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Juan 10: El pastor y sus ovejas

¿Cómo se explican los dichos que parecen limitar la obra de Jesús a los judíos? Es muy sencillo. El propósito final de Jesús era que todo el mundo fuera para Dios. Pero, cualquier general sabe que debe, en primera instancia, limitar sus objetivos. Si trata de atacar en todo un frente demasiado extenso, no hará más que desparramar sus fuerzas sin obtener ningún buen resultado. Para llegar a la victoria definitiva tiene que empezar por concentrar sus fuerzas en ciertos objetivos limitados. Eso fue lo que hizo Jesús. Si hubiera ido acá, allá y acullá, si hubiera mandado a Sus discípulos sin limitaciones en cuanto a la esfera de su trabajo, nada se habría logrado. De momento se concentró deliberadamente a la nación judía; pero su propósito definitivo era abarcar a todo el mundo con Su amor.

Hay tres grandes verdades en este versículo.

(i) Sólo en Jesucristo puede el mundo llegar a la unidad. Egerton Young fue el primer misionero que fue a los amerindios de más al Norte. En Saskatchewan fue a hablarles del amor de Dios. Para los indios era una nueva Revelación. Cuando el misionero acabó su mensaje, el viejo jefe le dijo:

-Cuando estabas hablando del gran Espíritu, ¿es cierto que te oí decir «Nuestro Padre»?

-Sí, has oído bien -le contestó Egerton Young.

-Eso es muy nuevo y dulce para mí -dijo el jefe-. Nosotros no habíamos pensado nunca en el gran Espíritu como Padre. Le oíamos en el trueno; Le veíamos en los relámpagos y rayos, en la tormenta y en el huracán, y Le teníamos miedo. Así que, cuando nos dices que el gran Espíritu es nuestro Padre, nos resulta algo muy hermoso.

El anciano hizo una pausa y luego prosiguió, como si un destello de gloria hubiera brillado de pronto sobre él:

-Misionero, ¿dijiste que el gran Espíritu es tu Padre?

-Sí -respondió el misionero.

-Y -siguió el jefe-, ¿dijiste que es el Padre de los indios?

-Eso es lo que dije.

-Entonces -exclamó el viejo jefe, como si le hubiera amanecido una aurora de gozo indecible- ¡tú y yo somos hermanos!

La única unidad posible para la humanidad se funda en el hecho de nuestra común filiación divina. En el mundo hay división entre nación y nación; dentro de la misma nación, entre clase y clase. No puede haber una sola nación; y no puede haber una sola clase. Lo único que puede derribar las barreras y borrar las diferencias es el Evangelio de Jesucristo, que nos incluye a todos bajo el manto de la paternidad universal de Dios.

(ii) En la Vulgata, la traducción latina de san Jerónimo, hay un error que ha pasado a algunas traducciones antiguas. Dice: «Habrá un aprisco y un pastor.» En eso ha basado la Iglesia Católica Romana su enseñanza de que fuera de ella no hay salvación. Pero la traducción verdadera que aparece en casi todas las traducciones modernas es: «Habrá un solo rebaño, un solo Pastor;» o aún mejor: «Llegarán a formar un solo rebaño y tendrán un solo Pastor.» En «un rebaño, y un Pastor», como aparece en Reina-Valera, un se podría tomar como artículo indeterminado, lo que permitiría suponer que puede haber otros pastores y rebaños. Por eso ponemos, como otras traducciones, un solo, ya que en griego la palabra que se usa es el numeral.

La unidad viene del hecho, no de que se obligue a todas las ovejas a entrar en el redil, sino de que todas oyen, responden y obedecen a un solo Pastor. No es una unidad eclesiástica; sino la unidad que viene de la común lealtad a Jesucristo. El hecho de que haya un solo rebaño no quiere decir que no pueda haber más que una sola iglesia, una sola manera de dar culto a Dios, un solo sistema de administración eclesiástica; pero sí quiere decir que las distintas iglesias están unidas en su común lealtad a Jesucristo.

(iii) Pero este dicho de Jesús es una llamada muy personal, porque es un sueño que cada uno de nosotros podemos ayudar a hacer realidad. Las personas no podrán oír si no hay un mensajero; las otras ovejas no podrán incorporarse a menos que vaya alguien a traerlas. Aquí se nos presenta la tremenda tarea misionera de la Iglesia. Y no debemos considerarla sólo en términos de lo que solíamos llamar las misiones extranjeras. Si sabemos de alguien aquí y ahora que está fuera del amor de Cristo, Se le podemos encontrar. El sueño de Cristo depende de nosotros; somos nosotros los que podemos ayudarle a hacer del mundo un solo rebaño, con El como único Pastor.

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