre sí, aunque a veces no puedan explicar el «cómo» ó el «porqué..

No tengamos en poco este instinto espiritual, puesto que es una señal de que el Espíritu Santo mora en el que lo posee. San Juan lo mencionó de una manera especial cuando dijo: «Vosotros tenéis la unción del Espíritu Santo, y conocéis todas las cosas.» Por el contrario, pidamos a Dios todos los días nos lo conceda para que seamos librados del influjo de los falsos pastores. Perder la facultad de distinguir entre lo dulce y lo amargo es uno de los peores síntomas en las enfermedades físicas. Si no podemos percibir la diferencia entre la ley y el evangelio, la verdad y el error, el protestantismo y el papismo, la doctrina de Cristo y la doctrina del hombre, es prueba evidente de que nuestro corazón está endurecido y aún no nos hemos convertido.

En estos versículos se nos presenta, por último, un interesante bosquejo de, Jesucristo mismo. Helo aquí: «Yo soy la puerta: el que por mí entrare será salvo; y entrará, y saldrá, y hallará pastos..

Por naturaleza todos nosotros estamos separados y alejados de Dios. El pecado se levanta como un alto muro entre nosotros y nuestro Hacedor. La conciencia de nuestra culpabilidad nos hace temerosos de él, y el conocimiento de su santidad nos impide acercárnosle. Habiendo nacido con un corazón que es hostil a Dios, cuanto más vivamos nos apartamos más de sus caminos por medio de nuestra conducta. Las primeras preguntas que en religión deben contestarse son estas: ¿Cómo puedo acercarme a Dios? ¿Cómo puedo ser justificado? ¿De qué manera puede un pecador como yo ser reconciliado con su Hacedor? Nuestro Señor Jesucristo ha contestado estas importantes preguntas. Por medio de su muerte en la cruz ha abierto paso al través del gran muro, y ha obtenido perdón y paz para los pecadores. él ha sufrido por el pecado, el justo por los injustos, para atraernos hacia Dios, y por encima de su sangre derramada ha abierto un camino al santo de los santos, un camino por el cual podemos aproximarnos a Dios sin temor. En el sentido más elevado, pues, es El «la puerta;» ninguno puede acudir al Padre sino por El.

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